NICOLÁS DE PASO Y DELGADO LA DEFENDIÓ CON UN INFORME DEMOLEDOR

Granada, en vilo en 1855: las Cortes querían suprimir nuestra Universidad

E+I+D+i - Gabriel Pozo Felguera. - Domingo, 21 de Junio de 2026
Gabriel Pozo Felguera nos descubre un episodio poco conocido de nuestra historia, con un homenaje a un erudito, olvidado, que se erigió en el gran y único defensor de la institución, en un extraordinario reportaje que contiene pasajes que guardan similitudes con la actualidad. Por el mejor cronista de Granada.
Collage con los retratos de Claudio Moyano y Nicolás de Paso, en su pulso con en futuro de la UGR en el aire durante los años 1855-57.
LUIS RUIZ RODRÍGUEZ.
Collage con los retratos de Claudio Moyano y Nicolás de Paso, en su pulso con en futuro de la UGR en el aire durante los años 1855-57.
  • Durante el Bienio Progresista (1854-6) el Congreso de los Diputados barajó quitar la UGR para ahorrar o, alternativamente, eliminar Medicina y Farmacia por ser las más costosas

  • El polímata, a través de la Sociedad Económica de Amigos del País, elaboró un memorándum defendiendo la continuidad; eliminarla sería degradar la ciudad a “miserable aldea”

La Universidad es la principal empresa de Granada. Siempre fue muy importante para la economía local. También a mediados del XIX, cuando se atravesaba una grave crisis económica y todo eran lloros por aquí. La reforma de la enseñanza de Pidal (1845) ya cerró tres de las trece universidades que quedaban abiertas tras las clausuras de Carlos IV. Los raquíticos presupuestos de 1855 barajaron cerrar otras cuatro o cinco más: entre ellas se encontraba la Universidad de Granada. Empezó un periodo de zozobra. La UGR era por entonces la novena en el escalafón en cuanto número de facultades y cátedras. Granada se echó a temblar, incluso el Ayuntamiento de Málaga se movilizó pidiendo que no la cerraran. Todas las instituciones se dejaron en manos de la potente Sociedad Económica de Amigos del País de Granada y Provincia para que hiciera gestiones. Al frente, el joven catedrático y erudito (polímata) Nicolás de Paso y Delgado. Elaboró un memorándum en el que exponía que suprimir la UGR le clavaría un rejón de muerte a Granada, dejarla sin universitarios era convertirla en una “miserable aldea”. Las Cortes tantearon una segunda opción: abaratar cerrando las facultades de Medicina y Farmacia. Pero, tras un impasse de dos años, la Ley Moyano (1857) certificó la continuidad de la UGR; si bien, mermada en independencia y sin el grado de doctorado.

El reinado de Isabel II amaneció con aires de liberalismo. Deseos de separar el indisoluble ─hasta entonces─ matrimonio Iglesia-Estado. Uno de los primeros pasos era controlar el sistema educativo que, en buena parte, estaba en manos eclesiásticas. El primer nivel de enseñanza se lo repartían trece universidades de creación histórica, con más de cuatro siglos en casi todos los casos. Entre ellas se encontraba la Universidad de Granada.

En Granada se tenía la creencia ─harto optimista─ de que su Universidad estaba entre las más maduras y fuertes del país

En Granada se tenía la creencia ─harto optimista─ de que su Universidad estaba entre las más maduras y fuertes del país. El corresponsal de La Gaceta envió un balance a Madrid en mayo de 1844 dando una impresión demasiado halagüeña, a la vez que anunciaba rejuvenecimiento, porque se pensaba que había que potenciar las enseñanzas técnicas, de las que Granada carecía: “Es imposible describir ─decía─ el estado de brillantez en el que se halla actualmente la Universidad Literaria de esta ciudad…

Nos encontramos en el año 1845, durante el primer gobierno del lojeño Ramón María Narváez. Encarga a su ministro de la gobernación Pedro José Pidal y Carniado que elabore un nuevo Plan General de Estudios para una nueva sociedad que abandonaba el antiguo régimen. La primera decisión que tomó de calado fue eliminar tres de las trece universidades (Toledo ─creada en 1520─, Huesca ─originaria de 1354─ y San Cristóbal de la Laguna ─1792─). Dejó con autorización para seguir funcionando las siguientes, por este orden y según la potencia de sus cátedras: Madrid (52 cátedras), Sevilla (28), Barcelona (27), Santiago (25), Valencia (24), Valladolid (17), Zaragoza (13), Oviedo (13), Granada (12) y Salamanca (11). Granada era la novena en el ranking (A esa fecha todavía faltaba Farmacia).

