FORO de la Memoria

'Ramona Carrillo Campos, la moclineña cuya vida y la de su familia acabó en Víznar'

Ciudadanía - Silvia González Alcalde, José Peña, Agustín Linares y Juan de Dios Pérez - Sábado, 7 de Marzo de 2026
En otra excepcional investigación para recuperar la memoria de las mujeres ejecutadas en Víznar, Silvia González, junto a José Peña y Agustín Linares, acompañados en este trabajo por Juan de Dios Pérez, nos ofrece la desgarradora historia de Ramona Carrillo Campos y su familia.
Ramona Carrillo Campos.
Fotografías de los álbumes familiares
Ramona Carrillo Campos.

Cuando el golpe militar triunfó en Moclín, el 4 de octubre de 1936, los vecinos “se refugiaron en las cuevas que ocupan la ladera del río” huyendo de las tropas franquistas[1]. Francisco Martín Prieto salió con sus hermanos a través del río y, subiendo la Sierra, se refugiaron en la cercana Colomera, en zona republicana.

Mientras las tropas franquistas penetraban en las casas en busca de sus presas, en una de ellas una mujer amamantaba a su hijo menor cuando entraron a detenerla. Era Ramona Carrillo Campos. Su esposo, Francisco Martín Prieto, también estaba siendo buscado. 

A partir de ese momento la historia de una familia cambia por completo.

Las familias de Ramona y Francisco

Ramona había nacido en Moclín y en 1936 tenía 39 años. Dice su sobrina Ramona que era “una mujer de bandera”. Era hija de José Carrillo Izquierdo y Soledad Campos Morales. Tenía dos hermanas, Francisca y María Josefa, y un hermano, Juan, que sufría parálisis y que había fallecido en 1934.

La familia de Ramona era una familia de “posibles”, con un negocio de cal para blanquear

La familia de Ramona era una familia de “posibles”, con un negocio de cal para blanquear. El padre habría construido en una casa un espacio para cada una de sus hijas, con cuatro habitaciones para que pudieran cuidar de Juan. Allí vivía Ramona con su marido y sus hijos.

Se había casado con un vecino suyo, Francisco Martín Prieto[2], “El Tito de Mora”. Junto a ellos, formaban la familia sus cinco hijos: José, de 11 años; Manuel, de 10; María, de 7; Francisco, de 4; y Juanito, de casi dos años.

 Ramona Carrillo y Francisco Martín.

Francisco Martín Prieto tenía 39 años. Era hijo de María Martín Prieto, conocida como María la Chanda, fruto de una relación con el señorito de la casa en la que había servido desde muy joven, en Íllora. Posteriormente, María se casó con Francisco Sierra Rosales, cuya familia también provenía de Íllora. De este matrimonio nacieron Miguel (29 años), Enrique (27), José (25), Manuel (21), Enriqueta (18) y Adela Sierra Martín (15).

Francisco Sierra era un afamado pirotécnico que realizaba castillos de fuegos artificiales todos los veranos

Francisco Sierra era un afamado pirotécnico que realizaba castillos de fuegos artificiales[3] todos los veranos. Desde principios de siglo aparecen en prensa noticias sobre la participación de la empresa familiar en eventos como las fiestas de Moclín. Durante el resto del año trabajaba como zapatero.

Según cuenta Enrique Sierra Martín, en su autobiografía[4] su padre tenía ideas “republicanas”. A raíz de la huelga de agosto de 1917, convocada por la U.G.T. y el Partido Socialista, y apoyada, en algunas zonas, por la C.N.T., fue detenido y pasó cuatro días encarcelado por estos hechos. 

Toda la familia trabajó desde antes de la mayoría de edad. Francisco trabajó en el campo y como oficinista. Fue varias veces designado como sustituto del juez municipal, parece que llegó a ejercer como tal en 1936. Aunque no existe documentación que lo acredite oficialmente, toda la familia coincide en ello, y uno de los testimonios lo describe como “el juez de los rojos”.

Su participación en la política de la localidad está clara. En las elecciones de abril de 1931 es vocal de la Junta Electoral de Moclín. En abril de 1936 fue interventor en las elecciones a compromisarios para la elección del presidente de la República[5].

