PROYECTO DE MEGAMONUMENTO HISTÓRICO

¿Y ustedes, a quiénes subirían a la “Tribuna de granadinos ilustres”?

Ciudadanía - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 12 de Abril de 2026
Un sensacional reportaje de Gabriel Pozo Felguera en el que propone la primera relación de granadinos sobresalientes que, en los últimos dos mil años, han destacado y se merecen sobradamente que aparezcan en el gran conjunto monumental proyectado para la futurista estación del AVE y recuerda los intentos históricos, todos fallidos, de levantar un monumento parecido. Por el mejor cronista de Granada, que solicita su opinión.
Propuesta y proyecto de nuestro dibujante Luis Ruiz Rodríguez. La base del conjunto monumental, de material broncíneo, está compuesta por un sólido pedestal formado por el conglomerado de efigies de los granadinos elegidos, cuyos nombres también estarán grabados en el tronco que sustenta la gran granada que corona el conjunto.  Arriba: vista del monumento sobre el paisaje de Granada, al salir de la estación. Abajo: ubicación en el futuro parque proyectado. Derecha: el monumento.
L. R. R.
Propuesta y proyecto de nuestro dibujante Luis Ruiz Rodríguez. La base del conjunto monumental, de material broncíneo, está compuesta por un sólido pedestal formado por el conglomerado de efigies de los granadinos elegidos, cuyos nombres también estarán grabados en el tronco que sustenta la gran granada que corona el conjunto. Arriba: vista del monumento sobre el paisaje de Granada, al salir de la estación. Abajo: ubicación en el futuro parque proyectado. Derecha: el monumento.
  • Se está tanteando erigir una especie de memorial en el que los nombres más sobresalientes de los últimos 2.000 años recibirían a las visitas al llegar a la estación de Renfe

  • Apenas quedan tumbas ni restos de la mayoría de los personajes históricos que destacaron en Granada desde su fundación por los iberos hace más de 25 siglos

Seguro que nos saldrán miles. Cada uno tendremos nuestro propio listado y nuestras simpatías. Pero y si hubiese que reducir la lista de granadinos inolvidables a tres docenas ¿Quiénes serían los imprescindibles? Todos ellos irían encaramados en la Tribuna de granadinos ilustres que está en fase de diseño para un magno monumento. Será una especie de “comité histórico de bienvenida” de granadinos/as que fueron los más destacados y representativos desde época romana hasta finales del siglo XX. Dos mil años de Historia nos reciben al bajar del AVE. Su ubicación estaría situada en la cabecera ajardinada de la futurista estación de Ferrocarril de Andaluces, en fase de diseño. Formarán algo así como los imprescindibles de la Historia que abren los brazos a los visitantes llegados en tren. Esta idea de destacar a los granadinos sobresalientes, agrupados en un monumento ─al estilo del de las Cortes de Cádiz o los Descubrimientos de Lisboa─ ya se intentó varias veces en el siglo XIX y XX, pero ninguna cuajó. Respondo con este escrito a la pregunta que me han formulado, sugiero algunos nombres para que la empresa consultora los tenga en cuenta a la hora de redactar las bases de su concurso de ideas. Y dar pistas sobre su importancia y dónde están enterrados. Aunque de la inmensa mayoría no conocemos dónde fueron a parar sus huesos.

Se baraja utilizar materiales autóctonos, bronce, acero corten o la mezcla de varios. El presupuesto iría con cargo al 1% cultural de grandes obras. Está sin definir su disposición volumétrica y forma de ejecución

Serán historiadores, arquitectos, dibujantes y escultores a quienes corresponda definir el contenido, desarrollo y ejecución de ese Altar de granadinos ilustres en ciernes. Acotarán el simbolismo que contendrá, relativo a elementos comunes geográficos, ambientales, agrícolas, etnográficos, étnicos, etc. Se baraja utilizar materiales autóctonos, bronce, acero corten o la mezcla de varios. El presupuesto iría con cargo al 1% cultural de grandes obras. Está sin definir su disposición volumétrica y forma de ejecución. Evidentemente, no pueden faltar los elementos definitorios principales, el marco incomparable y omnipresente: Solarius, Sulayr o Sierra Nevada actual; y el fruto de la granada. Después toca acotar la lista de figuras que subirán el monumento, formada por granadinos de nacimiento y de adopción, pero sobre todo de vocación. El principal condicionante es que sean representativos de dos milenios de Historia de la ciudad y que estén muertos. Un verdadero mosaico de culturas y razas que se han sucedido. También cabe la posibilidad de que sea elevado bajo un promontorio artificial que ocultaría un museo del ferrocarril.

Aspecto que tendrá la zona de Estación, según dibujo del Ministerio de Fomento, el jardín delantero hasta el campo de rugby y posible ubicación del conjunto monumental. 

