Geopolítica del miedo (III): tiranía y resistencia en Estados Unidos

Saben y enseñan los politólogos que las ideologías no desaparecen, que permanecen agazapadas en el recuerdo crítico de la memoria colectiva de los pueblos. Por eso hay franquistas en España, nazis en Alemania, estalinistas en Rusia, maoístas -son legión-en China, pinochetistas en Chile...
Y todo eso explicaría que con la lógica e inevitable puesta al día de todas esas monstruosas alucinaciones, periódicamente haya un repunte, un resurgir de ideologías tramadas hace ya más de un siglo.
Hemos vivido con la convicción subliminal de que nada eso iba a suceder en los Estados Unidos porque pensábamos que de alguna forma EEUU estaba exento de esas formas políticas nacidas en la vieja Europa, y que no cabía esperar de allí sino democracia de calidad, imperio de la ley y garantías constitucionales. Pero la llegada de Donald Trump a la presidencia ha puesto de manifiesto que un brote agudo y violentísimo de algo muy parecido al fascismo está ocurriendo al otro lado del Atlántico. Ninguno de los presidentes republicanos de EEUU osó poner en práctica siquiera una mínima parte de los horrores que ya se están haciendo cotidianos en el país más poderoso del mundo. No ocurrió con Nixon, ni con Gerald Ford, ni con Ronald Reagan, ni con ninguno de los Bush (padre e hijo).
Bajo el primer gobierno de Trump, George Floyd un afroamericano de 46 años de edad, fue cruelmente asesinado en Minneapolis por un policía que le presionó con la rodilla el cuello impidiéndole respirar hasta que Floyd murió
Bajo el primer gobierno de Trump, George Floyd un afroamericano de 46 años de edad, fue cruelmente asesinado en Minneapolis por un policía que le presionó con la rodilla el cuello impidiéndole respirar hasta que Floyd murió. Floyd suplicó clemencia al policía. Floyd advirtió al policía con buenas maneras, educadamente -a pesar del sufrimiento indecible al que estaba siendo sometido- de que no podía respirar, de que le iba faltando la vida. Floyd fue perdiendo fuerza y resuello bajo la rodilla del policía, que no aflojó la presión durante interminables 9 minutos y 29 segundos. Poco antes de perder definitivamente el conocimiento el pobre de Floyd, entre la desesperación y la falta de plena de conciencia, llamó a su madre. Ni eso le hizo al policía reconsiderar lo que estaba haciendo y aflojar la fuerza. Como era de esperar, Floyd agonizó y finalmente murió. Los otros tres policías presentes no intervinieron más que, uno de ellos para inmovilizar el cuerpo de Floyd, y los otros para impedir que los transeúntes pudieran intervenir y ayudarle.
En ese ya lejano 2016, la justicia funcionó, se aplicó la ley y el policía, Derek Chauvin, (“estampemos su nombre para maldecirlo” que diría Gregorio Marañón) fue condenado a 22 años de prisión. Los otros tres (Thomas Lane, Alexander Kueng y Tou Thais) fueron condenados a tres años y seis meses de prisión.
Los “logros” de Trump en su primer mandato fueron: hacer chanzas sobre la gravedad de la COVID-19 y proponer el uso desinfectante como terapia, calificar a la prensa como “el enemigo del pueblo”, justificar la violencia de grupos supremacistas, poner en duda la limpieza de los procesos electorales, prohibir la entrada a ciudadanos provenientes de países musulmanes, separar a niños de sus padres en la frontera con México, retirar EEUU del acuerdo de París contra el cambio climático…
Una sola de esas decisiones hubiera sido suficiente para no volver a ser reelegido en prácticamente ningún país donde se respeten los derechos humanos. Pero en el EEUU actual, está claro que no ha sido así.
Pudiera parecer anecdótico, pero en mi opinión es revelador y significativo, el hecho de que ya en enero de 2016 Trump, dijera en un acto de campaña en Iowa que “yo podría plantarme en mitad de la Quinta Avenida, disparar a alguien, y no perdería ni un solo voto”. A la vista de lo ocurrido, sabía muy bien lo que se decía.
De hecho, tras todos esos despropósitos, y otros más, a 77 millones de estadounidenses les dio el alma para votar a Trump y hacerlo presidente de los EEUU por segunda vez. Muchas desgracias llamaron entonces a la puerta de los más débiles: afroamericanos, colectivos LGTBI, latinos, inmigrantes y demás desfavorecidos.
