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‘Mujeres, la represión en el franquismo’

Política - Paco Robles - Martes, 7 de Marzo de 2023
En este #8M, Paco Robles describe alguno de los terribles efectos de la represión y la llamada "higiene social" que tuvo lugar durante la posguerra española después de la Guerra Civil. Imprescindible.
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Las mujeres fueron particularmente vulnerables a la represión y la exclusión social, y muchas sufrieron una amplia gama de abusos y humillaciones.

Algunas mujeres se vieron obligadas a realizar trabajos extremadamente duros para sobrevivir, mientras que otras fueron empujadas a la prostitución. Muchas sufrieron abusos sexuales por parte de los falangistas locales que se aprovecharon de su indefensión, y muchas fueron humilladas y agredidas públicamente.

Muchas sufrieron abusos sexuales por parte de los falangistas locales que se aprovecharon de su indefensión, y muchas fueron humilladas y agredidas públicamente

Además de estos abusos, también hubo motivos más espurios para la represión, como las rencillas personales y las luchas vecinales. Muchas familias perdieron su patrimonio y muchas personas fueron expulsadas de sus profesiones, lo que les dejó en la pobreza. Las mujeres relacionadas con dirigentes o simpatizantes republicanos también fueron especialmente vulnerables a la represión.

La represión durante la posguerra española tuvo efectos terribles y duraderos en muchas personas y familias, y especialmente en las mujeres. Las esposas y familiares de personas consideradas "rojas" sufrieron discriminación y violencia, y muchas veces perdieron sus medios de subsistencia. Las mujeres que perdieron a sus seres queridos en la guerra también enfrentaron dificultades, incluyendo el aislamiento social y la falta de un lugar para honrar a sus muertos. A pesar de estas adversidades, las mujeres aprendieron a sobrevivir en un ambiente hostil y a mantener sus principios y creencias. La semilla de su resistencia ha pervivido en el tiempo y ha contribuido al compromiso del colectivo femenino en el siglo XXI.

Las mujeres fueron víctimas de detenciones, torturas, violaciones y asesinatos solo por su condición de género y por su compromiso político o ideológico

El caso de la fortaleza de Victoria Grande en Melilla en julio de 1936, donde se convirtió en una cárcel de mujeres, marcó el inicio de la represión franquista durante la Guerra Civil y la posguerra. Las mujeres encarceladas eran principalmente jóvenes comprometidas con opciones de izquierda y que habían participado en la política de la Segunda República. Pero también fueron detenidas y castigadas muchas otras mujeres por ser familiares de hombres perseguidos por los golpistas.

Es importante destacar que este episodio es solo un ejemplo de la represión sufrida por las mujeres durante la Guerra Civil y la dictadura franquista. Las mujeres fueron víctimas de detenciones, torturas, violaciones y asesinatos solo por su condición de género y por su compromiso político o ideológico. La represión también afectó a las mujeres de manera indirecta, al dejarlas sin recursos económicos y al tener que lidiar con la pérdida de sus seres queridos.

Es fundamental recordar y visibilizar la historia de las mujeres durante la Guerra Civil y la dictadura, y reconocer su lucha por la libertad y la justicia social.

“(...) Había grupos de mujeres ancianas, vestidas de negro a la usanza de mujeres de pueblo -como personajes de García Lorca-; con sayas largas y pañuelos a la cabeza, arrugaditas como papel ajado, tristes. Mujeres que parecían hechas en roca o en madera, que entre sus dedos deformados por el artritismo apretaban las cuentas del rosario. Que nada esperaban de la vida y que allí estaban porque se negaron a decir dónde se escondían quienes se escondieron. Se reunían en grupos silenciosos. Hablaban, sin lágrimas, de sus hijos muertos.” Carlota O’Neill, Una mujer en la guerra de España.

El texto destaca la situación de las mujeres durante la posguerra española y la represión llevada a cabo por las autoridades franquistas contra aquellas consideradas afines al bando republicano, en las múltiples formas de violencia y discriminación que sufrieron las mujeres, como la exclusión social, el abuso sexual, la humillación pública y la pérdida de patrimonio. Además, estaba la situación de las viudas, que se vieron privadas de honrar dignamente a sus muertos y se enfrentaron al dolor y al olvido.