Algunos de los que voy a mencionar en el recorrido histórico ya cuentan con esculturas individualizadas por las calles y plazas de Granada. A otros se ha intentado erigírselas en alguna ocasión, pero quedaron en el olvido. Y a la mayoría se les pasó directamente a engrosar el listado del olvido.

Ha habido varias iniciativas de erigir monumentos colectivos para recordar a granadinos ilustres, aunque no referidos a toda la historia de la ciudad

Ha habido varias iniciativas de erigir monumentos colectivos para recordar a granadinos ilustres, aunque no referidos a toda la historia de la ciudad. También la instalación de una galería municipal de retratos de ilustres y de un panteón de glorias locales. La primera de ellas empezó a barajarse ya en el año 1812, nada más salir los franceses de la ciudad, para homenajear a la Constitución de 1812 y a quienes la hicieron posible. Debió ser un debate muy parecido al surgido en Cádiz y que tardó nada menos que un siglo en materializarse. Pero se acabó en 1929.

Conjunto escultórico de Cádiz a la Constitución de 1812, con decenas de personajes y alegorías. En forma de hemiciclo.
Homenaje a 33 descubridores y navegantes portugueses, en Lisboa, sobre la proa de un navío.

Ese mismo dibujo fue utilizado en el retorno de la democracia para hacer el monumento a la Constitución en el Paseo del Violón (desmontado cuando excavaron el aparcamiento y sustituido por el adefesio del flamenco)

El monumento a los constitucionalistas granadinos llegó a ser dibujado y esbozado por el arquitecto Juan Pugnaire Rodríguez. Su aprobación final llegó en el año 1836 con el nombramiento del liberal Ramón Crooke como efímero alcalde de Granada. Iba a ser instalado en la explanada del Campo de la Merced (zona del Triunfo). No sabemos lo que ocurrió para que se limitara a un proyecto sobre el papel; posiblemente fueron la inestabilidad política y la expulsión de los liberales los culpables del frustrado memorial. Ese mismo dibujo fue utilizado en el retorno de la democracia para hacer el monumento a la Constitución en el Paseo del Violón (desmontado cuando excavaron el aparcamiento y sustituido por el adefesio del flamenco).

Dibujo de Pugnaire, 1836, para el Triunfo, que a finales del siglo XX fue construido en el Violón.

En el año 1880 el catedrático Manuel de Góngora y Martínez propuso al Ayuntamiento encargar la galería de destacados, comenzando con el cuadro del Marqués de Gerona (José Castro y Orozco), que había sido ministro de Justicia. Aquella primera pintura fue expuesta en la casa consistorial de la Madraza, pero su posterior venta hizo que se perdiera el cuadro.

Pocos años más tarde (1888) el alcalde pidió al gobernador civil que le diera los fondos previstos en el presupuesto del Estado para erigir estatuas a granadinos ilustres por calles y plazas. Resultó que no había partida alguna y no se pudieron fundir

Pocos años más tarde (1888) el alcalde pidió al gobernador civil que le diera los fondos previstos en el presupuesto del Estado para erigir estatuas a granadinos ilustres por calles y plazas. Resultó que no había partida alguna y no se pudieron fundir.

A principios del siglo XX, concretamente en el año 1914, volvió a suscitarse un nuevo debate sobre la irremisible pérdida de la memoria y falta de reconocimiento a los granadinos ilustres de tiempos pasados. La idea partió del diputado Natalio Rivas; el conjunto incluiría las figuras de Alonso Cano, Ángel Ganivet y Martínez de la Rosa. Incluso llegó a hablar con el escultor Mariano Benlliure, pero nada se concretó.

La idea fue retomada por la Sociedad Económica de Amigos del País en el curso 1919 con un concurso entre escultores para que diseñaran un monumento a “los inolvidables granadinos, ilustres literatos y artistas”, especialmente pertenecientes a la Cuerda Granadina. La iniciativa quedó en dibujos y escayolas.

En cuanto al panteón funerario de granadinos ilustres, la primera idea surgió en 1922. Se trataría de un mausoleo, con sus nichos y placas en el cementerio, presididos por una columna u obelisco

En cuanto al panteón funerario de granadinos ilustres, la primera idea surgió en 1922. Se trataría de un mausoleo, con sus nichos y placas en el cementerio, presididos por una columna u obelisco. Se iniciaría con la repatriación de los restos de Baltasar Martínez Durán, el poeta de los muertos, que había fallecido en Madrid en 1883. Tampoco se hizo nada y el literato fue enterrado en el panteón de su familia.

