FORO DE LA MEMORIA

La lucha de las mujeres en Granada: de la Dictadura a la Transición (I)

Ciudadanía - Alfonso Martínez Foronda y Pedro Sánchez Rodrigo - Sábado, 16 de Mayo de 2026
Alfonso Martínez Foronda y Pedro Sánchez Rodrigo estrenan una magnífica serie, necesaria e imprescindible, sobre el origen y desarrollo del movimiento feminista granadino, cuya primera parte te ofrecemos.
Pintada en Carretera de Murcia en 2021.
Foto de Alfonso Martínez Foronda a AHCCOO-A.
Pintada en Carretera de Murcia en 2021.
A modo de justificación

Hace una década, publicamos el libro Mujeres en Granada por las libertades democráticas. Resistencia y represión (1960-1981) en formato de diccionario, aprovechando las numerosas entradas que ya teníamos del Diccionario de la represión en Granada (1931-1981). Pero ese libro se agotó porque, siempre el vil metal, sólo nos permitió una tirada muy reducida. Con cierta frecuencia quienes quieren conocer los inicios y evolución del movimiento feminista en Granada nos suelen pedir algún libro disponible, pero hace tiempo que sólo contamos con el ejemplar que los autores hemos conservado como reliquia. Por ello, y a expensas de algún milagro que lo reedite, hemos pensado que podíamos hacer una serie de artículos sobre el origen y desarrollo del movimiento feminista granadino, aprovechando la generosidad que siempre nos ofrece El Independiente de Granada, para trasladar en formato digital parte de la investigación, repitiendo mucho de lo escrito, pero mejorando otros aspectos que, con el paso del tiempo, nos han permitido completar o corregir lo que ya habíamos editado. Esperamos que esta nueva serie siga divulgando la importancia del movimiento feminista, antes y ahora, y permita a quienes se adentren en el mismo, recopilar datos que sirvan para dar a conocer una de las luchas sociales menos conocidas en el franquismo y en la transición española, en general, y granadina en particular. Este primer artículo es el marco general desde donde desarrollaremos, posteriormente, los aspectos más concretos del feminismo en Granada.

La reorganización de la resistencia antifranquista en Granada, a finales de los cincuenta, solo tiene rostro masculino. Y es significativo este dato porque muestra no sólo la misoginia del régimen, sino de la propia organización obrera, que no dejaba espacio a la incorporación de la mujer a sus filas.

Por mor de síntesis, podemos afirmar que la reorganización de la resistencia antifranquista en Granada, a finales de los cincuenta, solo tiene rostro masculino. Y es significativo este dato porque muestra no sólo la misoginia del régimen, sino de la propia organización obrera, que no dejaba espacio a la incorporación de la mujer a sus filas. Es elocuente, en ese sentido, el caso de la Peña de los Celtas de Maracena, vivero de militantes comunistas, donde participan también mujeres en sus actividades recreativas y muchas de ellas amigas o novias de esos activistas. Sin embargo, cuando se produce la caída del PCE en 1961, entre los 39 detenidos en Maracena, no hay ninguna mujer entre ellos. Ni aquí ni en el resto de la provincia. Es cierto que el desierto industrial de Granada, sin grandes empresas que pudieran acoger una mayor mano de obra y más concentrada, no propició  la participación de la mujer y, mucho menos, su militancia partidaria o sindical; es cierto también que la misoginia del régimen aleja a la mujer de cualquier participación política, pero no lo es menos que los propios militantes del PCE –partido hegemónico- tampoco la favorecieron, porque reprodujeron patrones masculinos y, aunque los militantes lo justificaron como una forma de “protección” ante la represión, sin embargo, en el fondo, seguían considerando la resistencia como cosa de hombres.