 Francisco Martín Prieto (Servicio Militar).

Según relata también en su autobiografía, Enrique se afilió primero a la U.G.T.  y en 1934 al Partido Comunista de España, influenciado por su hermano Francisco Martín Prieto que era “viejo militante” del partido.

Tanto Francisco como su hermano Enrique se habían enfrentado a los propietarios y a las autoridades

Tanto Francisco como su hermano Enrique se habían enfrentado a los propietarios y a las autoridades. Enrique narra cómo había tenido problemas a finales de los años 30 por reclamar al gobernador que desde el ayuntamiento se les pagara los jornales prometidos en la construcción de una carretera. Esto tuvo como consecuencia, según él, que “los demás patronos nos declararan el boicot”.

Estaba considerado por las nuevas autoridades, junto con sus hermanos Enrique, José y Manuel Sierra Martín, como uno de los 'sujetos más peligrosos' y uno de los responsables de lo ocurrido en la localidad.

Una de las acusaciones que recaen sobre Francisco y sus hermanos es la destrucción de la Iglesia de la localidad. Francisco aparece en la Causa General; sin embargo, esta destrucción se atribuye a una columna llegada de Cartagena.

La detención y muerte de Ramona

Cuando las tropas franquistas entraron en la casa familiar de la calle Real, Ramona estaba amamantando a su hijo Juanito, a quien le arrebataron de los brazos. Los niños se quedaron todos a cargo de su abuela materna, Soledad. Su abuela paterna, María Martín, también había sido detenida junto con sus hijas Enriqueta y Adela, tal y como relató Enrique Sierra Martín a su hija Marie France y consta en la página Los de la Sierra.

De Moclín la trasladaron al Convento de San Gregorio, junto con su suegra María Martín Prieto, y María del Carmen Bolívar Fuentes, la suegra de su hermana María Josefa. Como los hombres habían salido del pueblo ante la entrada de las tropas franquistas, detuvieron, por sustitución a sus hijas, hermanas, esposas y madres.

Durante esos días, Enrique y José Sierra Martín realizaron una incursión en el pueblo para advertir a las nuevas autoridades de que tomarían represalias si algo les ocurría a estas mujeres.

En la cárcel, recibió la visita de su primo, el cura José Pérez Carrillo. A la mañana siguiente, cuando el sacerdote acudió de nuevo y preguntó por ella, se encontró con que se la habían llevado a Víznar para ser ejecutada

En la cárcel, Ramona recibió la visita de su primo, el cura José Pérez Carrillo[6], quien por la tarde la confesó y le dio la comunión. A la mañana siguiente, cuando el sacerdote acudió de nuevo y preguntó por ella - “¿Dónde está mi prima?”-, se encontró con que se la habían llevado a Víznar para ser ejecutada. La noticia le provocó tal conmoción en él que se puso a gritar. Aunque José Pérez sí había intentado interceder por ella, sus hermanas sintieron que no había hecho lo suficiente.

Mari Carmen Bolívar relató estos hechos -entre otros muchos- a su nieta, Ramona Fernández, conservando así la memoria familiar.

Con Ramona salieron de la cárcel el día 5 de noviembre y fueron entregadas por Asalto, y asesinadas en Víznar, otras tres mujeres: Concepción Muñoz Espigares[7], Blanca Lozano Villaverde[8], Carmen Acuña Gutiérrez de Tovar[9] y Estela Comba López Grande[10].

María Luisa Alcalde González, que también era parte de ese grupo, pudo librarse de la muerte gracias a la intercesión del capitán Nestares, quien “no dejó que la mataran, pelándola al cero y dejándola en servicios auxiliares y demás...[11]”.

Mientras, María Martín Prieto junto a Ana Gálvez Cervera y Josefa Martín López eran juzgadas por los tribunales militares y condenadas a seis meses de prisión por Auxilio a la Rebelión. Se sobresee el caso de la cuarta mujer, María Josefa Jiménez Santiago. Esta información es recogida por Juan Hidalgo Cámara en su libro “Represión y muerte en la provincia de Granada” Volumen II. Pero nos ha sido imposible, por causas ajenas a nuestra voluntad, poder estudiar este sumario como sí hicimos, en diciembre de 2025, con el de José Martín Carrillo.

