Un verano en el Parque de las Ciencias.

Constantino Ruiz Carnero

Blog - Foro de la Memoria - Paco Vigueras - Sábado, 4 de Mayo de 2019
Director de El Defensor de Granada, fusilado por los franquistas por buscar la verdad y ser valiente para contarla.
Ruiz Carnero con Lorca, en la terraza de la Huerta de San Vicente.
Fotos cedidas por Jesús Fuster Ruiz.
Ruiz Carnero con Lorca, en la terraza de la Huerta de San Vicente.
Paco Vigueras, Periodista, biógrafo de Constantino Ruiz Carnero -al que dedicó su libro 'Granada: 1936: Muerte de un periodista'-  y portavoz de la Asociación Granadina Verdad Justicia y Reparación, nos ofrece una espléndida y necesaria semblaza del gran director de El Defensor de Granada, que incluye sus últimas investigaciones sobre la farsa judicial al que fue sometido. Todas las imágenes que ilustran este reportaje han sido cedidas por Jesús Fuster Ruiz, sobrino del periodista, asesinado por defender las libertades.

El periodista Constantino Ruiz Carnero fue director de El Defensor de Granada (1924-1936), fusilado por los franquistas al principio de la guerra civil, igual que su íntimo amigo, el poeta Federico García Lorca. Llegó a la dirección de El Defensor, después de alcanzar el éxito como novelista y autor teatral, y es considerado como el padre del periodismo moderno en Granada, pues incorporó al rotativo las tecnologías más innovadoras de su época, con dos ediciones diarias, capaz de competir con los poderosos rotativos madrileños. 

Amante de la verdad y valiente para contarla, Constantino denunció desde las páginas de El Defensor de Granada el despotismo de caciques y terratenientes, así como los intentos desestabilizadores de la derecha. 

Siendo director de El Defensor, alcanzó gran popularidad con sus célebres “Siluetas del día”: columnas satíricas y mordaces, que firmaba con el sobrenombre de Constancio y en las que ironizaba sobre sus adversarios políticos y la sociedad granadina. El propio Constancio decía: “La ironía es un arma terrible cuando se maneja con finura y sagacidad. La ironía es patrimonio de las personas inteligentes”. Precisamente, estos artículos, llenos de fina ironía, contribuyeron a dictar su sentencia de muerte.

Amante de la verdad y valiente para contarla, Constantino denunció desde las páginas de El Defensor de Granada el despotismo de caciques y terratenientes, así como los intentos desestabilizadores de la derecha. Convirtió El Defensor en portavoz de la República y logró que la mayoría de los granadinos votaran a favor del nuevo régimen republicano que representaba los valores de justicia social, igualdad y solidaridad.



Retrato de Constantino Ruiz Carnero.

Constantino, alcalde

Ruiz Carnero destacó también como sindicalista, siendo uno de los fundadores de la Asociación de Periodistas de Granada para luchar, ya entonces, contra la precariedad laboral en la profesión. Pero no se limitó a ejercer de periodista, adquirió también un compromiso político que le llevó a ser concejal por Izquierda Republicana y alcalde interino de la ciudad. Una crónica de El Defensor de Granada recogió el solemne acto en el Ayuntamiento:

 “El salón de sesiones estaba abarrotado de público que vitoreaba a la República y daba mueras al fascismo. El primer teniente de alcalde, Constantino Ruiz Carnero, que actuó de presidente interino, entró poco después en el salón de Cabildos, acompañado de los ediles. El público le hizo un entusiasta recibimiento”.

Y como alcalde en tiempos de crisis y convulsión, Ruiz Carnero pronunció un discurso histórico que todavía se recuerda en Granada:

“Señores concejales, pueblo granadino: sin más autoridad que la de ocupar interinamente este cargo, yo quiero dirigir un saludo emocionado a Granada… Ha quedado restablecida la legalidad republicana con el triunfo del pueblo… En este momento, yo no quiero pronunciar más que palabras de paz y de orden. Yo recomiendo mucho orden y serenidad. En este momento solemne, decimos a la ciudad que aquí estamos para defender sus intereses, para ocuparnos de sus problemas y para procurar su engrandecimiento”.

