Artículo de Opinión por Martín Blanco

'La modernización silenciada de la sanidad andaluza' (III)

Política - Martín Blanco - Domingo, 3 de Mayo de 2026
En la tercera entrega de la serie dedicada a la sanidad pública andaluza que firma Martín Blanco, un artículo imprescindible que hace memoria.
Imagen de 2017 de una investigadora en el centro Genyo.
J.M.G./Junta archivo
Imagen de 2017 de una investigadora en el centro Genyo.

«La medicina es una ciencia social, y la política no es sino medicina a gran escala».

Rudolf Virchow

La izquierda no necesita convertir su pasado en una estampita. Pero tampoco puede aceptar que otros lo conviertan en una escombrera. Entre la hagiografía y el estercolero hay un recurso bastante útil, aunque hoy cotice poco: la memoria.

Durante años se ha querido instalar un relato cómodo: que la sanidad andaluza vivió antes de 2019 una etapa oscura, marcada solo por recortes, deterioro y errores de gestión

Durante años se ha querido instalar un relato cómodo: que la sanidad andaluza vivió antes de 2019 una etapa oscura, marcada solo por recortes, deterioro y errores de gestión. Un relato muy práctico. Para la derecha, porque le permite presentar cualquier decisión actual como reparación de un desastre heredado. Para cierta izquierda acomplejada, porque la empuja a aceptar sin matices la caricatura del adversario, como si hacer autocrítica exigiera entregarle también las llaves del archivo.

Pero el relato no solo es incompleto. Es falsario.

No se trata de negar lo evidente. Los años anteriores a 2019 estuvieron marcados por la crisis, la austeridad impuesta desde el Gobierno de Rajoy, con Montoro en Hacienda, y decisiones que dejaron heridas: tensiones laborales, demoras, conflictos profesionales e insuficiencias reales. Una izquierda seria no puede fingir que aquel malestar fue un invento. Pero una cosa es hacer memoria crítica y otra aceptar que la derecha ordene el archivo dejando a la vista solo las facturas que le interesan.

Meter todo lo anterior a 2019 en el mismo saco resulta cómodo, pero muy poco honrado y muy empobrecedor

Conviene, además, ordenar los tiempos. Entre 2004 y 2012 se desplegó una etapa de construcción modernizadora, con María Jesús Montero al frente de la Consejería de Salud. Después, entre 2012 y 2018, ya bajo el golpe de la austeridad y con distintas responsabilidades de gobierno, esa arquitectura se mantuvo y avanzó: se sostuvieron piezas importantes y se abrieron líneas nuevas, aunque siguieran acumulándose problemas. Meter todo lo anterior a 2019 en el mismo saco resulta cómodo, pero muy poco honrado y muy empobrecedor.

Entre 2004 y 2012 Andalucía no se limitó a administrar hospitales. Construyó una arquitectura pública de modernización sanitaria

Entre 2004 y 2012 Andalucía no se limitó a administrar hospitales. Construyó una arquitectura pública de modernización sanitaria: Diraya, Receta XXI, Salud Responde, historia clínica digital, cita sanitaria telemática, Biblioteca Virtual del Sistema Sanitario Público de Andalucía, IAVANTE, Estrategia para la Seguridad del Paciente y Procesos Asistenciales Integrados. A ello se sumaron la ampliación de los derechos y garantías de la ciudadanía: segunda opinión médica, voluntad vital anticipada, Ley de Muerte Digna, Ley de Salud Pública de Andalucía, diagnóstico genético preimplantatorio, tiempos máximos de respuesta y evaluación pública de tecnologías sanitarias. También se reforzaron programas poblacionales de prevención, como el cribado neonatal; se impulsó un ecosistema público de investigación biomédica en torno a CABIMER, GENYO, IBiS, la Fundación Progreso y Salud y las fundaciones biosanitarias. Junto a todo ello, la red pública ganó capilaridad territorial con la puesta en marcha o integración de más de una docena de hospitales comarcales y de alta resolución, acercando atención especializada a territorios antes más dependientes de los grandes hospitales provinciales.

No era una colección de ocurrencias ni una feria de siglas para vestir memorias. Era una forma de concebir la sanidad pública como sistema: digital, integrada, científica, garantista, evaluable y con capacidad propia. Que Andalucía reconociera plazos máximos para operar, diagnosticar o acceder a una primera consulta significaba algo muy concreto: el tiempo asistencial empezaba a tratarse como un derecho ciudadano, no como una simple variable administrativa.

