900º ANIVERSARIO DE LA HUESTE DE ALFONSO I 'EL BATALLADOR'

Un gigantesco ejército de cruzados de Aragón acosa las murallas de Granada

Cultura - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 11 de Enero de 2026
Esta segunda semana de enero se conmemora el 900º Aniversario de la llegada a Granada de la Cruzada de Alfonso I 'el Batallador', salida cuatro meses antes de Zaragoza, con la intención de formar en la capital del imperio almorávide: Granada, un protectorado cristiano, al estilo del que el Cid hizo en Valencia. Nada se ha programado para el evento ni por parte de los gobiernos de Aragón ni de Andalucía. Por Gabriel Pozo Felguera, en una lección de periodismo histórico.
Composición que representa a Alfonso I el Batallador frente a las murallas de Granada, a partir del retrato pintado por Pradilla en 1879 y el fresco de la Batalla de la Higueruela (1431).
Composición que representa a Alfonso I el Batallador frente a las murallas de Granada, a partir del retrato pintado por Pradilla en 1879 y el fresco de la Batalla de la Higueruela (1431).
  • Los cristianos exigen al gobernador Abul Tahir que rinda la ciudad o 12.000 mozárabes del interior abrirán las puertas y se unirán a ellos

“Ya son casi 50.000 los caballeros cruzados, peones y tropas auxiliares acampados al noroeste de las murallas de Granada. Empezaron a levantar sus campamentos el pasado día 9 de enero y todavía continúan llegando los más rezagados. Han ocupado el castillo de Al-Níbar, olivares de Al-Facar, laderas de Al-Faguara hasta la llanura de las alquerías de Qulyar y Al-Manjayar. Su avanzadilla está a sólo cinco tiros de ballesta de las puertas de Elvira y Monaita. Los hay francos, navarros, ribagorzanos, catalanes y aragoneses. Partieron hace cuatro meses de Zaragoza con la intención de conquistar nuestro reino almorávid de Granada. Los gobierna el rey rumí Alfonso de Aragón, al que apodan el Batallador. Le siguen infinidad de columnas de caballeros del norte y obispos con sus mesnadas. Ya se están dando las primeras talas y escaramuzas con nuestros guerreros. Han enviado mensajeros a nuestro gobernador y al emir Alí ibn Yusuf para que le abra las barbacanas y rinda la ciudad. Advierten que cuentan con unos 10.000 traidores mozárabes intramuros, dispuestos a levantarse en armas y sumarse a los cruzados. Granada amaneció ayer cubierta de nieve y aterrada”.

Por estos primeros días de enero se cumplen exactamente 900 años de la llegada de la Hueste de Hispania a Granada, la gran cruzada cristiana del Norte contra los almorávides de Al-Ándalus, con capital en esta ciudad

Algo así podría haber sido el inicio de la crónica de un informador en los medios de comunicación de Granada, tal día como hoy, 11 de enero, pero del año 1126. Lunes en el calendario gregoriano que utilizaba el mundo cristiano, recordatorio de los mártires de Armenia. Equivalente al año 520 del calendario musulmán. Por estos primeros días de enero se cumplen exactamente 900 años de la llegada de la Hueste de Hispania a Granada, la gran cruzada cristiana del Norte contra los almorávides de Al-Ándalus, con capital en esta ciudad.

"Arden inmensas hogueras día y noche para combatir las intensas heladas. Don Alfonso y Don Gastón de Bearn hacen planes para establecer su reino cristiano en Granada en cuanto la ciudad se rinda”

Siguiendo con el imaginario periodístico medieval, el corresponsal cristiano del Heraldo de Aragón hubiese enviado una crónica del siguiente estilo: “La Hueste de Hispania ya acampa rodeando Granada. Hemos tardado más de cuatro meses en llegar, debido a algunos descansos y encuentros con almorávides. A los 15.000 caballeros e infantes que partimos de Zaragoza se nos han ido sumando no menos de otros 12.000 mozárabes en el trayecto. Nuestro rey Redemiro (Alfonso I) ha exigido al emir de Granada que rinda la ciudad. Llevamos tres días esperando y no muestra intenciones de hacerlo. Tampoco los cristianos que requirieron nuestra ayuda se han alzado dentro de la ciudad. Nuestros cruzados empiezan a talar el arbolado y a destruir almunias que estorban para la gran batalla que se augura en la llanura frente a Granada. El almorávid permanece acobardado en su interior. Nuestros espías aseguran que su ejército está muy mermado y nos tienen miedo. Al menos los suministros no escasean, nos los traen los mozárabes de Al-Qalas. Arden inmensas hogueras día y noche para combatir las intensas heladas. Don Alfonso y Don Gastón de Bearn hacen planes para establecer su reino cristiano en Granada en cuanto la ciudad se rinda”.

La Península ibérica al inicio del siglo XII

Para entender aquella gran cruzada de Alfonso I el Batallador al corazón del reino almorávide de Granada hay que dibujar a grandes trazos la situación geopolítica de la Península y los antecedentes de los reinos cristianos del Norte y los musulmanes del Sur y Este.

En 1090 saltó el estrecho una nueva oleada de norteafricanos de la tribu almorávid; estos unificaron las taifas y las hicieron depender de Marrakech

El año 1085 había sido conquistado Toledo por Alfonso VI, aprovechando la debilidad en que habían caído los reinos taifas tras el desmoronamiento del califato Omeya. En 1090 saltó el estrecho una nueva oleada de norteafricanos de la tribu almorávid; estos unificaron las taifas y las hicieron depender de Marrakech. La capital almorávide la establecieron en Granada.

Tropas cristianas oteando territorio de Al-Andalus.

En 1091, Alfonso VI y El Cid entraron en la Vega de Granada para ayudar a Abdalá, el último rey de la dinastía Zirí depuesto por los almorávides

En 1091, Alfonso VI y El Cid entraron en la Vega de Granada para ayudar a Abdalá, el último rey de la dinastía Zirí depuesto por los almorávides. Querían reponerlo para seguir cobrándole parias, como venían haciendo desde décadas atrás. Establecieron sus campamentos en la zona de Pinos Puente, El Cid delante de su rey para intentar protegerlo en caso de ataque. De ahí surgió el posterior disgusto entre ellos por celos. Tras permanecer acampados seis días, decidieron retirarse al comprobar que los almorávides no presentaban batalla.

