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FORO DE LA MEMORIA

El Movimiento Democrático de Mujeres (MDM) en Granada (II)

Ciudadanía - Alfonso Martínez Foronda y Pedro Sánchez Rodrigo - Sábado, 23 de Mayo de 2026
La excepcional serie de Alfonso Martínez Foronda y Pedro Sánchez Rodrigo sobre el origen y desarrollo del movimiento feminista continúa con este artículo dedicado a esta organización feminista clandestina, que fue fundamental.
Encierro de mujeres en Móstoles de la Asociación Amas de Casa 'La Estrella'.
Archivo de la Transición.
Encierro de mujeres en Móstoles de la Asociación Amas de Casa 'La Estrella'.
Ellas aún no saben

que su futuro ya es nuestro presente.

Que su memoria es nuestra maestra;

sus ilusiones nos abrieron rutas,

sus fracasos fijaron nuestras metas

y sus victorias significan nuestra herencia,

nuestra deuda y nuestro orgullo.

Ana Rossetti

Para llegar a la creación del Movimiento Democrático de las Mujeres (MDM) en España, a mediados de los años sesenta, hay que remontarse a comienzos de los cincuenta cuando determinadas redes informales de “mujeres de preso”, volcadas en la solidaridad con éstos, comienzan a plantearse la necesidad de salir de los estrechos márgenes que le ofrecía esa actividad, que volvía a recluirlas en la esfera doméstica cuando sus familiares salían de la cárcel. Esas primeras activistas como Carmen Rodríguez, Dulcinea Bellido, Maruja Cazcarra, Aurora Ozaita, Paquita Martín de Isidro, Margarita Sánchez, Soledad Real o Natalia Joga, entre otras, irán madurando la idea de crear una estructura organizativa propia de las mujeres que fuera más allá de lo meramente solidario o asistencial y que superara los recelos del Partido al que pertenecían la mayoría, el PCE, al considerarlas militantes de segunda fila, que entroncaba con la concepción misógina de identificar al luchador antifranquista con el varón.

Así, se creó una fantasmal Unión de Mujeres Democráticas que tuvo vida efímera y que sólo se limitó a lanzar alguna octavilla llamando a la movilización contra la dictadura

La reactivación del movimiento obrero a finales de los cincuenta y, especialmente, las consecuencias represivas que se derivaron de las huelgas mineras asturianas de 1962 –incluidas las torturas infligidas a varias mujeres-, posibilitó un cierto viraje en la estrategia de la dirección comunista al tener que hacer frente a dos nuevas realidades: la detenciones de numerosos cuadros del PCE que, de alguna manera, les obligó a tener que confiar más responsabilidades en las militantes, pero, al mismo tiempo, el protagonismo que ellas habían adquirido en esas huelgas, hizo pensar a algunos dirigentes en la posibilidad de reorientar su militancia femenina a la lucha en los barrios. Aunque a partir de esas huelgas el PCE tomó la iniciativa de impulsar alguna asociación que aglutinase a las “mujeres de preso”, no sólo del partido, sino también disidentes de los círculos intelectuales y del catolicismo progresista, sin embargo, resultó decepcionante para muchas porque, en el fondo, seguía sin cuestionarse la ideología de la domesticidad o el papel subalterno de las mujeres dentro del propio partido. Así, se creó una fantasmal Unión de Mujeres Democráticas que tuvo vida efímera y que sólo se limitó a lanzar alguna octavilla llamando a la movilización contra la dictadura.

