El 55% del parque móvil de Granada depende del diésel, el combustible que más se ha encarecido y más escaseará en el futuro

El diésel ha alcanzado ya un precio medio de casi 1,9 euros por litro, pese a la rebaja del IVA aplicada por el Gobierno. Es el carburante que más se ha encarecido tras iniciarse la guerra contra Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, que ha recortado su disponibilidad a nivel global. Y es el combustible que más escaseará en el futuro, porque la producción mundial ya lleva años en ligero descenso -para su refino precisa de un tipo de petróleo cada vez más limitado, como precisamente el que sale del Golfo Pérsico- y la guerra está acelerando su declive.
Mientras numerosos países ya ha empezado a aplicar racionamientos de diésel por la falta de carburante e incluso la Unión Europea no descarta hacerlo -en Eslovenia ya se ha limitado el gasóleo a 50 litros/día para particulares y 200 para empresas y la Comisión Europea ha planteado el teletrabajo obligatorio un día a la semana-, España está salvando todavía la situación gracias a su potente red de refinerías, pero no hay que olvidar que nuestro país importa todo el petróleo que necesita, por lo que la escasez también llegará más pronto que tarde.
Y el diésel -perjuicios ambientales aparte- es la sangre de la economía, imprescindible para el transporte de mercancías, la agricultura y buena parte de la industria. Si se reduce el diésel, la crisis económica está asegurada.
En la provincia de Granada, el 55% de su parque móvil funciona con diésel, un porcentaje que se eleva casi al 100% en el transporte de mercancías, autobuses, tractores y maquinaria pesada.
| Tipo de vehículo | Nº total | Diésel | Porcentaje |
| Camiones | 54.094 | 52.816 | 97,6% |
| Furgonetas | 62.436 | 53.777 | 86,1% |
| Autobuses | 1.325 | 1.317 | 99,4% |
| Tractores industriales | 4.880 | 4.880 | 100% |
| Turismos | 506.957 | 298.872 | 58,9% |
| Motocicletas | 121.441 | 142 | 0,17% |
| Otros vehículos | 11.255 | 8.662 | 77% |
| Total | 762.358 | 420.466 | 55,1% |
Datos de la DGT en 2025
La tabla muestra el parque de vehículos de la provincia granadina, según los últimos datos de la Dirección General de Tráfico (DGT), de 2025. La dependencia del gasóleo es casi total en camiones: de los 54.094 de la flota provincial, 52.816 usan diésel, el 97,6%. En furgonetas, tres cuartos de lo mismo: 53.777 funcionan con gasóleo, el 86%.
En el caso de los autobuses, prácticamete todos (el 99,4%) precisan diésel, pues aunque se están incorporando vehículos híbridos, que usan también baterías para circular, siguen necesitando un motor de combustión.
La provincia cuenta con 4.880 tractores industriales, el 100% con motor diésel. En el caso de la maquinaria pesada, la dependencia del gasóleo es total y sin que la posiblidad de sustitución por baterías pase de meros prototipos sin viabilidad real.
En los turismos, pese a que la matriculación de coches con motor diésel lleva años cayendo y las nuevas adquisiciones son muy minoritarias, el parque de automóviles sigue funcionando mayoritariamente con gasóleo. De los 506.957 turismos de la provincia de Granada, cerca de 300.000 tienen motores diésel, prácticamente el 59%.
Únicamente los vehículos de dos ruedas funcionan con gasolina casi en su totalidad. De las 121.441 motocicletas matriculadas en Granada, únicamente 144 uitilizan diésel, y lo mismo sucede con los ciclomotores, ajenos también al gasóleo y con una creciente electrificación.
Grave golpe a la actividad económica
De esta forma, el encarecimiento del diésel supone un grave golpe para la actividad económica, que en el caso de la agricultura se le une la subida de costes de los fertilizantes, también afectados por el cierre de Ormuz.
Y todo parece indicar que el precio seguirá subiendo ante el mantenimiento de las restricciones en Ormuz y el daño a las infraestructuras petroleras del Golfo Pérsico durante la guerra, que ha rebajado el petróleo disponible y la capacidad para volver a las cifras de producción petrolera anteriores, que ya nunca se alcanzarán, porque Estados Unidos, el mayor productor mundial gracias al fracking, ha llegado a su tope de extracción y comenzará su descenso.
El Gobierno puede mantener y aumentar los subsidios a los precios de los carburantes, pero el mayor problema llegará con la escasez de diésel disponible cuando se agoten las reservas de las refinerías, que obligará a establecer medidas de racionamiento.
La escasez de combustible también afecta a la aviación comercial. La Agencia Internacional de la Energía ya ha advertido a Europa que podría sufrir escasez de queroseno en seis semanas, lo que amenaza a zonas turísticas como Granada de cara al verano. De hecho, varias aerolíneas están cancelando vuelos. Y los cruceros que llegan cada vez en mayor número al Puerto de Motril usan también combustibles derivados del petróleo.
La imposible electrificación
La grave crisis energética llega sin que la transición a una economía menos dependiente de los combustibles fósiles y más electrificada haya conseguido apenas resultados, más allá de aumentar el peso de fotovoltaicas y eólicas en la producción eléctrica. Pero la electricidad no supone ni el 25% del total de energía que consume la economía española. El transporte, la construcción, la industria y la agricultura siguen dependiendo de petróleo y gas sin sustitutos eléctricos a la vista.
Los vehículos eléctricos, pese al crecimiento de matriculaciones de los últimos años, apenas representan el 1% del total y se circunscriben básicamente a turismos. En Granada, en 2025, solo 8.468 vehículos de un parque de 762.358 no usan ni gasolina ni gasoil, el 1,1%, y ahí se incluyen también los que emplean gas natural licuado, con lo que los eléctricos puros son menos del 1% del total.
Las matriculaciones de coches suben mucho entre los híbridos, pero no dejan de necesitar combustible derivado del petróleo, y los eléctricos puros, pese a que siguen creciendo, necesitarían varias décadas para que superaran en número a los de combustión en el parque móvil.
Además, la electrificación del transporte y el resto de actividades económicas requiere, paradójicamente, de combustibles fósiles: la minería para extraer los materiales necesarios se hace con maquinaria que solo funciona con diésel, lo mismo que para transportar esos materiales. Unos elementos que, como ya ha advertido la Agencia Internacional de la Energía, van a empezar a escasear con la demanda que requiere la transición energética, por lo que la extracción de productos clave como el cobre o el litio se enfrenta a cuellos de botella de difícil solución.

















