Era habitual que periódicamente aflorase la idea de honrar a los granadinos ilustres en cada periodo político. En 1929 se habló de encargar una serie de esculturas a los talleres potentes de modelistas que había por entonces; serían colocadas en algunas plazas y avenidas. Ya se había materializado la de Fray Luis de Granada en Bibarrambla. Hubo incluso acuerdo en pleno municipal para colocar varias en las glorietas de la Avenida Alfonso XIII, incluso una gran fuente monumental. Las primeras serían las del Padre Suárez, del general Álvarez de Castro, Pedro Antonio de Alarcón y Alonso Cano. Pero vino la II República y quedó todo por hacer.

Nada nuevo por otra parte, porque el solar de Granada ha estado siempre convertido en una tierra de aluvión en la que las nuevas generaciones derrumbaban y enviaban al estercolero los huesos de quienes les precedieron

Todavía estaba muy viva la remoción de suelos de iglesias, cementerios anejos y enterramientos en conventos, de manera que se perdían los huesos de personalidades más o menos relevantes de siglos anteriores. Esa fue la costumbre en Granada a partir de las desamortizaciones de edificios religiosos iniciada en 1835. Nada nuevo por otra parte, porque el solar de Granada ha estado siempre convertido en una tierra de aluvión en la que las nuevas generaciones derrumbaban y enviaban al estercolero los huesos de quienes les precedieron. No queda rastro alguno de la infinidad de necrópolis iberas, romanas, musulmanas y cristianas que abundaron hasta mediado el XIX, cuando ya se centralizaron los enterramientos en el cementerio de San José.

La mayor pérdida al respecto fue el levantamiento completo del cementerio casi milenario que hubo en lo que hoy es zona del Triunfo

La mayor pérdida al respecto fue el levantamiento completo del cementerio casi milenario que hubo en lo que hoy es zona del Triunfo. Allí hubo cientos de miles de enterrados en periodo musulmán. Recibió el nombre de cementerio de Ben Malik porque en ese lugar fue enterrado el predicador musulmán Sahl Ben Malik en el año 1241.

Proyecto de columna a los héroes granadinos de la Independencia, ideado por Gallego Burín para la Plaza del Carmen. No se llegó a construir.

Gallego Burín colocó varias estatuas y removió otras existentes. Promovió las de Alonso Cano y Carlos V. En los años cuarenta quiso levantar una fuente-obelisco frente al Ayuntamiento como homenaje a los héroes granadinos de la guerra contra los franceses. Sólo se avanzó en el dibujo del arquitecto Miguel Olmedo.

El último y verdadero intento por levantar un monumento a los granadinos ilustres ocurrió en el año 1953, bajo el mandato del alcalde Ossorio Morales

El último y verdadero intento por levantar un monumento a los granadinos ilustres ocurrió en el año 1953, bajo el mandato del alcalde Ossorio Morales. La propuesta partió del concejal Elías Prieto Castro, que representaba al sindicato de papel y artes gráficas. El proyecto aprobado contemplaba que en ese monumento colectivo figurasen al menos imágenes de San Juan de Dios, el militar Álvarez de Castro, el político Martínez de la Rosa, Joaquín Afán de Ribera, el alcalde de Otívar que se enfrentó a los franceses, el poeta Zorrilla coronado en Granada en 1889, el médico y alcalde Fermín Garrido Quintana, el médico Juan Creus y el erudito Manuel de Góngora. El monumento no pasó a mayores porque el alcalde fue cesado pocos meses después.

La idea que se está barajando para el jardín delantero de la estación del tren es algo muy distinto: en él estarían los/as más representativos desde la historia antigua

A lo más que se llegó hace poco más de dos décadas fue a construir un panteón para granadinos ilustres en el cementerio municipal. De sus 95 nichos, solamente están ocupados seis. La idea que se está barajando para el jardín delantero de la estación del tren es algo muy distinto: en él estarían los/as más representativos desde la historia antigua.

Ha habido que esperar hasta la primera década del siglo XXI para que la ciudad de Granada empezara a poblarse de esculturas individualizadas, especialmente la decena que adorna el bulevar de la Constitución.

Iniciamos las propuestas: Los iberorromanos

Si aceptamos que el lugar de Granada ya era una ciudad ibera hace 2.500-2.800 años y no un simple poblado, oppidum, en lo alto de un cerro deberíamos poner en primera fila del comité de bienvenida a un reyezuelo iliberitano. Quizás ataviado con galas parecidas a como nos legaron su imagen en la escultura funeraria de la Dama de Baza. Incluso vestido de guerrero al estilo de Viriato. Pero, por desgracia, no nos ha quedado ningún nombre de un régulo iliberritano al que poder identificar en concreto. Podríamos llamarlo Ilturir el Iliberritano por aquello de que así figura el nombre de la ciudadela amurallada en algunas monedas iberas halladas en excavaciones arqueológicas. O reina Iliberia, la hija del rey Hispán.