En el caso de Granada se le “adjudicaban” las provincias de Granada, Málaga, Jaén y Almería

Lejos quedaron otra decena de universidades consideradas menores, que ya habían sido suprimidas en 1807. Fueron las de Osma, Oñate, Orihuela, Ávila, Irache, Baeza, Almagro, Osuna, Gandía y Sigüenza.

Se establecía una universidad central (Madrid) y otros nueve distritos regionales. La de Madrid absorbía definitivamente a la de Alcalá y la eliminaba. Cada uno de los distritos servía a las provincias limítrofes. En el caso de Granada se le “adjudicaban” las provincias de Granada, Málaga, Jaén y Almería. La baja Andalucía quedaba agrupada en torno a la Universidad de Sevilla, a la que se sumaba la provincia de Badajoz. En cuanto a población, la Universidad de Granada era la que mayor número de habitantes tenía por catedrático (100.852 x cátedra), mientras que las demás presentaban una relación más favorable, rondaban entre 50-60.000 h./cátedra. Excepto Madrid, a la que sólo se le adjudicaban 30.000 habitantes por cátedra.

Retrato de Pedro José Pidal. ACADEMIA DE LA HISTORIA.

Otras consecuencias de la Ley Pidal fue la aparición de los institutos de segunda enseñanza, que eran los bachilleres desgajados de las universidades históricas. Se centralizó la enseñanza de manera que las universidades dejaron de autogobernarse y depender de instituciones propias para participar de los presupuestos del Estado. También se centralizó la obtención del doctorado en la Universidad Central (Madrid).

La Universidad de Granada había quedado “clasificada” en penúltimo lugar de la decena de ellas en cuanto a número de cátedras y de extensión de títulos. El peligro seguía latente

El problema que se adujo como principal para aquella eliminación de universidades fue el presupuestario y la falta de potencia de algunas de las universidades. Pidal dio la primera vuelta de tuerca, pero fue sólo el primer paso. La Universidad de Granada había quedado “clasificada” en penúltimo lugar de la decena de ellas en cuanto a número de cátedras y de extensión de títulos. El peligro seguía latente. Siempre bajo la figura del granadino Ramón María Narváez en la Presidencia del Gobierno. O planeando su regreso.

Gracias a Farmacia y Medicina

Quizás gracias al lojeño, y en previsión de lo que se avecinaba, se produjo una reacción en Granada con el extraño e imprevisto apoyo desde Madrid: se decidió ayudar a la Universidad granadina con dos medidas muy importantes: la primera fue crear los estudios o facultad de Farmacia (28 de agosto de 1850), que se segregaban de los programas médicos generales. Fue enviado desde Madrid el doctor Mariano del Amo y Mora, catedrático de Mineralogía y Zoología de Aplicación a la Farmacia. Granada se convirtió en la tercera universidad (tras Madrid y Barcelona) en contar con facultad de Farmacia. Sus primeras instalaciones fueron una simple aula dentro del Colegio de San Pablo; el plan de estudios consistía en cinco años en Granada para alcanzar el grado de bachiller farmacéutico ejerciente; para el grado de licenciado había que desplazarse a Madrid otros dos años más.

Les fue concedido el Hospital de San Juan de Dios como clínico para prácticas y reconvertir el tercer patio (1851-54) en una facultad de Medicina propia y exclusiva para médicos e incipientes cirujanos

La segunda medida del gobierno de Narváez fue la segregación de los estudios de Medicina del Colegio de San Pablo, donde vivían todos los universitarios en un tótum revolútum de cuatro secciones: Derecho, Filosofía, Medicina y Farmacia. Les fue concedido el Hospital de San Juan de Dios como clínico para prácticas y reconvertir el tercer patio (1851-54) en una facultad de Medicina propia y exclusiva para médicos e incipientes cirujanos. De pobre construcción y diseño.