María Martín Prieto, María la Chanda. Madre de Francisco y de los hermanos Sierra Martín.

La batalla del Segre y el paso a Francia

Todos los hermanos Sierra Martín se incorporaron al Ejército Popular de la República, posiblemente, en la 93 Brigada Mixta, como aparece en el sumario de Manuel Sierra Martín.

Francisco Martín Prieto sirvió como teniente; su hermano Miguel Sierra fue capitán; José Sierra, de las J.S.U., se alistó como voluntario; Manuel Sierra, de las J.S.U. entra como voluntario también.

Manuel fue dado como desaparecido; sin embargo, cayó en manos del Ejército franquista en el Ebro, y llevado a Burgos el 8 de junio de 1938, siendo encarcelado

Manuel fue dado como desaparecido; sin embargo, cayó en manos del Ejército franquista en el Ebro, y llevado a Burgos el 8 de junio de 1938, siendo encarcelado. Lo cuenta él mismo en la Causa 481 de 1942 que localizamos en el Archivo Militar de Sevilla:

“Me encontraba prestando servicios como soldado de infantería en la 93ª Brigada Mixta en el frente del Ebro y que al ser hecho prisionero por las tropas Nacionales lo llevaron a Burgos el día diez de junio de 1938 y que el día 5 de abril de 1940 en una expedición de andaluces lo mandaron a la Cárcel Provincial de Sevilla”.

Según la familia, Francisco se enteró de la muerte de Ramona estando en la zona de Colomera. Cuenta su sobrina Ramona que pidió ir “al sitio más malo que había”. Murió en el Segre tras intentar salvar a un compañero que se había quedado atrás, según narraron sus hermanos a sus hijos. Los niños se quedaron huérfanos de padre y madre.

Enrique y José Sierra Martín se internaron en Francia durante la Retirada

Enrique y José Sierra Martín se internaron en Francia durante la Retirada. Durante la ocupación nazi, Enrique se unió a la Resistencia formando parte del maquis, participando en numerosos sabotajes, y en 1944 participó en la “Operación Reconquista de España”.

Enrique Sierra Martín.

A finales de los años 40, después de la liberación, entre el año 46-47, conoció a la que sería su esposa, Ángela Cabeza Rodríguez, una leonesa superviviente del campo de concentración de Ravensbrück. Curiosamente Enrique adoptó el nombre de su hermano cuando pasó a Francia, Francisco Martín Prieto. Lo utilizó durante toda su vida y el Estado Francés le reconoció el uso de ambos nombres.

Enrique Sierra Martín en el exilio.

Pero esta historia -la de Enrique Sierra Martin, su esposa, Angela Cabeza, y su hija Marie-France Cabeza Marnet- y su lucha contra el franquismo, el nazismo y el fascismo, merece otro artículo aparte.

La lucha por la supervivencia

“Puedo contar hambre, más hambre y mucho frio”

Mientras, en Moclín, las dos familias tratan de hacerse cargo de los niños. María Martín se hace cargo de José y Manuel, mientras que Soledad, la madre de Ramona, se hace cargo de María, Francisco y Juanito. Pero esta situación cambiará pronto porque Soledad no puede hacerse cargo de los niños.

Juanito Martín Carrillo es dado en acogimiento permanente por la Junta local de Colocación Familiar el 7 de diciembre de 1937

Juanito Martín Carrillo es dado en acogimiento permanente por la Junta local de Colocación Familiar el 7 de diciembre de 1937. Se considera a su madre como “fallecida” y que ha sido“ abandonado” por su padre. Es el año 37; su padre no había muerto, estaba combatiendo, pero en este trámite legal la mentira es la ley. Juanito vive con esta buena familia a la que su abuela había pedido el favor de que se hicieran cargo del niño. Es un acuerdo, según nos cuenta la familia.