Será la persistencia de algunas militantes comunistas, fundamentalmente de Carmen Rodríguez y Dulcinea Bellido, que entendieron desde el principio que había que integrar a las mujeres de presos, pero también a las de los círculos intelectuales antifranquistas, la que termine creando, a mediados de los sesenta, una organización específica de mujeres

Será la persistencia de algunas militantes comunistas, fundamentalmente de Carmen Rodríguez y Dulcinea Bellido, que entendieron desde el principio que había que integrar a las mujeres de presos, pero también a las de los círculos intelectuales antifranquistas, la que termine creando, a mediados de los sesenta, una organización específica de mujeres. Entre 1963-1964 será Dulcinea Bellido la que ampliará su red de contactos mediante encuentros informales en domicilios particulares en los que se irán incorporando al embrión de organización otras mujeres como Aurora Villena, Vicenta Camacho, Isabel Pérez, Josefina Samper, Aurora Ozaita, Mónica Acheroff, Rosa Roca, Natalia Calamai de Mesa o Isabel Herranz, entre otras. De forma paralela algunas de ellas, como la propia Dulcinea Bellido o Carmen Rodríguez, participarán en una tertulia que había organizado Eva Forest en 1964 y a la que asistían jóvenes universitarias como Cristina Almeida o Manuela Carmena en la que se realizaban lecturas colectivas feministas como El segundo sexo de Simone de Beauvoir y en las que se hacía una crítica abierta del patriarcado y, de paso, se planteaba la necesidad de que las organizaciones de izquierda incorporaran a su discurso las reivindicaciones femeninas. Sin embargo, estos movimientos autónomos de las mujeres chocaron abiertamente con la posición oficial del PCE que desde el comienzo les advirtió, como recuerda la propia Dulcinea Bellido, que:

 “… con esas reuniones estaban bordeando el feminismo, un movimiento social etiquetado de burgués por los ideólogos del PCE y, por tanto, alejado de lo que debían ser los auténticos intereses de las mujeres comunistas”.[1]

Aún con estas trabas, ellas siguieron adelante y el Partido, para no dejar de tutelarlas, convocaría a finales de 1964 una reunión en casa de Aurora Villena y con presencia del dirigente comunista Francisco Romero Marín donde, formalmente, se acuerda crear una nueva organización con el nombre de Movimiento Democrático de Mujeres (MDM) y cuyos objetivos iniciales eran ampliar la base social del propio PCE, pero también la necesidad de reflexionar sobre las discriminaciones específicas de las mujeres, plantear iniciativas y trasladar las alternativas al seno del propio partido. Iniciará su andadura en 1965 y en poco tiempo se crearon grupos de mujeres –en los que se incorporaron activistas procedentes del mundo católico- con una estructura que partía de cada barrio de Madrid el cual nombraba una comisión ejecutiva que, a su vez, elegía a una representante para participar en una coordinadora de la ciudad y, si había estructura suficiente, de la provincia. Se calcula que en 1969 podría haber 17 grupos de entre 10 y 25 mujeres que se reunían semanalmente, aprovechando los locales religiosos o en casas particulares.

Documentos del Movimiento Democrático de Mujeres (MDM). Página web de la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla. Universidad Complutense de Madrid.

El aspecto feminista, sin embargo, fue un escollo a lo largo de su andadura y desde su nacimiento

Desde su nacimiento, el MDM proyectó socialmente los tres ámbitos sobre los que iba a pivotar su actividad: el primero, que seguiría apoyando a los presos y presas y a sus familiares denunciando la naturaleza represiva del franquismo; el segundo, fue un espacio netamente político para trasladar a los barrios la conflictividad social; y, el tercero, el ámbito feminista compatibilizando las reivindicaciones específicas de las mujeres con la lucha antifranquista. Aunque los dos primeros no tuvieron especiales obstáculos en el seno del PCE, el aspecto feminista, sin embargo, fue un escollo a lo largo de su andadura y desde su nacimiento. Por no ser prolijo, basten dos testimonios de algunas de sus protagonistas sobre la sexualidad, por ejemplo, para colegir las numerosas dificultades que hallaban no sólo en la sociedad machista de la época, sino en el seno del propio partido que reproducía, muchas veces, sin matices, la ideología patriarcal. Cuando, en 1972, por ejemplo, editan y reparten 2.000 folletos sobre el libro de W. Reich La revolución sexual, tendrán que soportar no pocas críticas de sus propios camaradas.