Aquella primera Facultad independiente tuvo fachada a las Huertas, era un edificio de dos crujías, con bajo y dos alturas. A su lado y dando a la actual calle Rector López Argüeta estaba ubicada una dependencia del Hospital de San Juan de Dios conocida con el nombre de Casa del Cotarro; no era otra cosa que el lugar a donde los frailes juaninos servían la sopa boba al elevado número de pobres y menesterosos que se daba cita. Lo de Cotarro era por las trifulcas que organizaban para no quedarse sin sus raciones.

Ubicación de la primera Facultad de Medicina independiente del Colegio de San Pablo, pegada al Hospital de San Juan de Dios. Arriba, en el dibujo de A. Guesdon (1853), debajo sobre una foto aérea de 1957 (ya había sido trasladada a la Avenida de Madrid).
Evolución de las fachadas de Medicina en el siglo XIX y nuevo edificio para Farmacia de los años setenta (actual Políticas).

La amenaza de cierre de 1855

A pesar de aquellos importantes avances en las enseñanzas médicas, la mosca continuaba detrás de la oreja de los dirigentes universitarios granadinos. En la primavera de 1855 se estaba elaborando un nuevo presupuesto estatal del gobierno llamado Bienio Progresista; recordemos que la deuda era tan enorme que se había recurrido a la segunda desamortización de bienes en manos muertas (la de Madoz, 1 de mayo de ese año). Las Cortes, a través de su comisión de hacienda, lanzó el rumor de que iba a ser recortado el dinero para universidades y, por tanto, iban a sumar otras cuantas universidades más al cierre del Plan Pidal. Estrictamente por motivos de ahorro. Todo apuntaba que cuatro o cinco universidades más iban a ser eliminadas y/o reconvertidas en institutos de segundo nivel. Serían las que tenían menos enseñanzas o cátedras. Y la Universidad de Granada estaba entre esas a degradar (junto con Oviedo, Zaragoza y Salamanca; y quizás Valladolid). ¡La salmantina, la más antigua de España! Sus distritos serían agregados a las universidades más cercanas.

Inauguración de las Cortes el 8 de noviembre de 1854. LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA.

Sus declaraciones eran contradictorias: tan pronto se pronunciaba por el desprecio a la mayoría de las universidades, como alababa su pervivencia por la labor económico-social en sus territorios

El presidente de la comisión era Claudio Moyano (que había sido rector de Valladolid y de la Universidad de Madrid, además de ministro). Sus declaraciones eran contradictorias: tan pronto se pronunciaba por el desprecio a la mayoría de las universidades, como alababa su pervivencia por la labor económico-social en sus territorios. Unas veces declaraba que “No hay más que una (universidad) que merezca ese nombre, toda vez que en las nueve restantes no se enseña más que dos o tres facultades (…)” No obstante, teniendo en cuenta que no eran tan gravosas al Tesoro y por los perjuicios que causarían a sus ciudades, se pronunció por dejar el asunto sobre la mesa y que se conservaran las diez universidades que existían en España. Así lo dejaron reflejado en el acta de la comisión de presupuestos los cinco diputados ponentes (18 de mayo de 1855). ”Por ahora…”.

Voto particular que dejaba en suspenso el cierre de más universidades… por ahora.
Dibujo de Claudio Moyano, tras su fallecimiento. LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA.

Pero el asunto y el temor había calado tan hondo en Granada que ya se llevaban unas semanas de reuniones en la ciudad. No sólo en Granada, también en la ciudad de Málaga

Pero el asunto y el temor había calado tan hondo en Granada que ya se llevaban unas semanas de reuniones en la ciudad. No sólo en Granada, también en la ciudad de Málaga, cuyo ayuntamiento aprobó una moción dirigida a las Cortes pidiendo que no fuese eliminada la Universidad de Granada (leída en la sesión del Congreso de 20 de junio de 1855). Recordemos que los universitarios malagueños siempre se formaron en Granada, hasta que fue creada la UMA en 1972.

Reacciones similares se sucedieron en Cádiz, donde su Ayuntamiento se pronunció por que no retirasen los estudios de Medicina de la Universidad de Sevilla. La Diputación y el Ayuntamiento de Salamanca promovieron movimientos similares al de Granada.

El Ayuntamiento de Málaga se pronunció contra el cierre de la UGR. 20 de junio de 1855.