Un día, mientras Inocencia hacía jabón, y salió un momento al corral, Juanito se bebió lo que había en la olla, un mejunje blanco que resulto ser sosa cáustica. Un grupo de niños, que jugaba cerca de la Iglesia, escuchó a Inocencia gritando: “Ay, que se me ha muerto el Juanito” “Ay, que se me ha achicharrao el Juanito” Su marido, Ernesto, que tenía la carpintería allí mismo en la torre, cogió al niño y lo llevó al médico, pero ya no había nada que hacer. Los niños corrían por el pueblo gritando lo que había pasado: “Se ha muerto Juanito, el nieto de María la Chanda”.[12]

Cuando fallece Soledad Campos, la familia pide ayuda a su primo, el sacerdote José Pérez, y Francisco ingresa en el Hospicio Provincial de Armilla mientras que María parece que ingresa en un convento-colegio.

Cuenta Mercedes Martín, la hija de Francisco Martín Carrillo, los padecimientos de su padre:

“Mi padre, Francisco, se crió en un convento; toda su vida odió profundamente a curas, monjas y guardias civiles. Nos contaba los malos tratos que sufrían por parte de curas y monjas; pasaban un hambre atroz, mientras curas y monjas comían abundantemente. Se las ingeniaban para robar comida, por lo que eran duramente castigados. También llevaban las cabezas siempre afeitadas por los piojos, dormían entre chinches. Si alguno se hacía pis en la cama, lo tiraban a una alberca con agua helada como castigo. Nos contaba que solo comían pan y agua, y dos días al año: Navidad y San Juan, les daban un huevo frito y dos aceitunas”.

Desde allí quisieron enviarle al Seminario. Su hermano Manuel fue a la estación de tren antes de que lo enviaran a Madrid para rescatarle. Volvió al pueblo y cuando terminó de hacer el servicio militar se marchó con su amigo el Chato a Cataluña. Allí se casó y tuvo dos hijas.

El Chato y Francisco Martín Carrillo.

María Martín Carrillo salió del Convento negándose a ser monja

María Martín Carrillo salió del Convento negándose a ser monja. Había recibido una educación muy completa que incluso llamaba la atención en el pueblo. Con 18 años comenzó a servir y posteriormente decidió dejar Granada atrás e irse a Barcelona. De allí a Francia, donde conoció a su marido, y posteriormente a Suiza donde se casaron. Tuvo tres hijos y una hija. Dejó atrás su pueblo, su país, y su durísima historia. Allí se reencontró con sus tíos José y Enrique Sierra Martín.

Aprendió a hablar en francés e incluso al final de su vida lo leía con soltura. Pero, sobre todo, luchó por sus hijos, por darles todo, por educarlos y que no sufrieran lo que ella padeció.

María Martín Carrillo.

Y quiso volver a Moclín. Su último deseo fue descansar en el lugar donde había nacido y crecido. Deseo que cumplieron sus hijos.

Manuel Martín Carrillo trabajó como pastor desde muy joven y también como albañil. Emigró unos meses a Suiza, y luego vivió en Almería. Finalmente volvió a Granada trabajando muchos años en un cortijo

Manuel Martín Carrillo trabajó como pastor desde muy joven y también como albañil. Emigró unos meses a Suiza, y luego vivió en Almería. Finalmente volvió a Granada trabajando muchos años en un cortijo. Le encantaba leer, afición que compartía con su hermano José. Escribía con buena letra, a pesar de haber perdido muchos años de colegio.

Un día, en el año 1958, el joven pastor hizo un descubrimiento prodigioso para el pueblo de Moclín, indicando el lugar donde se hallaba una de las cuevas con pinturas rupestres más importantes de la localidad.

Ideal titulaba: “En Moclín ha descubierto el señor Pellicer un curiosísimo grupo de pinturas rupestres[13]”, pero lo cierto es que Manuel le había escrito explicándole su descubrimiento e incluso el grupo de pinturas “se encontraban esbozadas” en la carta.

Manuel Martín Carrillo.

El sacerdote Santiago Hoces, amigo de la infancia de Manuel, lo cuenta en su libro “La villa de Moclín”: “Manuel, el que mejor conoce las peñas, las cuevas, los abrigos, las veredas, y todos los chilancos de nuestro pueblo; él fue quien descubrió y mostró las pinturas rupestres al profesor de la Universidad de Granada, Sr. Pellicer”.

José, el chico que soñaba con ir a San Francisco.

