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402º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL ESCRITOR

La Granada que vivió Miguel de Cervantes

Cultura - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 22 de Abril de 2018
Al cumplirse hoy el 402º aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes te ofrecemos un fascinante reportaje sobre la estrecha vinculación del autor universal con esta tierra, que incluye vivencias personales, como recaudador de impuestos, y referencias al Reino de Granada en su obras literarias. Lo firma Gabriel Pozo Felguera. No te lo pierdas. Descubrirás pasajes que, probablemente, no sepas o revivirás con agrado.
En esta foto de 1936 se ve todavía intacta la trama urbana del barrio de la Mancebía de finales del siglo XVI  (actualmente zona de calle Ganivet, Correos y teatro Isabel la Católica).
Indegranada
En esta foto de 1936 se ve todavía intacta la trama urbana del barrio de la Mancebía de finales del siglo XVI (actualmente zona de calle Ganivet, Correos y teatro Isabel la Católica).
  • Cervantes estuvo en Granada como recaudador de impuestos en 1594; fue encarcelado en Sevilla por la deuda de los granadinos y allí comenzó a escribir el Quijote

  • Tanto en el Quijote como en sus novelas ejemplares incluyó varias referencias a lo vivido en su periplo por el Reino y la ciudad con su trabajo de alcabalero

Hoy se cumplen 402 años de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra. El inmortal escritor estuvo bastante relacionado con Granada. Más de lo que imaginamos, a pesar de que sólo se conoce una estancia suya por estas tierras con toda seguridad. Más otra probablemente. Muchos expertos opinan que comenzó a escribir Don Quijote de la Mancha cuando fue encarcelado por culpa de una deuda que no pudo cobrar a municipios granadinos. También él lo asegura así en el prólogo de esta gran obra de la literatura castellana. Granada y los granadinos tienen buena presencia en la obra cervantina, sin llegar a ser tanta como Sevilla, donde el escritor estuvo residiendo más de quince años.

El manco Miguel de Cervantes, en su madurez, no consiguió colocación en el virreinato de Nápoles ni tampoco en las Indias, como fue su deseo. Tuvo que conformarse con recorrer el Reino de Granada y Andalucía (dos regiones bien diferenciadas por entonces) como cobrador de impuestos para la hacienda real. En 1593 las cosechas fueron malas y las arcas de Felipe II se encontraba vacías; muchos pueblos de Granada dejaron de pagar sus impuestos (tercias, alcabalas y renta de la agüela). Este fue el motivo para que Miguel de Cervantes solicitara un contrato al rey: se comprometía a recaudar la deuda en cincuenta días.

Granada y los granadinos tienen buena presencia en la obra cervantina, sin llegar a ser tanta como Sevilla, donde el escritor estuvo residiendo más de quince años

Tras meses de espera, en junio de 1594 consiguió el empleo. Se le firmó provisión real el 23 de agosto de ese mismo año. Disponía de un plazo de cincuenta días para cumplir su trabajo eventual. Su salario sería de 550 maravedíes por jornada. (El precio de venta de los primeros ejemplares del Quijote fue de 290,5 maravedíes/unidad. Y ya puestos a hablar de precios, el salario de un peón no superaba los 30 ms., un pan solía costar entre 5-8 ms., una gallina 30 ms., una libra de pescado 12 ms., y un revolcón en la mancebía entre 20 y 30 ms. Un libro era un artículo de verdadero lujo, podía suponer el salario de una semana para un trabajador).

Deuda y estancia en Granada

En el antiguo régimen los sujetos fiscales no eran los ciudadanos, sino los ayuntamientos. Felipe II reclamaba a varias comarcas granadinas una deuda de 2.459.989 maravedíes, distribuidos de la siguiente manera: 854.134 a la Casa de la Moneda de Granada; 276.940 a la ciudad de Granada por la renta de la agüela; 454.824 a Ronda y su término; 174.885 a Loja y Alhama; 286.083 a Guadix y su partido; 34.000 a Baza y su comarca; y 374.123 a Almuñécar, Motril y Salobreña.