En manos de La Económica y Nicolás de Paso

Todas las instituciones granadinas confiaron la defensa de su Universidad ante las Cortes en la institución que por entonces concitaba el mayor prestigio y respeto. Tanto, que competía con la Universidad en el campo de la formación y la cultura. Era la Sociedad Económica de Amigos del País de Granada. Y más concretamente en la persona de su presidente: Nicolás de Paso y Delgado. Aquel hombre, de sólo 35 años, estaba ya revestido de un gran prestigio por su enorme formación y trayectoria profesional. Lo era casi todo en 1855 y sería mucho más hasta el final de sus días. Lo consideraban una especie de erudito, un Leonardo Da Vinci en versión granadina.

Nicolás de Paso redactó un memorándum y se encargó de defenderlo ante las Cortes

Nicolás de Paso redactó un memorándum y se encargó de defenderlo ante las Cortes. Llevaba por título Exposición elevada a las Cortes por la Sociedad Económica de Amigos del País de la Provincia de Granada con motivo del Proyecto de Suprimir algunas Universidades y el temor de que pueda ser una de ellas la de esta Ciudad.

Primera hoja del memorándum elaborado en Granada contra los rumores de supresión de la Universidad de Granada, firmado por Nicolás de Paso y Delgado. ARCHIVO UGR.

El informe era un detallado retrato de la historia de pérdidas y menosprecios del centralismo español para la que fue primera ciudad por población a finales del XV y principios del XVI. Nicolás de Paso enumeró un largo relato de agravios sufridos durante tres siglos y medio por Granada, desde que prácticamente Felipe II decidió llevarse el panteón real a El Escorial y olvidarse de que Granada había sido la niña de los ojos de sus bisabuelos, los Reyes Católicos.

Pero llevaba medio siglo en notable decadencia “hasta el punto de encontrarse en un abismo de miseria y desolación, en el que, si las Cortes y el Gobierno de Su Majestad no lo evitan, caerá indefectiblemente con sus preciosos monumentos y sus recuerdos históricos”

Son cuatro páginas de memorándum en los que cuenta cómo esta provincia fue rica en tiempos musulmanes y de los primeros reyes cristianos. Pero llevaba medio siglo en notable decadencia “hasta el punto de encontrarse en un abismo de miseria y desolación, en el que, si las Cortes y el Gobierno de Su Majestad no lo evitan, caerá indefectiblemente con sus preciosos monumentos y sus recuerdos históricos”.

Para no derrumbarse necesitaba Granada de una fuerza de producción que la vigorice o una particular protección del Gobierno. Recordaba con nostalgia la época dorada de la producción de seda, cuando se la llamaba la Damasco de Occidente, pero la expulsión de los moriscos y la emancipación de las Américas, junto a errores administrativos y calamidades hicieron decaer la industria sedera. Luego vendrían el lino y cáñamo en sus extensas vegas, que surtían a los arsenales de Ferrol, la Carraca y Cartagena. Nada menos que 250.000 marjales había con esos cultivos. Más de 80 millones de reales se producían a finales del siglo XVIII, con la consiguiente aportación en impuestos a la Corona. Pero los acontecimientos políticos de principios del XIX hicieron que en 1818 no quedara nada más que la sombra de lo que fue aquel cultivo. Desde Madrid se dejó de apoyar el cultivo del cáñamo de Granada y la prosperidad agrícola quedó frenada. La competencia americana empeoró la situación. Granada, ciudad de interior, carecía de comunicaciones para reconvertir su comercio.

Retrato de Nicolás de Paso hecho por Manuel Gómez-Moreno (1900), a partir de otro cuadro. Figura en la galería de rectores. UGR.

El redactor era un poco visionario sobre las malas comunicaciones: “Podrá ser que andando el tiempo lleguemos a tener buenos medios de comunicación; podrá ser entonces que afluyan capitales a Granada o los que en ella existan tomen otra dirección más conveniente para el fomento del país, que se perfeccione la agricultura, que Granada pueda ser una ciudad manufacturera… Más todo esto ha de ser obra de muchos años y ciertamente será difícil y punto menos que imposible alcanzar el verdadero cambio de nuestra decadente situación por otro estado más próspero y feliz… Si Granada acaba de perder los cortos medios que conserva de su vida y pierde consiguientemente con ellos su importancia política y económica, quedando no más con las gloriosas tradiciones, los grandes monumentos y la celebridad europea que tiene, a la manera de Pompeya, un Herculano, una Palmira y tantas otras famosas poblaciones que sólo son en la actualidad notables arqueológica y artísticamente consideradas”.