El MDM tendrá que luchar hacia dentro y hacia fuera desde su nacimiento. Será el documento 'Por los derechos de las mujeres españolas', de julio de 1967 –y que firmaron más de mil quinientas mujeres-, el que sirva de base para el programa que el propio MDM aprobaría un año más tarde

Por tanto, el MDM tendrá que luchar hacia dentro y hacia fuera desde su nacimiento. Será el documento Por los derechos de las mujeres españolas, de julio de 1967 –y que firmaron más de mil quinientas mujeres-, el que sirva de base para el programa que el propio MDM aprobaría un año más tarde. En él, además de la petición de libertades democráticas en consonancia con las generales que planteaba la resistencia antifranquista, añadirían otras específicas como la derogación de la licencia marital, la necesidad de instaurar la patria potestad conjunta, la creación de guarderías y comedores para conciliar la vida familiar y el trabajo o una nueva legislación que eliminara las discriminaciones por razón de género. Ese mismo año irán apareciendo publicaciones clandestinas relacionadas con el MDM como “La mujer y la lucha”, en Madrid; o “Mundo Femenino”, en Oviedo. En ellas, ya se explicitan algunas reivindicaciones propias que serán la base del programa del MDM como:

1. Salario igual por trabajo igual, sin discriminación de sexo.

2. Condiciones efectivas de igualdad para la mujer en el trabajo: derecho dentro de la propia profesión a la cualificación y al ascenso.

3. Derecho efectivo de la mujer al trabajo, sin restricciones a la jornada laboral. Garantías para que no se den discriminaciones para las casadas.

4. Creación de guarderías infantiles, comedores y lavanderías económicas o gratuitas en centros de trabajo y en los barrios, escuelas bien dotadas y equipadas.

5. Creación de órganos democráticos de control en el sindicato [vertical] y en los centros laborales reconocidos a la mujer”.

El desarrollo del MDM en varias provincias españolas, les lleva a celebrar la Primera Reunión General en Madrid, en febrero de 1970, acordándose que el MDM debía ser un amplio movimiento de masas en el que tuvieran cabida todas las mujeres, dedicándose una atención especial a su actividad en los barrios, sin olvidar las tareas que hasta entonces habían sido prioritarias, como la lucha contra la represión, por la amnistía y la solidaridad con los represaliados y sus familias. En ese sentido, acordarán aprovechar plataformas legales ya existentes –a semejanza de lo que hacía Comisiones Obreras en el sindicato vertical- como la Federación de Asociaciones de Amas de Casa –una organización afín al Movimiento-, Asociaciones de Cabeza de Familia o Asociaciones de Padres de Alumnos; pero también aprovechar la Ley de Asociaciones, aprobada en 1964, para crear sus propias Asociaciones de Amas de Casa o Asociaciones de Amas de Hogar para ampliar su influencia entre las mujeres. Aunque algunas de éstas se legalizaron, el régimen las frenará inmediatamente cuando comprueba que detrás de algunas de estas asociaciones está el MDM y, fundamentalmente, cuando participan con sus propias comunicaciones en el Primer Congreso Internacional de la Mujer, organizado por la Sección Femenina el 10 de julio de 1970 en Madrid, como una operación de maquillaje hacia el exterior. Cuando allí, las militantes del MDM presentan más de 1.500 firmas denunciando el carácter oficialista del Congreso o plantean debates en torno a la formación profesional de las mujeres, cuestionan el concepto de familia patriarcal o señalan determinados tabúes morales o sexuales o la falta de libertades, tuvieron una respuesta inmediata con abucheos o gestos hostiles por parte de las delegadas oficialistas.

Reivindicación "por una sexualidad libre". Archivo de Historia del Trabajo (AHT) de la Fundación 1º de Mayo.

