El Emperador se pierde cazando un jabalí; un labriego lo trae de regreso a Granada

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El colectivo morisco ha conseguido del Rey una prórroga de 40 años para integrarse en la sociedad castellana, pero a cambio de un pago de 80.000 ducados
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La reina Isabel de Portugal, con molestias por el embarazo, se queda unas semanas más en el Monasterio de San Jerónimo, hasta el mes de enero
EN GRANDA (11 de diciembre de 1526) Toda la ciudad se alarmó la noche del 12 de octubre pasado. Tañían sin cesar las campanas su toque de perdido. El golpe de badajo que suena durante las nevadas y nieblas para orientar a los caminantes sorprendidos en los campos. También fueron prendidas luminarias en las almenaras de las murallas. Toda Granada buscaba desesperadamente a su Emperador. Don Carlos estaba perdido desde media mañana en algún lugar de la inmensa Vega o sierras de los alrededores. Se le buscaba y llamaba con cuernos, olifantes y chirimías. Pero no aparecía por lugar alguno.
Cundió la alarma por la tarde. Podría estar gravemente herido en algún pantanal del Genil, del río Cubillas o incluso del río Salado, porque no se sabía en qué dirección se había desorientado
Cundió la alarma por la tarde. Podría estar gravemente herido en algún pantanal del Genil, del río Cubillas o incluso del río Salado, porque no se sabía en qué dirección se había desorientado. Aquella mañana apareció muy pronto el gran jabalí que todos decían haber perseguido y nadie había dado caza los años anteriores. El animal hozaba confiado cuando el grupo de caballeros que formaban la partida con el Rey lo divisó un tanto distraído. Parecía el padre de todos los jabalíes de la Vega, o más bien el abuelo. Quedaron los acompañantes en retaguardia para que el Emperador lo acometiera con su lanza, su verdadera especialidad en el campo.
Pero el animal se percató de la acometida y emprendió veloz huida. Don Carlos picó espuelas dispuesto a no dejarlo escapar, casi rozándole los jamones con la punta de su garrocha. Animal y perseguidor se perdieron de la vista de los demás cortesanos. No habían llevado jauría que espantara a las bestias con sus ladridos. Don Carlos se perdió en la espesura de los encinares que jalonan las laderas de Parapanda.
Quizás hubiese caído del caballo, estaría malherido en algún lugar. Su montura habría huido asustada. ¿Y si el marrano lo había descabalgado y rajado con esos enormes colmillos?
El Rey no consiguió dar caza a aquel imponente erizado salvaje, seguramente el líder de toda la piara. Al menos eso apuntaban los impresionantes escudos y cicatrices que presentaba en sus paletas delanteras y las grandes navajas que lucía en su hocico. Don Carlos se dio cuenta de que se había despistado; caminó desorientado sin saber a qué dirección regresar. Tocó una y otra vez su cuerno. Pero nadie lo oía, el sonido se amortiguaba dentro de la densa arboleda. Se le estuvo buscando hasta media tarde, sin resultado alguno.
Hasta que empezó a anochecer y se temió lo peor. Quizás hubiese caído del caballo, estaría malherido en algún lugar. Su montura habría huido asustada. ¿Y si el marrano lo había descabalgado y rajado con esos enormes colmillos? Otros monarcas habían muerto cazando: el rey Favila de Asturias falleció desgarrado por un oso; su antepasado Juan I de Aragón cayó del caballo en 1396 cuando perseguía un jabalí.
Se recurrió a traer perros para su búsqueda. Pero nada. Hasta que alguien pensó que podría haber regresado a Granada tomando como referencia el picacho Veleta, que se ve desde todos los lugares de la Vega. Quizás fuera así. Por eso decidieron encender luminarias cuando se acercó el ocaso y repicar con toque de perdidos y arrebatos.
No quiso revelar su identidad por temor a que lo apresaran; solamente dijo que era un mercader perdido que hacía la ruta desde Málaga a Granada
Los que tuvieron esa idea, acertaron. Más o menos. Porque Don Carlos se perdió en un lugar indeterminado de la Vega. Estaba totalmente ileso y sin montura. Por las indicaciones que dio, se le perdió de vista el marrano cuando fue a refugiarse en un espeso sotobosque en ladera. Tras una legua larga de persecución. ¿En las inmediaciones de Íllora? ¿Quizás el Puente de Pinos? El caso es que iba completamente desorientado cuando dio con una almunia o cortijada habitada por moriscos. No quiso revelar su identidad por temor a que lo apresaran; solamente dijo que era un mercader perdido que hacía la ruta desde Málaga a Granada. Ofreció dinero a quien le ayudara, diese montura y le pusiera en camino seguro hacia la Alhambra. Uno de aquellos moriscos se ofreció a acompañarlo hasta la ciudad, sin pedir nada a cambio.
