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artículo por joan carles march

'El suicidio se escribe en las condiciones de vida: ¿cómo prevenirlo desde lo social?'

Ciudadanía - Joan Carles March - Jueves, 10 de Septiembre de 2026
En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, un artículo imprescindible del experto en Salud Pública Joan Carles March.
Uno de los carteles de asociaciones para este día.
IndeGranada
Uno de los carteles de asociaciones para este día.

Hoy, 10 de septiembre,  Día Mundial para la Prevención del Suicidio, quiero decir que hablar de suicidio no es solo hablar de salud mental. Es insuficiente. Porque las personas no viven en el vacío. Nacen, crecen, estudian, trabajan, construyen relaciones, pierden empleos, buscan una vivienda, atraviesan crisis económicas, se sienten solas o acompañadas. Y todas esas circunstancias influyen en nuestra salud y también en nuestra salud mental.

Entre las situaciones asociadas al comportamiento suicida aparecen los problemas económicos, los conflictos de pareja, la violencia, los abusos, las pérdidas y el aislamiento social

Por eso, cuando hablamos de suicidio, tenemos que hablar también de determinantes sociales.

La Organización Mundial de la Salud recuerda que el suicidio tiene causas múltiples: sociales, culturales, biológicas, psicológicas y ambientales. Entre las situaciones asociadas al comportamiento suicida aparecen los problemas económicos, los conflictos de pareja, la violencia, los abusos, las pérdidas y el aislamiento social. 

No significa que la pobreza provoque automáticamente suicidio. Ni que perder el empleo conduzca inevitablemente a él. Ni que una ruptura sentimental explique por sí misma una muerte. El suicidio nunca tiene una única causa. Significa algo diferente y mucho más importante: las condiciones de vida pueden aumentar o reducir nuestra vulnerabilidad cuando llega una crisis.

La desigualdad también enferma

La OMS define los determinantes sociales como las condiciones en las que nacemos, crecemos, vivimos, trabajamos y envejecemos, junto con el acceso al poder, al dinero y a los recursos. Estas condiciones generan un gradiente social de salud: cuanto menor es la posición socioeconómica, peores tienden a ser los resultados de salud. 

Por eso, prevenir el suicidio no puede consistir solamente en aumentar el número de profesionales de salud mental, aunque esto sea imprescindible. También exige políticas de vivienda, empleo, educación, protección social, lucha contra la pobreza, prevención de la violencia y fortalecimiento de las redes comunitarias

La vivienda importa. El empleo importa. La educación importa. Los ingresos importan. La posibilidad de tener una red de apoyo importa. El barrio importa. El acceso a servicios sanitarios y sociales importa. Y también importa tener un futuro que podamos imaginar.

Por eso, prevenir el suicidio no puede consistir solamente en aumentar el número de profesionales de salud mental, aunque esto sea imprescindible. También exige políticas de vivienda, empleo, educación, protección social, lucha contra la pobreza, prevención de la violencia y fortalecimiento de las redes comunitarias.

Cuando se acumulan las vulnerabilidades

Imaginemos a un adolescente que sufre acoso escolar, vive en una familia con dificultades económicas, tiene problemas de autoestima, duerme mal, se siente solo y encuentra en las redes sociales contenidos que refuerzan su desesperanza.

No estamos ante seis problemas independientes. Estamos ante una acumulación de vulnerabilidades. Y esa acumulación es precisamente la que debería preocuparnos.

Lo mismo puede ocurrir con un adulto que pierde el empleo, tiene dificultades para pagar la vivienda, rompe su relación de pareja y comienza a aislarse. O con una persona mayor que pierde a su pareja, deja de relacionarse, pierde autonomía y siente que ha dejado de ser necesaria. La prevención debe llegar antes del abismo.

El suicidio como problema social y de salud pública

Durante demasiado tiempo se ha situado el suicidio casi exclusivamente en el territorio de la psiquiatría. La salud mental es fundamental, pero el suicidio también es un problema social y de salud pública y de sociedad.

La propia OMS plantea que la prevención requiere la colaboración de múltiples sectores: salud, educación, empleo, medios de comunicación, justicia y otros ámbitos

La propia OMS plantea que la prevención requiere la colaboración de múltiples sectores: salud, educación, empleo, medios de comunicación, justicia y otros ámbitos. 

No deberíamos preguntarnos solamente: “¿Qué le pasa a esta persona?” También deberíamos preguntarnos: “¿Qué le está pasando en su vida? Y todavía una tercera: “¿Qué podemos cambiar alrededor de ella?”

Porque una consulta de psicología puede ayudar a una persona, pero no puede resolver por sí sola su precariedad laboral, su aislamiento, su problema de vivienda, su violencia familiar o la ausencia de una red social.

Prevenir es construir condiciones para vivir

La prevención del suicidio empieza mucho antes de que aparezca una ideación suicida. Empieza en una escuela que detecta el acoso. En una familia que escucha. En un centro de salud que pregunta. En un barrio que genera comunidad. En unos servicios sociales que llegan a tiempo. En un trabajo que no destruye la salud. En una política de vivienda que permite vivir con dignidad. En una sociedad que permite pedir ayuda sin convertir la vulnerabilidad en vergüenza. Y también en una cultura que entiende que pedir ayuda no es fracasar.

El suicidio no puede explicarse únicamente desde la enfermedad mental. Tampoco desde la economía, la familia o la soledad. Es mucho más complejo

El suicidio no puede explicarse únicamente desde la enfermedad mental. Tampoco desde la economía, la familia o la soledad. Es mucho más complejo.

Pero precisamente por eso necesitamos una mirada más amplia. Porque si aceptamos que las circunstancias sociales influyen en el riesgo, también podemos aceptar algo esperanzador: hay muchas cosas que una sociedad puede hacer antes de que una persona llegue a pensar que no existe salida.

Prevenir el suicidio no es solamente evitar una muerte. Es construir una sociedad en la que haya más vínculos, más oportunidades, más apoyo y más razones para seguir viviendo.