Esto no significaba que la mujer tuviese una participación pasiva, sino que en los primeros años de la reorganización –al menos hasta mediados de los sesenta- su actividad se basará en el apoyo activo a “sus” hombres: desde las reuniones en sus propias casas, siendo conscientes del carácter clandestino de las mismas; cuando los acompañaban, junto a su prole, al Pantano de Cubillas para la organización de las primeras Comisiones Obreras, creando esa pantalla “recreativa” para pasar desapercibidos por la policía; cuando compartían las reglas de la clandestinidad y asumían el riesgo de su pareja o cuando asumían la responsabilidad de la familia si se producía –algo frecuente- el encarcelamiento.

Será a mediados de los años sesenta cuando podemos constatar el inicio de la participación activa de mujeres en la lucha antifranquista, aunque todavía de forma minoritaria

Será a mediados de los años sesenta cuando podemos constatar el inicio de la participación activa de mujeres en la lucha antifranquista, aunque todavía de forma minoritaria. Casi todas ellas lo hacen en ese barrio nuevo, hecho de casas prefabricadas para los desalojados por las inundaciones de 1962 y 1963, barrio situado en la zona norte de la ciudad, carente de servicios y equipamientos, sin luz ni agua, sin escuelas ni médicos, llamado entonces de La Virgencica. Allí trabajaron, ayudaron a los más necesitados y se enfrentaron con las autoridades las mujeres de organizaciones cristianas como la HOAC (María de los Ángeles Manterola, Fermina Puerta, Ángeles Caravias o Mari Paz Millán, entre otras) y las que se incorporaron a las Juventudes Comunistas cuando éstas se constituyen el 2 de enero de 1966 en casa de Emilio Cervilla Alonso, y donde inicia su militancia la primera afiliada de la que tenemos constancia que es, precisamente, la hija de éste, Encarnación Cervilla Ruiz, la cual, un año más tarde, conocerá directamente la represión. Lo mismo ocurre en la participación de las mujeres en la constitución de las Comisiones Obreras Juveniles a comienzos de 1967, donde aparecen algunas mujeres de Maracena, aunque la inmensa mayoría son hombres. Como lo son en las candidaturas para las elecciones sindicales de 1966, que tan importantes fueron para el desarrollo del movimiento obrero y, en concreto, de las Comisiones Obreras.

Los primeros estudiantes universitarios represaliados desde que se inicia la lucha contra el SEU, primero, y luego, con la preparación de las RCP (Reuniones Coordinadoras Preparatorias) de lo que debía confluir en un Sindicato Democrático de Estudiantes Universitarios (SDEUG), datan de 1967 y éstos sólo tienen rostro masculino; y, cuando este Sindicato se constituya en Granada el grueso de la organización seguirá siendo masculino, así como en las primeras luchas en las que los estudiantes confluyen con el movimiento obrero apoyando sus reivindicaciones antes de la huelga de la construcción de julio de 1970. Sin embargo, y en los aledaños de las actividades que programa el Departamento de Actividades Culturales, aparecen, en torno a homenajes como el de Federico García Lorca en 1968, por los estudiantes de Ciencias, mujeres como Elena Martín Vivaldi o Trina Mercader, entre otras, con un cierto compromiso, limitado a este tipo de actuaciones que podemos considerar antifranquistas.

Portada de documento del MC sobre la Liberación de la Mujer. Imagen cedida por María José Gálvez y Pedro Sánchez Rodrigo.

No será hasta finales de los sesenta, entre 1968 y 1969, cuando ya sí podemos hablar de una militancia partidaria nítida nucleada en torno al PCE, único partido organizado en la Universidad en esos momentos, y a organizaciones cristianas como la FECUM que constituyen la base del SDEUG

No será hasta finales de los sesenta, entre 1968 y 1969, cuando ya sí podemos hablar de una militancia partidaria nítida nucleada en torno al PCE, único partido organizado en la Universidad en esos momentos, y a organizaciones cristianas como la FECUM que constituyen la base del SDEUG. Aparecen así mujeres como Mari Pepa Hidalgo, Encarnita Piedras, Socorro Robles Vizcaíno, Berta Ausín Momblona, Pilar Bustamante Martínez, Juliana Cabrera Moreno, María Aranzazu Oñativia, Maite Aguado, Conchi Carrillo Díaz o Araceli Ortiz Arteaga, entre otras. También algunas profesoras universitarias como Mari Carmen Sanmillán, que jugó un papel esencial como docente innovadora, pero también dando cobertura a los militantes perseguidos por la policía, o, un poco más tarde, Concha Félez Lubelza.

