'Maria Arnal se enreda con su propia voz'

Creo que no fui el único que se quedó bastante impactado cuando, a finales de 2022, supimos que Maria Arnal y Marcel Bagés se separaban. El dúo catalán había conseguido inscribir sus nombres en la historia de la música española con solo dos discos; pero es que vaya dos discos. 45 cerebros y 1 corazón (2017) fue el debut sorprendente: en él consiguieron, con apenas guitarra, voz y algunos pequeños añadidos, actualizar el folklore hispano y hacer que hablase al presente tanto a nivel estético como político. Sus reflexiones sobre la (des)memoria histórica y sus canciones desbordadas de deseo lo convirtieron en uno de los discos de la década. Por su parte, CLAMOR (2021) fue, a su manera, aún más sorprendente, al atreverse a explorar caminos sonoros muy diferentes: texturas electrónicas, coros humanos y no humanos, colaboraciones inesperadas con gente tan diversa como Holly Herndon, Tarta Relena o el Kronos Quartet… Un disco expansivo y valiente que superó las expectativas y permitió al dúo reinventarse cuando más difícil parecía, mientras hablaba sobre el futuro de la humanidad desde una perspectiva a la vez personal y cósmica.
Este disco habla al mismo tiempo de la muerte de su prima por el SIDA durante su adolescencia (A.M.A. eran las iniciales de su nombre), de las herencias artísticas y vitales que nos acompañan, de tener el control de su propia vida y su arte, del rol de la tecnología (y en especial la IA) en los procesos creativos
Tras estas dos referencias esenciales, la separación volvía a abrir la incertidumbre. ¿Qué caminos emprendería cada uno? En estos años, hemos visto a Marcel convertirse en un productor de referencia en nuestro país de la mano de David Soler: como Extintor Produccions, han trabajado con gente tan diversa como Juanjo Bona, Zahara o Lagartija Nick. Por su parte, Maria ha estado ocupada con proyectos diversos: canciones y bandas sonoras para películas, instalaciones artísticas, colaboraciones con exposiciones de divulgación científica y hasta una Ted Talk. Ahora, por fin, nos llega su primer álbum en solitario, AMA. Como muestra lo dicho hasta hora, las obras de Arnal siempre han condensado múltiples capas de significado, acumulando referencias de distintas disciplinas y campos, y mostrando una gran imbricación entre la dimensión política y social de los temas que aborda. AMA no iba a ser menos: como ha explicado en varias entrevistas, este disco habla al mismo tiempo de la muerte de su prima por el SIDA durante su adolescencia (A.M.A. eran las iniciales de su nombre), de las herencias artísticas y vitales que nos acompañan, de tener el control de su propia vida y su arte, del rol de la tecnología (y en especial la IA) en los procesos creativos.
A mí, sin embargo, lo que no me ha convencido del todo es la música en sí. AMA es un disco breve y minimalista: sus 13 cortes apenas duran 27 minutos, y el protagonismo de los experimentos vocales de Arnal es tal que en muchas canciones apenas hay uno o dos ingredientes sonoros más
Este último asunto quizás resulte algo espinoso para algunos. En el actual momento neorromántico, y dados los usos nocivos que la industria musical está dando a la IA generativa, es probable que su postura matizada y situada ni siquiera se tome en serio, como le ha pasado recientemente a su amiga Holly Herndon. A mí, sin embargo, lo que no me ha convencido del todo es la música en sí. AMA es un disco breve y minimalista: sus 13 cortes apenas duran 27 minutos, y el protagonismo de los experimentos vocales de Arnal es tal que en muchas canciones apenas hay uno o dos ingredientes sonoros más. El álbum claramente empieza con más brío y después va perdiendo fuerza. Al principio, el electropop futurista de temas como “AMA” o “PELLIZCO” funciona de maravilla: los juegos rítmicos entre la percusión y la voz de Arnal generan cadencias que enganchan, y las sencillas melodías se te meten en el cerebelo a la primera escucha. El virtuosismo técnico de Arnal está aquí al servicio de unas canciones con un gancho pop evidente.
El problema es que, conforme avanza el tracklist, los temas son cada vez menos memorables: “MADRIGAL” o “PUERTA” contienen buenas ideas, pero la presentación tan austera hace que brillen menos
El problema es que, conforme avanza el tracklist, los temas son cada vez menos memorables: “MADRIGAL” o “PUERTA” contienen buenas ideas, pero la presentación tan austera hace que brillen menos. Arnal es claramente una perfeccionista, por lo que no parece una cuestión de falta de pulido; más bien, se trata de una decisión consciente por su parte (en colaboración con Pau Riutort y Alizzz, con quienes ha llevado a cabo la producción del álbum) de situar en primer plano esos juegos con la voz que, en mi opinión, y pese a la brevedad del proyecto, pierden su lustre bastante rápido. La progresiva bajada de revoluciones culmina en una tríada de canciones finales aún más lentas, sin percusión y, la verdad, un tanto aburridas. Incluso conociendo el trasfondo de una letra como la de “SI TE ASOMAS” (“Mirando al cielo me quedé yo/Mirando al cielo por si te veo/Por si veo tu carita, por si te asomas a la ventana”, claramente en referencia a su prima fallecida), la falta de estructura y de arreglos hacen muy difícil emocionarse de veras.
Además, hay otra cuestión que genera cierta disonancia: en varios cortes se evidencia una similitud algo inquietante con la voz y el trabajo de Rosalía
Además, hay otra cuestión que genera cierta disonancia: en varios cortes se evidencia una similitud algo inquietante con la voz y el trabajo de Rosalía. Destacan en este sentido “POR TUS PENAS”, donde el acompañamiento del órgano recuerda a “G3N1S”, y “QUE ME QUITEN”, donde se percibe la influencia de la copla. No creo que Arnal esté imitando a su paisana: ambas son cantantes de gran talento y técnica cuyas voces son francamente similares, y ambas se hicieron conocidas casi a la vez con propuestas que combinan el pop contemporáneo, la influencia del folklore y una tendencia experimental, por lo que es casi inevitable que se produzcan ciertos paralelismos y reminiscencias. Pero el caso es que esa impresión distrae y no ayuda a darle más entidad a un álbum que, la verdad, se me queda bastante corto. A pesar de que disfruto mucho de canciones como “CARTA” (que tan bien construye la atmósfera sonora del bosque que describe la letra) o “SUSPIROS” (qué buena la percusión del estribillo), no me quito de encima la sensación de que AMA es un disco algo ensimismado, que se va desinflando hasta quedarse en muy poquita cosa. Es una pena, porque Arnal sigue siendo una de las artistas más completas de este país, pero en esta ocasión no ha dado con la tecla. Esperemos no tener que esperar otros cinco años para volver a escucharla.
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Puntuación: 6.7/10
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