Los vigilantes de las puertas de la muralla ya podían cerrarlas, Carlos V había aparecido sano y salvo de su gran percance de caza en Granada.
Don Carlos y su guía morisco caminaron en dirección a la silueta del Veleta. La noche era oscura, la luna estaba en creciente gibosa y no iluminaba todavía. Pronto se toparon con gentes, hachón en mano, que le buscaban por todos los andurriales de la comarca. A eso de las tres de la madrugada llegaba el Emperador al Monasterio de San Jerónimo. Quizás con el susto en el cuerpo y buscando el alivio en los brazos de su amada Isabel. Los vigilantes de las puertas de la muralla ya podían cerrarlas, Carlos V había aparecido sano y salvo de su gran percance de caza en Granada.
Quizás Isabel y sus médicos compensarían su desasosiego con la buena noticia de que las matronas auguraban su primer embarazo por la ausencia de menstruación. Dos días más tarde se supo que estaba esperando un hijo.
Cinco grandes cacerías en el Soto de Roma
El Emperador conocía someramente su propiedad del Soto de Roma, lindante con Santa Fe menos de media legua, desde sus primeros días en estas tierras. Es una inmensa finca con todo tipo de árboles silvestres y algunos cultivos en sus bordes. Fue propiedad de la familia real nazarita y en la Toma pasó a la casa de los Reyes Católicos. El Soto está atravesado por varios ríos e infinidad de fuentes, el principal de ellos el Genil, que forma una extensa zona pantanosa en su centro. Todo el coto se presenta a veces impenetrable para los humanos y por eso está lleno de animales y alimañas. Incluso el viajero Münzer dijo haber visto osos por allí cuando lo visitó hace más de treinta años. De ahí que Don Carlos quisiera inspeccionarlo una de las tardes de primeros de junio cuando esperaba para entrar en Granada.
Excepto un ciervo abatido por Don Carlos en el bosque de la Alhambra, todas las expediciones de caza han tenido lugar dentro del Soto
Ahora que Don Carlos ha partido para Valladolid, cerrada su estancia en el Reino de Granada, sabemos con precisión las jornadas de caza que ha echado en el Soto de Roma. Los traslados y las compañías que ha llevado en cada expedición han sido minuciosamente anotados por Henrich Stercke; éste es un neerlandés que se encarga de los gastos de boca del Emperador, además de maestre de cámara y furrier de su casa (La inmensa mayoría de su personal de confianza no son castellanos). Excepto un ciervo abatido por Don Carlos en el bosque de la Alhambra, todas las expediciones de caza han tenido lugar dentro del Soto. Y han sido muchas y prolongadas: cinco expediciones en seis meses, que suman veinte días de cacerías.
El cuaderno de anotaciones de H. Stercke tiene los siguientes apuntes de cacerías (aunque no nos ha dejado ver los gastos correspondientes a cada una de ellas). El Emperador organizó su primera cacería con ojeadores y rececho de ballesta la tarde del 12 de junio, martes; cenó y pernoctó en Santa Fe. En el Soto permaneció cazando hasta el día 14, con comida que se le sirvió en el campo y regresó a la Alhambra ya anochecido, tras cenar en Santa Fe. Cazó mucho y prometió regresar muy pronto.
Fueron muchas las grullas y garzas que abatió en los pantanales con tiros de arcabuz y también animales mediante saetas. Alanceó a un enorme puerco que se revolvía acosado por los perros alanos de la real jauría
No tuvo oportunidad de regresar al Soto por el gran número de asuntos que tuvo que atender las semanas siguientes, amén del intenso calor que sobrevino a la comarca. Entre el lunes 6 y el jueves 9 de agosto, decidió retirarse al fresco de las huertas del Generalife, donde continuó atendiendo embajadas y participó en un sarao de moriscas. Aunque cada noche regresaba a pernoctar con doña Isabel al Monasterio de San Jerónimo. Uno de esos días fue cuando abatió al venado en el barranco de Peñapartida.
Por fin pudo regresar a su coto del Soto de Roma la tarde del 20 de agosto. Durmió en la casa real que tiene dentro del gran bosque hasta que dio por finalizada su expedición tras la comida del día 25. Fueron muchas las grullas y garzas que abatió en los pantanales con tiros de arcabuz y también animales mediante saetas. Alanceó a un enorme puerco que se revolvía acosado por los perros alanos de la real jauría.
No regresaría ya al Coto hasta la tarde del 17 de septiembre. En esta ocasión se llevó personal de despacho de su administración para contestar los asuntos más urgentes que le reclamaban, especialmente unas cartas que esperaba del papa Clemente VII. Decidió volver a su casa de Granada la tarde del 20 de septiembre, tras haber comido en el campo.
