Artículo de Opinión por Martín Blanco

'Lo más revelador de la huelga del Sindicato Médico en Andalucía no es la huelga'

Política - Martín Blanco - Lunes, 13 de Abril de 2026
Martín Blanco analiza las claves sobre la movilización por el Estatuto Marco y la posición del Sindicato Médico y la Junta de Andalucía. Para leer y compartir.
Sillas a la entrada de las Urgencias del San Cecilio.
IndeGranada
Sillas a la entrada de las Urgencias del San Cecilio.

Lo más revelador de esta historia no es la huelga. Es el teatrillo. Una comedia de esas en que cada cual llega con el papel aprendido, nadie quiere decir quién lleva la llave y el público, que es quien paga la entrada y quien espera en la sala, acaba mirando sin entender muy bien qué se representa.

Conviene aclarar desde el principio de quién estamos hablando, porque en este tipo de conflictos la confusión también es parte del método. No hablamos de los médicos. Hablamos del Sindicato Médico, un actor con agenda propia, intereses corporativos concretos y una habilidad notable para presentarse como portavoz de lo que no siempre representa. Que haya médicos que suscriban sus posiciones no lo convierte en la voz del colectivo, igual que el portavoz de un gremio no es lo mismo que el gremio.

Moreno Bonilla mirando el conflicto desde la distancia del afectado, como si San Telmo fuera una tribuna y no el despacho desde el que se decide quién trabaja, cómo se organizan los centros, qué se negocia y qué se aplaza

Dicho esto, vayamos al gobierno. Porque lo verdaderamente llamativo de estos tiempos no ha sido la convocatoria en sí, sino el tono con que la Junta de Andalucía ha respondido a ella. El consejero de Salud hablando de las reivindicaciones con esa simpatía comprensiva de quien pasa por la plaza a curiosear, y no de quien lleva años con las manos en el volante. Moreno Bonilla mirando el conflicto desde la distancia del afectado, como si San Telmo fuera una tribuna y no el despacho desde el que se decide quién trabaja, cómo se organizan los centros, qué se negocia y qué se aplaza. No se puede estar en la pancarta y en el sillón a la vez. O se gobierna o se comenta. Aquí llevan un tiempo haciendo las dos cosas, y eso tiene un nombre: gestión del relato en lugar de gestión del sistema.

Cuando el sindicato convierte todo el conflicto en agravio estatal, simplifica un problema que tiene en la gestión su peso en Andalucía, y le ofrece a Moreno Bonilla una coartada de lujo. No es ignorancia. Es estrategia. Y funciona mientras nadie la nombre

El Sindicato Médico, por su parte, ha hecho lo suyo con oficio confundiendo planos de manera interesada. Ha puesto acento madrileño a reclamaciones que, en su mayor parte, se guisan y se comen aquí. Hay cuestiones nucleares del Estatuto Marco -la clasificación profesional, los límites generales de jornada y descansos o el marco básico de negociación- que pertenecen al ámbito estatal. Pero la organización efectiva de plantillas, la distribución concreta de las guardias, buena parte de la política retributiva, las políticas de compatibilidades y la gestión cotidiana del trabajo descansan en cada servicio de salud. En Andalucía, eso significa SAS y Junta. Por eso, cuando el sindicato convierte todo el conflicto en agravio estatal, simplifica un problema que tiene en la gestión su peso en Andalucía, y le ofrece a Moreno Bonilla una coartada de lujo. No es ignorancia. Es estrategia. Y funciona mientras nadie la nombre.

Conviene reconocer, sin embargo, que el malestar médico no es inventado ni trivial. Hay reivindicaciones de fondo que merecen ser tomadas en serio: una clasificación profesional que reconozca y exija mejor formación, especialización, formación continua y responsabilidad clínica; una jornada ordinaria más razonable; una revisión de las guardias en su duración, descanso, retribución y trabajo organizado; y medidas que frenen la fuga de profesionales de un sistema público que lleva demasiado tiempo descansando sobre la sobrecarga, la mala conciliación y el desgaste. Negar esa parte sería tan tramposo como fingir que todo se decide en Madrid.

Y ese desgaste no es una consigna. Se ve en cómo se sostienen las agendas, en la cobertura estructural de ausencias mediante sobrecarga ordinaria, en la dependencia del sistema respecto de la continuidad asistencial y en la distancia entre los objetivos declarados y la realidad operativa.

Cuando una reivindicación legítima se usa para cerrar el foco sobre una sola profesión en un sistema que funciona de manera necesariamente multiprofesional, el discurso se estrecha y la causa pierde amplitud

Ahora bien, una cosa es el fondo del malestar y otra el uso que se hace de él. Porque aquí no hay solo protesta contra disfunciones reales del sistema; hay también la tentación de presentar como interés general lo que a veces es interés corporativo de parte. El colectivo médico tiene singularidades objetivas -formación prolongada, responsabilidad clínica, penosidad de determinadas guardias y papel central en la mayoría de las decisiones asistenciales-, pero de ahí no se sigue que toda su agenda sea automáticamente la agenda del sistema ni que el resto de categorías profesionales deban quedar subordinadas a ese marco. Cuando una reivindicación legítima se usa para cerrar el foco sobre una sola profesión en un sistema que funciona de manera necesariamente multiprofesional, el discurso se estrecha y la causa pierde amplitud.