Recordó los gestos de engrandecer a Granada por los RR CC, de Carlos V al crear la Universidad, de Juana I dotándola de cátedras para equipararla a las universidades de París, Bolonia, Salamanca y Alcalá

El segundo gran apartado del informe se centraba en la historia de la Universidad, el otro gran pilar sobre el que se asentaba la riqueza de Granada. Recordó los gestos de engrandecer a Granada por los RR CC, de Carlos V al crear la Universidad, de Juana I dotándola de cátedras para equipararla a las universidades de París, Bolonia, Salamanca y Alcalá. El impulso de los fondos recibidos del presbítero Juan Crespo Marmolejo, que creó varias cátedras de Jurisprudencia y Medicina. Granada floreció gracias a la impartición de estudios superiores que no ofrecían otras universidades. Declaraba incluso a la UGR “sucesora y heredera de la escuela general de los árabes”. Mencionaba una larga nómina de egregios que estudiaron en esta Universidad.

Una miserable aldea sin universitarios

En el momento de redactar el informe cifraba los ingresos propios de la Universidad de Granada entre 400.000 y 500.000 reales [la tercera parte del presupuesto municipal]; sus gastos de personal entre 300.000 y 400.000. El déficit que se arrastraba era achacable momentáneamente a la construcción de la Facultad de Medicina junto al Hospital de San Juan de Dios, a la adquisición de materiales para las facultades de Farmacia y Filosofía. Pero era un déficit pasajero.

“La Universidad es hoy un elemento de vida en Granada… esta ciudad carece de otros recursos y medios de prosperidad… La Universidad atrae a Granada de mil a mil doscientos alumnos, que se mantienen, visten y evacúan encargos de sus familias y conocidos”

El mayor daño que se causaría, de cerrarse, sería dejar a los jóvenes de cuatro provincias sin continuar o iniciar sus estudios, la jubilación o cesantía de profesores y auxiliares. El Ayuntamiento anunciaba que cubriría gastos si era necesario para que no fuera cerrada la Universidad. “La Universidad es hoy un elemento de vida en Granada… esta ciudad carece de otros recursos y medios de prosperidad… La Universidad atrae a Granada de mil a mil doscientos alumnos, que se mantienen, visten y evacúan encargos de sus familias y conocidos”. Gastaban una media de 16 reales diarios. Ese capital ayudaba a mantener la agricultura y el comercio local, “anima un poco a nuestro moribundo comercio; buena prueba de estas verdades es que cuando los estudiantes se van de vacaciones o faltaron por el cólera los menestrales, las casas de pupilos, las tiendas de abacería y telas, todos los que en fin viven de la industria en sus diversos ramos han experimentado y sufren pérdidas cuantiosas de los establecimientos”.

“En una palabra, los estudiantes constituyen la parte consumidora más importante de la población, que perdiéndoles quedará reducida (Granada) a una miserable aldea”.  Por todo ello, la Sociedad Económica suplicaba a las Cortes que se dignaran conservar la Universidad de Granada, bien a la hora de hacer los presupuestos o de discutir la ley general de instrucción que se preparaba (para relevar a la Ley Pidal).

El detallado informe fue presentado en las Cortes el I de junio de 1855. Ocupaba el rectorado Juan Nepomuceno Torres de Yáñez (médico, entre 1854-61).

En junio de 1855 se decidió dejar el asunto de la supresión de la UGR sobre la mesa del Congreso de los Diputados y esperar a que se avanzara con la nueva ley, la que nacería de la mano del ministro Moyano y llevaría su nombre 

En junio de 1855 se decidió dejar el asunto de la supresión de la UGR sobre la mesa del Congreso de los Diputados y esperar a que se avanzara con la nueva ley, la que nacería de la mano del ministro Moyano y llevaría su nombre [que en la práctica tuvo vigencia hasta los años setenta del siglo XX]. No obstante, en la sesión de las Cortes del 21 de junio se volvió a suscitar un agrio debate y se reiteró que se dejaba el asunto pendiente… por el momento.