Los almorávides no sólo vinieron a ayudar a sus hermanos en la fe, sino que decidieron ampliar su imperio también a Al-Andalus

Los almorávides no sólo vinieron a ayudar a sus hermanos en la fe, sino que decidieron ampliar su imperio también a Al-Andalus. Consolidaron y fortificaron las posiciones bereberes en Hispania. Alfonso VI de León y Castilla lo más que consiguió en los años siguientes, 1094, fue hacer una razia sobre la comarca de Guadix desde tierras valencianas. Su intención no fue otra que retirarse con botín.

El Cid, por su parte, se había autoexiliado de Castilla, tomado Valencia a los musulmanes y creado un protectorado cristiano en la vega del Turia (duró entre los años 1094 y 1102).

Pero aquella unión fue un fracaso comprobado en 1014, acabado en separación; fue la primera gran oportunidad perdida de unificar las fuerzas cristianas. (No se repetiría hasta la boda de Isabel I de Castilla y Fernando V de Aragón, en 1469)

En Navarra y alto Aragón empezaba a tomar fuerza el monje guerrero Alfonso I, el Redemiro de los musulmanes. Entre 1009 y 1014 estuvo casado con Urraca I de León a instancias de su padre, Alfonso VI, que pretendía bendecir con esta boda las uniones de todos los reinos cristianos del Norte. Pero aquella unión fue un fracaso comprobado en 1014, acabado en separación; fue la primera gran oportunidad perdida de unificar las fuerzas cristianas. (No se repetiría hasta la boda de Isabel I de Castilla y Fernando V de Aragón, en 1469).

Acudieron en su contra tropas almorávides de Córdoba y Granada. Pero finalmente la ciudad cayó de manos cristianas en diciembre de 1118

En 1110 los almorávides habían destronado a los Banu Hudí de la taifa de Zaragoza. Alfonso I de Navarra y Aragón centró sus esfuerzos en cercar el reino musulmán de Saraqusta (Zaragoza). Acudieron en su contra tropas almorávides de Córdoba y Granada. Pero finalmente la ciudad cayó de manos cristianas en diciembre de 1118. Los almorávides contraatacaron en 1120, pero cayeron derrotados en la batalla de Cutanda. Zaragoza quedaba definitivamente en manos cristianas.

Ilustraciones de caballeros cruzados e infantes del Códex Calixtinus.

A partir de ese año Alfonso I el Batallador emergió como el más temible y potente de los reyes cristianos del norte. Mientras, León y Castilla se desangraban en guerras civiles sucesorias. A pesar de todo, los castellanos habían conseguido bajar sus dominios hasta el nivel del Tajo, mientras que aragoneses y catalanes apenas habían rebasado el Ebro.

Esa fue la ocasión que aprovechó Alfonso I de Aragón para asestar un golpe definitivo al imperio almorávide. No se iba a contentar con rebajar la frontera unas cuantas leguas

Por parte musulmana, también los almorávides habían quedado desorientados tras el fracaso de Cutanda y, además, parte de sus tropas habían regresado a África.

Esa fue la ocasión que aprovechó Alfonso I de Aragón para asestar un golpe definitivo al imperio almorávide. No se iba a contentar con rebajar la frontera unas cuantas leguas. Su idea era organizar una enorme columna militar, una especie de cruzada, que recorrería unos 800 kilómetros hacia el Sur, se incrustaría en el corazón del reino almorávide y tomaría su capital (Granada). En esta ciudad crearía un protectorado cristiano, al igual que lo habían mantenido El Cid y su viuda en Valencia durante unos años. Después iría conquistando los reinos de Valencia y Murcia para integrarlos en Aragón.

En esta operación no estaba solo. Contaba con la ayuda de los condados francos, cristianos, del otro lado de los Pirineos

En esta operación no estaba solo. Contaba con la ayuda de los condados francos, cristianos, del otro lado de los Pirineos: Gastón IV de Bearn (éste había estado en la cruzada de Jerusalén en 1099); Céntulo II de Bigorra; Auger II de Miramont. También contó con la financiación y ayuda de los obispos Esteban de Huesca, Pedro Librana de Zaragoza y Ramón de Roda de Isábena. Sumaron el apoyo de la abadía de Selva Mayor de Burdeos.

Llamados por los mozárabes granadinos

Aunque, sin duda, el factor o factores que más debieron influir en el crecido ánimo de Alfonso el Batallador fue la continua visita a su palacio de la Aljafería de emisarios mozárabes de Al-Andalus, así como el continuo envío de cartas. Le pedían ayuda porque su situación había cambiado mucho desde que en 1090 los neoconversos almorávides habían acabado con los reinos taifas. Su situación en el siglo XI zirí había sido mucho más permisiva. Reclamaban ayuda para acabar con el dominio almorávide que les oprimía o, en su caso, ayudarles a emigrar de manera masiva hacia las tierras del Ebro. Sabían de la necesidad de nuevos repobladores en las tierras que iba conquistando el aragonés, vaciadas, frente al Sur de la Península mucho más poblado. Las comunidades mozárabes (rumíes) y judías del Sur eran muy numerosas hasta la llegada de los almorávides; estos habían puesto en práctica una política obligatoria de conversión al Islam o exilio, esclavitud y muerte. Con el aparejo de destrucción de iglesias y sinagogas.

Representación de una batalla entre facciones cristianas contenida en la Biblia mozárabe de San Isidoro (S. X).

Según las crónicas recogidas por el monje normando Orderic Vital, los granadinos enviaban a Zaragoza “carta sobre carta y mensajero tras mensajero, para pedirle que se preparara y para excitarlo en venir a Granada”

Por aquellos años de 1018-24 de euforia en Zaragoza se encontraba al frente de la comunidad mozárabe de Granada un cristiano llamado Ibn Al-Qalas. Según las crónicas recogidas por el monje normando Orderic Vital, los granadinos enviaban a Zaragoza “carta sobre carta y mensajero tras mensajero, para pedirle que se preparara y para excitarlo en venir a Granada”. Al ver que dudaba, le remitieron un listado con 12.000 hombres de sus mejores guerreros, sin viejos ni adolescentes. Amén de otros muchos cristianos que vivían apartados en sierras y que también se unirían a la rebelión. Todos ellos saldrían de sus escondrijos y se sumarían al ejército aragonés en cuando se hicieran ver frente a las murallas de Granada.