En el año 1945, José, con 20 años, se mete en un lío con otros muchachos del pueblo que le llevó a la cárcel. Junto con ellos envía una misiva al médico del pueblo, Francisco Martín Villodres, pidiéndole 25.000 pesetas[14].

Sorprendidos cuando iban a recoger el dinero, fueron detenidos por la Guardia Civil

Sorprendidos cuando iban a recoger el dinero, fueron detenidos por la Guardia Civil. El grupo al que se interroga está compuesto por José Martín Carrillo, Juan Sánchez Hoces, Manuel Martín Carrillo y Francisco Fernández Moreno. También lo sabían José Jiménez Laguna, Luis Gálvez Rodríguez y Daniel Ruiz Hoces.

José confiesa que querían el dinero para marcharse de Granada y con él “hacerse con armas, trasladarse a la Sierra de Ronda y marcharse al extranjero (..) a San Francisco de California aprovechando algún barco”.

Las autoridades consideran “indeseable” su conducta por “dedicarse a los hurtos de fruta del campo”. Y añaden que “carece de antecedentes político-sociales y el abandono por parte de los padres de los cuales carece y la lectura de libros de aventuras a que según noticias se estaba dedicando en los ratos de ocio, le habrán inducido a cometer el hecho que nos ocupa”.

Según estas autoridades, los padres “ausentes”, la madre asesinada y el padre fallecido en combate, habrían abandonado a sus hijos.

Este hecho se saldó con una condena de seis meses de cárcel, más otros tres meses adicionales si no pagaba 10.000 pesetas que la familia no tenía.

María Josefa Carrillo Campos bajó a Granada. Cuenta Ramona Fernández que “fue mi mamá en busca del cura (su primo José Pérez Carrillo) y le dijo a mi tía Paula “como a mi sobrino lo maten como mataron a mi hermana vengo y os llevo por delante a todos”. “José era su niño, y es que mi mamá al que más quería era a José”.

José Martín Carrillo.

José muere realizando el servicio militar en 1950 en Camprodón, en Gerona

José muere realizando el servicio militar en 1950 en Camprodón, en Gerona. Un día vino un cabo de la Guardia Civil a la casa con un telegrama. Según el informe que recibe su hermana, María Martín Carrillo, se le disparó la pistola a un compañero cuando estaba limpiándola y mató a José. La familia nunca creyó esta historia del disparo accidental. Fue una terrible tragedia para sus hermanos. Un compañero de Tózar, José Prieto Prieto, les trajo las maletas y unas fotos del entierro que entregó a su hermana.

La novia de José, hija del Miguelón y María Encarnación Ruiz Prieto, Dolores Rodríguez Ruiz, también vecina de Moclín, estaba esperando una hija a la que llamaron Ramona, como su abuela. Una preciosa niña que no llegó a conocer a su padre.

Ramona Fernández, la memoria de las mujeres de la familia

“Me lo contaba mi abuela a mí cuando me iba a dormir con ella por la noche para que no durmiera sola”

Ramona Fernández, sobrina de Ramona Carrillo Campos, hija de su hermana María Josefa y Pedro Fernández Bolívar, es fruto del reencuentro de sus padres después de la guerra. Su padre, Pedro, se pasó los tres años de la guerra apenas a unos kilómetros de su familia, en Colomera, sin atreverse a comunicarse con ellos.

Su tío, Antonio Fernández Bolívar, estaba en el grupo de los hombres “más peligrosos” de Moclín. Fue, sin embargo, uno de los protectores, con niño Ernesto del Cristo del Paño. Su madre, la abuela de Ramona, una de las encarceladas.

Su madre sobrevivió a la guerra sola “con cuatro chiquillos”, a los que crió gracias a que guisaba “a los de transmisiones que vivían en el Castillo” y les lavaba las ropas.

Ramona nos repite varias veces cómo los falangistas entraron en su casa y robaron de uno de los baúles los preciosos batones de acristianar cosidos y bordados con primor por su madre para los bautizos de sus hijos

Ramona nos repite varias veces cómo los falangistas entraron en su casa y robaron de uno de los baúles los preciosos batones de acristianar cosidos y bordados con primor por su madre para los bautizos de sus hijos. No deja de ser paradójico que se llevaran ropa relacionada con las tradiciones religiosas de las mismas personas que acusaban de ir contra la Iglesia.