Según la documentación que obra en el Archivo de Simancas, sólo dos semanas después de salir de Madrid, es decir, el 9 de septiembre de 1594, ya estaba en Baza reclamando la deuda de esta población y la de todos los municipios que componían la comarca fiscal bastetana (Cúllar, Zújar, Caniles, Benamaurel, Freila, Macael … y varios más del valle del Almanzora).



Coliseo de Comedias, que estuvo situado entre las calles Mesones y Milagro. Era el principal corral de comedias cuando Cervantes estuvo en Granada. El edificio llegó hasta 1778.

A mediados de septiembre ya había cobrado también las deudas de la comarca de Guadix y se dispuso a tomar posada en Granada. Suponemos que lo haría en alguna de la calle de los Mesones donde era habitual el alojamiento de viajeros por aquellos años. Precisamente en esa misma calle, cerca del Puente de la Paja (actual Puerta Real) estaba recién inaugurado el Coliseo de Comedias; aquí solía representar sus obras la compañía de cómicos de Angulo el Malo, a quien Cervantes incluye en el pasaje Cortes de la Muerte de su Quijote.

Culpa de granadinos

Lo cierto es que Cervantes sólo consiguió cobrar el montante de la renta de la agüela de Granada, mientras que le emplazaron para las semanas siguientes, a ver si reunían la cantidad de la Casa de la Moneda.

El resto del mes de septiembre lo dedicó a llevar a buen término su oficio de alcabalero en la comarca de la Costa. Hay referencias a que el trayecto entre Granada y Motril lo efectuó en dos jornadas a lomos de caballo, para lo cual hizo noche en una posta de Talará que era propiedad de Pedro Delgadillo. En la ciudad de Motril surgió el primero de sus encontronazos con las autoridades, que a la postre le llevarían a la cárcel sevillana tres años después. Los motrileños le juraron y perjuraron que aquellos atrasos que él pretendía cobrarles ya habían sido satisfechos a la hacienda real a través del armador de Málaga D. Diego de Manrique; no estaban dispuestos a volverlos a pagar dos veces.  Siguió a Salobreña, Almuñécar, Vélez-Málaga, Alhama de Granada y Loja. Y regresó de nuevo a Granada. La voz del impago motrileño se había corrido entre los pueblos y alguno más (como fueron los casos de Salobreña, Almuñécar y Vélez) repitieron la respuesta de los avispados motrileños. Cervantes nunca consiguió cobrar el total de la deuda calculada por la hacienda real en Madrid.



Patio del Toro, único mesón que queda con corrala en la calle Mesones de Granada, con estructura similar a los muchos que existieron en el siglo XVI en esta zona.

En una carta de Cervantes al Rey, escrita en Granada el 8 de octubre de 1594, le dice que los tres pueblos costeros granadinos dejan a deber 374.123 maravedíes de los tres ejercicios anteriores. También solicitó una ampliación de plazo de veinte días. La respuesta de Felipe II fue obligarle a que regresara a los pueblos de Granada a cobrar la deuda y cumplir con lo contratado.

La mala fortuna persiguió al recaudador Cervantes durante su misión como cobrador en el Reino de Granada. Primero no le cuadraron las cuentas ante la hacienda real y después fue objeto de estafa por parte del banquero sevillano Simón Freire: depositó en la banca de este prestamista toda la recaudación de alcabalas para que las transfiriese a Madrid. Pero el sevillano banquero cayó en la bancarrota en cuestión de semanas y no tenía dinero para devolver el depósito a Cervantes

Cervantes pasó todo el mes de octubre de 1594 por los pueblos de Granada y la capital. Después prosiguió intentando cobrar: su rastro nos lleva a situarlo en Málaga para el 17 de noviembre; de aquí partió para Ronda el 9 de diciembre y el 15 del mismo mes estaba ya en Sevilla. Allí recibió una nueva carta del rey insistiéndole en que regresara a Granada a cobrar lo que faltaba. De esta carta y la ausencia de referencias suyas durante los primeros meses de 1595 es de donde deducimos que debió volverse a Granada a cobrar a la Casa de la Moneda; sin embargo, nunca regresó a los pueblos de la costa.