¿Qué hicieron los diputados por la circunscripción de Granada para defender su Universidad? Absolutamente nada. Los que asistieron a los plenarios no abrieron la boca ni presentaron moción alguna. Eran los siguientes: Ángel María de Carvajal Téllez Girón (duque de Abrantes), era un absentista que vivía en Madrid; Manuel María Hazañas, era funcionario de Hacienda; Restituto Gutiérrez de Ceballos era mariscal de campo retirado; Antonio Maestre, farmacéutico; José Moreno Nieto, catedrático de árabe (decano de Filosofía más tarde), que acabó de rector en Madrid; Rafael de la Presa Sánchez, médico; Miguel Roda y Roda, abogado alpujarreño; Domingo Velo López, gobernador civil; Francisco de Paula Villalobos, propietario; y Joaquín María Villavicencio, abogado de Baza.

En la memoria que elaboró aquel año describió una situación apocalíptica en la capital: se encontró sólo 298 reales en caja y una deuda de 327; pidió un préstamo de 15.200 reales a particulares para poder hacer frente al elevado paro obrero

El alcalde liberal-revolucionario Pedro Francisco Hernández estaba desbordado. En la memoria que elaboró aquel año describió una situación apocalíptica en la capital: se encontró sólo 298 reales en caja y una deuda de 327; pidió un préstamo de 15.200 reales a particulares para poder hacer frente al elevado paro obrero; los empleó en empedrar calles. El presupuesto total del año fue de 1.801.936 reales, que acabó con un déficit de 406.944 debido a que no pudo cobrar los arbitrios durante los cuatro meses del cólera. El corregidor calificó la situación de la ciudad como “cadáver moralmente considerado”. Del problema de la Universidad no escribió una sola línea.

Recorte del acta de la sesión municipal del 11 de junio de 1855. AHMGR.

En cambio, el presidente de la Diputación Provincial (José Gómez Sillero) decidió enviar una carta de queja a las Cortes, con fecha 4 de junio de 1855. Le remitió copia a su colega el alcalde de la capital para que se sumara. Éste dejó constancia en la junta municipal de gobierno del 11 de junio, con el siguiente contenido: “Punto 2º. Oficio de la Diputación Provincial remitiendo impresos de la exposición sobre la Universidad. Diose cuenta de un oficio de la Excma. Diputación Provincial, fecha del 4 del corriente, remitiendo ejemplares de la exposición que había dirigido a las Cortes constituyentes con motivo de la noticia que circuló sobre la supresión de esta Universidad literaria intentando no se lleve efecto semejante medida y se acordó quedar enterado”.

Eso fue todo el movimiento por parte de la Casa consistorial para saber qué se estaba cociendo en el Congreso con relación a la Universidad de Granada y su futuro próximo

Eso fue todo el movimiento por parte de la Casa consistorial para saber qué se estaba cociendo en el Congreso con relación a la Universidad de Granada y su futuro próximo.

Para empeorar la situación, un brote de cólera en Andalucía obligó a retrasar el inicio de curso hasta el 16 de octubre, y continuó causando problemas de asistencia los siguientes meses.

Dos años de zozobra: de 1855 a la Ley Moyano de 1857

La UGR continuó funcionando como en los diez años de vigencia del Plan Pidal, pero con la mosca detrás de la oreja porque algunas cátedras se dejaron de cubrir o se pospuso su dotación durante el curso 1856-7. Desde los círculos ilustrados y universitarios granadinos se trataba de promocionar informaciones en los periódicos de Madrid acerca de la potente actividad educativa y cultural de Granada. La verdad es que había cierta ebullición con escritores de la Cuerda Granadina, los movimientos del Liceo y la seriedad de La Económica, pero no para echar campanas al aire si nos comparábamos con Sevilla, Barcelona y Madrid. Hay algún ejemplo curioso de noticia enviada desde Granada a la Gaceta, diario oficial, para que no se olvidaran de que la UGR estaba muy viva. Es la que sigue (de 6 de octubre de 1856):

Desde Granada se hacían “méritos” en las noticias enviadas a Madrid sobre los progresos de la UGR. Noticia de la Gaceta de 2 de octubre de 1856.