“Vinieron y abrieron el baúl, se llevaron la ropita de acristianar nuestra y unos vales para el pan. Se llevaban lo que querían, las mantelerías, todas las cosas se llevaban. Ellos se enamoraron de la ropa de acristianar nuestra, del batón, la mantilla y todo eso”.

Cuando fueron a bautizar a Ramona le preguntaron cómo se llamaba la niña y su madre dijo: “Ramona a secas, ni María Ramona ni otra cosa”, para que quedara claro que era el nombre de su hermana. Su abuela le decía: “Dios quiera que tengas más suerte que tu tía”.

María del Carmen Bolívar Fuentes, que vivió casi hasta los 100 años, fue contando a su nieta “después de rezar” toda la historia de la familia aquellos años. Ramona, con una claridad y una memoria prodigiosa, nos la ha contado en varias entrevistas. Gracias a ella hemos podido comprender y documentar muchísimos detalles de la historia familiar.

Ella ha sido nuestra guía y nuestra luz en la larga oscuridad de esta historia y espera, como todos nosotros que le devuelvan a su tía. Cuando llegamos a la segunda entrevista nos dijo. “pensé que veníais a decirme que había aparecido mi tía”.

“Uy, sueño con ellos y por la noche me pongo, me acuesto y me tiro 20 horas nada más que pensando y pensando. Digo, tengo unas ganas que vengan y me digan ya está aquí”.

Las mujeres represaliadas en los pueblos de Moclín

Son numerosas las mujeres que sufrieron el yugo del franquismo en los Pueblos de Moclín. Hay numerosos testimonios orales del sufrimiento y las dificultades de las mujeres de los vencidos para sacar adelante a sus familias. También los hay de las vejaciones y abusos físicos, sexuales y verbales hacia las mismas.

Pero, sobre todo -como nos relataba un familiar de una de ellas-, lo más duro después de todo esto fue el rechazo, las humillaciones y la inmensa hambre con la que tuvieron que luchar para sacar a sus hijos adelante.

Tenemos así mismo los expedientes de las mujeres que sufrieron la represión económica en los Pueblos de Moclín, pero ese es otro capítulo.

En las investigaciones llevadas a cabo por la historiadora María Isabel Brenes consta el nombre de otras dos mujeres asesinadas: María Encarnación Ruiz Prieto, María del Carmen Carrillo Prieto.

Son numerosas las mujeres que sufrieron el yugo del franquismo en los Pueblos de Moclín

Estas mujeres se encuentran recogidas entre el listado de “fallecidos” de 1936 que hemos localizado en Archivo Municipal de Moclín. De estas tres tenemos certeza absoluta de su muerte violenta, son María del Carmen Carrillo Prieto, María Encarnación Ruiz Prieto y la propia Ramona Carrillo Campos.

Es de especial interés hablar de estas mujeres ya que una de ellas es la propia tía de Ramona.

María del Carmen Carrillo Prieto

Vive en la calle Real número 1. Nacida el 6 de diciembre de 1.878, tenía 58 años en 1.936. Estaba casada con Alfonso Campos Morales y era, por tanto, tía de Ramona Carrillo Campos, ya que Alfonso era hermano de su madre Soledad. Era madre de Daniel, Roque, Francisco y Dolores Campos Carrillo.

Estaba casada con Alfonso Campos Morales y era, por tanto, tía de Ramona Carrillo Campos, ya que Alfonso era hermano de su madre Soledad

Como en el caso del marido de Ramona, Francisco Ruiz Prieto, y los hermanos de este, los hijos de Carmen Carrillo figuran entre los catorce hombres más “peligrosos” para las autoridades franquistas del pueblo. En concreto Roque y Francisco Campos Carrillo. Tanto a ella como a sus hijos se les acusa de apoyar al Frente Popular. Roque había sido concejal con José Liñán Ávila como alcalde.

Aunque parece que también prevalecieron otro tipo de intereses. En el expediente en el que figuran los embargos a la familia, y las cuentas realizadas en mayo de 1939, descontados gastos habidos por la gestión de los administradores, los bienes que se quedaron las autoridades ascendían a 1.697 pesetas[15]. Eso sin contar lo robado directamente de las casas y las fincas.