Las obstrucciones del régimen, que cortó de raíz las asociaciones ya creadas o negando la legalidad a otras que se estaban tramitando, no impidieron que el MDM siguiera en los años sucesivos intentando “infiltrarse” en las asociaciones franquistas, de forma que entre 1972 y 1975, el MDM se fue ampliando por otras zonas del país

Las obstrucciones del régimen, que cortó de raíz las asociaciones ya creadas o negando la legalidad a otras que se estaban tramitando, no impidieron que el MDM siguiera en los años sucesivos intentando “infiltrarse” en las asociaciones franquistas, de forma que entre 1972 y 1975, el MDM se fue ampliando por otras zonas del país. Sin embargo, la actividad que desplegaron las militantes del MDM en estas plataformas legales, limitadas por la vigilancia de los aparatos policiales, pero también condicionadas por el bajo nivel de conciencia política de muchas mujeres de estas asociaciones, les obligó a rebajar el contenido reivindicativo, ajustándolo al perfil político donde actuaban, de forma que se ajustase a las necesidades cotidianas del colectivo o a la mejora de las condiciones de vida en los barrios obreros. Aun así, la labor que hicieron las mujeres del MDM en estas asociaciones fue la de auténticos agentes de concienciación entre muchas mujeres que, por primera vez, se iniciaban en el lenguaje de la democracia y la práctica asociativa, preparando el terreno, además, de lo que serían poco después las primeras asociaciones de vecinos.

Como no debían proyectar todo el trabajo legal del MDM en la acción legal, so pena de diluir y desdibujar su propia acción política, se mantuvo la organización clandestina como vanguardia de los grupos de amas de casa, por lo que algunas de sus dirigentes fueron detenidas por este activismo entre 1972 y 1975

Como no debían proyectar todo el trabajo legal del MDM en la acción legal, so pena de diluir y desdibujar su propia acción política, se mantuvo la organización clandestina como vanguardia de los grupos de amas de casa, por lo que algunas de sus dirigentes fueron detenidas por este activismo entre 1972 y 1975, como la propia Dulcinea Bellido, Mercedes Comabella, Mercedes Pintó, Mari Claire Vella, Emilia Graña, Rosa Roca, Maruja Aslaber o Queta Bañón, entre otras. Sin embargo, la cuestión más compleja que tuvieron que afrontar las mujeres que iniciaron a finales de los sesenta su viaje hacia el feminismo, fue superar la contradicción que producía la búsqueda de la simbiosis entre el discurso de clase y el de género, teniendo en cuenta que tuvieron que dar respuestas a cuestiones que el marxismo no contestaba. Ese viaje hacia el feminismo, aunque moderado, nunca fue entendido por el PCE porque ponía en evidencia las fisuras del discurso marxista en relación a las mujeres y las prácticas sexistas habituales en las organizaciones de izquierda. A lo largo de su existencia, las mujeres comunistas del MDM tuvieron que batallar en el seno del PCE por la necesidad de mantener esa organización específica de las mujeres. Pero, además, los debates en el seno del MDM sobre la estrategia contra la dictadura, las alianzas con otros movimientos sociales o los ritmos reivindicativos, generaron fricciones en su seno que, en algunos casos, acabaron abandonándolo.

Protesta de la Asociación de amas de Hogar de Ventas en reclamación de guarderías. Archivo de Historia del Trabajo (AHT) de la Fundación 1º de Mayo.

La hegemonía de las militantes del PCE en el seno del MDM las colocó en un fuego cruzado entre las posiciones de incomprensión de su propio partido y el de otras compañeras de viaje que criticaban su sumisión a las directrices del mismo