El empeño de la UGR a partir de entonces, y con nuevo edificio en San Juan de Dios, fue subir a la “primera división”; esto no se conseguiría hasta ya finales del XIX (1884)

En 1856 y principios de 1857 nuevos rumores apuntaban que ya no se proyectaba suprimir toda la Universidad, solamente se eliminarían los estudios de Medicina y los recientes de Farmacia. Precisamente porque eran los que resultaban más caros para el presupuesto del Estado. Aunque también los que empezaban a atraer a mayor número de estudiantes porque eran de los más prometedores y de las pocas universidades que los ofrecían. Se consideraban facultades de Medicina de primera clase o completas las de Madrid, Barcelona y Sevilla. En un segundo nivel estaban las de Granada, Santiago, Valencia y Zaragoza. También formaban médicos Valladolid y Salamanca. El empeño de la UGR a partir de entonces, y con nuevo edificio en San Juan de Dios, fue subir a la “primera división”; esto no se conseguiría hasta ya finales del XIX (1884), con la llegada de la segunda facultad levantada con proyecto de Juan Montserrat y con Santiago López Argüeta como decano y rector. Época dorada que continuaría con López Mateos, Aureliano Maestre de San Juan, Eduardo García Solá, Juan Creus y Manso, Federico Olóriz, Benito Hernando, Rafael Branchat, etc. La mayoría de ellos acabaron sus vidas profesionales en la Universidad Central de Madrid, que solía ser la máxima aspiración de un catedrático.

La prensa local y el corresponsal de la Gaceta daban la noticia alborozados

Claudio Moyano fue nombrado ministro de Fomento en 1856. Su principal preocupación y ocupación fue sacar adelante la nueva Ley de Instrucción Pública. El 28 de agosto de 1857 se conoció el texto de esa normativa y, por fin y tras dos años y medio de zozobra, se pudo respirar en Granada: su Universidad no iba a ser suprimida. La prensa local y el corresponsal de la Gaceta daban la noticia alborozados:

Por fin, el 31 de agosto de 1857 se hacía pública la permanencia de la UGR al ser aprobada la Ley Moyano. LA GACETA.

La Ley Moyano fue publicada el 9 de septiembre de 1857. Marcaba las futuras líneas que permitieron alejar vaivenes convulsos de la primera mitad del XIX para las universidades

La Ley Moyano fue publicada el 9 de septiembre de 1857. Marcaba las futuras líneas que permitieron alejar vaivenes convulsos de la primera mitad del XIX para las universidades. Se consolidaba el sistema educativo liberal con bastante consenso de las tendencias políticas del momento. Venía a perfeccionar las normativas ya promulgadas por el Duque de Rivas (1836) y el Plan Pidal (1845).

Sus características fundamentales consistían en organizar la enseñanza en tres grados o niveles: elemental, secundaria y universitaria. Que se impartiría en colegios de ayuntamientos (hasta los diez años), institutos para el grado de bachiller (dependientes de las universidades, aunque separados de las facultades) y la superior o universitaria. Se creaban escuelas normales para la formación de maestros. También se consolidaron los principios de centralización (los doctorados sólo se hacían en la Central de Madrid), la uniformidad en programas, la secularización (Teología quedaba al margen) y la libertad de cátedra, aunque un tanto limitada. También se contemplaba la autorización de abrir centros privados. Los rectores eran nombrados desde Madrid.

El objetivo que se fijó Nicolás de Paso y Delgado se ha cumplido con creces 171 años después de su empeño

En resumen, la UGR no sólo se había salvado. En lo sucesivo empezaba la etapa de consolidación y ampliación de facultades y grados. Aquel era el renacer con fuerza para empezar a subir puestos en el escalafón de universidades públicas. Del único edificio que tenía en 1850 ─el Colegio de San Pablo─ donde se impartían todas las especialidades a unos 1.500 alumnos por curso, se ha pasado en la actualidad a los 62 grados, con unos 57.000 estudiantes y una plantilla de profesores y PAS superior a 8.000. Sin duda, la UGR es la primera empresa de Granada. Se encuentra entre las diez primeras universidades en los diversos rankings nacionales, según qué criterios midan, de entre las 96 universidades públicas y privadas.