Y, por si faltara algo, conviene añadir otra cosa, porque también forma parte del cuadro: la movilización ha existido, pero conviene no exagerar su alcance ni minimizarlo según convenga. El seguimiento difundido por el SAS en la segunda semana laboral completa de huelga se movió en torno al 22-25,5%, mientras el sindicato reivindica cifras muy superiores si se excluyen servicios mínimos, guardias y salientes. Es decir: hay malestar real, capacidad de daño y voluntad de conflicto, pero no una identificación automática entre el conjunto del colectivo médico y la estrategia concreta del Sindicato Médico. Presentarlo como clamor unánime falsea la foto; despacharlo como ruido marginal, también. Y que luego el SAS tenga que activar medidas especiales para recuperar centenares de miles de actos suspendidos no desmiente el carácter político del conflicto: muestra hasta qué punto una sanidad ya tensionada absorbe cualquier paro con un coste asistencial acumulativo.

Conviene no confundir esta huelga con otra cosa distinta. Las manifestaciones de este fin de semana en defensa de la sanidad pública andaluza han mostrado un malestar social más amplio, con pacientes, profesionales de distintas categorías y ciudadanía sin necesidad de convertir una agenda corporativa en catecismo universal. Precisamente por eso sirven de contraste: una cosa es una protesta cívica por el deterioro del sistema, y otra una huelga del Sindicato Médico que sigue intentando hacer pasar por interés general lo que, visto de cerca, continúa siendo en buena medida interés de parte. Mezclar ambas cosas solo favorece a quien necesita tapar con la bandera de la sanidad pública un conflicto que nació en otro sitio y por otros motivos.

El sistema lleva ocho años KO, pero el espectáculo lo montan para que nadie tenga que responder de ello. La Junta habla como tertuliana de su propia gestión

Porque fuera del teatrillo hay miles de profesionales que sostienen la sanidad pública con pocas armas y mucho aguante. Médicos, enfermeras, psicólogos, técnicos, administrativos, celadores que llegan al límite cada mañana sin que nadie los convoque a ningún plató. Que la atención siga funcionando en muchos sitios no desmiente la crisis: la confirma. Confirma que el sistema sobrevive a costa de un esfuerzo que no es sostenible, que el esfuerzo cotidiano de esos profesionales se usa como coartada para no acometer las reformas de gestión que llevan años pendientes, y que confundir resistencia con normalidad es otra forma de gobernar sin gobernar.

Y aquí está el fondo del asunto. No es solo una crisis sanitaria ni un conflicto laboral. Es una crisis de verdad pública: nadie dice con claridad quién decide qué, quién puede actuar, quién se escaquea y quién convierte esa confusión en ventaja política o sindical. El sistema lleva ocho años KO, pero el espectáculo lo montan para que nadie tenga que responder de ello. La Junta habla como tertuliana de su propia gestión. El Sindicato Médico protesta como si acabara de aterrizar ayer, como si no llevara años negociando y como si no tuviera responsabilidad en la deriva actual de la sanidad andaluza. Y entre los dos se reparten foco, titulares y coartadas.

El problema de la sanidad andaluza no se solucionará mientras quienes gobiernan Andalucía hablen como si no mandaran y quienes presionan corporativamente actúen como si no supieran dónde se decide

El problema de la sanidad andaluza no se solucionará mientras quienes gobiernan Andalucía hablen como si no mandaran y quienes presionan corporativamente actúen como si no supieran dónde se decide. El Ministerio podrá haber abierto con más o menos acierto debates que hacía falta abrir; pero eso no convierte a la Junta en espectadora ni le permite comentar desde la grada un sistema cuya gestión cotidiana le corresponde. Así no hay quien arregle nada. Y los que pagan la función, como siempre, son los que esperan.

Pronto estará en nuestras manos darle la vuelta a este rumbo torcido. Asoman voces que no se resignan a seguir contando los desconchones de la casa, sino que empiezan a hablar de cómo arreglarla, con menos comedia y más acciones.

Martín Blanco. En su dilatada experiencia en gestión de la sanidad pública en Andalucía, Martín Blanco -(Lugo, 1958) es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Santiago de Compostela y máster en Gestión Sanitaria por la Escuela de Servicios Sanitarios y Sociales y la Fundación Rey Alfonso XIII- ha sido director Económico Administrativo y de Servicios Generales del Hospital Universitario Virgen de las Nieves (1992-2010); gerente de la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP) (2010-2012); director general de Profesionales del Servicio Andaluz de Salud (SAS) (2013-2015); secretario general de Planificación y Evaluación Económica de la Consejería de Igualdad, Salud y Políticas Sociales (2015-2017); Viceconsejero de Salud de la Junta de Andalucía (2015-2017) y Director general del Parque Científico y Tecnológico Cartuja, S.A. (2017- 2019).