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'Alberti en Rute'

Cultura - Juan Molina Porras - Miércoles, 19 de Agosto de 2026
Juan Molina Porras recuerda el homenaje tributado a Rafael Alberti hace 50 años en Rute, una iniciativa extraordinaria y valiente en la que participaron, entre otros, Juan de Loxa o Mariano Campos y Juan Pérez Unquiles. Una reflexión que, partiendo de la Memoria Democrática, interpela sobre la necesaria vida cultural de los municipios.
El cartel del homenaje.
El cartel del homenaje.

El poeta y dramaturgo Rafael Alberti residió por un tiempo en Rute para recuperarse de una enfermedad pulmonar, cita el pueblo en el prólogo a Marinero en tierra (1925) y cuenta anécdotas de algunos de sus pintorescos personajes en La arboleda perdida (1959). Además, más tarde publicaría Cuaderno de Rute (1972) que había escrito muchos años antes (1925) y pocas dudas hay de que su obra teatral El Adefesio (1944) está inspirada en algunas peculiares figuras femeninas de nuestro pueblo. Todos estos fueron motivos suficientes para que se le evocara y se decidiera hacer un homenaje. Que recuerde la idea primigenia, pudieron existir otras, surgió en una charla con Nicolás Molina en los Patos uno o dos años antes. Lo decisivo no fue que algunos pensáramos en homenajear al poeta del Puerto de Santa María sino que la idea cogiera fuerza entre muchos otros cuando se les pidió su colaboración. Periodistas como Sebastián Cuevas, poetas como Juan de Loxa, actores teatrales como Paco Piñero, pintores como Aguilera Amate o Félix de Cárdenas, algún librero lucentino y partidos de izquierdas como PCE, PTE, PSA y PSOE colaboraron en el homenaje que se realizó entre el 11 y el 22 de agosto de 1976. 

Alberti seguía exiliado en Roma, la transición a la democracia solo comenzaba, la  mayor parte de los partidos eran ilegales y las fuerzas reaccionarias del pueblo con rapidez se opusieron a la celebración

No debe olvidarse que esa fecha era un momento políticamente complicado. Alberti seguía exiliado en Roma, la transición a la democracia solo comenzaba, la  mayor parte de los partidos eran ilegales y las fuerzas reaccionarias del pueblo con rapidez se opusieron a la celebración. ¿Cómo homenajear a alguien que había retratado algunas figuras risibles o había señalado que Rute era un pueblo de borrachos? Por supuesto, olvidaban otros aspectos de su obra que, seguro, no habrían leído ni tampoco que un escritor está obligado a describir todos los aspectos de la realidad. Frente a ellos un grupo activo de estudiantes creyó que era un momento oportuno para realizar una semana cultural que ofreciera, por primera vez en la postguerra, conciertos, representaciones teatrales, conferencias y exposiciones. Esto suponía conseguir las necesarias autorizaciones, recaudar el dinero para los actos aunque muchos cantaores y grupos de teatro actuaron gratis o permanecer alguno de los organizadores junto a un policía social durante las actuaciones.

Aunque hoy parezca increíble se superaron los muchos obstáculos. Félix de Cárdenas hizo un estupendo cartel y junto con otros artistas colaboró para que en una sala del Instituto se colgaran pinturas de José Duarte, Equipo Crónica, Fausto González o Cortijo. En el Campo de Fútbol se realizaron la mayor parte de los actos y una librería lucentina abrió en la entrada un expositor para la venta de ejemplares, por aquellos entonces, difíciles de conseguir. Al escenario se subieron cantaores como Enrique Morente, Pepe Taranto o Luis Marín y el grupo folclórico La Fanega. Por su parte, los grupos teatrales Esperpento y La Tabla montaron respectivamente Arlequín servidor de dos amos  de Goldoni y Ensayo para un canto a Andalucía. La reflexión política primó en las conferencias de Luis Uruñuela, Isidoro Moreno y Antonio Palacios. Mientras que Alfonso Guerra analizó la trayectoria poética de Alberti. Como se ve, una propuesta cultural de altura que, por suerte, interesó a un numeroso público que llenó el aforo tarde tras tarde. Por desgracia, la semana cultural no tuvo continuidad. Cincuenta años después, habría que preguntarse si los ayuntamientos democráticos no están obligados a organizar actividades que dinamicen la vida cultural de los pueblos.

Juan Molina Porras, es escritor y catedrático jubilado de Lengua.