Hubo sin embargo prebendas generosas para los asaltantes al Capitolio, que fueron indultados unos y conmutados la pena otros, por el presidente Trump el mismo primer día de su segundo mandato.
La brutalidad y la saña con la que la policía ICE (policía de inmigración y control de aduanas) se ha empleado contra pacíficos manifestantes en Minnesota ha costado ya la vida a dos ciudadanos "de bien" estadounidenses
La brutalidad y la saña con la que la policía ICE (policía de inmigración y control de aduanas) se ha empleado contra pacíficos manifestantes en Minnesota ha costado ya la vida a dos ciudadanos "de bien" estadounidenses. Esta vez no eran negros, ni eran inmigrantes, ni tenían un acento sospechoso, ni eran morenos, ni hablaban español... y a pesar de todo eso los paramilitares de Trump los asesinaron a sangre fría. Tres disparos en la cara a Renée Good mientras intentaba salir conduciendo su coche para evitarse más problemas en un contexto de protesta, y diez disparos a quemarropa a Alex Pretti, un enfermero que intentó proteger a una mujer de la violencia de los ICE.
Quiero decir con esto, que ya ni siquiera los mismos ciudadanos estadounidenses nacidos y crecidos allí, están a salvo del salvajismo del cuerpo parapolicial de Trump. En contra de lo que evidencian los videos que se grabaron, es decir, la innegable gratuidad de esas muertes, la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, decía e insistía en que "los policías actuaron en defensa propia frente a terroristas domésticos". Con evidente desprecio y cinismo por la verdad y la responsabilidad.
Los ICE han sembrado el terror en los territorios en los que Trump los ha desplegado. Y ese es su trabajo: aterrorizar
Los ICE han sembrado el terror en los territorios en los que Trump los ha desplegado. Y ese es su trabajo: aterrorizar. Saltándose la ley entran en las viviendas sin la preceptiva orden judicial para llevarse detenidos ciudadanos sobre los que no hay orden de arresto. Apalean a la gente en la calle, rocían con gas pimienta a los manifestantes, rompen las ventanillas de los coches cuyos conductores se resisten a salir, utilizan cañones acústicos que pueden llegar a provoca sordera y fuertes dolores agudos contra los manifestantes.
Los ICE han llevado a distintas ciudades de EEUU a una experiencia extrema: la de verificar a qué extremos inconcebibles es capaz de llegar la ruindad y la maldad humana. El ICE detiene niños y los utilizan para localizar a sus padres y así poder detenerlos. Esto es, utilizan a los niños como cebo.
Las manifestaciones de protesta con los lógicos conatos de violencia no se han hecho esperar. La sociedad civil ha empezado a reaccionar frente a los paramilitares del ICE y Trump ve como pierde apoyos. Es por eso por lo que por pura táctica, ha destituido a Gregory Bovino, el bestial jefe de los ICE.
Por pura conveniencia estratégica, Donald Trump ha sustituido al temido Bovino, por Tom Homan al que llaman “el zar de la frontera”, un tipo inmisericorde como Bovino al que solo separan de Bovino las formas: Bovino viste capas que recuerdan a las que vestían los nazis y Homan viste traje y corbata.
Bajo la férula de estos dos, los detenidos y recluidos en centros del ICE han aumentado un 260%.
La sociedad civil ha empezado a reaccionar y se manifiestan a diario bajo temperaturas de hasta 10 ºC bajo cero. Una ola de indignación recorre EEUU: la ola del antifascismo. Y es cierto también que una red espontánea de solidaridad ha surgido entre los mismos ciudadanos: matronas que visitan a mujeres embarazadas que temen salir a la calle porque pueden ser detenidas y deportadas, médicos que visitan enfermos que tampoco se atreven a desplazarse a los hospitales, repartidores de supermercados que les llevan comida a los que presa del pánico se quedan recluidos en sus casas. Esa gente me da una honda y confortable esperanza, la de que no todo está perdido y los estadounidenses no consentirán a la tiranía.
Bruce Springsteen - Streets Of Minneapolis
Si no tuviste la oportunidad de leerlos o quieres volver a hacerlo, puedes consultar los anteriores artículos en estos enlaces:
-
'Geopolítica del miedo (II): Votar tiene consecuencias'
-
'Geopolítica del miedo (I): el mundo de Trump'
Federico Zurita, profesor del Departamento de Genética e integrante del "Instituto de la Paz y los Conflictos" de la UGR.































