Moreno Bonilla pierde la credibilidad y entierra su pretendida imagen moderada

De la blanca y verde al azul oscuro casi negro

Política - Juan I. Pérez - Domingo, 5 de Julio de 2026
¿Qué pierden Andalucía y Moreno Bonilla por asegurarse su tercer mandato al frente de la Junta, a costa de claudicar ante la extrema derecha? Un análisis necesario.

Juan Manuel Moreno, en un acto del 4 de diciembre. junta de andalucía

Si alguien alguna vez se creyó que Juan Manuel Moreno Bonilla (Barcelona, 1970) durante los 7 años al frente de la Junta de Andalucía era un político diferente en la derecha española, de perfil moderado, contrapuesto a su compañera de partido, Isabel Díaz Ayuso, y alternativa a un cuestionado Alberto Núñez Feijóo, su firma en el acuerdo programático de 150 puntos con la extrema derecha, que le asegura otros cuatro años de presidente del Gobierno andaluz, a cambio de claudicar y asumir todo lo que negaba a Vox, por principios, disipa cualquier duda.

Moreno Bonilla en tan solo dos meses ha pasado de considerar “insensato”, “irrazonable” e “incomprensible” para los andaluces, -en sus propias palabras-, que Vox tuviera sillones en su Gobierno, a premiarle con una macroconsejería con Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local y rango de vicepresidencia

Porque Moreno Bonilla en tan solo dos meses, -desde la precampaña, en campaña y después, machaconamente, hasta el inicio de las negociaciones-, ha pasado de considerar “insensato”, “irrazonable” e “incomprensible” para los andaluces, -en sus propias palabras-, que Vox tuviera sillones en su Gobierno, a premiarle con una macroconsejería con Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local y rango de vicepresidencia, a quienes no creen en el estado de las autonomías, pero se llevarán, para empezar, un total de 1,8 millones del Parlamento autonómico por sus 15 diputados.

Y lo que pocos podían imaginar en una rara avis, un verso suelto en la derecha, un líder regional del PP con principios: en asumir sin rechistar la “prioridad nacional”, lo que el mismo Moreno Bonilla denunciaba como “un engaño a los electores”, “una promesa ilegal populista”, un “eslogan” o “un daño irreversible a la credibilidad de las instituciones”. Incluso, llegó a contraponerla con la “prioridad andaluza”, que él defendía. Ahora ya se sabe que, junto al firme compromiso de “prioridad nacional”, la otra prioridad a la que es fiel es la de sus propios intereses.

Pierde su credibilidad y la autoridad, con la que presuntamente se revestía, de ser referente moderado de una derecha avanzada y civilizada que combate la extrema derecha.

Moreno Bonilla, con el pacto suscrito que da entrada a la extrema derecha por primera vez en Andalucía en todo el largo periodo autonómico que comenzó, como es sabido, tras la cruel dictadura franquista, ha perdido su credibilidad y la autoridad, con la que presuntamente se revestía, de ser referente moderado de una derecha avanzada y civilizada que combate la extrema derecha.
 
Aquel Moreno Bonilla que en julio de 2024, en el Parlamento En el Parlamento de Andalucía, le dijo al ahora vicepresidente Manuel Gavira que era un "disparate colosal" vincular la inmigración con la delincuencia salvaje, reprendió a la extrema derecha preguntándole al entonces portavoz si insinuaban que “todos los extranjeros son delincuentes” para asegurar que “nunca participaría en una cacería" contra los migrantes, se convierte ahora en un barón más, plegado a las directrices de un PP nacional, que se parece cada vez más a la extrema derecha, y sus postulados racista y xenófobos.

Juan Manuel Moreno y Manuel Gavira, tras cerrar el acuerdo de gobierno. junta de andalucía

No tiene salida, ni excusas, por mucho que intente edulcorar la “prioridad nacional” vinculándola con el arraigo, lo que ha generado el primer roce con su socio, al recordarle Gavira que hay “más conceptos que el arraigo”

Y lo que es peor, Moreno Bonilla contribuye a degradar la Política, al desmentirse con los hechos lo que pregonaba con su palabra, que ha quebrado doblemente para disipar su aparente imagen de dirigente del PP contrario a los postulados de Vox.

Moreno Bonilla no tiene salida ni excusas, por mucho que intente edulcorar la “prioridad nacional” vinculándola con el arraigo, lo que ha generado el primer roce con su socio, al recordarle Gavira que hay “más conceptos que el arraigo”.

Tampoco puede eludir el documento firmado con la extrema derecha, que es una casi una copia de los firmados hasta ahora para lograr gobiernos del PP y Vox en Aragón, Extremadura y Castilla-León, como si los problemas de todas las comunidades fueran iguales.