Te bajaban al patio y no te dejaban llevar ni mantas ni nada, pero a escondidas y como podías te las enrollabas al cuerpo y encima te ponías una bata para que no la vieran. Luego no tenías ni donde lavarte. Había unos pilones en aquel patio como si fueran abrevaderos de beber los animales, pues eso es lo único que tenías para lavarte la cara, y a las siete de la mañana tenías que ir ya cargada con el peine, con la toalla, con plato y cuchara, porque ya no subías hasta por la noche. Todo el día en ese patio con una humedad que te morías. Era levantar los petates y tener que secar el suelo con una bayeta porque estaba chorreando agua, la humedad te penetraba en los huesos.

Carmen Lafuente, maestra de Cantillana (Sevilla) fusilada en las tapias del cementerio de Alcalá del Río, sin juicio previo, porque “tenía la escuela llena de niñas […] todas pobres y de izquierdas” y porque su hermano, ejecutado junto a ella, era concejal republicano.

Sin duda, su proyecto de vida la alejaba sobremanera del que proponía la Sección Femenina del Glorioso Movimiento Nacional: “No ser nunca una niña empachada de libros, no hay que ser una intelectual. De mayores, si hay que elegir una carrera, que sea una carrera de mujer […]. Una verdadera Margarita está siempre atareada: forra libros, los recoge cuando sus hermanos los dejan rodando, entretiene al más chico de los hermanos, viste a la muñeca, borda el tapete, arregla el cuarto. Teje, cose… le entusiasma que le manden a un recado porque no hay nada más bello que servir.

Es importante destacar que no todas las mujeres republicanas que fueron encarceladas sabían leer y escribir. De hecho, muchas de ellas provenían de zonas rurales donde el acceso a la educación era limitado, lo que dificultaba su alfabetización

Es importante destacar que no todas las mujeres republicanas que fueron encarceladas sabían leer y escribir. De hecho, muchas de ellas provenían de zonas rurales donde el acceso a la educación era limitado, lo que dificultaba su alfabetización. Además, la formación en el ámbito rural solía estar destinada a los hombres, mientras que las mujeres se dedicaban a tareas domésticas y de cuidado de la familia.

No obstante, en las cárceles franquistas había un número significativo de mujeres que sí sabían leer y escribir, y que utilizaban estas habilidades para mantener el contacto con sus seres queridos y, en algunos casos, para enseñar a otras reclusas. De hecho, algunas de las mujeres que estaban en la cárcel por motivos políticos habían sido maestras antes de su detención, y aprovechaban su experiencia para impartir clases a las demás reclusas.

Por otro lado, la formación y educación de las mujeres en las cárceles no siempre fue promovida por los funcionarios penitenciarios. En casi todos los casos, fueron las propias reclusas las que se organizaron para impartir clases de forma clandestina, utilizando materiales que conseguían de manera ilegal y utilizando su ingenio para ocultar su actividad.

A pesar de las dificultades y las limitaciones, las mujeres republicanas que estuvieron encarceladas durante la dictadura franquista dejaron un valioso legado testimonial que nos permite conocer más acerca de su situación y de su lucha por la libertad y la democracia

A pesar de las dificultades y las limitaciones, las mujeres republicanas que estuvieron encarceladas durante la dictadura franquista dejaron un valioso legado testimonial que nos permite conocer más acerca de su situación y de su lucha por la libertad y la democracia. Gracias a sus escritos, podemos comprender mejor sus vivencias y las adversidades a las que se enfrentaron, y rendir homenaje a su coraje y resistencia ante la opresión y la injusticia.

Las condiciones eran extremadamente duras y no había prisiones adecuadas para las reclusas. Los edificios no tenían calefacción y en verano se volvían un infierno insoportable.

No tenían uniformes ni ropa de cama y tenían que confiar en las donaciones de sus compañeras de prisión para sobrevivir. Incluso la privacidad era un lujo, ya que las letrinas no tenían cerraduras y las mujeres se apiñaban unas sobre otras en las celdas y salones comunes, con hasta treinta mujeres durmiendo juntas.

Este nivel de hacinamiento era inhumano y muestra la falta de cuidado y consideración que se les brindaba a las reclusas.