El otoño dejaron de verse grandes aves en los pantanales del Genil, pero el tiempo era más fresco para marranos y la berrea retumbaba por los montes cercanos
En otoño dejaron de verse grandes aves en los pantanales del Genil, pero el tiempo era más fresco para marranos y la berrea retumbaba por los montes cercanos. Fue ocasión que no quiso desaprovechar Don Carlos para cazar ciervos mediante acometida de lanza, aprovechando lo encendidos e incautos que están los grandes venados esos días; por eso a la amanecida del 9 de octubre partió el grupo de caballeros con sus jaurías hacia el Soto de Roma. Fue sin duda la cacería más larga de todas, la de mayores trofeos y también la más accidentada, peligrosa y preocupante, tal como ya está explicado antes. Se dio por concluida el 13 de madrugada.
Aquel inconveniente de la pérdida del Emperador no le restó ganas ni ánimos de regresar al Coto por quinta vez. Más bien al contrario. La tarde del lunes 12 de noviembre, tras gobernar y comer junto a Doña Isabel, decidió volver al Soto de Romilla para la espera nocturna del jabalí. Repitió a la noche siguiente y, de mañana del día 15, volvió a la Alhambra. Había tanto trabajo atrasado por los asuntos de las guerras en Italia que no cesaban de llegar y partir mensajeros con sus cartas y órdenes. Por el día 29 llegó la terrible noticia de la entrada del turco en Hungría tras dar muerte a su cuñado el rey Luis II, acaecida tres meses antes en la batalla de Mohacs (Dejó viuda a su hermana María de Austria, con sólo 21 años).
Le hubiese gustado regresar al Soto de Roma a practicar su afición favorita, pero dio orden de prepararlo todo para partir lo antes posible de Granada
Los conflictos que amenazaban los dominios e intereses de los Austria en sus reinos de Europa empezaban a complicarse. Requerían la ayuda inmediata del Emperador. Debía convocar cortes de manera urgente en Valladolid para tomar decisiones. Le hubiese gustado regresar al Soto de Roma a practicar su afición favorita, pero dio orden de prepararlo todo para partir lo antes posible de Granada. Ya habría otras oportunidades de abatir más animales en la Vega de Granada.
La cuestión morisca se enquistaba: solución a 40 años
El Emperador Carlos parte de Granada tras haber dado solución al problema musulmán que arrastra desde hace un cuarto de siglo. Prácticamente desde que en 1501 perdieron su estatus de mudéjares y pasaron a ser moriscos. A principios del año actual, 1526, han sido convertidos obligatoriamente los moriscos de Aragón, Valencia y Valle de Ricote. Han pasado a ser iguales que los de Granada. No obstante, antes de alcanzar un acuerdo y el perdón del Emperador ha habido sublevaciones, represiones y el pago de un servicio a la Corona de 40.000 ducados en oro.
Las quejas de los descendientes de musulmanes se repiten porque entienden que no se está cumpliendo lo pactado por los abuelos del Emperador, los Reyes Católicos
La situación de los moriscos del Reino de Granada es muy diferente. Porque son muchos más y están mucho más quejosos de las presiones a que les someten los cristianos. Nada más anunciarse la visita del Emperador a Granada, en abril pasado, ya se les prohibió portar armas y, a poder ser, que se recluyeran en el barrio del Albayzín. Los cacheos y requisas son constantes contra ellos por falta de confianza. Las quejas de los descendientes de musulmanes se repiten porque entienden que no se está cumpliendo lo pactado por los abuelos del Emperador, los Reyes Católicos. Así se lo han comunicado al César cuando han tenido ocasión en estos seis meses de visita.
En agosto ya hubo una reunión en la Capilla Real en la que los moriscos trasmitieron al emperador sus deseos de que los cristianos viejos y los presbíteros no abusen de ellos con infinidad de multas y fardas. Quieren poder seguir usando sus trajes, sus costumbres y su lengua. El Emperador ordenó, el día de San Miguel, que se formase una comisión de obispos y juristas para estudiar la veracidad de esas denuncias. Ese consejo concluyó que eran ciertos los abusos. También por esos días llegó a Granada Fray Alonso de Zúñiga; traía un informe de los moriscos de Levante, de Almería y de las Alpujarras que apuntaban también grandes abusos.
La decisión del Emperador fue convocar una Congregación en la Capilla Real con carácter urgente para dejar solucionado el asunto de una vez.
La decisión del Emperador fue convocar una Congregación en la Capilla Real con carácter urgente para dejar solucionado el asunto de una vez. La reunión ocurrió el 7 de diciembre, sólo tres días antes de su partida. Han asistido el arzobispo de Sevilla (Alonso Manrique), Alfonso Valdés (por la Suprema), arzobispo de Santiago (Juan de Tavera), el arzobispo de Granada (Pedro Ramírez de Alva), el obispo de Osma (García de Loaysa), el obispo de Almería (Diego de Villalón), el obispo de Guadix (Gaspar de Ávalos), el obispo de Mondoñedo (Juan Juárez), varios juristas y teólogos, además del secretario del Rey y de su Consejo (Francisco de los Cobos).
