Antonio Arias: "La música Gnawa tiene poderes curativos"

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"El año pasado pude vivir dos realidades, por una parte, la de las salas a tope con la gira del disco en directo de Lagartija Nick y por otra la gira que realizamos por cinco ciudades de Marruecos con motivo de las Noches de Ramadán"
― Este proyecto, estoooo… ¡Bien que le han enredado los Fandila!
― Habría que culpar sobre todo a Dani Estévez, del grupo Estévez, él fue quien nos presentó, me decía “tienes que conocer a Moncho de Fandila, vais a congeniar perfectamente”. Así fue. Nos juntamos para el congreso “Cimas” donde tocó también María Vallejo, también de Fandila Lorena Álvarez o Mateo de Lombarda, allí empezó todo esto. Luego montamos Mawlid con María, Edu Espín, Zeke Olmo y Hassan Laaguir y nos fuimos a Abu Dhabi cantando a Ibn Al Jatib y a la vuelta Hassan me dejó uno de su guembris y se abrió un nuevo camino.
― ¿Arias o Mawlid?
― Buena pregunta. A la hora de promocionar el disco era más fácil, aunque no hay nada fácil en esta vida, promocionar Mawlid añadiendo mi nombre. Dar a conocer un grupo nuevo es un coñazo infinito así que utilizamos lo que tenemos.
― ¿Cómo ha sido la parábola para ir de Calanda al Magreb?
― El año pasado pude vivir dos realidades, por una parte, la de las salas a tope con la gira del disco en directo de Lagartija Nick y por otra la gira que realizamos con los Institutos Cervantes y la Embajada por cinco ciudades de Marruecos con motivo de las ‘Noches de Ramadán’ en el mes de marzo del año pasado. Imagínate, vienes de un país en la espiritualidad del Ramadám y te metes en una sala donde todo el mundo va hasta arriba, curiosa experiencia.
― En los videos, de puro directo sin tratar… ¡Moncho ejerce de guitarrista eléctrico con su mandola, ¿le toca el papel de Keith Richards?
No es fácil incorporar nuevas sonoridades en los tiempos que corren y este disco se desenvuelve con una habilidad inusual
― Keith Richards no le llega ni a la altura de los zapatos a Moncho (risas). Moncho ha conseguido crear un estilo propio con su mandola en todo lo que hace. Hay que recordar que toca el laúd, el saz y algo de percusión en el disco. No es fácil incorporar nuevas sonoridades en los tiempos que corren y este disco se desenvuelve con una habilidad inusual. Creo que tiene que ver con su enorme capacidad como músico y su enorme curiosidad a la hora de adentrarse en otros mundos. Conecta tanto musical como emocionalmente con quien trabaja y esa empatía es parte de su estilo. Chapeau por Moncho.
― Estas músicas ¿producen por si solas un estado narcótico por repetición, acorchando los sentidos?
― En concreto la música gnawa tiene poderes curativos y los maalems están considerados médicos, una música con influencia sufí que viene de los esclavos subsaharianos que se mezclaron con la cultura marroquí. De ahí su puesta en escena, los colores de las canciones, las referencias a genios o djins tan propia de esa cultura. Algo de Kiffi nunca está de más para completar el aspecto de los olores.
En los bolos con Arafa el trance era fluido y experimental, unos motivos musicales llevaban a otros con facilidad y en las actuaciones con Khalid Sansi el trance era más bestia, más explosivo, recuerdo la actuación en el Bahía Palace, en la Medina de Marrakesh, entramos en trance realmente y el público también, se puede ver en el vídeo de la canción “Mapa del Trance”, donde hacemos un recorrido visual por toda la gira.
― Para captar el trace sin imposturas, grabar allí ¿era necesario sí o sí?
