Leo & Leo: ¡Vivan los novios!

Hijo del músico, productor y editor Ben Sidran, Leo estaba ‘condenado’ a ser músico desde que viajaba en la furgoneta de su padre, dentro de la cuna de concierto en concierto. Así fue, a los quince años ya Steve Miller (el autor de la canción que ha hizo de oro a M-Clan) grabó cuatro canciones suyas, que fueron reseñadas por la revista Rolling Stone como las mejores de aquel disco (‘Wild River’). Al cabo del tiempo Leo vino a Sevilla para aprender flamenco y español, enamoró a su padre de esta tierra hasta el punto de que ambos grabaron juntos en la Huerta de San Vicente el disco ‘Concierto para Lorca’, aprovechando su participación en el Festival de Jazz el invierno anterior (y una previa primera visita a la Huerta para tocar el piano de la casa).
Como baterista Sidran Jr. ha tocado con luminarias de la talla de Phil Woods, Mike Mainieri, George Fame (¡asomó en Granada con su padre!), Castro Neves... Y como asistente fue coproductor, propulsando la canción ‘Al otro lado del río’ (cuya autoría firmó Jorge Drexler) a los Óscar por la película sobre un mozuelo Ché que hizo Walter Sallers. Efectivamente, sí, ya nos vamos acercando a la conexión desde hace años con la esposa del cantautor uruguayo. Los más memoriados recordarán a un joven Leo actuando en la desaparecida hace años sala Cha, y puede que hasta la crítica de aquel concierto: ‘La tesis de Sidran’, asimilando sus peripecias andaluzas a las de la protagonista de Sender.
Ahora ha vuelto al Festival Internacional de Música y Danza en alianza con Leonor Watling, trayendo el disco que han grabado juntos, y en compañía del trío francés The Groovy French Band (Max Darmon al bajo, Paul Sany a los teclados y Romain Bouiges a la batería). Pasaron por el tercero de los conciertos de Jazz (¿?) programados este año en el FIMD. Casualmente los mismos jueves que en CajaGranada se celebraba su tradicional ciclo de Jazz desde hace 15 años; las cosas de Graná.
Con algo de sorna Leo, ejerciendo de guitarrista y pianista, aseguró que lo suyo es ‘la vieja escuela’, y sí ciertamente es de un clasicismo elegante y glamuroso, también fresco y más contemplativo que participativo. Una suerte de cancionero pop jazzificado, ‘sofistipop’ de club y glamuroso cocktel, para escuchar en las distancias cortas, donde además el divertido gracejo verbal de la ‘cantactriz’ colabora en la confianza: ¡genial cuando se quejó de la intensidad de su cegador foco! Música que revive directamente aquel feliz invento de Carole King llamado ‘Trapestry’, enraizando levemente hermosas melodías en las tradiciones blancoafroamericanas.
Ella juega con la complicidad, en sus ‘pasos a dos’, con esas miradas arrobadas que ya conocimos en Marlango, ahora cambiando de pareja
Beben en copa de cristal de Bohemia también sorbitos de blues, de las riveras del Sena (anecdóticamente también del Guadalquivir), del reggae y hasta del gospel, y cuando uno está buscando en su fondo de armario mental ese metal tan masticado de la Watling, por ejemplo en Julie Driscoll… Ella anuncia ‘Con toda la palabra’, una canción de Lasha de Sela ¡Bingo! Sidran Jr prefiere las cadencias tranquilas, susurradas con suavidad cercana, como al oído, y aprovechando la gravedad que aporta el micrófono tan cerca de los labios. Fue el autor de la mayoría de lo escuchado, ya que salvo añadidos prestados (también el ‘Caramel’ de Suzanne Vega por ejemplo) la procedencia de lo escuchado lleva su firma, sea en el disco conjunto o mayormente, el de ‘The Art of Conversation’, que indirectamente inspira esta gira de encuentros y complicidades ‘con arte’. Cuando recordó sus años sevillanos con un tema de estudiante de filología, uno se acordó automáticamente de la perspectiva ‘Spanish’ (¡Bombs!) de los músicos anglo que nos visitan real o imaginariamente, aunque tiene mejor dicción que Strummer, dónde va a parar.
Ella juega con la complicidad, en sus ‘pasos a dos’, con esas miradas arrobadas que ya conocimos en Marlango, ahora cambiando de pareja. ‘Vivan los novios’ se oyó, destinado a una pareja que lo celebraba en las proximidades, pero podría reflejar lo que ocurría en el escenario, compartiendo canciones, sonrisas, guiños melosos y más de un comentario con simpatía y cariño evidente y publico. ¡Que vivan!

