Publicaciones sobre la liberación de la mujer del PCE (finales de los años setenta). Imágenes cedidas por María José Gálvez y Pedro Sánchez Rodrigo. 

A comienzos de los años setenta, el PCE irá incrementando sus efectivos con la incorporación de un nutrido número de mujeres que proceden de Jaén y que engrosarán las filas de ese partido o también organizando las primeras Comisiones Obreras en sectores como la Sanidad a partir de 1972

A comienzos de los años setenta, el PCE irá incrementando sus efectivos con la incorporación de un nutrido número de mujeres que proceden de Jaén y que engrosarán las filas de ese partido (Juana García Ruiz, Ana Ortega Serrano, Dolores Huertas García o Dolores Parras Chica, entre otras), o también organizando las primeras Comisiones Obreras en sectores como la Sanidad a partir de 1972, con mujeres como María José Robles Delgado y Kati Ruiz (además de Ana Ortega y Araceli Ortiz), todas ellas enfermeras. Esta primera aparición de mujeres en las filas del antifranquismo trajo consigo una primera andanada represiva que dio lugar a numerosas detenciones que en algunas ocasiones, terminaron con procesos en el Tribunal de Orden Público (así Rosa María Ardoy Cuadros, Berta Ausín Momblona, Pilar Bustamante Martínez y Concepción Carrillo Díaz se sumaron a los que sufrieron en los años sesenta Ascensión Bernal Corzo y Encarnación Cervilla Ruiz), en realidad, bastantes menos de los posibles de no haber sido por una represión que también fue sexuada. En esos primeros años setenta irán apareciendo otras organizaciones minoritarias, como los Comités Anticapitalistas (CAI), donde participarán otras mujeres que, más tarde, pasarían al PCE(i), luego PTE, o su organización juvenil la Joven Guardia Roja (Julia García Leal es la mujer más significativa), y, a partir de 1973, partidos como las PUE, el MC, la OIC o la LCR. Con más o menos virulencia, con mayor o menor resistencia, las mujeres tendrán que luchar por abrir espacios de participación e introducir la perspectiva de género en el seno de sus partidos. En algunos casos, como el PCE y el PTE, fundarán sus propias organizaciones de mujeres, el Movimiento Democrático de Mujeres (MDM) y la Asociación Democrática de Mujeres (ADM), respectivamente; en otros, como el MC o la LCR crean en su interior estructuras específicas, paralelas, con el fin de transformar la organización.

María Izquierdo Rojo. Imagen cedida por Antonio María Claret García. Archivo particular.

A partir de 1975 estos partidos comienzan a cambiar con más determinación, y para ello fue importante también la resonancia de la declaración por la ONU de ese año como el Año Internacional de la Mujer.

A partir de 1975 estos partidos comienzan a cambiar con más determinación, y para ello fue importante también la resonancia de la declaración por la ONU de ese año como el Año Internacional de la Mujer. El Partido Comunista de Granada responde a la celebración con la entrada en el Comité Provincial de tres mujeres (Carmen Morente Muñoz, Ana Ortega Serrano y Araceli Ortiz Arteaga); los partidos situados a su izquierda ya tenían por entonces situadas entre los cargos dirigentes o en puestos de responsabilidad a mujeres como Julia García Leal, en el PTE; Carmen Guerrero Villalba, en el MC; Cándida Martínez López, en OIC o Pilar García Santos, en ORT.  Son ejemplos destacados, pero casi todas ellas proceden de la lucha estudiantil universitaria. También desde el ámbito universitario, pero en el sector del profesorado, el PSOE, después de años de silencio, comenzaba tímidamente a sacar la cabeza, con algunas mujeres, como María Izquierdo Rojo o Mariló García Cotarelo, protagonistas junto a un reducido grupo masculino, savia nueva para un partido en el que militantes procedentes de la época de la II República y la Guerra Civil (Matilde Cantos Fernández) o de los difíciles años de la primera posguerra (Palmira Noguera Román), más ligadas al sector denominado “histórico”, sobrevivían entre el silencio y la desconexión organizativa.