Efectivamente, la hegemonía de las militantes del PCE en el seno del MDM las colocó en un fuego cruzado entre las posiciones de incomprensión de su propio partido y el de otras compañeras de viaje que criticaban su sumisión a las directrices del mismo. Y, aunque en ocasiones las militantes del PCE dentro del MDM funcionaron como correa de transmisión de la política de su partido, sin embargo, tuvieron que criticar los comportamientos de sus propios camaradas (de ambos sexos, por cierto) tanto para defender la autonomía del MDM como para introducir en su seno debates impensables sobre género o sobre el papel que debían jugar la mujeres en todas las estructuras de la organización. Incluso, la propia dirección del PCE, en el ocaso de la dictadura, llegó a pensar en la disolución del MDM porque su apuesta por el feminismo podría ser un obstáculo en la política de alianzas del PCE con sectores reformistas del régimen. Pero, para ser justos, las críticas que se vertían contra el PCE desde las mujeres vinculadas a la “izquierda revolucionaria” también afectaban a esos mismos grupos que, con más o menos matices, también sufrían los embates del androcentrismo en sus propias formaciones políticas, ya que la mayoría de las élites políticas de la constelación de grupos de extrema izquierda nacidos al final de la dictadura seguían construyendo su coartada ideológica contra el feminismo afirmando que, detrás de ella, se instalaba la ideología burguesa.

Su crítica a ese vanguardismo teórico se sustentaba en la idea de que si no se atendía a las verdaderas necesidades de las mujeres en esos momentos, todo se convertía en papel mojado, ya que no lograrían movilizar a quienes se pretendía emancipar

En todo caso, el equilibrio que tuvieron que hacer las mujeres del PCE en el MDM entre su fidelidad al partido y sus firmes convicciones feministas, las colocó en no pocas ocasiones en un terreno intermedio entre la dirección de su propio partido y las críticas que otras feministas que, como Lidia Falcón, Cristina Alberdi, Carmen Sarmiento o Carmen Alcalde –inspiradas en el feminismo radical europeo y norteamericano- las acusaban de ser marionetas en manos del PCE ya que, a su juicio, priorizaban la política del partido sobre la política feminista. Su crítica principal era que las mujeres comunistas del PCE en el MDM consideraban que el trabajo del MDM en las comisiones de solidaridad y en los grupos de ama de casa desviaban a las mujeres de sus auténticos intereses. Una crítica a la que respondían las mujeres comunistas del MDM acusándolas de tener sólo una visión “culturalista” y “vanguardista” ya que pretendían emancipar a las mujeres limitándose a charlas, conferencias o seminarios, sin tener en cuenta su nivel de conciencia política y sin partir de las verdaderas necesidades de las mujeres en esos momentos concretos, adaptando su discurso a los problemas reales que se encontraban tanto en las asociaciones de amas de casa como en los barrios. Su crítica a ese vanguardismo teórico se sustentaba en la idea de que si no se atendía a las verdaderas necesidades de las mujeres en esos momentos, todo se convertía en papel mojado, ya que no lograrían movilizar a quienes se pretendía emancipar.

Pegatina en CCOO de Andalucía.

Las diferencias estratégicas que afloraron en esa coyuntura específica, sin embargo, no fueron lo suficientemente importantes como para que desde el MDM se coordinaran acciones para acabar con el franquismo y desmontar sus estructuras, imprescindible para la supervivencia del propio movimiento feminista

Las diferencias estratégicas que afloraron en esa coyuntura específica, sin embargo, no fueron lo suficientemente importantes como para que desde el MDM se coordinaran acciones para acabar con el franquismo y desmontar sus estructuras, imprescindible para la supervivencia del propio movimiento feminista. Así, desde 1974 y, sobre todo desde 1975, aprovechando que ese año había sido declarado por la ONU como Año Internacional de la Mujer, las mujeres del MDM pudieron organizar en diciembre de ese mismo año las Primeras Jornadas por la Liberación de la Mujer en Madrid que, en sus cuatro días de duración y con la presencia de medio millar de dirigentes, debatieron sobre feminismo, buscando los puntos de encuentro en relación a sus propias reivindicaciones, tácticas y estrategias para lograr la liberación femenina. Un encuentro no espontáneo, sino que recogía los frutos de todo el trabajo que se había iniciado desde mediados de los sesenta y que suponía el inicio de un nuevo camino del feminismo en España. Es a las mujeres del MDM, con sus diferencias internas, a quienes el feminismo español le debe el esfuerzo por trasladar el debate de la igualdad al seno de sus propias organizaciones, pero también al resto de la sociedad que no siempre se ha valorado en los estudios que se han realizado sobre el franquismo y la transición. Y, en ese sentido, es el feminismo organizado el que, con todas sus dificultades, o precisamente por ello, el que logró que las mujeres españolas conquistaran en muy pocos años, especialmente a partir de la transición, muchos derechos civiles, sociales y políticos impensables muy poco tiempo atrás.

