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'Adiós, señorita Milagros'

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 3 de Febrero de 2023
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Es habitual leer en los medios de comunicación obituarios de famosos, de escritores, artistas, deportistas… pero no es tan frecuente hacer loas a alguien desconocido que ha fallecido. Esta vez yo quiero romper una lanza por todos ellos a través de mi profesora de lengua: la señorita Milagros, que se nos fue hace unos días. ¿Quién no ha tenido una Maestra, con mayúsculas, de esas que te dejaron una impronta tan profunda que nunca la has olvidado completamente? Esa era para mí la señorita Milagros: paciente, indulgente, dispuesta siempre a enseñarte algo, con la sonrisa de satisfacción cuando conseguía un logro de tu parte, alegre pero justa. No tuve ocasión de verla en los últimos años, así que su imagen permanece nítida en mi retina tal y como fue: austera, elegante, pero modesta, muy poco maquillaje, media melena ligeramente ondulada y más alta que las mujeres de su edad.

Enseñaba lengua y era toda una institución en el colegio en el que desarrolló la mayor parte de su actividad profesional. Hay profesores que están deseando salir de la clase para empezar a vivir y otros que nacen con esa vocación que les lleva a actuar de la misma forma dentro y fuera del aula

Enseñaba lengua y era toda una institución en el colegio en el que desarrolló la mayor parte de su actividad profesional. Hay profesores que están deseando salir de la clase para empezar a vivir y otros que nacen con esa vocación que les lleva a actuar de la misma forma dentro y fuera del aula. Así era la señorita Milagros, le encantaba que le preguntaras algo fuera del colegio, supongo que le agradaba que en la calle la valoraras igual. Como era de esas que siempre buscaba la parte positiva en el alumno, también recuerdo cómo aguantaba estoicamente travesuras infantiles o gamberradas por las que se enfadaba tan rápido como lo olvidaba: le pegaban chicles en la silla, le colocaban pegatinas en la espalda… cosas de críos. No solo se involucraba en la educación de sus alumnos sino también en sus vidas y ofrecía sus servicios a vecinos que le pedían ayuda para entender documentos ilegibles para personas con un bajo nivel cultural, como mis padres, y si encontraba a un alumno que necesitaba una ayuda suplementaria y estaba dispuesto a recibirla, no tenía inconveniente en ofrecérsela.

Contaba siempre mi madre que la señorita Milagros le prevenía sobre mí porque era un niño muy inocente y confiado y cualquier desconocido al volante de su vehículo podría ofrecerme algo para que entrara y secuestrarme. Y eso le causaba cierto desasosiego a mi madre y me sobreprotegía por si las moscas. Y quizás mi profesora también me cuidaba porque me veía vulnerable y, a veces, introspectivo, sin que eso significara que no dedicara tiempo a los estudios; de hecho, la lengua siempre fue una de mis asignaturas favoritas, seguramente porque me las enseñaron maestros tan valiosos como ella.

Contaba siempre mi madre que la señorita Milagros le prevenía sobre mí porque era un niño muy inocente y confiado y cualquier desconocido al volante de su vehículo podría ofrecerme algo para que entrara y secuestrarme

Uno de los motivos por los que me causó tanta impresión cuando era un chavalín fue porque uno de sus hijos era mi amigo de la infancia y juventud y después de marcharme del colegio donde se quedó la señorita Milagros, seguí viéndola a menudo porque vivía en el mismo barrio que mis padres y su hijo me invitaba a casa y jugábamos con el primer Spectrum+ que yo vi en mi vida mientras nos saltábamos las clases del instituto.

La traté durante años y me consta, tal y como su hijo me contó hace unos días, que ella estaba pendiente de sus alumnos más allá del colegio y se enorgullecía de los logros que conseguíamos como si fueran propios. Y por supuesto que lo eran porque ella contribuyó a crear nuestro carácter, a dotarnos de una seguridad y una educación que siempre nos han acompañado.

Todos, seguramente, somos capaces de recordar a nuestra señorita Milagros particular. En mi caso, no fue la única, hubo otras como la señorita Maricarmen, Trini, Inés o Marta, Don Ángel, Josemi o Don Juan

Todos, seguramente, somos capaces de recordar a nuestra señorita Milagros particular. En mi caso, no fue la única, hubo otras como la señorita Maricarmen, Trini, Inés o Marta, Don Ángel, Josemi o Don Juan. Veo en la actualidad a los profesores de mis hijos y soy capaz de detectar la vocación de muchos de ellos, su entusiasmo a la hora de organizar una actividad, la forma de creer y defender a sus alumnos, la sensación de que ellos están ahí para ayudarles a convertirse en una versión mejorada de sí mismos.

Ayudaron a evitar el retraso en la enseñanza de nuestros hijos durante la pandemia y ya lo hemos olvidado, se tienen que enfrentar cada vez más a menudo con padres que incluso llegan a las manos por defender lo que dicen sus hijos aunque esté totalmente confrontado con la postura del maestro

En una época en la que hablamos mucho de la importancia de la educación, pero después dedicamos poquísimos recursos a mejorarla, el recuerdo de una de las profesoras de mi infancia en el momento en que nos ha dejado para siempre, es igualmente una forma de poner en valor a esos héroes anónimos que forjan el carácter de millones de futuros buenos ciudadanos y no siempre reciben el apoyo que merecen. Ayudaron a evitar el retraso en la enseñanza de nuestros hijos durante la pandemia y ya lo hemos olvidado, se tienen que enfrentar cada vez más a menudo con padres que incluso llegan a las manos por defender lo que dicen sus hijos aunque esté totalmente confrontado con la postura del maestro, los ridiculizamos porque no nos parece bien que tengan tantas vacaciones sin tener en cuenta la ardua tarea que desempeñan con nuestros pequeños en clases masificadas de chavales a los que a veces no se les fomenta en casa el respeto por sus profesores, sin darnos cuenta de que, después de nuestros padres, ellos son los que mejor nos señalan el camino a seguir.

Se fue la señorita Milagros y no le han hecho homenajes públicos, ni le entregarán placas a su familia, ni le pondrán el nombre de una calle del pueblo en el que tantos niños aprendieron con ella, pero seguro que muchos de sus alumnos, como yo, llevaremos hasta el final de nuestros días su imagen como una de las personas que nos influyó, como forma de agradecimiento a toda una vida dedicada a formar el carácter de aquellos que en aquel pasado fuimos el futuro y hoy somos el presente.

 

 

 

 

 

Imagen de Jesús Toral

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).