Cuando Granada cayese, sería el punto de partida para conquistar el resto de Al-Andalus. Acababan sus alabanzas a Alfonso de Aragón diciéndole que era el mejor rey de Hispania

Además, tentaron al rey de Aragón pintándole un reino de Granada de fábula: todo eran excelencias en el país más bello del mundo; tenía una gran Vega, los mejores trigos, cebadas, linos, abundante seda, viñas, olivares y toda clase de frutos. La regaban grandes ríos y arroyos, una ciudad fortificada llena de mezquitas y talleres, sus aldeanos eran dulces, sus ciudadanos corteses. Incluso los musulmanes de ascendencia árabe odiaban a los almorávides bereberes. Cuando Granada cayese, sería el punto de partida para conquistar el resto de Al-Andalus. Acababan sus alabanzas a Alfonso de Aragón diciéndole que era el mejor rey de Hispania.

1124, preparando la cruzada

La decisión de emprender una cruzada para conquistar Granada debió tomarla Alfonso I a principios del año 1124, cuando estaba ya entrado en años (había cumplido 51). Empezó por preparar una columna para incrustarse en territorio andalusí y asegurar uno de los pasos más importantes en el futuro trayecto. Se trató de la toma de la fortaleza de Peña Cadiella (cerca de Benicadell), entre Valencia y Alicante. Con aquel castillo en sus manos no sólo se aseguraba el paso hacia tierras del Sur, también dejaba expedita su línea de suministros y el regreso a su reino de Zaragoza. En aquella toma jugaron un papel importantísimo sus caballeros más destacados, con Gastón de Bearn al frente y la Cofradía de Belchite.

Aparentemente, la Hueste de Hispania (como se la llamó después) tendría como objetivo la expansión de la frontera aragonesa en dirección a Teruel y Valencia

En marzo de 1125 fue convocado un concilio de todos los magnates aragoneses, francos y catalanes que iban a colaborar. Se reunieron en la localidad zaragozana de Uncastillo. Allí diseñaron la estrategia a seguir y se juramentaron no desvelar la realidad de sus planes. Para evitar que el espionaje musulmán los descubriera. Aparentemente, la Hueste de Hispania (como se la llamó después) tendría como objetivo la expansión de la frontera aragonesa en dirección a Teruel y Valencia.

Aunque las fuentes difieren en números, coinciden en que no eran menos de cuatro mil caballeros y unos quince mil infantes

Pusieron en marcha una fonsadera de alistamiento de tropas en todos sus territorios y allende los Pirineos. Aunque las fuentes difieren en números, coinciden en que no eran menos de cuatro mil caballeros y unos quince mil infantes. Además de los necesarios apoyos de avituallamiento, comerciantes y sirvientes que les seguían. Se decidió no llevar consigo ninguna maquinaria de guerra; en primer lugar, por la excesiva distancia que habría que transportarlas, por caminos de herradura; en segundo, porque se suponía que el elevado número de mozárabes del interior de Granada les iban a proveer de alimentos y rendirían la ciudad desde dentro.

Ilustración de una compañía de caballería pesada dirigiéndose a la batalla.

Los cruzados cristianos se pusieron en marcha a finales de agosto de 1125 o primeros días de septiembre. La enorme columna militar pasó por las cercanías de Valencia. Aquí sostuvo pequeñas escaramuzas, pero procurando no entretenerse demasiado. En Denia arrasaron sus cultivos y cogieron botín. Abandonaron la costa y se dirigieron a los pasos de Játiva y Peña Cadiella (que ya habían asegurado el año anterior). Fueron bajando por tierras de Murcia hasta el valle del Almanzora y acercarse a Almería.

Siguieron el camino hacia Granada por la actual Huércal-Overa y Purchena; acamparon ocho días en Tíjola, ya en tierras del reino de Granada

Siguieron el camino hacia Granada por la actual Huércal-Overa y Purchena; acamparon ocho días en Tíjola, ya en tierras del reino de Granada. La siguiente ciudad de importancia era Baza; vieron que no estaba demasiado protegida, pero no se empeñaron en tomarla, sólo en coger botín. En Guadix se presentaron a primeros de diciembre de 1125; la atacaron por uno de sus cementerios y la rodearon por el oeste, zona de las alquerías de Graena y Alcázar. La Hueste de Hispania decidió acampar todo el mes de diciembre en las inmediaciones de Guadix, hasta que pasaran las navidades. Se les iban sumando mozárabes por las poblaciones que pasaban, no tuvieron problemas de abastecimiento por donde avanzaban.

Hasta entonces no quisieron entretenerse tomando las ciudades por las que pasaban, su objetivo final era la capital de los almorávides: Granada

El rey Alfonso I de Aragón estaba tan satisfecho del resultado de su expedición que ya no tenía prisa. Hasta entonces no quisieron entretenerse tomando las ciudades por las que pasaban, su objetivo final era la capital de los almorávides: Granada. En aquel campamento de Guadix fue cuando el aragonés cometió su gran error al pararse tanto tiempo y enviar cartas a los rumíes anunciándoles su llegada. Gobernaba Granada Abul Tahir, hermano del emir almorávide de Marraquech Ali Ibn Yusuf. Ya al penetrar en tierras granadinas había desaparecido el efecto sorpresa de los cruzados. El gobernador de Granada reaccionó pidiendo refuerzos a las ciudades de Murcia, Valencia y a su hermano en el norte de África.

El ejército aragonés se fue desplegando en las laderas de Nívar, Guevéjar y Alfacar, hasta llegar a la barrera natural del barranco de San Jerónimo. Acamparon a escasos tres kilómetros de las murallas de Granada

Con el comienzo del año 1126 decidió levantar el campamento de Guadix y coger el camino de Granada. El día 7 de enero ya estaba el grueso de la tropa a la altura de Diezma. Cada vez iban arrastrando más cristianos tras de sí. Las crónicas andalusíes llegaron a cuantificar el contingente militar y agregados en unas 50.000 personas (cifra que suena un tanto exagerada). Pero eran muchos. No se menciona el camino o caminos que siguieron a partir de Diezma para atravesar la actual Sierra de Huétor. Lo lógico es pensar que la atravesaron buscando el valle del río Bermejo, ya que aparecieron en el Castillejo de Nívar para ver por primera vez Granada desde su atalaya. El ejército aragonés se fue desplegando en las laderas de Nívar, Guevéjar y Alfacar, hasta llegar a la barrera natural del barranco de San Jerónimo. Acamparon a escasos tres kilómetros de las murallas de Granada.