A través de este discurso, intuimos que ya existía un movimiento conspirativo contra la joven República que ni siquiera había cumplido cinco años. La llamada de Constantino al orden y a la serenidad hace pensar que el periodista y alcalde estaba informado sobre el malestar de algunos mandos militares y era consciente de que había ruido de sables en los cuarteles. Sabía que cualquier manifestación popular, por muy legítima que fuera, podía ser utilizada por los conspiradores para acusar a la República de caos y desorden, y asestar un golpe letal al régimen salido de las urnas. Y no le faltaba la razón, porque apenas cinco meses después de aquel memorable discurso, los militares golpistas traicionaron su juramento de lealtad al orden constitucional y deshonraron el uniforme, imponiendo un estado de terror que ensangrentó las calles de la ciudad.



Ruiz Carnero con su equipo de redacción en la sede de El Defensor de Granada.

 

Lo primero que hicieron los golpistas fue cerrar el diario republicano y detener a su director. Según testigos, Ruiz Carnero fue golpeado en prisión con la culata de un fusil en la cabeza y le destrozaron las gafas. Numerosas púas de vidrio se le clavaron en los ojos y estuvo agonizando durante horas, pues le negaron la asistencia de un médico

Lo primero que hicieron los golpistas fue cerrar el diario republicano y detener a su director. Según testigos, Ruiz Carnero fue golpeado en prisión con la culata de un fusil en la cabeza y le destrozaron las gafas. Numerosas púas de vidrio se le clavaron en los ojos y estuvo agonizando durante horas, pues le negaron la asistencia de un médico. Cuando lo llevaron a la tapia del cementerio para fusilarlo, no pudieron hacerlo, pues ya había fallecido a causa del golpe brutal que recibió en la cabeza. A pesar de todo, dice el investigador Agustín Penón, sus verdugos ataron el cuerpo a un poste y fusilaron su cadáver.

Farsa judicial contra Ruiz Carnero

Pero el régimen franquista no se conformó con torturar, fusilar y arrojar el cuerpo de Constantino Ruiz Carnero a una fosa común del cementerio de Granada. Tres años después del crimen, acusó al periodista de un delito contra la Ley de Responsabilidades Políticas, del 9 de febrero de 1939. He encontrado en el archivo de la Real Chancillería el expediente abierto por el Tribunal de Responsabilidades Políticas contra Constantino Ruiz Carnero y he tenido la oportunidad de leer los autos, diligencias, providencias y sentencias de unos jueces que deshonraron la toga cuando se pusieron al servicio de una dictadura sanguinaria. Magistrados como Francisco Santolalla Lacalle, Esteban Alvarez-Manzaneda o José María Villoslada, que aceptaron representar una farsa judicial, aplicando con carácter retroactivo una ley contra alguien que había sido asesinado tres años antes y ni siquiera podía defenderse, vulnerando las normas más elementales del estado de derecho.

Jueces que convirtieron la libertad de expresión y el derecho a la información en actos delictivos, sancionados con “pérdida total de bienes”. Que consideraban como “agravante” el hecho de que Ruiz Carnero hubiera sido director de El Defensor de Granada, por haber influido en la opinión pública para lograr el voto mayoritario y favorable a la República. Magistrados que admitían como cargos contra el inculpado el simple hecho de haber sido concejal y alcalde por Izquierda Republicana o de pertenecer a la masonería. Nunca investigaron la muerte y desaparición del periodista. Al contrario, molestaron a sus dos hermanas, María Luisa y Paulina Ruiz Carnero, sin mostrar la menor compasión por el dolor familiar.