El objetivo que se fijó Nicolás de Paso y Delgado se ha cumplido con creces 171 años después de su empeño.

Nicolás de Paso, el erudito olvidado

Fue un hombre al que el calificativo de polímata quizás se le quede corto. Un erudito al estilo siglo XIX renacentista, que tocó todas las disciplinas y en todas destacó. Implicado en todo tipo de instituciones, sociedades, la política y en todos los regímenes del convulso siglo XIX. Nació el 10 de diciembre de 1820 en el barrio de Las Angustias, hijo de Nicolás de Paso y María Angustias Delgado.

Con tan sólo doce años ingresó en la Universidad para cursar el bachillerato básico de Filosofía. Todo sobresalientes, calificaciones que caracterizarían los estudios que estaba por acometer

Hizo sus estudios primarios en el Real Colegio de Humanidades de la Purísima Concepción. Con tan sólo doce años ingresó en la Universidad para cursar el bachillerato básico de Filosofía. Todo sobresalientes, calificaciones que caracterizarían los estudios que estaba por acometer. A los veinte años ya era licenciado en Leyes, abogado y miembro del Colegio de Abogados. A los 23 consiguió el título de Medicina y Cirugía.

Ya con veinte años empezó a ser profesor en la cátedra de Economía Política, donde pronto se hizo catedrático suplente. Se implicó de lleno en la carrera de jurisprudencia en calidad de regente (suplente de cátedra). El currículo universitario que se conserva en el archivo histórico de la UGR es abrumador. Hasta ocupar los cargos de Decano de Derecho, vicerrector y rector de la Universidad entre los años 1873-75.

Retrato para La Económica, copia a partir del de Gómez-Moreno, con la misma cara y distinta vestimenta.

Fuera del mundo universitario también desarrolló una vida más que sobresaliente en los ambientes granadinos. Fue cofundador del Liceo en 1840. Decano del Colegio de Abogados en varias ocasiones; miembro de la Comisión de Monumentos; director de instrucción pública; de la Academia de Bellas Artes, etc., etc. Pero sobre todo destacó por el impulso que dio a la Sociedad Económica de Amigos del País.

A partir del buen resultado de sus gestiones para evitar la eliminación de la Universidad, fue llamado para entrar en política

A partir del buen resultado de sus gestiones para evitar la eliminación de la Universidad, fue llamado para entrar en política. Primero como diputado provincial, para más tarde (1858) y durante tres legislaturas ser diputado en Cortes. Del Congreso pasó a ser senador entre 1882 y 1890 representando a la Universidad.

En 1886 fue llamado a Madrid para ser fiscal del Consejo de Estado y consejero, hasta 1890. A partir de entonces ya centró el resto de su carrera profesional en la capital de España. Se quedó como catedrático de Disciplina Eclesiástica y Derecho Canónico en la Universidad Central; allí fue decano de Derecho. Pero la supresión de su cátedra le hizo jubilarse en el año 1893, al sobrepasar ya la edad de 72 años.

Una callecilla frente al Palacio de los Deportes le minusvalora de manera un tanto ingenua: “Calle del escritor Nicolás del (sic) Paso”

Unos problemas de salud le impidieron regresar a Granada. Falleció en su casa de la calle Serrano el 19 de noviembre de 1897. La Universidad de Granada y la Sociedad Económica de Amigos del País le rindieron un homenaje el 16 de junio de 1898. Y le encargaron un retrato post mortem a Manuel Gómez-Moreno a partir de una fotografía. Su fallecimiento en Madrid y al no ser repatriado a Granada el cadáver hicieron que su figura haya quedado un tanto olvidada. Poco reconocida su contribución al sostenimiento e impulso de La Económica en su época más fecunda y, sobre todo, sus desvelos para impedir que la Universidad de Granada fuese degradada a categoría de instituto de segunda enseñanza, como fue el caso de las de Toledo y Huesca, con similares méritos y solera que la de Granada.

Una callecilla frente al Palacio de los Deportes le minusvalora de manera un tanto ingenua: “Calle del escritor Nicolás del (sic) Paso”. La Universidad no lo ha destacado por encima de ningún otro rector; solamente exhibe un retrato en calidad de rector.

El tratamiento y mejora de la información gráfica son obra de Luis Ruiz Rodríguez.