Acampados frente a Granada

Estaban ya a 9 de enero de 1126, a las puertas de Granada. Seguían llegando tropas y se desplegaban en la zona de piedemonte. Toda esa tierra de la vega alta estaba ocupada por alquerías y casas de labor que llevaban por nombre genérico Karm Aynadamar. Porque estaban regadas por aguas procedentes de la sierra del mismo nombre; el agua más cercana a su disposición bajaba por la acequia del Morquí. La alquería más próxima era Qaylar (Cújar), ubicada bajo un depósito de aguas recientemente construido y en los campos de entrenamiento del Granada C. F. (frente al barrio de Parque Nueva Granada).

Panorámica de la Vega alta de Granada aumentada desde el Castillejo de Nívar.  En primer término, lugar donde estuvo la alquería de Cújar. Esta zona debió ser devastada por los cruzados en 1126; fue excavada por Ángel Rodríguez Aguilera hace tres lustros para construir el depósito de agua. Debajo aparecieron restos de incendio y destrucción datados a principios del siglo XII. FOTO GOOGLE.
En la alquería de Cújar y el Castillejo de Nívar quedaron vestigios arqueológicos de su abandono a principios del siglo XII. Muy probablemente asociados a las escaramuzas del Batallador. En el caso del Castillejo, se trataba de un asentamiento visigodo, con tumbas excavadas en piedra, y quiás mayoritariamente habitado por mozárabes que lo abandonaron para seguir a los aragoneses. Nunca fue reconstruido. 

Allí esperó el rey Alfonso I de Aragón a que se le presentaran los 10-12.000 mozárabes granadinos de la lista que le enviaron tiempo atrás. Todos dispuestos a sumarse a los cristianos del norte e iniciar la toma de la ciudad. Creían que Granada sería presa fácil

Allí esperó el rey Alfonso I de Aragón a que se le presentaran los 10-12.000 mozárabes granadinos de la lista que le enviaron tiempo atrás. Todos dispuestos a sumarse a los cristianos del norte e iniciar la toma de la ciudad. Creían que Granada sería presa fácil. Pero eso no ocurrió. Se les aproximaban comerciantes a venderles sus productos. La guarnición de la ciudad, escasa según se sabía, no se atrevió a salir y presentar batalla en campo abierto. Prefirió esperar a que llegaran los refuerzos pedidos a Murcia, Valencia, Sevilla y norte de África. Era cuestión de paciencia.

Mientras tanto, los cristianos aprovecharon el botín de los campos y ganados que no consiguieron encerrarse en la ciudad. Talaron el arbolado para sus hogueras e incendiaron caseríos y almunias. Pequeñas columnas de caballeros francos y aragoneses se acercaban a las murallas de Granada intentando provocar, pero con escasa respuesta.

Pronto debió comprender el rey aragonés que se le presentaba harto difícil tomar una ciudad tan fortificada por sus costados noroeste y sureste

Pronto debió comprender el rey aragonés que se le presentaba harto difícil tomar una ciudad tan fortificada por sus costados noroeste y sureste. En sus correrías inspeccionaron la cerca y vieron que Granada tenía las espaldas protegidas por la cadena de montículos y sierras. Sería imposible atacarla por la única zona sin muralla, el cerro de la Sabika. Donde había muros de épocas antiguas. Calcularon que la población encerrada podría superar las 50.000 almas. Por entonces la ciudadela de la Alhambra era inexistente, no pasaba de ser una pequeña fortaleza reforzada por los ziríes (se la nombra por vez primera como Hins Al-Hambra, o castillo rojo, a mediados del S. XI en textos de Ibn Hayyan). Enfrente ya estaba el Hins Mawrur (Torres Bermejas). La zona palaciega seguía ubicada en el Hins Garnata o Alcazaba Vieja (zona de San Miguel Bajo), donde fue construida por los cuatro emires ziritas.

La ciudad de Granada ya tenía prácticamente cerrado todo el recinto de la muralla. La Alhambra era un simple castillejo y todavía faltaban dos siglos para construir la Cerca de Don Gonzalo. La zona real seguía estando en el Palacio de Badis.

El ejército cruzado no había venido preparado para construir máquinas de guerra ni castilletes de asalto a muros tan bien defendidos. Iniciar un cerco para rendirla por hambre era imposible, pues era abastecida desde los valles del Sureste. Tampoco podrían eternizarse ante la segura llegada de refuerzos, en cuestión de pocos meses o incluso semanas.

Fue el momento en que 'el Batallador' comprendió que conquistar Granada y hacer de ella un protectorado de Zaragoza se presentaba tarea imposible

Fue el momento en que el Batallador comprendió que conquistar Granada y hacer de ella un protectorado de Zaragoza se presentaba tarea imposible. Compareció ante él Ibn Al-Qalas, el jefe de los rumíes granadinos. Las acusaciones entre ambos debieron ser tensas: Alfonso le echó en cara haberlos incentivado para venir a Granada y luego echarse atrás; el mozárabe granadino argumentó que el error había sido suyo por haber avanzado tan lento, parar varias semanas en Guadix y despreciar el efecto sorpresa enviando cartas a todo el mundo desde esa parada. Eso había alertado a los ejércitos almorávides de ambos lados del Mediterráneo. Estábamos a 21 o 22 de enero. Fue el momento en que el estado mayor decidió modificar su estrategia: de cruzada para conquistar la ciudad y quedarse mutaron en razia para acopiar botín y regresar, arrastrando el mayor número posible de cristianos andalusíes tras ellos. Con ese contingente podrían repoblar las tierras del reino de Aragón que estaban muy desiertas (Ver: Los granadinos de Aragón).

De cruzada a Granada a cabalgada por Al-Andalus

El día 23 de enero de 1126, tras una misa multitudinaria en honor de Ildefonso de Toledo ─festivo para los cristianos de entonces─ Alfonso I el Batallador ordenó levantar el enorme campamento. El gobernador Abul Tahir no respondía al envite, aunque tampoco se atrevía a reprimir a los mozárabes de su ciudad para no provocar un asalto de los cruzados. El tiempo había mejorado y todavía creía estar a tiempo de organizar una cabalgada masiva por los reinos de Granada, Córdoba y Sevilla; cogería todo el botín que pudiese y regresaría por el mismo camino a sus tierras del Norte. También arrastraría detrás a miles de mozárabes para repoblar las tierras que había conquistado en pocos años a hudíes y almorávides, más las de Lérida, Tortosa y Valencia que tenía más a mano y también estaban entre sus objetivos futuros. Debía estar muy seguro de que, a sus espaldas, en Valencia y Murcia, no había dejado grandes contingentes que le pudieran cerrar el paso a su regreso; y de que las tropas enviadas del otro lado del Estrecho tardarían meses en llegar.