Ruiz Carnero con su amigo Federico García Lorca, también en la Huerta de San Vicente.

Tras una farsa judicial que se prolongó casi 20 años, los jueces franquistas acusaron a Constantino Ruiz Carnero de ser autor moral de los actos de “violencia marxista” cometidos en la ciudad antes del golpe militar, sin duda la acusación más grave en su expediente de responsabilidades políticas para justificar el asesinato del periodista

Tras una farsa judicial que se prolongó casi 20 años, los jueces franquistas acusaron a Constantino Ruiz Carnero de ser autor moral de los actos de “violencia marxista” cometidos en la ciudad antes del golpe militar, sin duda la acusación más grave en su expediente de responsabilidades políticas para justificar el asesinato del periodista. Sorprende el celo que puso el aparato judicial franquista para buscar en organismos oficiales y entidades bancarias alguna cuenta corriente a nombre de Constantino Ruiz Carnero, con intención de embargarla para dar cumplimiento a la infame sentencia. Y todo ello, a pesar de los informes de la Policía y la Guardia Civil que habían declarado insolvente al inculpado. La Comisión Liquidadora archivó finalmente las diligencias de embargo en 1958, al comprobar la insolvencia de Constantino que sólo disponía de 7,85 pesetas en una cuenta de la Caja General de Ahorros y Monte de Piedad de Granada. Gran fortuna para embargar y mayor despropósito judicial.

Constantino Ruiz Carnero es hoy un personaje conocido en Granada y, lo más importante, reconocido por los estudiantes de periodismo y por sus compañeros de profesión. Desde que descubrí a este insigne periodista en la década de los ochenta del pasado siglo, Ruiz Carnero ha pasado de tener una discreta calle en el popular barrio del Zaidín, a ser recordado con un monumento en el centro de la ciudad. Pero el momento más emotivo que me ha dado la figura de Ruiz Carnero fue el que compartí con su sobrino, Jesús Fuster Ruiz, el día que visitamos el solar de la calle San Matías, donde estuvo la última sede de El Defensor de Granada, cerrada violentamente por los militares golpistas el 20 de julio de 1936.



En esta foto, Paco Vigueras figura junto a Jesús Fuster Ruiz, sobrino de Ruiz Carnero, durante la inauguración del monumento el 14 de abril de 2002. A la izquierda del monolito aparece Antonio Martínez Maldonado, sobrino de Eufrasio Martínez, periodista deportivo de El Defensor que murió combatiendo en defensa de la República. 

Aquella visita fue un viaje en el tiempo. Jesús Fuster logró que imaginara cómo era la redacción de El Defensor, la sala de teléfonos y teletipos, el taller con la máquina Minerva y otras llamadas “planas”, en las que se imprimía el legendario periódico, y el despacho donde Constantino escribía sus célebres Siluetas, que hicieron de él un maestro de la ironía. Entonces comprendí la pérdida irreparable que habíamos sufrido los granadinos, que seguimos huérfanos del gran diario republicano, que apostó por la modernización y el progreso de nuestra ciudad.

Constantino Ruiz Carnero se puso al lado del pueblo y de la decencia humana cuando la “peor burguesía de España”, en palabras de su amigo Federico García Lorca, conspiraba contra la legalidad democrática de la República. Y durante su larga trayectoria profesional nos transmitió el siguiente mensaje: “La pluma debe servir para algo más útil, más fuerte, más vibrante que trazar notas de color y emborronar cuartillas, ha de formar el alma del pueblo”.

No te pierdas nuestro primer Foro de la Memoria, si no lo viste:

Este es un espacio para el recuerdo y homenaje de las víctimas del franquismo. Para que nunca se olvide. Para que nunca se repita.

En colaboración con:

 y las asociaciones memorialistas de Granada. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imagen de Paco Vigueras

Periodista, biógrafo de Constantino Ruiz Carnero y portavoz de la Asociación Granadina Verdad Justicia y Reparación.