La mala fortuna persiguió al recaudador Cervantes durante su misión como cobrador en el Reino de Granada. Primero no le cuadraron las cuentas ante la hacienda real y después fue objeto de estafa por parte del banquero sevillano Simón Freire: depositó en la banca de este prestamista toda la recaudación de alcabalas para que las transfiriese a Madrid. Pero el sevillano banquero cayó en la bancarrota en cuestión de semanas y no tenía dinero para devolver el depósito a Cervantes.

En agosto de 1595, el juez de grados de Sevilla le apremió a que depositase fianza por el descuadre causado por los granadinos. Ahí empezaron sus problemas con la hacienda, que darían con sus huesos en la cárcel en el otoño de 1597 y no acabarían hasta muchos años más tarde. Cervantes nunca consiguió pagar los 2.347 maravedíes a que finalmente quedó reducida la cantidad impagada por Granada. En 1603 decidió abandonar Sevilla definitivamente y trasladarse a Toledo, con el Quijote ya muy avanzado.



Techumbre de la Cuadra Dorada, en la Casa de los Tiros. Fue una de las sedes de la tertulia literaria de los Granada Venegas (la otra fue el Palacio de los Infantes).

En la tertulia literaria de los Granada Venegas

Granada ya no era llama pura ni potencia cultural de primera cuando Cervantes estuvo en ella a finales del XVI, como lo había sido durante el primer tercio de la centuria. Comenzaba a decaer en beneficio de Sevilla y Madrid. Pero, al menos, mantenía los rescoldos de lo que fue en la brillante etapa de Carlos V.

Para 1594, Granada retenía potencia en la república de las letras. Cervantes lo reconoció a lo largo de sus obras, si bien no sabemos el grado de relación personal, epistolar o de influencia que tuvo con los autores granadinos del momento. Ya está demostrada la inspiración o relación del morisco Miguel de Luna en el Quijote, a partir de la obra Verdadera historia del rey don Rodrigo.



Portada de la tercera edición del libro del morisco Miguel de Luna, que estaba a la venta en el alcaná de Granada durante la estancia de Cervantes en esa ciudad.

Pero hubo otros muchos granadinos mencionados por Cervantes en sus escritos, a quienes dedica versos o muestra admiración y respeto por sus obras, casi todos ellos relacionados con la tertulia de Pedro Granada y Venegas (esta tertulia funcionó desde mediados del siglo XVI hasta la segunda década del XVII). Veamos unos cuantos: en Canto de Calíope y Viaje al Parnaso habla de Luis de Barahona Soto, Agustín de Tejada, Mira de Amescua, Sotos de Rojas, los hermanos Rodríguez de Ardila, Gregorio de Angulo, Bartolomé de Berrio, Joan de Faría, Andrés del Pozo, Juan Latino, María Juana de Espinosa, etc.

Hubo otros muchos granadinos mencionados por Cervantes en sus escritos, a quienes dedica versos o muestra admiración y respeto por sus obras, casi todos ellos relacionados con la tertulia de Pedro Granada y Venegas (esta tertulia funcionó desde mediados del siglo XVI hasta la segunda década del XVII

Al autor granadino que más menciona Cervantes es a Luis Barahona Soto. Éste era médico y poeta, autor de Las lágrimas de Angélica; este libro es salvado de las llamas por el cura y el barbero de la aldea de Don Quijote por tratarse de un buen texto. También en La Galatea le dedica unos versos: Tejed de verde láuro una corona/pastores, para honrar la dina frente/del Licenciado Soto Barahona/barón insigne, sabio y elocuente/. Al estar publicada La Galatea en 1584, es de suponer que Cervantes estaba al tanto de lo que se publicaba en Granada mucho antes de su venida como recaudador.

Con Soto de Rojas, canónigo de la iglesia del Salvador y poeta, tuvo una relación personal en Madrid. Los dos coincidieron allí en la academia literaria del Conde de Saldaña. A Soto y a Gregorio de Angulo dedicó unos versos en Viaje al Parnaso.

Gonzalo de Berrio tiene el mérito de haber escrito las primeras comedias de moros y cristianos. A este autor y al río Darro dedicó Cervantes un poema. De Andrés del Pozo escribió el siguiente terceto: “Anciano en ingenio y nunca mozo/humanista divino, según pienso/el insigne doctor Andrés del Pozo”. De Francisco de Farías habla en Rapto de Proserpina de Claudiano; de Pedro de Padilla en Viaje al Parnaso, etc.