Fue un periplo un tanto extraño y difícil de explicar nueve siglos después. La Hueste se encaminó hacia Maracena, Pinos Puente, pasó por las inmediaciones de Alcalá la Real y quizás atravesó las Angosturas de Montefrío

Es probable que el objetivo no fuese sólo dar una penosa vuelta por tierras del Sur en busca de botín. No se descarta que encaminara su columna de soldados hacia otras ciudades que, como Granada, contaban con gran cantidad de mozárabes y judíos que le habían reclamado ayuda, a los que los intransigentes almorávides no les dejaban vivir en sus religiones y costumbres. En este caso habría organizado un extraño recorrido para ir sumándolos a su columna.

Fue un periplo un tanto extraño y difícil de explicar nueve siglos después. La Hueste se encaminó hacia Maracena, Pinos Puente, pasó por las inmediaciones de Alcalá la Real y quizás atravesó las Angosturas de Montefrío. Entró a la campiña que hoy forma parte de la provincia de Córdoba: Luque, Baena y Espejo. Aquí decidió girar hacia el sureste y bajar hacia Cabra y Lucena, quizás con la intención de dirigirse a Córdoba a través de Aguilar de la Frontera. Debió cambiar de planes a medida que le llegaba información de los movimientos de tropas almorávides que iban a su encuentro.

Fue la primera y única batalla campal entre ambos ejércitos. Vencieron los cruzados aragoneses, aunque se dejaron mucha sangre en el choque

Era ya el 9-10 de marzo de 1126 cuando en las inmediaciones de Puente Genil, concretamente a la sombra del castillo de Arnisol (actual Anzur), se produjo el encuentro con una columna almorávid al mando de Abu Bakr, otro hermano del emir de Marraquech y hermano del gobernador Abu Tahir de Granada. Había partido unos días antes desde Sevilla, quizás ya reforzada con alguna avanzadilla de bereberes pasados desde África. Fue la primera y única batalla campal entre ambos ejércitos. Vencieron los cruzados aragoneses, aunque se dejaron mucha sangre en el choque. Las crónicas árabes que perviven son bastante explícitas en el desarrollo: “Los cristianos iban seguidos por las tropas del emir; le hicieron alto al rey Alfonso en Arnisol. Los musulmanes atacaron al enemigo al salir la aurora y le arrebataron un gran número de tiendas. El rey Alfonso vistió su armadura y colocando a sus hombres en batalla, formó cuatro divisiones con una bandera cada una. Entonces los cristianos atacaron a los musulmanes y como estos en vez de estar alerta se habían dispersado o retirado del campo, los designios de Dios se cumplieron y los musulmanes sufrieron una vergonzante derrota. Llegada la noche, su emir mandó que transportasen su tienda, que estaba en un bajo, a una altura; pero despertando esa orden las sospechas, todo fue de mal en peor. Cada uno buscó su salvación en la huida. El enemigo se aproximó al campamento musulmán y, habiendo entrado en él en una hora muy avanzada de la noche, lo saqueó”.

Castillo de Anzur (Puente Genil) en la actualidad, en cuyas laderas tuvo lugar la batalla de Arnisol entre tropas cristianas y almorávides los días 9-10 de marzo de 1126. INTERNET.

La batalla de Arnisol fue el punto de inflexión de la cruzada. Los aragoneses decidieron no avanzar más hacia el Oeste. Retrocedieron otra vez hacia la Vega de Granada. En Puente Genil se les pierde la pista del recorrido que hicieron, pues no se sabe nada de ellos hasta que volvieron a aparecer en el Valle de Lecrín en dirección a la Costa. Es de suponer que subirían por la Vega del Genil hasta pasar por detrás de Montevive hasta llegar a la actual zona de El Padul.

La siguiente referencia de su posición que nos dan las crónicas los ubican ya atravesando el Tajo de los Vados del Guadalfeo. Encajonados por los murallones de piedra fue cuando el rey Alfonso dijo a uno de sus capitanes de confianza: “¡Que tumba si nos tiraran tierra desde arriba!”

La siguiente referencia de su posición que nos dan las crónicas los ubican ya atravesando el Tajo de los Vados del Guadalfeo. Encajonados por los murallones de piedra fue cuando el rey Alfonso dijo a uno de sus capitanes de confianza: “¡Que tumba si nos tiraran tierra desde arriba!”. Llegados al estuario del río Guadalfeo, frente al Mediterráneo, decidieron torcer a la derecha en dirección a Salobreña, sin detenerse en la ciudad sobre el peñón. Cuenta el cronista árabe autor de Al-Anwar al-Chalia que, tras atravesar las coras de Moclín y las Alpujarras, “… tomó a la derecha de Salobreña y se dirigió a Vélez cerca del mar; mandó allí construir un pequeño barco y ordenó que pescaran algunos peces, de los que se alimentó”.

Tajos de los Vados del Guadalfeo, entre Vélez de Benaudalla y Salobreña.

No se sabe a qué obedeció aquel recorrido por el litoral: si fue para cumplir un voto de tomar posesión del mar o para recoger a población mozárabe. Algo extraño porque esa zona apenas tenía población y pueblos grandes a principios del siglo XII.

Segundo paso por Granada

El siguiente paso fue desandar el camino y en muy pocos días plantarse en Dílar, a solo tres leguas de Granada. Ahí estuvo acampado tres días ya en pleno mes de abril. Adelantó su real a la zona de Alhendín y ahí sí que su avanzadilla empezó a rechazar los primeros ataques de almorávides salidos de Granada. Quizás ya tropas que habían arribado desde Murcia o África. Un nuevo movimiento del campamento le llevó a instalarse en terrenos próximos a La Zubia, un poco en alto para divisar bien Granada. Cada vez se hacían más presentes las tropas de caballería de los almorávides.

La Hueste de Hispania debió desplazarse después muy cerca de las murallas de Granada ya que desde La Zubia saltaron de nuevo a las laderas de Alfacar, donde cuatro meses atrás habían estado esperando la rendición

La Hueste de Hispania debió desplazarse después muy cerca de las murallas de Granada ya que desde La Zubia saltaron de nuevo a las laderas de Alfacar, donde cuatro meses atrás habían estado esperando la rendición. La situación se complicaba por momentos para los cruzados cristianos; empezaban a llegar columnas de almorávides desde Mequinez y Fez. Habían pasado medio año desde que hicieron su aparición, en noviembre de 1125, por la frontera con Murcia. Ante esa complicada situación y con miles de mozárabes que se les iban sumando, el rey Alfonso de Aragón decidió regresar a su reino procurando dejarse los menores jirones posibles en la retirada.