El Movimiento Democrático de Mujeres (MDM) en Granada

Arriba, Fanny Rubio, durante la campaña del referéndum de Andalucía (febrero de 1980), con Rosa Montero, Manuel Rivera, Miguel Ríos, Jaime Ballesteros, entre otros. Cedida por Fanny Rubio.

En Granada, las mujeres que montaron la organización en torno a 1972 procedían de algunos sectores profesionales y, sobre todo, de las células universitarias del PCE (Juliana Cabrera, Rosa Félix Gutiérrez, Ángela Olalla Real, Socorro Robles Vizcaíno, Fanny Rubio, entre otras) y también alguna militante obrera (Natividad Bullejos Cáliz), con el doble objetivo, todavía poco feminista, de hacer entender a las esposas de los militantes (“mujeres de aguante”) la militancia de ellos e incorporarlas a la lucha política.  Un grupo reducido y sin apenas vinculación con la organización estatal ni articulación orgánica que se entregó intensamente a dar conferencias y charlas en los barrios obreros y en los pueblos del cinturón metropolitano de la capital, donde comprobarán las dificultades de compatibilizar las reivindicaciones específicas de las mujeres con la lucha antifranquista. Como afirma Socorro Robles Vizcaíno,

 “La mujer se suponía que era una camarada más y la lucha por conseguir la liberación del proletariado era lo primero y lo segundo era la liberación de la mujer, ni siquiera se hablaba de lucha feminista, porque sonaba a sufragismo y eso era burgués. Lo que pasa es que las mujeres que militábamos en el PCE estábamos por avanzar en la liberación no por ser una correa de transmisión”.[2]

Con el paso de los años, como ocurrió en el resto de España, donde se luchaba hacia dentro y hacia fuera, el MDM granadino comenzó a introducir cada vez más reivindicaciones específicas que suponían su participación activa en la lucha por la liberación de la mujer, la eliminación de las discriminaciones por razón de género y el derribo de los prejuicios en el seno del 'Partido'

En efecto, con el paso de los años, como ocurrió en el resto de España, donde se luchaba hacia dentro y hacia fuera, el MDM granadino comenzó a introducir cada vez más reivindicaciones específicas que suponían su participación activa en la lucha por la liberación de la mujer, la eliminación de las discriminaciones por razón de género y el derribo de los prejuicios en el seno del Partido. Sin embargo, y a pesar de los avances, los obstáculos eran muchos y el trabajo se presumía largo: en octubre de 1978, entre los 20 miembros del Comité Local del PCA en Granada no había ninguna mujer (Diario Ideal, 10.10.78: 16).

La asamblea que el MDM de Granada organizó en el Hospital Real el 14 de diciembre de 1976 (justo el día anterior al Referéndum nacional por la Reforma política), que pretendía reunir a mujeres de los barrios y de los pueblos, amas de casa y universitarias, y que contó con la presencia de más de 350 participantes, fue el principio del fin de la organización en Granada. Allí se vio la necesidad de potenciar un amplio movimiento unitario de mujeres, cuyo germen sería la propia asamblea. Se formó una coordinadora provisional con una representante por barrio, por pueblo, por las estudiantes y por las profesoras. Es el origen de las distintas asociaciones de mujeres de la provincia, entre ellas, la Asamblea de Mujeres de Granada (AMG) y la Asociación de Mujeres de Maracena, donde acabarían integradas las mujeres del PCE (Diario Ideal, 15.12.76: 19).