Mariló García Cotarelo. Imagen cedida por Antonio María Claret García. Archivo particular.

La masiva incorporación de mujeres en estos años finales del franquismo al activismo político provocará que entre 1973 y 1975 muchas de ellas sufran la acción represiva, sean detenidas, duerman en los calabozos de comisaría o pasen por la dramática experiencia de la cárcel 

La masiva incorporación de mujeres en estos años finales del franquismo al activismo político provocará que entre 1973 y 1975 muchas de ellas sufran la acción represiva, sean detenidas, duerman en los calabozos de comisaría o pasen por la dramática experiencia de la cárcel (Isabel Alonso Dávila, Alicia Baches Baches, Mercedes Belbel Bullejos, Ana María Catena Delgado, Matilde Córdoba Fernández, Isabel García Luque, María Dolores Huertas García, Ángeles Hurtado Castillo, Carmen Morente Muñoz, Ana Ortega Serrano, Araceli Ortiz Arteaga, Lola Parras Chica, Amalia Tesoro Amate…, entre otras).

La mayoría de estas mujeres de izquierda van a luchar en los años finales del franquismo y durante la Transición por las libertades democráticas, la amnistía, la descentralización del Estado o los derechos sindicales, como sus camaradas varones pero, al mismo tiempo, en una doble militancia, en asociaciones y organizaciones específicas de mujeres, vinculadas o no a su partido de referencia, por el derecho al divorcio, la derogación de los delitos de adulterio, homosexualidad o prostitución, la despenalización y regulación del aborto o la venta de anticonceptivos y el fin de la discriminación laboral. En Granada, a la muerte de Franco, a la oficial y fascista Sección Femenina, que será disuelta en abril de 1977, y a la conservadora Asociación de Amas de Casa, fundada en 1967, se le oponían ideológicamente la Asociación de Mujeres Universitarias (AMU), reconvertida desde la presidencia de la catalana Montserrat Rubio en un referente en la lucha por los derechos de la mujer, y el Movimiento Democrático de la Mujer (MDM), del PCE, que llevaba ya desde 1973 intentando extender las ideas feministas por los barrios obreros de la capital y los pueblos del cinturón metropolitano con la actividad de mujeres como Socorro Robles, Fanny Rubio, Juliana Cabrera, Nati Bullejos Cáliz, Ángela Olalla Real o Rosa Félix Pleguezuelos.

El momento decisivo se produce el 14 de diciembre de 1976, un día antes del Referéndum político por la Reforma, cuando en una asamblea en el Hospital Real, convocada por el MDM, más de 300 mujeres deciden crear un movimiento unitario que reunirá a universitarias, trabajadoras y mujeres de los pueblos

El momento decisivo se produce el 14 de diciembre de 1976, un día antes del Referéndum político por la Reforma, cuando en una asamblea en el Hospital Real, convocada por el MDM, más de 300 mujeres deciden crear un movimiento unitario que reunirá a universitarias, trabajadoras y mujeres de los pueblos. De ahí sale el embrión de la Asamblea de Mujeres de Granada (ADM) y de otras que surgen en la provincia, como la pionera Asociación de Mujeres de Maracena. Pocos días antes, el 3 de diciembre, y vinculada al PTE y la ORT, la Asociación Democrática de la Mujer (ADM), se había presentado públicamente en la ciudad con una conferencia de la abogada madrileña Paca Sauquillo y, por su parte, en ese mismo año de 1976, un grupo de estudiantes universitarias ligadas a los principales partidos comunistas, habían impulsado la Asociación Universitaria Para el Estudio de Los Problemas de la Mujer (AUPEPM) con un carácter más unitario que en el resto de Andalucía.