Si analizamos la información que se puede extraer de los registros penitenciarios sobre las mujeres que estuvieron recluidas en las cárceles durante y después de la Guerra Civil Española, en la importante producción científica e histórica a la que hoy tenemos acceso, los datos muestran que la mayoría de estas mujeres no eran militantes políticas sino votantes republicanas o simplemente familiares de quienes ya habían sido perseguidos o habían huido. Muchas de estas mujeres eran objeto de venganza y tenían edades variadas, desde mujeres jóvenes de 20 años hasta ancianas de 80, que a menudo formaban parte de familias enteras, incluidas madres, hijas, abuelas e incluso niños pequeños. Muchas de estas mujeres murieron o fueron ejecutadas, y las que sobrevivieron pasaron muchos años tras las rejas.

La prisión como instrumento de represión

En la prisión, el gobierno franquista podía disponer de la libertad de la persona y del tiempo del detenido; entonces se concibe el poder de la represión que, no sólo en un día sino en la sucesión de los días y hasta de los años, puede regular para el hombre el tiempo de vigilia y de sueño, de la actividad y del reposo, el número y la duración de las comidas, la calidad y la ración de los alimentos, la índole y el producto del trabajo, el tiempo de la oración, el uso de la palabra, y por decirlo así hasta el del pensamiento, esa represión que, en los simples y breves trayectos del comedor al taller, del taller a la celda, regula los movimientos del cuerpo e incluso en los momentos de reposo determina el empleo del tiempo, esa represión, en una palabra, que entra en posesión del hombre entero, de todas las facultades físicas y morales que hay en él y del tiempo en que él mismo está inserto.

En la prisión, el gobierno tiene el control total de la libertad y el tiempo del detenido, puede ser utilizada para regular y controlar los movimientos y las actividades del detenido, incluso en los momentos de descanso

En la prisión, el gobierno tiene el control total de la libertad y el tiempo del detenido, puede ser utilizada para regular y controlar los movimientos y las actividades del detenido, incluso en los momentos de descanso.

La educación en la prisión puede regular el tiempo de vigilia y de sueño, la actividad y el reposo, el número y la duración de las comidas, la calidad y la ración de los alimentos, la índole y el producto del trabajo, el tiempo de la oración y el uso de la palabra. La educación se adueña del hombre entero, de todas sus facultades físicas y morales, y del tiempo en que él mismo está inserto.

Este texto muestra cómo la educación puede ser utilizada para controlar y moldear la vida de los detenidos en la prisión. Es importante señalar que la educación también puede ser utilizada para empoderar y transformar a los detenidos, ayudándolas a desarrollar habilidades y conocimientos que les permitan reintegrarse en la sociedad y llevar una vida más satisfactoria después de su liberación.

El terror caliente

 “No se trata –asegura con acierto Matilde Eiroa- de comparar volumen de víctimas ni de realizar agravios comparativos entre la represión contra hombres y la ejercida contra mujeres. Se trata de explicar la ejercida contra mujeres, aquella violencia subsidiaria de gran calado y duración que se cebó contra el colectivo femenino durante largos años como consecuencia de la supuesta transgresión moral, penal, laboral y política cometida años atrás”.

El estigma contra las mujeres que participaron en la guerra persistió mucho después de que terminó el conflicto, y muchas continuaron viéndolas como "mujeres de la noche" o prostitutas

Las mujeres participaron en varios aspectos de la lucha, incluida la lucha en el frente, la organización de movimientos antifascistas, el trabajo para organizaciones de ayuda y la participación en organizaciones juveniles y partidos políticos. Sin embargo, su participación a menudo tuvo graves consecuencias, incluido el encarcelamiento y la muerte. Las mujeres se enfrentaban a costos materiales e inmateriales, incluidos el estigma social y la discriminación. El estigma contra las mujeres que participaron en la guerra persistió mucho después de que terminó el conflicto, y muchas continuaron viéndolas como "mujeres de la noche" o prostitutas.

Destaca el hecho de que las mujeres aún no eran plenamente reconocidas como ciudadanas y no se les permitió votar hasta 1933. Esto, junto con las actitudes sociales negativas hacia las mujeres, contribuyó a la continua discriminación y marginación de las mujeres en la España de la posguerra. Es difícil determinar el número exacto de mujeres encarceladas durante la guerra, pero las estimaciones sugieren que entre 20.000 y 30.000 mujeres fueron encarceladas, lo que representa más del 9% de la población carcelaria total. Muchas de estas mujeres también fueron condenadas a muerte y ejecutadas sin el debido proceso ni garantías de justicia.