Podemos entender que el interés de las nuevas autoridades era también el de expoliar a determinadas familias, que, aunque no eran ricas si tenían -gracias a su trabajo y tesón- una buena situación económica.

Sabemos que Roque pasó a Francia donde vivió hasta su muerte. Dolores perdió a su marido en combate en Lérida y ella se quedó sola con una niña y un niño.

Todos los testimonios que hemos consultado la sitúan con el grupo que fue llevado al Puerto para ser ejecutada.

María Encarnación Ruiz Prieto  

Nacida el 10 de agosto de 1.883, tenía 53 años en 1.936. Estaba casada con Miguel Rodríguez Moreno, y tenía cinco hijas e hijos: José, Matilde, Remedios, Encarnación y Dolores Rodríguez Ruiz. Viven en la calle Mesón número 6.

Su hermano era Ignacio Ruiz Prieto fue el primer presidente de la Sociedad Obrera de Moclín y fue asesinado en el Cementerio de Granada.

Según relata el bisnieto de Ignacio, Francisco José López García, en su libro “En lucha por la Memoria”, según los testimonios orales “poco tiempo después de la proclamación del nuevo régimen republicano, le fue otorgado el encargo de confeccionar el bordado del escudo sobre una bandera de la II República”.

El testimonio de Josefa Pareja Mudarra nos confirma que fue fusilada y enterrada en la Fosa de Villén en las Eras de Puerto Lope

El testimonio de Josefa Pareja Mudarra, de Puerto Lope, esposa de Francisco Jiménez Ruiz -primo hermano de Encarnación- nos confirma rotundamente que Mª Encarnación fue fusilada y enterrada en la Fosa de Villén en el paraje de las Eras en Puerto Lope.                                                                                                                                                                           

HISTORIA DE UNA INVESTIGACIÓN 

Cuando se publicó Mujeres fusiladas entre Víznar y Alfacar en El Independiente de Granada en el año 2022 solo sabíamos la edad de Ramona y algún dato más.

En 2024, nuestro amigo Francisco José López García, bisnieto del que fuera primer presidente de la Sociedad Obrera de Moclín, Ignacio Ruiz Prieto, nos hizo llegar un documento escrito de carácter anónimo que apuntaba por primera vez lo que había sido de la familia de Ramona y quienes la constituían. Así en septiembre del 2.024 realizamos una petición oficial al Ayuntamiento de Moclín para acceder al archivo municipal, sin recibir respuesta.

En noviembre de 2025 nos escribió la nieta de Ramona, Mercedes Martin. Su hija, Judit Hernandez Martin, al realizar el árbol genealógico de la familia había encontrado en uno de nuestros artículos a su bisabuela Ramona.

Sabemos que hubo otros intentos anteriores de la familia por aclarar algo de lo sucedido. Pero ahora todo ha cambiado. La curiosidad de Judit por la historia de la familia nos puso en contacto y ha sido el detonante de varios meses de trabajo conjunto de muchas personas con un fin común: que Ramona dejara de ser un nombre en un listado.

José Manuel nos envió fotos, nos explicó muchas cosas sobre su familia y sobre su padre, nos mandó extractos de libros y siempre ha estado a disposición.

Manu Castilla Martín y Alessandra Rogate nos llevaron a conocer a nuestra luz y guía, Ramona Fernández. Con ellos hemos hecho varias de las entrevistas más importantes para este trabajo. Han sido nuestro refugio en Moclín.

Marie-France Cabeza, hija de Enrique Sierra Martín, miembro del patronato de la Fundación Neus Catalá, y copresidenta l'Amicale Française de Ravensbrück. Ella nos envió fotos de su padre, y acogió con muchísimo entusiasmo esta investigación. Cuando le enseñé este artículo me dijo: “je comprends pourquoi il  (su padre) nous parlait de Viznar”.

Y cómo no, Juan de Dios Pérez ha llevado sobre sus hombros la misión más importante; guiarnos en la historia de la represión de los pueblos de Moclín y ser nuestras manos y nuestros ojos en el Archivo Municipal de Moclín y recoger nuevos testimonios.