Pegatinas por la amnistía de 1976. Cedidas por Alfonso Martínez Foronda al AHCCOO-A.

Las organizaciones no universitarias tendrán problemas para su legalización, encontrarán serias dificultades para desarrollar su política y difundir sus reivindicaciones en un país que, a pesar de que derribaba las antiguas instituciones y legislaciones franquistas, aún mantenía gobernantes, jueces o policías procedentes de la Dictadura, que no dudarán en penalizar, detener o multar, con la menor de las excusas, a aquellas mujeres que salían a la calle a reclamar derechos como el divorcio, el aborto o una mayor libertad sexual o a las que penalizaban por su actividad feminista y sindical (como lo atestigua la dramática experiencia vivida por la dirigente de CCOO y de la AMG, Lola Hita Romero). (Véase artículo en El Independiente de Granada, “Lola Hita: condenada por sindicalista y feminista”, abril de 2022).  

A pesar de tantos obstáculos, los años de la Transición democrática, de 1975 a 1981, fueron aprovechados por el activismo de muchas mujeres para extender el debate sobre las cuestiones de género y desarrollar la conciencia colectiva de su opresión en la sociedad granadina desde las organizaciones específicas centradas en la lucha feminista

A pesar de tantos obstáculos, los años de la Transición democrática, de 1975 a 1981, fueron aprovechados por el activismo de muchas mujeres para extender el debate sobre las cuestiones de género y desarrollar la conciencia colectiva de su opresión en la sociedad granadina desde las organizaciones específicas centradas en la lucha feminista, desde los partidos políticos de la izquierda e incluso desde el marco institucional (Centros Asesores de la Mujer, antecedentes del Instituto de la Mujer, creados en 1978 desde las primeras formas organizativas de la Junta de Andalucía, gracias al tesón de María Izquierdo, el primero de ellos en Granada), sobre todo, tras las elecciones municipales de 1979 que dieron lugar a la constitución de numerosos Ayuntamientos gobernados por la izquierda. 

Un momento clave en la historia del feminismo en la capital y la provincia en esta etapa fue la organización, por parte de un grupo de mujeres muy jóvenes integrantes de la Asamblea de Mujeres de Granada (AMG), la mayoría estudiantes

Un momento clave en la historia del feminismo en la capital y la provincia en esta etapa fue la organización, por parte de un grupo de mujeres muy jóvenes integrantes de la Asamblea de Mujeres de Granada (AMG), la mayoría estudiantes, en colaboración con la Coordinadora Estatal de Organizaciones Feministas, de las II Jornadas Estatales de la Mujer que tuvieron lugar entre el 7 y el 9 de diciembre de 1979 en el Auditorio Manuel de Falla, y que contaron con la presencia de tres millares de mujeres de toda España. Más allá de la división que se produce entonces en el movimiento feminista (entre feminismo de clase y feminismo de la diferencia), lo importante es que todos los partidos de la izquierda rivalizarán por convertirse en el partido de la liberación de la mujer. Sin embargo, la realidad de la discriminación, a pesar de los pequeños avances, era todavía tan evidente y grosera que, incluso, los grandes partidos políticos del llamado arco parlamentario relegaban a las mujeres, o no contaban con ellas, en sus direcciones políticas, en los puestos de responsabilidad o en las candidaturas de las primeras elecciones que por entonces se convocaron: en sus primeros tres congresos, 1977, 1979 y 1982, la Federación Socialista de Andalucía del PSOE sólo eligió una vez a una mujer (Margarita Sainz de Aja, en 1977) para una Comisión Ejecutiva que contaba con 17, 22 y 20 componentes, respectivamente; en octubre de 1978, entre los 20 miembros del Comité Local del PCA en Granada no había ninguna mujer; en las primeras elecciones democráticas dos mujeres salieron elegidas diputadas por nuestra circunscripción, primeras parlamentarias granadinas desde la II República, Mercedes Moll de Miguel por UCD y María Izquierdo Rojo por el PSOE, dos de las sólo 27 mujeres firmantes de la Constitución española, pero en las elecciones generales de 1979 ninguno de los cuatro grandes partidos con posibilidad de sacar parlamentarios (AP -dentro de Coalición Democrática-, UCD, PSOE, PCE) presentó mujer alguna al Senado y, de los cuatro, sólo la coalición derechista y el PSOE pusieron en sus listas una candidata al Congreso (respectivamente, Felipa López Hernández y María Izquierdo Rojo, única que volvió a salir elegida); tampoco pudimos ver tras las primeras elecciones democráticas municipales de ese año de 1979 a ninguna mujer presidiendo como alcaldesa un Ayuntamiento de nuestra provincia.