En una ponencia presentada en el XI Congreso de 1983 no quedó más remedio que admitir que “el PCE ha sido poco sensible a la lucha feminista, actuando a remolque de dicha lucha, con hábitos de trabajo típicamente con servadores en su organización interna”

Las granadinas se habían adelantado a lo que iba a ocurrir a nivel estatal. Tras una serie de salidas (finales de 1977), escisiones (creación del FLM) y enfrentamientos con la línea oficial del Partido, en la II Conferencia sobre la Liberación de la Mujer, organizada por el PCE el 16 y 17 de diciembre de 1978, se desaconsejó “definir opciones cerradas de militancia de las mujeres comunistas en uno u otro de los grupos que lo forman” (resolución 8ª). Con estas expectativas, la “plana mayor” del MDM nacional dimitió en bloque y la organización fue perdiendo presencia hasta desaparecer. En una ponencia presentada en el XI Congreso de 1983 no quedó más remedio que admitir que “el PCE ha sido poco sensible a la lucha feminista, actuando a remolque de dicha lucha, con hábitos de trabajo típicamente con servadores en su organización interna”.

Notas al pie de página:


  • [1] Entrevista a Dulcinea Bellido en Francisco Arriero Ranz, El Movimiento Democrático de Mujeres. De la lucha contra Franco al feminismo (1965-1985), Los Libros de la Catarata, Madrid, 2016, p. 38.
  • [2] Entrevista a Socorro Robles Vizcaíno, en AHCCOO-A.

Bibliografía:

  • Francisco Arriero Ranz, El Movimiento Democrático de Mujeres. De la lucha contra Franco al feminismo (1965-1985), Los Libros de la Catarata, Madrid, 2016.
  • Claudia Carrero Blanco, Mujeres contra el franquismo (Asturias 1937-1952): la vida cotidiana, represión y resistencia, Oviedo, KRK, 2006.

- “El PCE y las mujeres.La actitud del Partido respecto a la militancia femenina durante el primer franquismo”, en M. Bueno, J. Hinojosa y C. García García, Historia del PCE: I Congreso, 1920-1977, Madrid, Fundación de Investigaciones Marxistas, 2002, Vol. I.

  • Mercedes Comabella, “Movimiento Democrático de Mujeres”, en C. Martínez, P. Gutiérrez López y P. González Ruiz (eds.), El movimiento feminista en España en los años 70, Madrid, Cátedra, 2009.
  • Alfonso Martínez Foronda y Pedro Sánchez Rodrigo, "Mujeres en Granada por las libertades democráticas. Resistencia y represión (1960-1981)", Fundación de Estudios y Cooperación de CCOO-A, Sevilla, 2017.
  • Alfonso Martínez Foronda, Pedro Sánchez Rodrigo, Francisco Galisteo Fernández y Juan Hidalgo Cámara, Diccionario de la represión en Granada (1931-1981), en elaboración.
  • Amparo Moreno Sardá, “La réplica de las mujeres al franquismo”, en P. Folguera, El feminismo en España: dos siglos de historia, Madrid, Siglo XXI, 2007.
  • Mercedes Yusta, “Rebeldía individual, compromiso familiar, acción colectiva: las mujeres en la resistencia al franquismo durante los años cuarenta”, Historia del Presente, 2004.
  • Fernanda Romeu Alfaro, Mujeres contra el franquismo, JC Producción, 1994
  • VV.A.A., La cara al viento, estudiantes por las libertades democráticas en la Universidad de Granada (1965-1981), Editorial Páramo, Córdoba, Vol. I y II, 2012.
Alfonso Martínez Foronda (Jaén, 1958). Es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada. Desde 1984 es profesor de Enseñanza Secundaria. Actualmente es profesor del IES Albayzín. Ha sido secretario general de CCOO de Jaén desde 1993-2000 y desde 2004 es miembro de la Comisión Ejecutiva de CCOO-A, desde donde ha presidido hasta 2103 las Fundaciones de Estudios Sindicales-Archivo Histórico y la de Paz y Solidaridad.