Esquema de los cinco campamentos montados en los alrededores de Granada por los cruzados cristianos, en los meses de enero y abril de 1126.

Por eso, temerosos de encontrarse con más tropas musulmanas de camino a Baza, escogieron un camino más recto por Alicún y Benamaurel, para presentarse en las llanuras que vigilaban el castillo de Úscar (cerca de la posterior Huéscar)

Se sabe que los cruzados volvieron a pasar por Guadix. En la comarca accitana iban perseguidos por los ejércitos almorávides comandados por los generales Abu Halfs ibn Tuzyin e Inalu al-Lamtuni. Hostigaban a los cristianos sin descanso para provocar el abandono de botín y muerte de mozárabes que les seguían. La marcha de los cruzados y sus cristianos llevaba un ritmo de camino más lento que la caballería almorávide. En las cercanías de Guadix perdieron a bastantes soldados en una escaramuza. Por eso, temerosos de encontrarse con más tropas musulmanas de camino a Baza, escogieron un camino más recto por Alicún y Benamaurel, para presentarse en las llanuras que vigilaban el castillo de Úscar (cerca de la posterior Huéscar).

Tenemos la seguridad de que pasaron por aquí porque hace unos años apareció una moneda de Alfonso I el Batallador en unas excavaciones que hizo el arqueólogo Jesús Fernández Palmeiro en el Castellón del Patronato

Estaba ya entrado el calor de junio y fueron a hacer aguada en el nacimiento de Bugéjar. Los cristianos debieron parapetarse o hacer algún alto en el Castillejo y puebla de la Volteruela (cercanía de la actual Puebla de Don Fadrique). A principios del siglo XII no debía ser más que una alquería de pocas familias y un aljibe. Tenemos la seguridad de que pasaron por aquí porque hace unos años apareció una moneda de Alfonso I el Batallador en unas excavaciones que hizo el arqueólogo Jesús Fernández Palmeiro en el Castellón del Patronato. Esa moneda estaba en el estrato arqueológico correspondiente al siglo XII. Evidentemente, a alguien de Aragón se le perdió al pasar por allí. O la utilizaron para pagar alguna compra.

Restos del aljibe del castillo de la Volteruela, a las afueras de Puebla de Don Fadrique, por donde pasó la Hueste a su regreso, a finales de mayo o primeros de junio de 1126.
Anverso y reverso (arriba) de la moneda de Alfonso I de Aragón hallada hace pocos años en la Volteruela. Debajo, ejemplares en mejores condiciones de conservación. Fueron acuñadas en Jaca; tienen 18 mm, pesan alrededor de 1,2 gramos, con una aleación que contiene un 25% en plata.

Habían recorrido alrededor de 2.200 kilómetros en los aproximadamente diez meses de marcha (1.600 en trayecto de ida y vuelta entre Zaragoza y Granada, más otros 620 en el periplo por Granada y Córdoba)

La cruzada siguió su retirada en condiciones bastante penosas por el acoso continuo de almorávides. Atravesó tierra de Caravaca y Játiva, donde todavía tuvieron fuerzas para saquear la ciudad. En el camino fueron perdiendo tanto a soldados como a los mozárabes que les habían seguido durante meses por su periplo en tierras de Al-Andalus. A primeros de julio estaban de regreso en el valle del Ebro. Narran las crónicas cristianas que, a pesar de tanta pérdida humana, llegaron satisfechos por los logros alcanzados: el primero en botín, el segundo por los miles de mozárabes que repartieron por sus tierras para colonizarlas.

Habían recorrido alrededor de 2.200 kilómetros en los aproximadamente diez meses de marcha (1.600 en trayecto de ida y vuelta entre Zaragoza y Granada, más otros 620 en el periplo por Granada y Córdoba).

Recorrido de la Hueste durante diez meses de marcha: 1.600 kms. ida y vuelta Zaragoza-Granada, más unos 620 por el interior del Reino almorávide de Granada.

Consecuencias y reflexiones de la cruzada

Resulta evidente que, en el plano militar, la Hueste de Hispania fue un fracaso. En nada se pareció la ofensiva del Batallador a su pasado historial de victorias para hacerse con el reino musulmán de Zaragoza y con sus principales ciudades y tierras del valle del Ebro. Si en verdad planteó el proyecto como un intento de implantar un protectorado cristiano en el corazón almorávide de Granada, nada consiguió al respecto.

El único resultado positivo, para los aragoneses, fue que arrastraron tras de sí a varios miles de cristianos. Pero atrás quedaron los demás, quienes no decidieron irse a Aragón. Se iniciaba para ellos un tiempo muy difícil

La población rumí en territorio musulmán era todavía muy importante a principios del siglo XII. Los cuatro siglos de permisividad de los emiratos, califato, taifas y ziríes acabaron con la llegada de los almorávides. Las conversiones obligadas de cristianos y judíos estaban minorando a estas comunidades. No debieron ser tantos ni tan decididos cuando a la hora de la verdad no protagonizaron una revuelta dentro de Granada, ni abrieron las puertas al invasor.

La Hueste de Hispania supuso el principio del fin para la permisividad religiosa en Al-Andalus. El único resultado positivo, para los aragoneses, fue que arrastraron tras de sí a varios miles de cristianos. Pero atrás quedaron los demás, quienes no decidieron irse a Aragón. Se iniciaba para ellos un tiempo muy difícil. Para empezar, les fueron confiscados sus bienes en la mayoría de los casos, retirados sus derechos civiles y religiosos. Arreció la persecución de mozárabes, su esclavización y su deportación al Norte de África. Se procuró erradicar la disidencia social. El malestar creció entre los “musulmanes de siempre” frente a los poderosos almorávides recién llegados.

También hubo consecuencias políticas y militares en el reino de Granada. Su gobernador Abul Tahir fue destituido por su hermano el emir al entender que no había estado a la altura de un buen gobernante

Hay infinidad de fuentes cristianas y árabes que confirman las deportaciones masivas de rumíes granadinos a partir de 1126. El fraile Orderic Vital asegura que los gobernantes granadinos “se arrojaron sobre los que habían quedado, los despojaron cruelmente de cuanto poseían, y maltrataron terriblemente con azotes, cadenas y muchas injurias. A muchos de ellos los mataron con horrendos suplicios, y a todos los demás los arrojaron allende el Estrecho, al África…”. Dos siglos más tarde, el escritor y visir Al-Jatib, también se refirió a las represiones “como consecuencia del crimen de los cristianos aliados que habían llamado a los rumíes… por haber roto su antiguo tratado con los musulmanes, por lo que habían perdido el derecho a ser protegidos”.