A pesar de la división del movimiento feminista tras las II Jornadas Estatales de la Mujer, la consolidación de organizaciones abiertas y unitarias como la Asamblea de Mujeres de Granada, posibilitará la definitiva integración en ella de mujeres procedentes de las organizaciones desaparecidas

Tras la tormenta electoral, el escenario empezará a cambiar. La mayor parte de los partidos de izquierda no se adaptan con facilidad a la nueva situación democrática. El PCE se mantiene a duras penas, con numerosos abandonos y escisiones, mientras se disuelve su organización de mujeres, el MDM, a instancias de la dirección del partido; desaparece la mayor parte de las fuerzas situadas a su izquierda, cuyas militantes habían destacado, hasta ese momento, en las luchas por la liberación de la mujer y habían conseguido que sus organizaciones fueran las únicas con importante presencia femenina en los órganos de dirección y en las candidaturas electorales, y, en consecuencia, también desaparecen algunas de sus organizaciones de mujeres surgidas en años anteriores (ADM, AUPEPM). A pesar de la división del movimiento feminista tras las II Jornadas Estatales de la Mujer, la consolidación de organizaciones abiertas y unitarias como la Asamblea de Mujeres de Granada, posibilitará la definitiva integración en ella de mujeres procedentes de las organizaciones desaparecidas.

Estas veteranas militantes, en esos años y los siguientes, no dejarán abandonado en ningún caso su activismo a favor de la liberación de las mujeres en numerosas movilizaciones desde posturas individuales de compromiso, desde una resistente y muy activa AMG 

Derrotada la reacción golpista en 1981 y con el PSOE un poco más tarde acaparando el poder político (en el Gobierno central desde 1982 a 1996, en la Junta de Andalucía desde sus inicios hasta hoy, en Granada capital y en muchos de los principales ayuntamientos de la provincia, en coalición o en solitario, prácticamente sin interrupción desde 1979 a 1995), adquiere una mayor importancia la política institucional orientada a las mujeres y aumenta paulatinamente el número de mujeres que se integran en la acción política. Por otro lado, muchas de las mujeres universitarias procedentes de los partidos de la izquierda o de las organizaciones feministas desaparecidas (Mercedes del Amo Hernández, Emilia Barrio Rodríguez, Margarita Birriel Salcedo, Rosa Capel Martínez, Cándida Martínez López, Ángela Olalla Real, Teresa Ortiz-Gómez, Socorro Robles Vizcaíno…) canalizarán sus principales esfuerzos en los estudios de género, el denominado feminismo académico, fundamentalmente a través del interdisciplinar Seminario de Estudios de la Mujer (luego Instituto Universitario de Investigación de Estudios de las Mujeres y de Género), fundado en el curso 1984/85 a ejemplo del creado en la Universidad de Barcelona en 1978. Estas veteranas militantes, en esos años y los siguientes, no dejarán abandonado en ningún caso su activismo a favor de la liberación de las mujeres en numerosas movilizaciones desde posturas individuales de compromiso, desde una resistente y muy activa AMG (o las asociaciones que se crearon en toda la provincia y las que han surgido más recientemente) e, incluso, desde la lucha sindical contra la discriminación laboral, la brecha de género o por la conciliación familiar. Todas y cada una de ellas, también en su propio trabajo, muchas veces solas frente a sus compañeros, y a veces acompañadas de algunos de ellos, han incorporado nuevos debates teóricos, han cuestionado ideas patriarcales, han influido decisivamente para que en los órganos de representación el número de mujeres sea cada vez mayor, han extendido con su ejemplo nuevos hábitos y gestos de rechazo a comportamientos y actitudes tradicionales y, sobre todo, han contribuido a mostrar una mirada diferente, alternativa y transformadora en las relaciones entre hombres y mujeres, y entre las propias mujeres, facilitando con ello la incorporación de otras más jóvenes al movimiento feminista.