Como investigador, ha publicado numerosos artículos de opinión sobre aspectos docentes y sociales. Colaborador habitual del Diario Jaén desde 1994-2000 publicó La firma del viento (2007), una antología de artículos de opinión. Como investigador del movimiento obrero andaluz ha publicado La conquista de la libertad. Historia de las Comisiones Obreras de Andalucía (1962-1977), en 2005; De la clandestinidad a la legalidad (Breve historia de las Comisiones Obreras de Granada), en 2007; sobre las Comisiones Obreras de Jaén desde su origen a la legalización del sindicato (2004); la unidad didáctica El sindicalismo durante el franquismo y la transición en Andalucía; diversas biografías de dirigentes sindicales andaluces como Ramón Sánchez Silva. Al hilo de la historia (2007); Antonio Herrera. Un hombre vital, en 2009; Andrés Jiménez Pérez. El valor de la coherencia, en 2010, entre otros. En 2011 su investigación La dictadura en la dictadura. Detenidos, deportados y torturados en Andalucía durante el Estado de Excepción de 1969, (2011), fue premiada por la Junta de Andalucía como la mejor investigación social de ese año. Posteriormente, ha publicado La “prima Rosario” y Cayetano Ramírez. Luchadores por la libertad en una provincia idílica (2011); sobre el movimiento estudiantil en la UGR, con otros autores, “La cara al viento. Estudiantes por las libertades democráticas en la Universidad de Granada (1965-81); sobre la historia del movimiento obrero granadino, con su investigación La lucha del movimiento obrero en Granada. Paco Portillo y Pepe Cid: dos líderes, dos puentes“, 2012; sobre el Tribunal de Orden Público, La resistencia andaluza ante el Tribunal de Orden Público en Andalucía (1963-1976); Diccionario de la represión sobre las mujeres en Granada (1936-1960) o La resistencia malagueña durante la dictadura franquista (1955-1975). Actualmente, junto a Pedro Sánchez Rodrigo, está confeccionando un diccionario sobre la represión en Granada desde la II República al golpe de estado de 1981.
Pedro Sánchez Rodrigo (Burgos, 1960). Es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Granada, donde cursó la especialidad de Historia Contemporánea. Ha ejercido como profesor de Secundaria de Geografía e Historia desde 1984. Desde hace años colabora con la Fundación de Estudios Sindicales- Archivo Histórico de CC.OO.-A.. Ha participado en la obra colectiva “La cara al viento. Estudiantes por las libertades democráticas en la Universidad de Granada (1965-81)”, publicada por la Editorial El Páramo en el año 2012, y, junto con Alfonso Martínez Foronda, es autor de “La cara al viento.  Memoria gráfica del movimiento estudiantil de Granada durante la dictadura y la transición”, obra publicada por la Universidad de Granada, también en 2012. Ha colaborado en el volumen La Resistencia andaluza ante el tribunal de orden público en Andalucía. 1963-76, editado en 2014 por la FES/Archivo Histórico de CC.OO.-A y la Junta de Andalucía, y en otros trabajos colectivos, como De la rebelión al abrazo. La cultura y la memoria histórica entre 1960 y 1978 (Diputación de Granada, 2016) y La Universidad de Granada, cinco siglos de historia. Tiempos, espacios y saberes, coordinado por Cándida Martínez López (III Volúmenes, EUG, Granada, 2023) con el artículo “Antifranquismo en las aulas. El movimiento estudiantil”. También con Alfonso Martínez Foronda ha publicado el libro “Mujeres en Granada por las libertades democráticas. Resistencia y represión (1960-1981)”, publicado en 2016 por la Fundación de Estudios y Cooperación de CC.OO. Actualmente está jubilado y colabora en la elaboración del Diccionario de la Represión en Granada 1931-1981.

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