También hubo consecuencias políticas y militares en el reino de Granada. Su gobernador Abul Tahir fue destituido por su hermano el emir al entender que no había estado a la altura de un buen gobernante. Fue relevado por uno de los dos generales (Inalu al-Lamtuni) que acudieron desde África a expulsar a los cruzados cristianos. La guarnición militar de Granada fue reforzada, así como las murallas de Granada. También se puso en marcha una política de erección de castillos en las fronteras y refuerzo de sus guarniciones y un sistema de espionaje y alerta.

En la batalla posterior de 1130 para tomar Valencia, Gastón IV de Bearn (el que estuvo en Granada al frente de la Hueste) fue herido. Le cortaron su cabeza, la clavaron en una pica y la trajeron a exhibirla por las calles de Granada

Los almorávides granadinos se tomaron la revancha contra el jefe de los ejércitos de Alfonso el Batallador pocos años después. En la batalla posterior de 1130 para tomar Valencia, Gastón IV de Bearn (el que estuvo en Granada al frente de la Hueste) fue herido. Le cortaron su cabeza, la clavaron en una pica y la trajeron a exhibirla por las calles de Granada. Después la llevaron hasta Marraquech a presencia del emir. Por eso el cadáver de Gastón de Bearn estuvo enterrado sin cabeza en la antigua Basílica del Pilar.

Una historia poco conocida… y olvidada

El tema de la Hueste de Hispania o cruzada de Alfonso I el Batallador para conquistar Granada ha sido muy poco tratado en la literatura histórica española. Menos aún en la escrita en Granada. A pesar de que desde tiempo inmemorial se conoce el relato en latín del historiador y viajero inglés, establecido en la Normandía francesa, Orderic Vital (1075-1142). La escribió en latín y las noticias de la cruzada granadina debieron tener tanta repercusión en Francia que la recogió con pelos y señales, a pesar de que no estuvo presencialmente en ella.

Ya en el siglo XIX fue también recogida por el arabista Francisco Javier Simonet (1827-98) en su 'Historia de los mozárabes'. Igualmente contó sus peripecias Sánchez Albornoz (1893-1984) en su 'España Musulmana'.  

Hay varias crónicas árabes coetáneas que mencionan el hecho. La principal Al-Anwar al-Chalia, de Ibn Al-Harrat al-Isbili. Después fue recogida por el visir lojeño Ibn Al-Jatib (1313-1374).

Ya en el siglo XIX fue también recogida por el arabista Francisco Javier Simonet (1827-98) en su Historia de los mozárabes. Igualmente contó sus peripecias Sánchez Albornoz (1893-1984) en su España Musulmana.  

Retrato de Alfonso I, el fundador del Reino cristiano de Zaragoza, pintado por Francisco Pradilla. A la derecha, escultura monumental basada en ese retrato. El Rey mira a Zaragoza desde un montículo cercano.

Los textos de historia promovidos y editados en Andalucía y Granada pasan de puntillas sobre aquel importantísimo acontecimiento. El que entra más a fondo es la Historia de Granada que publicó en cinco tomos Editorial Don Quijote; en su tomo II le dedica seis páginas.

En cambio, en publicaciones de Aragón, especialmente Zaragoza, existe buena trayectoria y conocimiento de aquella gesta protagonizada por su primer rey cristiano

En cambio, en publicaciones de Aragón, especialmente Zaragoza, existe buena trayectoria y conocimiento de aquella gesta protagonizada por su primer rey cristiano. Desde hace muchas décadas ha habido especialistas, sobre todo el profesor José María Lacarra (1907-87), que le han dedicado muchas horas y folios a estudiar y divulgar la cruzada del Batallador. Quien esto escribe se sumó hace ya unos años (2013) con una novela histórica de mediana paginación, titulada El Reino de Cristiania. En los últimos años han proliferado varios textos novelados más en editoriales aragonesas y nacionales. También han elaborado pequeños documentales biográficos sobre El Batallador que dedican unos minutos a recordar la Hueste.

A nivel político y de responsables de las administraciones no se ha movido un dedo para rememorar mínimamente aquel evento militar de tanta trascendencia para Granada y Zaragoza

A nivel político y de responsables de las administraciones no se ha movido un dedo para rememorar mínimamente aquel evento militar de tanta trascendencia para Granada y Zaragoza. Durante el próximo medio año hará 900 años de las correrías de aquella gran cruzada por tierras de Granada, Córdoba y Almería. Yo mismo remití cartas a los presidentes de Andalucía y de Aragón recordándoles que se avecinaban esas fechas. Lo hice en septiembre del año 2024, cuando todavía había tiempo para organizar un congreso, una exposición, un documental, un recorrido, un hermanamiento de ciudades… Escribí a los gobiernos de Andalucía y de Aragón. Del presidente de Aragón, a través de su jefe de protocolo (Javier Carnicer Domínguez) recibí contestación el 3 de octubre de ese año. Pasaba el asunto a la consejera de Educación, Cultura y Deporte. Ahí debió quedar aparcado su interés. Pero aún peor fue la respuesta de la Presidencia de la Junta de Andalucía: todavía la estoy esperando.

El diseño de ilustraciones, la mejora y tratamiento de imágenes de este artículo son obra de Luis Ruiz Rodríguez.

La Hueste de Hispania ha dado origen a algunas teorías acerca de que aquel grupo de caballeros del siglo XII español pudieron ser el origen de la leyenda del Rey Arturo británico y su tabla redonda. Al respecto publicamos un resumen de esa posibilidad firmado por el investigador del Altiplano granadino (Puebla de Don Fadrique), Antonio Martín Marín.

Alfonso I entre la historia y la leyenda

En 1213 una enorme comitiva llegó a Toledo procedente de Alemania. Esta embajada tenía como objetivo realizar los pactos para el matrimonio de la duquesa Beatriz de Suabia con Fernando III de Castilla. En esta representación diplomática se incluía un joven caballero templario, su nombre era Wolfram von Eschenbach.