Ya en los siglos II-III después de Cristo, con esta tierra plenamente romanizada, son varios los personajes de época imperial que podríamos incluir como representantes de los “granadinos más romanos”

Un poco más tarde, ya en los siglos II-III después de Cristo, con esta tierra plenamente romanizada, son varios los personajes de época imperial que podríamos incluir como representantes de los “granadinos más romanos”. Todos ellos pertenecientes a las pocas familias de clases altas que había por aquí, senatoriales y ecuestres: los Valeri, los Vegetti, los Cornelios… Entre los nombres romanos nativos que nos han quedado como más poderosos el imprescindible a incluir es Publio Cornelio Anulino. No tengo la menor duda de que ha sido el granadino más influyente en los dos mil pico años que tiene esta ciudad: llegó a ser el segundo hombre con más poder del imperio romano en la época de su mayor esplendor, el segundo en el escalafón tras el emperador Septimio Severo (años 193-211). 

Personaje ibero (Dama o guerrero de Baza) y senador romano Publio Cornelio (imagen de Septimio Severo).
Togado de Periate (tardorromano) y San Gregorio Bético.

No disponemos de nadie más de importancia de era tardorromana, pero sin duda aquí deberíamos incluir la figura imaginada de algún obispo cristiano primitivo de los que participaron en el Concilio de Elvira, celebrado en lugar indeterminado de esta tierra en los primeros años del siglo IV. Por supuesto, sería el obispo Flabiano de Elíberis; debió ser el convocante y anfitrión del que resultó primer concilio cristiano, con asistencia de 19 obispos llegados de toda la Península y 26 sacerdotes. Deberá portar en su mano el acta con los 81 cánones que redactaron para regir a la Iglesia. Elvira debía ser ya una ciudad de cierta enjundia cuando la eligieron sede de su importantísima reunión. Por esa época debió existir algún personaje famoso al que le erigieron una estatua en bronce que hoy llamamos Togado de Periate, que también podría servir de modelo.

Desde época nazarita se le rendía culto en un morabito junto a una de las puertas de la Alcazaba, la actual placeta de San Gregorio. San Isidoro de Sevilla dijo que se inspiró en su ejemplo

El más destacado del periodo tardorromano fue Gregorio de Ilíberis o San Gregorio Bético o de Elvira. Sabemos que vivió en Granada en la segunda mitad del siglo IV. Fue teólogo y obispo. Viajó a Italia en 359, al concilio de Rímini. Se le venera como santo desde el siglo VII. Desde época nazarita se le rendía culto en un morabito junto a una de las puertas de la Alcazaba, la actual placeta de San Gregorio. San Isidoro de Sevilla dijo que se inspiró en su ejemplo.

El paso y presencia de los pueblos del norte (suevos, vándalos, alanos) más visigodos y bizantinos no dejaron rastros edilicios ni etnográficos por la que había sido provincia Bética romana. Por tanto, nos resulta imposible incluir en nuestra galería de ilustres a un nombre que represente esos periodos, del 415 al 711 en que empieza la islamización.

Pocos nombres destacables dejaron para la historia los granadinos gobernados desde el emirato y califato de Córdoba. Una pena que un periodo tan largo se quede sin representación.

Algo parecido nos va a ocurrir a la hora de poner nombres y apellidos a los granadinos que llegaron, se asentaron y poblaron estas tierras a la sombra de Sulayr entre los siglos VIII y X. Pocos nombres destacables dejaron para la historia los granadinos gobernados desde el emirato y califato de Córdoba. Una pena que un periodo tan largo se quede sin representación. Quizás podríamos incluir alguna figura innominada que represente a un mozárabe de los que conformaron mayoritariamente la población autóctona y más representativa, sojuzgados por las familias emparentadas con el Profeta y llegadas de Siria, Arabia y Palestina. Seguidamente mezclados con otras tribus de norteafricanos.

El reino el Zirí y judíos sobresalientes

Del primer reino taifa granadino, el Zirí (1013-1091), sería imperdonable no incluir al menos a su fundador y efímero regidor hasta su retorno a África y a su nieto, el gran trazador de la ciudad musulmana primigenia. El que refundó la ciudad y se trajo a sus habitantes desde Medina Elvira fue Zawi ben Zirí as-Sinhayi (1013-19) y el gran constructor de la ciudad zirí lo tuvimos en Badis ben Habús al-Mansur (1038-73). Tampoco, desgraciadamente, quedan restos de ninguno de ellos en ningún makáber de la ciudad. Zawi murió en África y Badis debió ser enterrado en la rauda que había en su zona palaciega, en lo que posteriormente fue el entorno del Huerto del Carlos en la Alcazaba vieja.