La última petición que hizo el Emperador ayer al despedirse del obispo Pedro de Alva (al que nombró el día 4 y espera confirmación de Roma) fue que procurarse mezclar a cristianos y moriscos, porque había visto que Granada era una sociedad muy dividida en dos bandos casi irreconciliables.
La decisión final se resume en conceder una prórroga de cuarenta años para que los moriscos dejen de insistir en las antiguas costumbres de su grey y su religión. Y se incorporen para entonces en las formas castellanas. A cambio, han ofrecido prestar un servicio a las arcas del Emperador de 80.000 ducados (288 kilos en oro). Se ha dejado encargado personalmente al obispo Pedro de Alva de vigilar en cumplimiento de lo pactado. Ha sido elaborada en esta Concordia de la Capilla Real una lista con una docena de normas de obligado cumplimiento para los moriscos y sus descendientes durante las próximas cuatro décadas. Las principales son: dejar de llevar amuletos moros y adoptar cruces de Cristo; vestir como cristianos; hablar y escribir en castellano; no usar nombre en algarabía o árabe; no retajar los prepucios de niños; no portar armas; no practicar halal en los mataderos de animales; las matronas deberán ser cristianas en los partos de moriscas para evitar que encomienden la vida del recién nacido a Mahoma; no relacionarse con espías o gentes berberiscas, etc.
La última petición que hizo el Emperador ayer al despedirse del obispo Pedro de Alva (al que nombró el día 4 y espera confirmación de Roma) fue que procurarse mezclar a cristianos y moriscos, porque había visto que Granada era una sociedad muy dividida en dos bandos casi irreconciliables. Y la forma más directa de conseguirlo era acometer un fuerte proceso de cristianización.
La Reina se queda en Granada
Asuntos graves ocurridos recientemente en los reinos de Don Carlos en Europa, así como en los de su hermano Fernando y sus familiares, han hecho cambiar radicalmente los planes del Emperador. Ya no se dirigirá hacia Valencia para embarcar vía Roma. La Corte se mueve hacia Valladolid con la intención de celebrar Cortes durante el mes de febrero del año próximo.
Ayer, 10 de diciembre de 1526, Don Carlos y la cabeza de una enorme columna de sirvientes, soldados, embajadores y eclesiásticos se puso en marcha por el camino de Puente de Pinos
Ayer, 10 de diciembre de 1526, Don Carlos y la cabeza de una enorme columna de sirvientes, soldados, embajadores y eclesiásticos se puso en marcha por el camino de Puente de Pinos. Sabemos que pasarán por Alcalá, Martos, Jaén, Baeza (donde dormirán varios días en el palacio de Francisco de los Cobos), Úbeda, Santa Cruz de Mudela, Almagro y Toledo. Aquí pasarán la Navidad. El día de Reyes quieren estar en Madrid para llegar a Valladolid a primeros de febrero.
La sorpresa ha saltado en Granada al conocer que la emperatriz Isabel de Portugal, más todo su séquito, no ha partido como se tenía previsto
La sorpresa ha saltado en Granada al conocer que la emperatriz Isabel de Portugal, más todo su séquito, no ha partido como se tenía previsto. Las molestias y angustias del embarazo aconsejan que espere todavía unas semanas en Granada para emprender su viaje pausadamente hacia la ciudad castellana. Recordemos que se encuentra en su semana 15-16 de embarazo. Permanecerá todavía uno o dos meses más reposando en el monasterio de San Jerónimo. Se especula que partirá hacia Segovia o Valladolid hacia mediados o finales de enero, en función de la climatología. La intención es presentarla a las Cortes en la iglesia de San Pablo en cuanto llegue (Las Cortes empezarán el 11 de febrero).
Ya se rumorea por Granada que unos carpinteros de la armadura de San Jerónimo están labrando una litera cerrada, con colchón y forrada de terciopelo carmesí. La Emperatriz irá recostada y a paso lento, sobre los hombros de veinticuatro caballeros. El viaje hasta Valladolid podría durar algo más de un mes.
MAÑANA, CAPÍTULO IV: Las importantes decisiones que tomó Carlos V en Granada para el futuro de este Reino y de España.
Si no tuviste la ocasión de leer la primera parte o quieres volver a hacerlo:
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Carlos V e Isabel de Portugal harán su entrada esta tarde por el Arco de Elvira (I)
- Decepción en la Capilla Real: “Estrecho es el sepulcro para la gloria de mis abuelos" (II)
























