La Mancebía de Granada, en el Quijote

Lo visto y vivido por Miguel de Cervantes en su estancia en Granada de 1594 (y probablemente en 1595) quedó grabado en su memoria o en las notas que tomara. Aquellos recuerdos fueron reflejados por el insigne autor en Don Quijote de la Mancha o en otras referencias en el resto de sus obras, que son bastantes a lo largo de sus páginas.

Cuando Cervantes recorrió el Reino de Granada como recaudador de impuestos -entre primeros de septiembre de 1594 y mediados de noviembre- se encontró con una tierra y una capital que experimentaba una profunda transformación social y urbanística. Era un hombre ya maduro para entonces (47 años). La primera vez que aparece Granada en el Quijote se refiere al más famoso lugar de pecado y perdición, entiéndase por tal la nombrada mancebía de esta ciudad. Estaba situada en el actual entorno de Plaza del Campillo/Bibataubín; la cerraba la destartalada muralla nazarita y el castillo de Bibataubín. Extramuros había un descampado y casuchas de mala muerte llamado Rondilla de Granada o Redonda del Darro. Durante los siglos XVI y XVII aquel punto de encuentro daba cobijo y lugar de reunión a bravos y pícaros. Allí paraba la gente de mal vivir y delincuente sin que la justicia la pudiera prender.



Coliseo de Comedias (círculo azul) y zona de la Mancebía (en rojo), por encima de la Rondilla del Campillo mencionada en el Quijote. Plataforma de Vico.

Esta es la primera referencia que hace Miguel de Cervantes a Granada casi nada más comenzar su Quijote, en el capítulo tercero, cuando el ventero socarrón le está armando caballero y cuenta cómo también él de joven se había dado al honroso oficio de la caballería andante y había tenido sus aventuras en los lugares de mayor fama de España para este tipo de lances con espada y furcias. Incluye la Rondilla de Granada junto con los Percheles de Málaga, Compás de Sevilla, Azogüelo de Segovia, Olivera de Valencia, Potro de Córdoba y Ventillas de Toledo. Desde luego, fama de buen barrio no  debía tener aquella Rondilla de Granada cuando es mencionada por méritos propios en la mejor novela de la lengua castellana.

El primitivo Cascamorras

Ya no vuelve a aparecer la tierra de Granada en el texto de Don Quijote hasta diez años después, o lo que es lo mismo, hasta que en 1615 se publicó su segunda parte. Aunque en realidad no menciona a Granada ni ciudad alguna de su Reino por su propio nombre, pero bien sabemos que en su memoria quedó bien grabada la escena que viera en su trayecto de Baza a Guadix, durante su trabajo como recaudador de impuestos en 1594, de tan infausto recuerdo para él.

La aventura de aquel primigenio Cascamorras la cuenta Cervantes en el capítulo XI de la segunda parte del Quijote, titulado “De la extraña aventura que le sucedió al valeroso don Quijote con el carro o carreta de las Cortes de la Muerte”.  La compañía con que se toparon Alonso Quijano y Sancho Panza venía de representar su obra en un pueblo y seguían vestidos de cómicos para hacerla seguidamente en otro pueblo cercano

Nos referimos a la aventura de la Bojiganga, que no fue otra cosa que el primitivo antecedente del hoy famoso Cascamorras. Se llamaba por aquel siglo de oro bojiganga a la compañía corta de farsantes, que representaba algunas comedias y autos sacramentales de pueblo en pueblo.

La aventura de aquel primigenio Cascamorras la cuenta Cervantes en el capítulo XI de la segunda parte del Quijote, titulado “De la extraña aventura que le sucedió al valeroso don Quijote con el carro o carreta de las Cortes de la Muerte”.  La compañía con que se toparon Alonso Quijano y Sancho Panza venía de representar su obra en un pueblo y seguían vestidos de cómicos para hacerla seguidamente en otro pueblo cercano. Uno de los personajes, provisto de palo y vejigas de vaca, espantó a Rocinante como si persiguiera a la chiquillería de Baza.