En ese periodo zirita no podemos olvidarnos de incluir algunos de los más importantes personajes del colectivo judío que pululaban entonces por aquí

En ese periodo zirita no podemos olvidarnos de incluir algunos de los más importantes personajes del colectivo judío que pululaban entonces por aquí. El insustituible es Samuel Ibn Nagrella. Aunque nacido en Mérida en 993, acabó recalando en el barrio de Garnatha Al-Yehud. Fue comerciante, poeta y filósofo que consiguió hacerse con el visirato del gobierno musulmán zirí entre los años 1038-55. Hasta su fallecimiento. Sin duda, actuó como mano derecha y pensante del emir Badis. Posiblemente junto a él también deberíamos incluir a su hijo y sucesor Joseph ibn Nagrella, hasta su asesinato en 1066.

Fue médico y traductor que dio origen a una saga de intelectuales conocidos como los Tibónidas

Otro judío que no puede faltar es Judá ben Saúl ibn Tibbón. Sí, el que tiene una estatua a la entrada de la calle Pavaneras pagada por su descendiente Gutierre Tibón. Nació en Granada en 1120 y emigró a Francia cuando se iniciaron las persecuciones contra judíos y cristianos a la llegada de los almorávides. Fue médico y traductor que dio origen a una saga de intelectuales conocidos como los Tibónidas. De esta misma época deberíamos incluir al que fue mozárabe granadino más importante de finales del siglo XI y principios del XII: el noble Ibn Al Qalas.

Aunque sólo conocemos de él su nombre islamizado, fue el líder de la comunidad cristiana durante los primeros años de dominio almorávide. Fue el que lideró las revueltas contra ellos y llamó al rey de Aragón Alfonso el Batallador para que les liberase. Se le pierde la pista en mayo de 1126, aunque se supone que fue uno de los que huyó a Zaragoza tras la cruzada de la hueste cristiana.

Rey Badis y Yehuda Ibn Tibbón.

Hubo una larga lista de gobernadores en ese siglo y medio del que habría que incluir una figura bereber pero sin concretar un nombre destacado

Entre los años 1091 en que llegaron las oleadas de almorávides norteafricanos y 1238, en que se puede dar por acabado el siguiente periodo de la secta almohade, Granada fue capital sucedánea del extenso Al-Ándalus Norte, gobernado por un emir desde Marrakech. Hubo una larga lista de gobernadores en ese siglo y medio del que habría que incluir una figura bereber pero sin concretar un nombre destacado. A lo sumo, podríamos personalizar este periodo en el primer emir almorávide, Yusuf ibn Tashfin (que nunca estuvo en Granada). O el rebelde Zafadola (Ahmad al-Mutnasir Saif al-Dawla). Del periodo almohade podríamos incluir la figura de Abú Said, que fue quien consolidó el poder almohade en Granada en la segunda mitad del siglo XII-principios del XIII, tras la expulsión de los almorávides; reforzó las defensas de la ciudad para evitar la presión del Rey Lobo de Murcia. Se le atribuye la construcción del Alcázar Genil y la Naumaquia anexa.

El esplendor del Reino Nazarita

El siguiente periodo histórico, el nazarita, está repleto de personajes sobresalientes. Deberían formar un grupo propio dentro del conjunto monumental. Fue una de las épocas más esplendorosas de Granada como reino musulmán independiente, rodeado, reducido y acosado por cristianos durante dos siglos y medio. Un periodo que marcó la construcción de la Alhambra y la expansión de la ciudad sobre la antigua traza zirí. El que debe figurar en un plano principal es el fundador de la dinastía, Alhamar (Muhammad ibn Nasr, 1232-73). También deberían estar junto a él Muhammad V y Yusuf I, los grandes constructores de la Alhambra. Y, por supuesto, los últimos, Muley Hacén y Boabdil (Muhammad XII). Así mismo, habría que incluir a Aixa Al-Horra, esposa y madre de los dos anteriores. 

Alhamar y Boabdil, primero y último emir del Reino nazarita de Granada.

No conservamos restos ni sepulturas de los 23 sultanes que se sucedieron en el poder en la etapa nazarita. Tampoco de sus mujeres y príncipes. Solamente tenemos unas cuantas lápidas sepulcrales en el museo de la Alhambra

No conservamos restos ni sepulturas de los 23 sultanes que se sucedieron en el poder en la etapa nazarita. Tampoco de sus mujeres y príncipes. Solamente tenemos unas cuantas lápidas sepulcrales en el museo de la Alhambra. Los primeros fueron enterrados en algún lugar desconocido del monte de la Sabika. Después fue habilitada la rauda dentro del recinto de la Alhambra, al Este de donde está el Palacio de Carlos V. Ahí estuvieron hasta finales de 1491 en que Boabdil los exhumó y decidió llevárselos de nuevo al cementerio junto a Mondújar. Ahí debieron permanecer hasta finales del siglo XX, si es que no se los llevó finalmente a África cuando se fue definitivamente en 1493. O quizás las obras de la autovía de la Costa acabaron con lo que quedara.