En 1215 este caballero y poeta crearía una gran obra llamada Parzibal. Hasta su muerte, mantuvo que no era una invención suya. La historia la había conocido en este viaje a Toledo. En ella cantaba las hazañas del Caballero Parzival en la corte del rey Arturo

En 1215 este caballero y poeta crearía una gran obra llamada Parzibal. Hasta su muerte, mantuvo que no era una invención suya. La historia la había conocido en este viaje a Toledo. En ella cantaba las hazañas del Caballero Parzival en la corte del rey Arturo. En algunos pasajes de esta obra al monarca se le nombra como Anfortas.

Precisamente, en esta misma ciudad castellana, hacía casi 100 años un monarca cristiano acuñó monedas con este nombre. El título con el que se hacía llamar “Alfonso Totus Rex” aún se puede leer alrededor de aquellas piezas de plata, pero en su forma abreviada “Anfortas”.

Queda así demostrado que la creación del Perzeval se sustenta en la vida de Alfonso I de Aragón.

El rey Alfonso VI de León y sus cortesanos.

La persona, de quien escuchó este relato el autor alemán, parece ser Guiot de Provins, un afamado trovador. Guiot había sido el artista predilecto de muchas de las cortes europeas. Entre ellas la de un joven y culto monarca Alfonso II de Aragón que se conocería con el sobrenombre de “el Casto”.

A la tierna edad de 5 años había muerto el padre de Alfonso II, Ramón Berenguer IV, quedando el pequeño como heredera de un enorme territorio. Antes de fallecer al conde de Barcelona y príncipe de Aragón dejó al niño como vasallo de Enrique III de Inglaterra

A la tierna edad de 5 años había muerto el padre de Alfonso II, Ramón Berenguer IV, quedando el pequeño como heredera de un enorme territorio. Antes de fallecer el conde de Barcelona y príncipe de Aragón dejó al niño como vasallo de Enrique III de Inglaterra.

Las relaciones entre Ramón Berenguer IV y el rey británico eran muy estrechas. Desde los tiempos de Enrique II Plantagenet, muchos caballeros de aquellas tierras habían viajado al sur de los Pirineos para unirse a las sucesivas cruzadas convocadas por los pontífices.

Desde la cruzada de Barbastro (1063) hasta la reconquista de Tortosa fueron muchos los contingentes del norte que participaron en la reconquista. Es en esta conquista la de Tortosa donde muchos de los soldados de Enrique III se unieron a las tropas de Aragón y Cataluña para hacerse con este importante bastión a orillas del Ebro. Los apellidos de aquellos cruzados, como las Anglés o Gal.es, perduran entre la población.

Pero, otro matrimonio, fue el que había propiciado, unos años antes, el germen de estas fábulas románticas

Así es como, en la corte de Alfonso II, se conformó el grueso de la tradición Artúrica que años después plasmaría el poeta teutónico.

Pero, otro matrimonio, fue el que había propiciado, unos años antes, el germen de estas fábulas románticas.

Entre estos hechos de la reconquista, la cruzada por la toma de Zaragoza en 1118 resonó en boca de los trovadores y juglares. Cabe reseñar que, en este contingente de guerreros, que participaron en el asedio de la ciudad del Ebro, se encontraba Guillermo de Poitiers, el primer autor en lengua romance conocido.

Para legitimar al primer rey de la dinastía Plantagenet en tierras de Inglaterra, Enrique II, fue encargado a un monje, Godofredo de Monmouth, la creación de una genealogía fantástica. En la “Historia Regum Britanniae”(1130). Aquel erudito hizo descender la corona británica del mismísimo troyano Eneas. Los nuevos amos Normandos de aquellas islas tenían, de este modo, su propia epopeya.

Sin duda, el matrimonio de Enrique II con Leonor de Aquitania, hija de Guillermo de Poitiers, llevó a la corte de Londres los relatos de aquel Rey Batallador que viajaba con una corte errante, formada por los mejores caballeros venidos de tierras lejanas. 

Sin duda, el matrimonio de Enrique II con Leonor de Aquitania, hija de Guillermo de Poitiers, llevó a la corte de Londres los relatos de aquel Rey Batallador que viajaba con una corte errante, formada por los mejores caballeros venidos de tierras lejanas. Esto, unido a los guerreros que volvían con vida de aquellas campañas al sur de los Pirineos, dio origen a la leyenda.

Pero aquel reino de Aragón pronto pasó de ser un aliado, a un rival. De modo que, el nombre de aquel monarca templario debía de ser disimulado. Alfonso Rex toTUs CristianORum pasó a ser A-R-TU-RO. La estirpe de los Pen-dragon no sería otra que los reyes de Palplona et Aragón.

No busquemos el mito europeo por antonomasia con lupa y geo-radar en la verde campiña anglo-sajona o, de la Normandía francesa. La leyenda actual de unos jóvenes desconocidos de Liverpool que acabaron siendo famosos en el mundo entero, por ejemplo, no es transportable al mundo de los siglos X al XIII. No os creáis las películas, donde un más que improbable caudillo guerrero de una isla del norte, pasó a ser, por obra del mago Merlín, en el paradigma del mundo de los castillos.

Es en este momento donde nace un mito “El Rey Arturo”. Al igual que tiempo después hizo Charitien de Troyes y Wolfran bon Essembach, se tomó como patrón ideal de Rey medieval, la vida de Alfonso I el Batallador. El “Arturo” creado por Godofredo recibe el título de Rey y se le dota de un alcance internacional

Es en este momento donde nace un mito “El Rey Arturo”. Al igual que tiempo después hizo Charitien de Troyes y Wolfran bon Essembach, se tomó como patrón ideal de Rey medieval, la vida de Alfonso I el Batallador. El “Arturo” creado por Godofredo recibe el título de Rey y se le dota de un alcance internacional.

Al contemplar todo el patrón, que se fue creando a lo largo de estos años, podemos reconocer hechos, lugares, personajes y acontecimientos que, sin duda, tuvieron a este personaje histórico como hilo conductor. Al igual que ocurre con la espada de San Galgano, que se utilizó para crear la leyenda de Excalibur, el Rey de la tabla redonda lo podemos encontrar en el sur del continente.

Así, con el distorsionado prisma de toda obra de ficción, podemos reconocer a Arturo, Ginebra, Lancelot o Perceval. Incluso el céltico Merlín parece encontrar su contrapunto real. Los lugares y los hechos que se han colado en el subconsciente colectivo como paradigma de un gobierno justo.

Como pruebas concluyentes podemos mostrar una moneda de plata toledana y una pequeña taza, a la que algunos llaman el Grial.