En este caso, Cervantes parodió la comedia Las cortes de la muerte de Lope de Vega, pero utilizó para ello a una compañía de teatro, la de Angulo el Malo, que existió realmente; cada año organizaba una tourné por las ciudades de Andalucía. Es más que probable que en 1594 estuviese actuando en el Coliseo de Comedias de Granada, que había sido inaugurado el año anterior en la calle de los Mesones (actual plaza de Cauchiles-calle Milagro).



Ilustración de la comparsa de Bojiganga (Cascamorras actual), según Gustave Doré.

Nuevamente vuelve a referirse a Granada en el capítulo 41, también de la segunda parte, donde todavía prosigue el cautivo huido de Argel la narración de su suceso. Se refiere al regreso de un morisco desengañado que vuelve a Granada, la que fue su buena patria, tras haber desembarcado en la costa de Vélez Málaga. Aquel mudéjar, como todavía seguía calificando Cervantes a los moriscos de Granada (aun sabiendo que hacía un siglo que ya no tenían ese estatus jurídico-religioso), regresa a entregarse a la Inquisición granadina.

También menciona a Granada, y a Loja, en unos versillos insertos en el capítulo 57 cuando se disponen a  despedirse del Duque tras su estancia en la Ínsula Barataria. Altisidora se despide de Sancho, tras haberle dado doscientos escudos de oro en un bolsillo.

“Voy a Granada, que es mi tierra”

No sabemos por qué Don Quijote, es decir, Miguel de Cervantes escoge a un granadino para hacerle una de las mayores confesiones, quejas y denuncias que contiene su novela y que quizás fuera el motivo por el que se decidió a escribir su inmortal libro, y muy especialmente la segunda parte. Aquel granadino al que decide confesarse, ya al final de su andadura en tercera salida, cuando Quijote y Sancho están cerca de su aldea de residencia, llevaba por nombre caballero Álvaro Tarfe.

No sabemos por qué Don Quijote, es decir, Miguel de Cervantes escoge a un granadino para hacerle una de las mayores confesiones, quejas y denuncias que contiene su novela y que quizás fuera el motivo por el que se decidió a escribir su inmortal libro, y muy especialmente la segunda parte

En el capítulo 72, titulado “De cómo don Quijote y Sancho regresan a su aldea”, se encuentran con la comitiva de granadinos que volvían a esta ciudad. Aunque no lo dice, Cervantes deja entrever que se trata de gente ilustrada, de letras y leyes ¿Podría tratarse de algún oidor o fiscal de la Real Chancillería que entendía de pleitos del Tajo para abajo? ¿Estaba tratando Cervantes de denunciar el plagio de que había sido objeto su Quijote por parte de un tal y desconocido Avellaneda?

Don Quijote pregunta al caballero Tarfe a dónde se dirige.

A lo que éste contesta: -Yo, señor, voy a Granada, que es mi tierra.

-¡Y buena patria! –replica Don Quijote.

El caballero andante, o sea, el mismísimo Cervantes, aprovecha para quejarse del grano que le había salido en el trasero, que no era otro, como dice, que “un tal Avellaneda, natural de Tordesillas”.

Pero en realidad, el caballero granadino Álvaro Tarfe no es un personaje creado por Miguel de Cervantes, sino procedente del Quijote Apócrifo escrito por el tal Avellaneda. Cervantes se lo lleva a su texto para, en su persona, poner firme a más de uno y desfacer entuertos ante los lectores que venía provocando aquel falso Quijote desde el año 1614.



Ilustración de la escena del Moro Tarfe, en un dibujo de Doré.

A las anteriores e importantes menciones a Granada y sus gentes que aparecen en el Quijote hay que sumar la mención encriptada al asunto del Pergamino de la Torre Turpiana, así como a la inspiración de la obra del morisco granadino Miguel de Luna, hasta el punto de utilizarlo como metanarrador del Quijote. Cervantes no se resistió a escribir de la cuestión político-religiosa más importante que tenía España por aquellos años. Ya al final de la primera parte el Quijote se refiere a ello, donde narra el epitafio de Alonso Quijano.