El periodo cristiano

Los “granadinos” más importantes de finales del XV, con el inicio del periodo cristiano, fueron Isabel I de Castilla y Fernando de Aragón. Nadie cuestiona que son las figuras más reconocibles e importante de la etapa histórica moderna. Fueron, para bien y para mal, los que iniciaron un nuevo periodo que es en el que nos encontramos. Tanto amaron esta tierra y su capital que decidieron enterrarse en ella para la eternidad. El grupo de primeros reyes cristianos habría que completarlo con sus descendientes, así mismo enterrados en la Capilla Real de Granada: Juana I y Felipe I. Ambos tuvieron poca relación concreta con Granada, pero su presencia in mortis no hay que despreciarla. Los que sí tuvieron relación y tomaron decisiones importantísimas para la ciudad fueron el Emperador Carlos y la emperatriz Isabel de Portugal. Ella también estuvo enterrada en la Capilla Real entre 1539 y 1574. Los podemos considerar granadinos de adopción y colocarlos en lugar preferente en el frontis.

Fernando e Isabel, los Reyes Católicos.
El emperador Carlos V e Isabel de Portugal.

Muy cerca de ellos, en ese friso monumental, deberán figurar al menos unos cuantos personajes que les ayudaron a la conquista del Reino o abrir nuevos mundos

Muy cerca de ellos, en ese friso monumental, deberán figurar al menos unos cuantos personajes que les ayudaron a la conquista del Reino o abrir nuevos mundos: ahí deben estar las figuras de Gonzalo Fernández de Córdoba, de Hernán Pérez del Pulgar, de Cristóbal Colón, de Íñigo López de Mendoza, de Pedro Mártir de Anglería… por lo menos. El cadáver del Gran Capitán ha dado tantos tumbos desde 1810 en que los franceses revolvieron su tumba que ya es imposible saber lo que queda de él en la cripta de San Jerónimo. A Pérez del Pulgar lo tenemos enterrado en la iglesia del Sagrario. A Colón, a trocitos en la catedral de Sevilla. A la saga de algunos Mendoza los tuvimos en el cementerio del Partal. A Pedro Mártir lo reubicaron en una capilla de la Catedral. 

Cristóbal Colón y Fray Hernando de Talavera.
Íñigo López de Mendoza y Álvaro de Bazán.
Gran Capitán y su esposa María Manrique.

También pertenecientes a este periodo de principios del XVI hay que añadir al obispo Talavera y quizás también al Cardenal Cisneros, por muy perjudicial que resultaran sus decisiones para la convivencia de los granadinos de entonces. Por supuesto, sumemos a una mujer sobresaliente como fue la I Duquesa de Sessa y viuda del Gran Capitán (María Manrique).

Fue responsable de trazar la Catedral, San Jerónimo e infinidad de edificios religiosos por la capital y todo su Reino. Estuvo enterrado en la iglesia de Santiago, hasta que en la Revolución de 1868 sus restos fueron esparcidos y perdidos

En esta etapa del XVI, tan decisiva para la configuración de la Granada moderna, no podemos olvidarnos de incluir al gran arquitecto del Renacimiento: Diego de Siloé. Fue responsable de trazar la Catedral, San Jerónimo e infinidad de edificios religiosos por la capital y todo su Reino. Estuvo enterrado en la iglesia de Santiago, hasta que en la Revolución de 1868 sus restos fueron esparcidos y perdidos. Tampoco deberíamos olvidarnos de que a su lado estén los arquitectos Enrique Egas, Pedro Machuca y Ambrosio de Vico. Estos tres son esenciales para entender la arquitectura cristiana que define la Granada del XVI. Egas fue enterrado en Toledo, no así Pedro Machuca y Vico que sí quedaron en Granada en lugares hoy desconocidos. Entre todos podrían formar otro grupeto caracterizado por el cartabón y la plomada.

En ese siglo XVI otro de los imprescindibles debe ser Juan de Sessa o Juan Latino. Primer negro o mulato que alcanzó el grado de catedrático de lenguas y literatura en la joven Universidad de Granada. Su fama saltó a nivel internacional. Estuvo enterrado en la cripta de la parroquia de Santa Ana, aunque sus huesos forman parte de un revoltillo de osario común.

Es el más laureado de los granadinos de adopción si hablamos de iconografía callejera, tiene varios monumentos repartidos por Granad

Por supuesto, San Juan de Dios es de los que menos duda ofrecen. Dedicó su vida a Granada, primero, y puso las bases de la impresionante obra asistencial que es hoy la Orden Hospitalaria repartida por todo el mundo. Es el más laureado de los granadinos de adopción si hablamos de iconografía callejera, tiene varios monumentos repartidos por Granada. A su muerte fue enterrado en el convento de la Victoria y desde el XVIII preside el camarín de su basílica. A su grupo deberemos añadir también a San Juan de la Cruz, que pasó los años finales del XVI dirigiendo el convento de los Mártires y escribiendo aquí alguna de sus obras. 