Hubo pues un porcentaje considerable de mujeres encarceladas y un porcentaje proporcional de mujeres condenadas a muerte que no fueron ejecutadas porque sus penas de muerte fueron conmutadas. Pero también hubo mujeres fusiladas tras pasar por el Consejo de guerra y mujeres ejecutadas que acabaron en las cunetas cuyo número resulta todavía difícil de precisar aunque no deja, desafortunadamente, de aumentar.

Las 13 rosas. Imagen del blog buscameenelciclodelavida.com

El caso de las Trece Rosas fue un hecho trágico y emblemático de la represión franquista, pero como bien señalan los diversos estudios, la realidad de las mujeres encarceladas y ejecutadas durante aquellos años fue mucho más amplia y compleja

El caso de las Trece Rosas fue un hecho trágico y emblemático de la represión franquista, pero como bien señalan los diversos estudios, la realidad de las mujeres encarceladas y ejecutadas durante aquellos años fue mucho más amplia y compleja. Es importante no perder de vista el contexto histórico y social en el que se produjeron estos hechos, así como la brutalidad y la injusticia de la represión franquista.

Es tremendamente importante que se siga investigando y documentando esta parte de nuestra historia para poder rendir homenaje y reparar la memoria de las víctimas, así como para que no se olvide la importancia de defender los derechos humanos y las libertades individuales frente a cualquier forma de opresión o autoritarismo.

Tampoco permanecieron al margen del exilio, que no deja de ser otra forma de terrible represión. Son sobradamente conocidas las imágenes de mujeres, niños y ancianos huyendo del avance final de las tropas franquistas hacia los puertos de la costa mediterránea o hacia la frontera francesa. Existen suficientes testimonios de mujeres que narran las difíciles circunstancias de supervivencia en Francia, en los campos de concentración, que tampoco las excluyeron; la coyuntura bélica en la que se vieron inmersas en la URSS; las peripecias del exilio en Bélgica y en otros países europeos o las peculiaridades del exilio en México. Pero también los hay de las víctimas directas de la represión desatada por los nazis, que les alcanzó tras la salida de España. No se libraron siquiera, como el valiente y estremecedor testimonio de Neus Català puso de manifiesto, de los campos de exterminio nazis. Al campo de Ravensbrück, situado cerca de Hannover, y a distintos Kommandos de éste, fueron deportadas las mujeres españolas, en el marco de la colaboración de los republicanos con la Resistencia en territorio francés. Se calcula que, de las 133.00 mujeres que pasaron por Ravensbrück, unas 400 eran españolas. En total, murieron en este campo 92.000 mujeres. 

También hubo mujeres en los llamados “trenes de la muerte”. El conocido como tren de Angulema, un convoy con más de 900 personas de todas las edades, familias completas sin responsabilidad militar, que llegó a Mauthausen el 24 de agosto de 1940, destaca por su especial crueldad e incongruencia

También hubo mujeres en los llamados “trenes de la muerte”. El conocido como tren de Angulema, un convoy con más de 900 personas de todas las edades, familias completas sin responsabilidad militar, que llegó a Mauthausen el 24 de agosto de 1940, destaca por su especial crueldad e incongruencia. De las 900 personas que viajaban en él, 430 niños, ancianos o mutilados  fueron internados en el campo y la mayoría (357) murieron. Las mujeres y niños menores de 13 años fueron reenviados a España. Pero un altísimo porcentaje sucumbió a las condiciones del campo y a las del trayecto. Hay constancia de que las autoridades españolas conocieron su destino y de que no hicieron nada por evitarlo. El trato que recibieron los “rojos españoles” fue peor incluso que el de los judíos de nacionalidad francesa capturados como prisioneros de guerra, y la responsabilidad de las autoridades franquistas, su absoluta inhibición, resulta hoy día bastante difícil de negar

En resumen, las mujeres republicanas españolas no solo sufrieron la represión en su país durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, sino que también se vieron afectadas por el exilio forzado y la persecución por parte de las autoridades nazis en campos de concentración como Ravensbrück. A menudo, fueron víctimas de la crueldad y la indiferencia de las autoridades y del sistema patriarcal, lo que dificultó su supervivencia y su recuperación posterior. A pesar de ello, muchas de estas mujeres resistieron y lucharon por su libertad y la de su país, y sus historias son un testimonio de coraje y determinación.

Que nunca se olvide esta lucha.

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