Entre el 2012 y el 2018, a pesar de la austeridad impuesta, Andalucía no se limitó a resistir como pudo, sino que siguió dejando obra hecha en varios frentes

Entre el 2012 y el 2018, a pesar de la austeridad impuesta, Andalucía no se limitó a resistir como pudo, sino que siguió dejando obra hecha en varios frentes. En planificación sanitaria para mejorar la calidad de la atención con el IV Plan Andaluz de Salud, el Plan Andaluz de Atención Integrada a Pacientes con Enfermedades Crónicas, la Estrategia para la Renovación de la Atención Primaria y la Estrategia de Formación. En salud pública y prevención, la Evaluación de Impacto en Salud, el mantenimiento del cribado de cáncer de mama, el inicio del cribado de cáncer colorrectal y la continuidad de los planes integrales de salud mental, oncología, diabetes, ictus, cuidados paliativos, genética clínica, enfermedades raras, dolor y seguridad del paciente. En derechos y atención a colectivos sensibles, con el Decreto de Atención Infantil Temprana de 2016 y la garantía de 180 días para la reconstrucción mamaria postmastectomía tras cáncer. En investigación e innovación, con la creación del Biobanco del Sistema Sanitario Público de Andalucía en 2013, la coordinación de la Red de Fundaciones Gestoras de la Investigación del SSPA y la transferencia de tecnología sanitaria. Y en defensa del interés público, con la selección pública de medicamentos, la resistencia al copago hospitalario y la preservación de la universalidad frente al decreto de limitación de derechos establecido por Rajoy. También se desplegaron nuevas infraestructuras, entre ellas el nuevo Hospital Universitario del Campus de la Salud de Granada, y se amplió una red de Atención Primaria que al final de la etapa superaba los 1.500 dispositivos asistenciales entre centros de salud, consultorios locales y consultorios auxiliares.

Basta repasar lo anterior y comprobar cuántas de aquellas piezas siguen hoy en pie, cuántas se han consolidado y cuántas se exhiben ahora como si hubieran nacido por generación espontánea

No era ese solar con rastrojos que algunos necesitan dibujar para justificar el presente. Basta repasar lo anterior y comprobar cuántas de aquellas piezas siguen hoy en pie, cuántas se han consolidado y cuántas se exhiben ahora como si hubieran nacido por generación espontánea. El cribado de cáncer de mama es solo un ejemplo: conviene recordarlo precisamente cuando quienes heredaron estructuras, programas y derechos prefieren hablar como si antes de ellos solo hubiera habido polvo, maleza y una placa oxidada en la puerta del SAS.

Y ahí encaja el uso político que hoy se hace de María Jesús Montero. No se trata de blindar biografías ni de pedir indulgencia a nadie. Pero cuando no se quiere discutir la sanidad, se discute la biografía; y cuando no se puede borrar del todo lo que se hizo, se intenta manchar el contexto en que se hizo. La operación consiste en que el nombre de Montero no remita a una etapa compleja, sino a una sospecha permanente.

El objetivo es evidente: cargar sobre una dirigente todo el peso simbólico de la crisis anterior para que el gobierno actual pueda presentarse como reparación. Pero el debate sanitario andaluz de 2026 no está en si hace quince años se cometieron errores. La cuestión a debatir es qué se está haciendo ahora con más presupuesto, más margen fiscal, más capacidad de decisión y sin los recortes dictados entonces desde Madrid por el Gobierno de Rajoy.

La pregunta, por tanto, no es si Andalucía debe volver a 2012 ni si debe resignarse al rumbo de los últimos años. La cuestión es si va a renunciar a lo mejor de aquella modernización o actualizarla para una nueva etapa

La pregunta, por tanto, no es si Andalucía debe volver a 2012 ni si debe resignarse al rumbo de los últimos años. La cuestión es si va a renunciar a lo mejor de aquella modernización o actualizarla para una nueva etapa: ambición digital, recuperación de la capacidad pública de información y evaluación para medir resultados y reducir esperas; investigación biomédica pública; Atención Primaria como eje del sistema; universalidad real; capacidad pública sobre medicamentos, datos, tiempos asistenciales y planificación; y transparencia para saber qué funciona y qué solo peina cifras antes de una rueda de prensa.

La alternativa no puede ser nostalgia ni amnesia. Andalucía necesita recuperar lo mejor de lo que empezó, corregir lo que falló y llevarlo más lejos. Ya demostró que podía modernizar lo común. Ahora tiene que volver a hacerlo antes de que nos expliquen, con mucha moderación y buenos modales, que esperar, pagar y callar también era modernizarse.

Si no tuviste la oportunidad de leer los primeros artículos o quieres volver a repasarlos:

Martín Blanco. En su dilatada experiencia en gestión de la sanidad pública en Andalucía, Martín Blanco -(Lugo, 1958) es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Santiago de Compostela y máster en Gestión Sanitaria por la Escuela de Servicios Sanitarios y Sociales y la Fundación Rey Alfonso XIII- ha sido director Económico Administrativo y de Servicios Generales del Hospital Universitario Virgen de las Nieves (1992-2010); gerente de la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP) (2010-2012); director general de Profesionales del Servicio Andaluz de Salud (SAS) (2013-2015); secretario general de Planificación y Evaluación Económica de la Consejería de Igualdad, Salud y Políticas Sociales (2015-2017); Viceconsejero de Salud de la Junta de Andalucía (2015-2017) y Director general del Parque Científico y Tecnológico Cartuja, S.A. (2017- 2019).