San Juan de Dios y Juan de Sessa o Juan Latino.
San Juan de la Cruz y Fray Luis de Granada.

En la segunda mitad del XVI sonaron mucho algunos nombres que forman parte indeleble de la Historia de Granada. Debemos subir al altar de los granadinos ilustres al almirante Álvaro de Bazán, al renegado morisco Fernando de Válor (Abén Humeya), a Fray Luis de Granada, al Padre Suárez y a Pedro de Castro. El marino murió en Lisboa en 1588 y décadas más tarde su cadáver fue trasladado a su palacio del Viso del Marqués. Aben Humeya, traicionado y entregado por los suyos, fue olvidado por la historia oficial. Fray Luis y el Padre Suárez quedaron para siempre en su lugar de defunción, Lisboa. Y el jurista y arzobispo Pedro de Castro, fallecido en Sevilla, regresó por voluntad propia para ser enterrado en una capilla de su Sacromonte.

La práctica totalidad de artistas del siglo de oro y de la escuela granadina barroca y postbarroca están perdidos en osarios comunes o bajo escombros revueltos.

Granada ha tenido poquísima fortuna y menos cuidado en cultivar las tumbas de sus personajes ilustres. Especialmente dañino fue el periodo desamortizador del XIX en que todo fue removido y reutilizado como material de relleno. La práctica totalidad de artistas del siglo de oro y de la escuela granadina barroca y postbarroca están perdidos en osarios comunes o bajo escombros revueltos. Los de Alonso Cano siempre fueron confundidos y, al menos, se tienen indicios que pudieran ser unos en la cripta central de la Catedral. Pero los de Juan de Sevilla, Atanasio Bocanegra, Pedro de Raxis, Mena, Soto de Rojas, Heylan padre e hija… no consiguieron sobrevivir a su propia historia. Alguno de ellos debería figurar en este frontispicio de ilustres que estamos conformando.

El siglo XVIII no fue muy pródigo en personajes granadinos sobresalientes. Pero al menos habría que tener en cuenta el omnipresente y filántropo Pedro Pascasio de Baños, benefactor de la arqueología, del Sacromonte y financiador de la Basílica de San Juan de Dios. Incluso al Padre Ortega, que destinó toda su fortuna a acabar la barroca basílica y parte del Hospital de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios.

Abundantes a partir del XIX

Ya en tiempos más recientes, por la cercanía de la memoria, la aparición de periódicos y la abundancia de libros se nos empiezan a agolpar infinidad de granadinos que pueden ser acreedores a subir al altar. Unos más discutibles que otros, la lista podría convertirse en interminable. Al igual que ocurre con los que vivieron el siglo XX. Voy a mencionar sólo algunos de pasada.

Ya catedrático de la Universidad con sólo dieciocho años; fue todo en política, hasta presidente del Gobierno en el reinado de Isabel II

Eugenia de Montijo, por aquello de que nació en Granada y siempre se vanaglorió de ello, aunque tuviese casi nula relación con esta tierra. Fue emperatriz de Francia y lució como granadina de postín. Francisco Martínez de la Rosa, ya catedrático de la Universidad con sólo dieciocho años; fue todo en política, hasta presidente del Gobierno en el reinado de Isabel II. Falleció en Madrid y sus restos quedaron en el Panteón de Españoles Ilustres. Hizo importantes aportaciones literarias e históricas a Granada. Mariana Pineda no precisa de mayor justificación para entrar directamente en la final de los seleccionados; lo que queda de sus huesos está depositado en la cripta de la Catedral. 

Eugenia de Montijo y Mariana Pineda.

En lo religioso destacaron el Padre Payán, enterrado en el Sagrado Corazón; José Gras y Granollers, fundador del Instituto de Cristo Rey, y enterrado en la iglesia de San Gregorio Magno; por supuesto, el Padre Andrés Manjón, que vivió hasta 1923 y está enterrado en la Casa Madre del Ave María que fundó cuarenta años antes.

El XIX vio surgir a un grupo de médicos, banqueros y empresarios que también acumulan méritos para figurar en el friso de granadinos ilustres