A nuestros amigos de la Plataforma de Memoria Histórica de los pueblos de Moclín, millones de gracias por su ayuda, apoyo y por trabajar con nosotros en este caso tan impresionante.

Hoy sale a la luz parte del resultado, nos quedan capítulos por cerrar de esta familia, familia sin la que no se podría haber escrito esta historia.

Gracias a todos.
SIN ARCHIVOS NO HAY MEMORIA 

Gracias por su trato y disposición a los archivos que hemos consultado estos meses: Archivo de la Diputación de Granada, Archivo de la Real Chancillería de Granada, Archivo del Juzgado Togado Militar Nº 23 de Almería, Archivo Tribunal militar territorial 2, de Sevilla y Archivo Municipal de Moclín.

Especial referencia merece el Archivo Histórico del Partido Comunista de España, que, sabiendo nuestras dificultades de desplazamiento, nos facilitó de modo inmediato las memorias de Enrique Sierra Martín, otra luz en este oscuro túnel del tiempo.

A todos los profesionales que nos atienden, gracias.
Elaborado por ©Silvia González Alcalde, Pepe Peña Moreno y Agustín Linares junto a Juan de Dios Pérez Prieto, maestro jubilado e integrante de la Plataforma de Memoria Histórica de los Pueblos de Moclín.

[1] Ideal de Granada, 4 de octubre de 1936.

[2] Hay otro Francisco Martín Prieto en Moclín por lo que hemos encontrado en varios documentos que se califica al marido de Ramona Carrillo, como “menor” y al otro “mayor” por la diferencia de edad. El segundo tenía un bar, y entra a formar parte del nuevo equipo de Gobierno Municipal cuando las tropas franquistas entran en la localidad.

[3] El Defensor de Granada 30 de septiembre de 1932. Testimonio de Ramona Fernández y otros.

[4] Esta autobiografía de Enrique Sierra Martin (alias Francisco Martín Prieto) se realizaron en Perpignan el 24 de julio de 1945 y están clasificadas como Sección Buró Político, Comité Ejecutivo. Son cinco folios.

[5] Archivo de la Diputación de Granada. Actas de elección de compromisarios. 26 de abril de 1936

[6] Hijo de su tía por parte de padre, Paula Carrillo Izquierdo.

[7] Concepción Muñoz Espigares es la única mujer de este grupo, y de las llevadas a Viznar de la que no sabemos nada.

[8] Blanca Lozano Villaverde de 48 años era estanquera y estaba casada con Francisco Gálvez Peralta y tenían tres hijos; Manuel, César y José.

Francisco fue el último alcalde republicano de Lanjarón. Sobre Blanca, según recoge el libro "Muerte, dolor, silencio. Lanjarón 1931-1945” los testigos declaran que “figuraba entre los socios de la Casa del Pueblo agrupación socialista “La Unión”, fomentando el Centro femenino”.

[9] Carmen Acuña Gutiérrez de Tovar tiene 41 años en 1936 y una hija, Carmen Herrerías Acuña, de un primer matrimonio. En segundas nupcias está casada con Juan Aragón Calvo que tiene también dos hijos, Nicolas y Manuel Aragón Rosales. Proceden de Alhama de donde habían llegado a la capital en 1932.

[10] Estela Comba López Grande de 31 años, madre de María Bernarda de catorce años, estaba casada con el periodista deportivo Eufrasio Martínez miembro del Partido Comunista desde 1933 y de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética.

[11] Molina Fajardo, Eduardo, Los últimos días de García Lorca, Barcelona, 1983. Página 210

[12] Testimonio de Pepe de Aureliano recogido por Juan de Dios Pérez

[13] Ideal de Granada, 18 de abril de 1958.

[14] Tribunal Militar Territorial Tercero (JUTOTER 23) Sumario 1070/45

[15] ARCHGR Expediente de Responsabilidades Políticas 25992/22

El Foro de la Memoria es un espacio de El Independiente de Granada, en colaboración con investigadores e investigadoras y asociaciones memorialistas, para el recuerdo y el homenaje a las víctimas del franquismo. Para que nunca se olvide. Para que nunca se repita.