Bibliografía:

  • ARRIERO RANZ, Francisco, El Movimiento Democrático de Mujeres. De la lucha contra Franco al feminismo (1965-1985), Los Libros de la Catarata, Madrid, 2016.
  • ASOCIACIÓN “MUJERES EN LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA”: Españolas en la Transición: de excluidas a protagonistas (1973-1982). Biblioteca Nueva, Madrid, 1999.
  • AUGUSTÍN PUERTA, Mercedes, Feminismo: Identidad personal y lucha colectiva. (Análisis del Movimiento Feminista español en los años 1975 a 1985), Colección Feminae, nº 14. Universidad de Granada, Granada, 2003.
  • CARO CANCELA, Diego, Cien años de sindicalismo en Andalucía (1885-1985), Ediciones Quorum, Cádiz, 2013
  • DI FEBO, Giuliana: Resistencia y movimiento democrático de mujeres en España 1936-1976. Editorial Icaria, Barcelona, 1979.
  • GÓMEZ CUESTA, Cristina; ESTEBAN RECIO, Asunción y ARRIERO SANZ, Francisco (eds.): Comprometidas. Historia y memoria de la movilización de las mujeres durante el tardofranquismo y la transición. Ed. Comares, Granada, 2024.
  • MARTÍNEZ FORONDA, Alfonso, La lucha del movimiento obrero en Granada, Fundación de Estudios Sindicales y Cooperación de CCOO-A, Sevilla, 2012.
  • MARTÍNEZ FORONDA, Alfonso, SÁNCHEZ RODRIGO, Pedro y BAENA LUQUE, Eloísa, La resistencia andaluza ante el Tribunal de Orden Público en Andalucía (1963-1976), Fundación de Estudios Sindicales. Archivo Histórico de CCOO-A, Córdoba, 2014.
  • MARTÍNEZ FORONDA, Alfonso, SÁNCHEZ RODRIGO, Pedro y GALISTEO FERNÁNDEZ, Francisco, HIDALGO CÁMARA, Juan, Diccionario de la represión en Granada (1931-1981), en elaboración.
  • MORENO, Amparo: Mujeres en lucha. El movimiento feminista en España. Ed. Anagrama. Barcelona, 1977
  • NASH, Mary (ed.): Represión, resistencias, memoria. Las mujeres bajo la dictadura franquista. Ed. Comares, Granada, 2013
  • VV.AA., La cara al viento, estudiantes por las libertades democráticas en la Universidad de Granada (1965-1981),  Editorial Páramo, Córdoba, Vo. I y II, 2012.
  • VV.AA.: Memoria Histórica. Mujeres. Diputación de Granada. Granada, 2023.
Alfonso Martínez Foronda (Jaén, 1958). Es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada. Desde 1984 es profesor de Enseñanza Secundaria. Actualmente es profesor del IES Albayzín. Ha sido secretario general de CCOO de Jaén desde 1993-2000 y desde 2004 es miembro de la Comisión Ejecutiva de CCOO-A, desde donde ha presidido hasta 2103 las Fundaciones de Estudios Sindicales-Archivo Histórico y la de Paz y Solidaridad.