Grabar en Marruecos le da ese sonido único que sólo puedes encontrar allí
― Grabar en Marruecos le da ese sonido único que sólo puedes encontrar allí. El sonido está determinado también por las colaboraciones, en Tetuán y Tánger actuamos con el maalem Arafa Chaara y su grupo, desde el primer momento hubo muy buen rollo entre todos los músicos y se nota en las canciones que has salido en el disco con él. Del maestro del norte bajamos a Casablanca y Marrakech y allí nos unimos al maalem del sur Khalid Sansi y su grupo, con ellos experimentamos ese punk-gnawa-trance que ha quedado en el álbum. El sonido de Mapa del Trance es una mezcla entre la magia del sitio y la magia de los músicos con los que hemos colaborado, además con la urgencia y la verdad del directo. Algo que no se puede recrear en un estudio.
― ¿Se ha encontrado con los que hacen el camino inverso? ¿Con bandas de rock marroquí como Hoba Spirito o Tarwa N-Tiniri?
― Para centrarme y no volverme loco con la inmensidad de la música marroquí de todos los tiempos, me centro sólo en lo que tenga que ver con el guembri. La influencia e importancia de grupos como Nass El Guiwane o Jil Jilala en el desarrollo y popularidad de la cultura gnawa queda muy bien explicada en la película “Trance” que Scorsese tanto admira. La banda Tarwa N-Tiniri también colabora en el disco, ellos hacen lo que se llama Blues del Desierto, son de Ouarzazate, al sureste de Marruecos. Representan esa onda que tanta repercusión está teniendo en todo el mundo. Estaban de paso por Granada y, de nuevo gracias a Hassan, pudimos conocernos y tocar juntos en mi garaje. Allí mismo en un “aquí te pillo aquí te mato”, puse un micro y aceptaron a grabar voces en el tema “La peregrina” que abre el disco.
― ¡Y ha devuelto a Miguel Ríos otra vez a la época de ‘Al Ándalus’!
Nos reunimos con él para cantarla juntos en el Hotel Palace y nos adelantó que en su último disco, “El último vals”, había compuesto un tema de inspiración gnawa “El expreso a Marrakech”, una especie de realismo mágico por Marruecos
― La canción “Boabdil el Chico” ya la habíamos tocado los Lagartija Nick con Miguel en 2014 con motivo del bolo de apoyo a ‘Salvemos la Vega – Vega Educa’. Fue de las primeras canciones que adaptamos Mawlid con el guembri porque encaja perfectamente con la estructura gnawa. Se la enseñamos a Miguel y quedó entusiasmado con la versión, tenía mucho que ver con los sonidos que él había experimentado en Al-Ándalus. Era como trasladar su canción “Boabdil el Chico” de su disco “El año del cometa” al disco “Al-Ándalus”. Nos reunimos con él para cantarla juntos en el Hotel Palace y nos adelantó que en su último disco “El último vals” había compuesto un tema de inspiración gnawa “El expreso a Marrakech”, una especie de realismo mágico por Marruecos. Ese día nos dijo a Moncho y a mí “lo que tenéis que hacer es bajar a Marruecos y buscar allí lo que necesitáis para vuestro proyecto”. En pocas semanas estábamos interpretando por cinco ciudades de Marruecos su tema “Boabdil”, que funcionaba genial. Espero que podamos tocarla con Miguel allí muy pronto.
― Aquí, en directo, va a usar a los compañeros de esa escena: Souhail, Shuka, Albaraka etc…
― Curiosamente Souhail estuvo tocando con nosotros el otro día en Linares, era lógico que él, siendo de Tetuán, colaborase en algún momento. Me encantaría que este proyecto iniciara la primera comunidad gnawa en Granada, estaría muy bien que se normalizara el tránsito de músicos Granada-Marruecos y así poder desarrollar proyectos conjuntos. Ahora que se oyen altas las arengas del fascismo debemos posicionarnos en las formas de convivencia, y la música es una de las mejores demostraciones de nuestro pasado común. La gente debe ver que cuando hacemos cosas juntos el resultado es siempre único y sorprendente. Ahora que la música está tan superprocesada y los estándares no llevan a ningún sitio, es el momento de actuar a través del arte.


















































