Artículo de opinión por Agustín Martínez

'Feijóo: El peor presidente posible'

Política - Agustín Martínez - Jueves, 9 de Julio de 2026
Un artículo de Agustín Martínez sobre el discurso de Alberto Núñez Feijóo, el líder del PP, y lo que representa. Lectura recomendada.
Núñez Feijóo, en el pleno del 24 de junio.
Congreso
Núñez Feijóo, en el pleno del 24 de junio.

Quien llegó a Madrid dese su Galicia natal para “hacer política para adultos”, puede ser -en caso de que él quiera y los votos se lo permitan- en el peor presidente de la historia democrática de este país.

Su inconsistencia intelectual, su nulo carisma, su escasísisma personalidad política y su probada capacidad por meter la pata allá por donde transita, anularían cualquier posibilidad de acceder a la Moncloa si viviéramos en un país normal… cosa que está por ver.

Hay momentos en la historia democrática de un país en los que el debate deja de ser una simple confrontación entre programas económicos, modelos fiscales o recetas para gestionar la administración. Hay momentos en los que lo que realmente está en juego es la naturaleza misma de la democracia, el alcance de los derechos conquistados durante décadas y la capacidad de una sociedad para impedir que el reloj de la historia empiece a caminar hacia atrás. España se encuentra precisamente en uno de esos momentos. Y por eso resulta inquietante comprobar la deriva de Alberto Núñez Feijóo, un dirigente que parecía querer ocupar el espacio del centro político y que ha terminado compitiendo con Vox para demostrar quién representa con mayor fidelidad la agenda de la derecha más reaccionaria.

Lo verdaderamente preocupante no es que Feijóo aspire a gobernar con el apoyo de Vox. Eso ya era una posibilidad conocida. Lo alarmante es que haya decidido adoptar gratuitamente buena parte del programa de Santiago Abascal antes incluso de sentarse a negociar

Lo verdaderamente preocupante no es que Feijóo aspire a gobernar con el apoyo de Vox. Eso ya era una posibilidad conocida. Lo alarmante es que haya decidido adoptar gratuitamente buena parte del programa de Santiago Abascal antes incluso de sentarse a negociar. La denominada "prioridad nacional", un concepto que discrimina a los ciudadanos en función de su origen y que choca frontalmente con el principio constitucional de igualdad, ha dejado de ser patrimonio exclusivo de la ultraderecha para convertirse en un guiño del líder del Partido Popular. Cuando un partido constitucional empieza a normalizar propuestas cuya compatibilidad con la Constitución resulta, como mínimo, enormemente discutible, la alarma democrática debería sonar con toda intensidad.

No menos inquietante resulta el mensaje lanzado sobre las prestaciones por incapacidad temporal. Convertir la baja médica en un sospechoso privilegio y poner en cuestión la protección económica de quien enferma supone atacar uno de los pilares básicos del Estado social. Nadie elige ponerse enfermo. Nadie disfruta viendo reducida su capacidad laboral por una enfermedad o un accidente. Sembrar la sospecha permanente sobre miles de trabajadores que ejercen un derecho reconocido es abrir la puerta a una concepción profundamente regresiva de las relaciones laborales, donde el trabajador deja de ser un ciudadano protegido para convertirse en un potencial defraudador.

El respaldo de Feijóo a la extravagante ley del "concebido no nacido" impulsada por Isabel Díaz Ayuso no es una simple anécdota legislativa. Es un síntoma

La misma lógica aparece en el terreno de los derechos de las mujeres. El respaldo de Feijóo a la extravagante ley del "concebido no nacido" impulsada por Isabel Díaz Ayuso no es una simple anécdota legislativa. Es un síntoma. Más aún cuando el propio líder popular ha restado carácter fundamental al derecho al aborto. Quienes pensaban que el PP había asumido definitivamente los consensos democráticos construidos durante décadas empiezan a descubrir que esos consensos vuelven a estar abiertos a revisión. Y cuando un derecho deja de considerarse plenamente consolidado, siempre aparece alguien dispuesto a restringirlo un poco más.

Algo parecido sucede con la denominada Ley de Nietos. Cuestionar o dificultar el acceso a la nacionalidad española para los descendientes de quienes sufrieron el exilio, la represión o la persecución durante la Guerra Civil y la dictadura franquista transmite un mensaje profundamente inquietante. No se trata únicamente de una cuestión administrativa. Es una determinada forma de entender la memoria democrática. Es la persistencia de una incomodidad histórica que demuestra que una parte de la derecha española sigue sin haber roto del todo el cordón umbilical que la une a su herencia franquista.

Como tampoco es casual que vuelvan a ponerse sobre la mesa posibles modificaciones de las leyes que protegen los derechos del colectivo LGTBI. Los avances en igualdad nunca son irreversibles. Basta observar lo que está ocurriendo en numerosos países para comprender que los derechos civiles pueden retroceder cuando quienes gobiernan dejan de considerarlos una prioridad. Y los mensajes lanzados desde la dirección del PP apuntan precisamente en esa dirección.

Paradójicamente, mientras endurece su discurso en inmigración, derechos sociales o memoria democrática, Feijóo pretende pasar página respecto al procés después de haber convertido durante años cualquier intento de normalización institucional en Cataluña en un arma de confrontación permanente

Paradójicamente, mientras endurece su discurso en inmigración, derechos sociales o memoria democrática, Feijóo pretende pasar página respecto al procés después de haber convertido durante años cualquier intento de normalización institucional en Cataluña en un arma de confrontación permanente. La contradicción resulta difícil de ocultar. Lo que ayer era una cesión intolerable hoy se presenta como una etapa superada. Lo que antes merecía la máxima descalificación ahora deja de tener importancia. Una inconsistencia política que evidencia que los principios pesan menos que la estrategia electoral.

Quizá el dato más revelador sea el entusiasmo con el que Vox contempla esta evolución. En el partido de Abascal apenas necesitan presionar: Feijóo está incorporando espontáneamente buena parte de su discurso. Y eso significa que, llegado el momento de negociar una investidura, las exigencias de la ultraderecha no disminuirán, sino que aumentarán. Porque cuando alguien entrega gratis una parte tan relevante de su programa, la siguiente exigencia siempre será ir un paso más allá.

Por todo ello, el verdadero debate ya no consiste en si Feijóo será un presidente moderado o conservador. La cuestión es mucho más profunda: si España puede permitirse a un presidente dispuesto a revisar derechos sociales, relativizar derechos civiles, cuestionar consensos constitucionales y asumir como propio el marco ideológico de la extrema derecha. Quien aspire a presidir una democracia consolidada debería ampliar libertades, fortalecer derechos y construir consensos. Porque las democracias no suelen perderse de golpe. Empiezan a erosionarse cuando los discursos que parecían impensables dejan de escandalizar y comienzan a presentarse como perfectamente normales.