Venta del Molinillo

Pero no sólo incluyó referencias a Granada en el Quijote. También lo hizo en otras obras. Así, Rinconete y Cortadillo comienzan sus aventuras de pícaros en la Venta del Molinillo. Este lugar está situado a mitad de camino entre Guadix y Granada, de manera que en tiempos de arriería quedaba en el punto justo donde hacer noche a final de jornada. Esta venta funcionó como tal hasta 1992. Cervantes la sitúa en el camino de Castilla a Andalucía, en las cercanías de Alcudia. Evidentemente no está en esa trayectoria ni tampoco cerca de Alcudia, pero se refiere sin duda a este lugar andaluz porque no hay otra Alcudia por aquí que la de Guadix. Es más, menciona que había una venta media legua más adelante según se iba a Sevilla; dicha venta tenía que ser la Venta del Puerto (de la Mora), hoy desaparecida bajo la A-92.

Pero no sólo incluyó referencias a Granada en el Quijote. También lo hizo en otras obras. Así, Rinconete y Cortadillo comienzan sus aventuras de pícaros en la Venta del Molinillo. Este lugar está situado a mitad de camino entre Guadix y Granada, de manera que en tiempos de arriería quedaba en el punto justo donde hacer noche a final de jornada

Esta referencia hay que encuadrarla en el viaje que hizo Cervantes desde Guadix a Granada cuando cabalgaba como cobrador de impuestos en 1594.

Alhama de Granada, por otra parte, tiene su especial referencia en el texto cervantino de Persiles y Segismunda, cuando explica la vida de la hechicera Cenotia, “nacida y criada en Alhama, ciudad del Reino de Granada”. Otro lugar en el que estuvo a cobrar impuestos.

Moriscos granadinos en la obra cervantina

Especial papel tienen en su Quijote todo tipo de manifestaciones relacionadas con la minoría morisca, a quienes en la Mancha siempre fueron llamados  granadinos y en Toledo berenjenos, porque aquel fue el destino principal de los vecinos confinados por Felipe II entre 1570 y 1610. No hay duda de la mala opinión que tenía Cervantes acerca de moros, moriscos y “granadinos” de la Mancha. Cinco años preso en Argel le influyeron mucho.

A los moriscos les critica no sólo en el Quijote, sino también en el resto de su obra: recordemos que en El trato de Argel y en El coloquio de los perros el sabueso Berganza, propiedad de un morisco granadino, se despacha a gusto; menciona las huertas cercanas al monasterio de San Jerónimo, llenas de reses. Morisco para Cervantes era como decir ciudadano del Reino de Granada, y de poco fiar.

Bien decía el estudioso cervantino Martín de Riquer que el motivo del odio de Cervantes, y de muy buena parte de castellanos, hacia los moriscos se debía a que acaparaban riquezas, las escondían y disimulaban. Nuestro autor las recoge con ahínco sin duda, porque él, hombre pobre y que tantos apuros estaba pasando, ha podido advertir en sus viajes por Andalucía y la Mancha como cobrador de impuestos y tributos, que hay moriscos mucho más ricos de lo que se puede imaginar por su aspecto externo y modo de vivir. Este descubrimiento fue un nuevo motivo para alimentar el recelo que profesaba al morisco granadino Miguel de Luna (el Cide Hamete Benengeli del Quijote).

No obstante, hay un cambio radical de la opinión de Cervantes acerca de los moriscos experimentado de la primera a la segunda parte del Quijote. Recordemos que trascurren diez años entre su publicación, 1605-1615. ¿A qué se debió este cambio? Entre ellas se había registrado la definitiva expulsión de los moriscos de España, de 1609 a 1614. El morisco ya no es un ser despreciable que merece castigo; ahora, en la segunda parte, le sigue reconociendo su avaricia, su afán acaparador, su excesiva proliferación por no prestar celibato religioso ni ir a guerras ni emigrar a Indias. Por eso aparece el moro Ricote, un morisco desdichado que ya merece compasión. Seguro que Cervantes no cerró su corazón al ver las interminables caravanas de moriscos desfilando hacia los puertos del destierro, dejando atrás a miles de sus niños retenidos por sus vecinos castellanos para hacer de ellos unos buenos cristianos. Ahora Cervantes pone en boca de Sancho el gran afecto que siente por su gran amigo morisco, el tal Ricote que se va a Alemania en busca de mejor vivir.

Vale.