El XIX vio surgir a un grupo de médicos, banqueros y empresarios que también acumulan méritos para figurar en el friso de granadinos ilustres. La primera de ellas fue Teresa Acosta Toro y González (1777-1851), fundadora de uno de los primeros bancos de granada, que acabaría dando origen a la Banca Rodríguez-Acosta; su nieto Manuel Rodríguez-Acosta y Palacios (1840-1912), que fue el que llevó aquella banca a su mayor nivel de éxito. Juan López- Rubio Pérez (1829-13), onubense de origen, puso farmacia en Granada y fue el introductor del negocio del azúcar de remolacha y alcoholeras; fue quien puso las bases de boom azucarero y económico de finales del XIX y principios del XX. Promovió la construcción de la Gran Vía, obra criticada por destruir media ciudad y alabada por otros. Se intentó dedicarle un monumento, que jamás llegó a ser levantado. Juan Creus y Manso (1828-97), también implicado en el desarrollo industrial del azúcar, pero sobresalió como uno de los pioneros en la cirugía y traumatología; sus textos eran básicos para estudiantes y médicos. Los dos están enterrados en el cementerio de San José. Otro que no se cuestiona desde ningún punto de vista es el malogrado escritor Ángel Ganivet, fallecido en Riga en 1898 y re-enterrado en Granada en 1925. Los representantes más destacados de la cultura de ese periodo fueron Manuel Gómez-Moreno González (1934-1918) y Francisco de Paula Valladar Serrano (1852-1924).

Andrés Manjón y Ángel Ganivet.
Federico Olóriz y Manuel Gómez-Moreno González.

A ellos debemos sumar al médico Federico Olóriz Aguilera (1855-1912). Fue antropólogo, anatomista e infinidad de cosas más. Falleció en Madrid, aunque sus restos fueron los que inauguraron en Panteón de Granadinos Ilustres en el Cementerio Municipal de Granada. Por cierto, ese pabellón fue habilitado hace ahora dos décadas para dar cobijo a restos de paisanos sobresalientes. Tiene 95 niños y sólo lleva ocupados seis hasta el momento: son Olóriz, el escultor José Navas Parejo, el futbolista-barista Luis Oruezábal González, el pintor Enrique Padial Ruiz, el escritor José G. Ladrón de Guevara, el periodista Escolástico Medina y el poeta y premio nacional Rafael Guillén. Me cuentan los políticos municipales que todavía no se tienen claros los criterios a aplicar para asignar esos enterramientos destacados. Variará según quién ostente el bastón de mando en cada momento.

Al Duque lo enterraron en 1936 en una capilla lateral de la Catedral por ser benefactor de la Iglesia. Sus méritos en el fomento de la economía de Granada son sobradamente conocidos

Con el siglo XX, mejor no entrar mucho en profundidades porque es terreno pantanoso y cuestionable según quién elabore la lista. Hay algunos a los que es imposible renunciar: Federico García Lorca, Manuel de Falla, granadino de adopción y re-enterrado en Cádiz, y Diego Quesada Cañaveral, Duque de San Pedro. A Federico todavía le están buscando por los campos de Víznar, donde fue asesinado, y al Duque lo enterraron en 1936 en una capilla lateral de la Catedral por ser benefactor de la Iglesia. Sus méritos en el fomento de la economía de Granada son sobradamente conocidos. 

Manuel de Falla y Federico García Lorca.
Manuel Rodríguez-Acosta Palacios y Fernando de los Ríos.
Juan Creus y Juan López-Rubio.
Luis Seco de Lucena y José Ramayo Rivas.
Berta Wilhelmi y Fermín Garrido Quintana. 
José María Miranda y Elena Martín Vivaldi.
Antonio Gallego Burín y Fray Leopoldo de Alpandeire.

Como a todos los nombres no se les podrá dar protagonismo con figuras completas, bustos, cabezas, altorrelieves y bajorrelieves, se debería adjuntar un listado de nombres para poder añadir los que resulten de una extensa consulta ciudadana

A partir de ellos los hay a decenas, la mayoría pertenecientes al mundo de la cultura: Luis Rosales Camacho, José Martín Recuerda, Francisco Ayala, Elena Martín Vivaldi, Ángel Barrios, Francisco Alonso López, Manuel Torres Molina, Fernando de los Ríos, Luis Seco de Lucena, Berta Wilhelmi, el dibujante José María Miranda Serrano, María la Canastera, Manuel Cano Tamayo, Miguel Guirao Pérez, Buenaventura Carreras Matas, José Tamayo Rivas (sus cenizas tienen méritos para pasar el Panteón de Ilustres en vez de estar en un columbario de niños), Enrique Morente; los alcaldes Antonio Gallego Burín y Manuel Sola; los religiosos Fray Leopoldo de Alpandeire (éste, imprescindible), Madre Riquelme y Conchita Berrecheguren, etc. etc.

Como a todos los nombres no se les podrá dar protagonismo con figuras completas, bustos, cabezas, altorrelieves y bajorrelieves, se debería adjuntar un listado de nombres para poder añadir los que resulten de una extensa consulta ciudadana. Una especie de memorial de caídos. Incluso dejar abierta la posibilidad de ir añadiendo alguno más, aún vivo, para poder sumarlo una vez muerto. Los casos más a mano que se me ocurren son los de Miguel Ríos y José Ignacio García Lapido, a los que Dios le conceda todavía muchos años.

El tratamiento, mejora y asesoramiento pictórico son obra de Luis Ruiz Rodríguez.