Según el acuerdo, Moreno Bonilla no aceptará más menores extranjeros no acompañados -el documento los llama menas, el término despectivo de los ultras de derechas, otra concesión-, hará una auditoría anual de los gastos vinculados a la “inmigración masiva”, suprimirá las subvenciones a ONG que ayuden a los migrantes, en los que Vox incluye a Cáritas, y endurecerá el régimen interno de los centros de menores.

Moreno Bonilla habló de unas competencias similares a las que concedió en su primer gobierno, el de coalición con Cs, a su líder Juan Marín, aunque hay un matiz: el premiado por el presidente andaluz con el Consejo Económico Social asumió Regeneración. Hoy cambia por Desregulación

El presidente andaluz, que este domingo, jurará su cargo, permite la entrada por la puerta a Vox en el Gobierno con un vicepresidente, Manuel Gavira, que además será consejero de Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local, una suma de carteras que no tienen nada que ver entre sí y que evidencia el encaje forzado de este partido en el Ejecutivo. La más relevante será la de Turismo, industria clave para Andalucía, y Justicia, pero Administración Local le posibilita recorrer Andalucía con su cargo institucional para llevar sus postulados, a las puertas de las municipales y generales.

En otro intento de aminorar la macroconsejeria, Moreno Bonilla habló de unas competencias similares a las que concedió en su primer gobierno, el de coalición con Cs, a su líder Juan Marín, aunque hay un matiz: el premiado por el presidente andaluz con el Consejo Económico Social asumió Regeneración. Hoy cambia por Desregulación.

Aquel Gobierno con Cs de 2019, el primero de derechas de Andalucía, contó con el inestimable apoyo parlamentario de Vox, porque Moreno Bonilla fue el primer presidente regional del PP que le abrió las puertas. El moderado, para gobernar, cedió entonces a las pretensiones de una ultraderecha menos brava que ahora, con recortes en inmigración, género, Memoria Democrática y educación.

Siete años después, la claudicación ha sido total, y Moreno Bonilla asume un pacto con Vox más a la derecha que los demás barones del PP que han pactado con la extrema derecha

Siete años después, la claudicación ha sido total, y Moreno Bonilla asume un pacto con Vox más a la derecha que los demás barones del PP que han pactado con la extrema derecha, al incorporar en el documento revisar la ley andaluza contra el cambio climático. Un acuerdo que defiende el negacionismo climático, con otra novedad en forma de promesa de suprimir los impuestos medioambientales (sobre bolsas de plástico, emisión de gases y vertidos a aguas litorales) “para aliviar las cargas que soportan familias, empresas y autónomos”, como bien explica Ignacio Henares en su artículo 'De verde propaganda a marrón populista'.

Hay en el acuerdo la aceptación de privatizaciones en sanidad; defiende la “ganadería intensiva”, en contra de Bruselas, un mal precedente de vicepresidente, que será presidente, del Comité de las Regiones de Europa; acepta Moreno Monilla  modificar la Ley de Vivienda de Andalucía, que el Parlamento regional, con mayoría absoluta del PP, aprobó en diciembre pasado, y de la que tanto se ha vanagloriado, a pesar de su escasa incidencia; o pone fin a la enseñanza de la lengua árabe y cultura marroquí en las escuelas andaluzas, igual que en otras comunidades autónomas del PP, con la diferencia de que en Andalucía tiene mayor peso: más de 1.800 alumnos de casi un centenar de colegios e institutos están acogidos a este programa, que financia Marruecos. También impone el veto al burka y al nicab en espacios públicos, lo que en el Ayuntamiento de Granada quedó en suspenso ante las dudas jurídicas.

Moreno, tras ser investido presidente. junta de andalucía

Un acuerdo programático que deja en suspenso, si alguien se lo creyó, la vía andaluz, que propugnaba Moreno Bonilla, aunque no fuera sino una cortina de humo para tapar la bronca continua y los recortes.

Recorta a la mitad las partidas destinadas a los sindicatos y organizaciones empresariales; impulsará desde el curso 2027/2028 la concertación "progresiva" del Bachillerato; el acuerdo explicita que los grupos parlamentarios de la coalición aprobarán una Ley de Concordia que "sustituya la normativa vigente en materia de memoria histórica", entre otros puntos.

Un acuerdo programático que deja en suspenso, si alguien se lo creyó, la vía andaluz, que propugnaba Moreno Bonilla, aunque no fuera sino una cortina de humo para tapar la bronca continua y los recortes.

El pasado 7 de junio, en el análisis en que El Independiente de Granada vislumbra, como así ha sido, una negociación para llevar a Andalucía a la derecha extrema, nos preguntábamos hasta dónde claudicaría Moreno Bonilla ante la extrema derecha para ser de nuevo presidente.

La respuesta está en el pacto sin corazón, ni alma, que encoge Andalucía, que pone en seria duda el progreso de Andalucía y que la sitúa décadas atrás y que olvida a aquel Moreno Bonilla enarbolado en la bandera blanca y verde para abrir paso a una época de azul oscuro casi negro.