Como investigador, ha publicado numerosos artículos de opinión sobre aspectos docentes y sociales. Colaborador habitual del Diario Jaén desde 1994-2000 publicó La firma del viento (2007), una antología de artículos de opinión. Como investigador del movimiento obrero andaluz ha publicado La conquista de la libertad. Historia de las Comisiones Obreras de Andalucía (1962-1977), en 2005; De la clandestinidad a la legalidad (Breve historia de las Comisiones Obreras de Granada), en 2007; sobre las Comisiones Obreras de Jaén desde su origen a la legalización del sindicato (2004); la unidad didáctica El sindicalismo durante el franquismo y la transición en Andalucía; diversas biografías de dirigentes sindicales andaluces como Ramón Sánchez Silva. Al hilo de la historia (2007); Antonio Herrera. Un hombre vital, en 2009; Andrés Jiménez Pérez. El valor de la coherencia, en 2010, entre otros. En 2011 su investigación La dictadura en la dictadura. Detenidos, deportados y torturados en Andalucía durante el Estado de Excepción de 1969, (2011), fue premiada por la Junta de Andalucía como la mejor investigación social de ese año. Posteriormente, ha publicado La “prima Rosario” y Cayetano Ramírez. Luchadores por la libertad en una provincia idílica (2011); sobre el movimiento estudiantil en la UGR, con otros autores, “La cara al viento. Estudiantes por las libertades democráticas en la Universidad de Granada (1965-81); sobre la historia del movimiento obrero granadino, con su investigación La lucha del movimiento obrero en Granada. Paco Portillo y Pepe Cid: dos líderes, dos puentes“, 2012; sobre el Tribunal de Orden Público, La resistencia andaluza ante el Tribunal de Orden Público en Andalucía (1963-1976); Diccionario de la represión sobre las mujeres en Granada (1936-1960) o La resistencia malagueña durante la dictadura franquista (1955-1975). Actualmente, junto a Pedro Sánchez Rodrigo, está confeccionando un diccionario sobre la represión en Granada desde la II República al golpe de estado de 1981.
Pedro Sánchez Rodrigo (Burgos, 1960). Es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Granada, donde cursó la especialidad de Historia Contemporánea. Ha ejercido como profesor de Secundaria de Geografía e Historia desde 1984. Desde hace años colabora con la Fundación de Estudios Sindicales- Archivo Histórico de CC.OO.-A.. Ha participado en la obra colectiva “La cara al viento. Estudiantes por las libertades democráticas en la Universidad de Granada (1965-81)”, publicada por la Editorial El Páramo en el año 2012, y, junto con Alfonso Martínez Foronda, es autor de “La cara al viento.  Memoria gráfica del movimiento estudiantil de Granada durante la dictadura y la transición”, obra publicada por la Universidad de Granada, también en 2012. Ha colaborado en el volumen La Resistencia andaluza ante el tribunal de orden público en Andalucía. 1963-76, editado en 2014 por la FES/Archivo Histórico de CC.OO.-A y la Junta de Andalucía, y en otros trabajos colectivos, como De la rebelión al abrazo. La cultura y la memoria histórica entre 1960 y 1978 (Diputación de Granada, 2016) y La Universidad de Granada, cinco siglos de historia. Tiempos, espacios y saberes, coordinado por Cándida Martínez López (III Volúmenes, EUG, Granada, 2023) con el artículo “Antifranquismo en las aulas. El movimiento estudiantil”. También con Alfonso Martínez Foronda ha publicado el libro “Mujeres en Granada por las libertades democráticas. Resistencia y represión (1960-1981)”, publicado en 2016 por la Fundación de Estudios y Cooperación de CC.OO. Actualmente está jubilado y colabora en la elaboración del Diccionario de la Represión en Granada 1931-1981.