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Aporofobia

Blog - El Viaje a Ítaca - Ana Gámez - Viernes, 19 de Enero de 2018
Fundeu

Que la Fundación del Español Urgente haya elegido la palabra Aporofobia, del griego άπορος (á-poros), “indigente, pobre”,  y φόβος, (fobos), “miedo”,  como palabra del año 2017, es una noticia que gusta a los amantes del griego clásico. Viene a demostrar la vitalidad del griego  como formante de palabras  en nuestra lengua.

Este término acaba de ser incorporado al Diccionario de la lengua española, que la define como “fobia a las personas pobres o desfavorecidas”.  Así pues, es el miedo, el rechazo o la aversión a los pobres. El pasado mes de septiembre el Senado español aprobó una moción en la que pide la inclusión de la aporofobia como circunstancia agravante en el Código Penal.

Le debemos el término aporofobia a la filósofa valenciana Adela Cortina, que la ha acuñado en diversos artículos de prensa desde el 2000, y en su libro 'Aporofobia, el rechazo al pobre. Un desafío para la democracia', en los que advierte de que solemos llamar xenofobia o racismo al rechazo a inmigrantes o refugiados, cuando en realidad esa aversión no se produce por su condición de extranjeros, sino porque son pobres

La mencionada Fundación escoge la palabra del año con dos criterios: que sea de interés desde el punto de vista lingüístico y que haya estado presente en la actualidad informativa. Escracheselfi , refugiadopopulismo fueron las palabras propuestas en años anteriores.

Le debemos el término aporofobia a la filósofa valenciana Adela Cortina, que la ha acuñado en diversos artículos de prensa desde el 2000, y en su libro 'Aporofobia, el rechazo al pobre. Un desafío para la democracia' (Editorial Paidós, 2017), en los que llama la atención sobre el hecho de que solemos llamar xenofobia o racismo al rechazo a inmigrantes o refugiados, cuando en realidad esa aversión no se produce por su condición de extranjeros, sino porque son pobres. Ejemplos hay muchos: no rechazamos a los futbolistas, sean del país que sean, ni a los jeques árabes, ni a alemanes, ingleses o rusos asentados en nuestra costa, ni siquiera los puteros rechazan a las mujeres extranjeras.

Es importante poner nombre a las cosas, las palabras convierten en real aquello que designan. No existe lo que no se puede nombrar. De ahí la importancia de la palabra. Decía Aristóteles que somos seres de palabra, la palabra existe para mani­festar lo conveniente y lo dañino, así como lo justo y lo injusto. Para tener ética, o una identidad  fundamentada en valores. Dando nombre a la realidad, podremos conocerla, enfrentarnos a ella e  intentar cambiarla.

Pero la aporofobia no designa una realidad social nueva, me atrevería a decir que el miedo, el rechazo o la aversión a los pobres vienen de antiguo. Lo nuevo es que la aporofobia está influyendo más que nunca en el tipo de sociedades que estamos construyendo.

Pero la aporofobia no designa una realidad social nueva, me atrevería a decir que el miedo, el rechazo o la aversión a los pobres vienen de antiguo. Lo nuevo es que la aporofobia está influyendo más que nunca en el tipo de sociedades que estamos construyendo

La aporofobia  ha estado presente en la actualidad informativa de 2017 con el drama de los refugiados y de los inmigrantes. Es vergonzosa la gestión que ha hecho Europa de la crisis de los refugiados, que además viene a señalar que la idea de Europa como un espacio para la diversidad, la pluralidad, la hospitalidad y el asilo está en crisis, y que solo existe la Europa de la moneda y de la seguridad;  el ascenso de los partidos de extrema derecha en países como Francia, Austria o Alemania, detrás de los cuales hay una fobia distinta a la xenofobia, se trata de aporofobia, el rechazo a los pobres, a los que no tienen nada que dar y sí muchas prestaciones sociales que recibir, como educación o sanidad;  o en la invisibilidad de los indigentes, de los mendigos sin techo.

También Trump llegó a la presidencia con un discurso populista que rezumaba aporofobia al defender la construcción de un muro en la frontera con México para impedir la entrada de pobres a la América rica y próspera, o la expulsión, como pretende, de más de tres millones de inmigrantes. Hace unas semanas Trump se preguntaba: ¿para qué queremos a esta gente de países de mierda? , refiriéndose a Haití, el Salvador y otros países africanos, y añadía que en su lugar Estados Unidos debería recibir a más inmigrantes de Noruega. Levantada la polémica, declaró después "No soy racista. Soy la persona menos racista a la que hayáis entrevistado, eso seguro". Y efectivamente, no es un problema de raza, de etnia o de extranjería. El problema es la pobreza.  No es xenofobia, es aporofobia.

Y detrás del rechazo de una parte del profesorado y del alumnado a la nueva ubicación de la Escuela Oficial de Idiomas en la zona Norte late también la aporofobia, mezclando para justificar dicho rechazo la ubicación del Centro con cuestiones como la calidad de las instalaciones

En Granada tampoco estamos libres de esta fobia. Valga como ejemplo el fuerte rechazo de los vecinos de un barrio de Granada al local que la ONG “Calor y Café” pretendía abrir alegando razones como el deterioro del barrio o el aumento de la inseguridad. No nos gustan los indigentes. Los queremos lejos de nuestros seguros y apacibles hogares.  

O los datos sobre pobreza y exclusión social de nuestra provincia. Un tercio de la población granadina está en riego de pobreza. La Renta Mínima de Inserción Social en Andalucía, aprobada en diciembre y  orientada a la erradicación de la marginación, de la desigualdad y a la lucha contra la exclusión social, viene a aliviar la situación de precariedad en Granada de varios miles de familias.

Y detrás del rechazo de una parte del profesorado y del alumnado a la nueva ubicación de la Escuela Oficial de Idiomas en la zona Norte late también la aporofobia, mezclando para justificar dicho rechazo la ubicación del Centro con cuestiones como la calidad de las instalaciones. Si se hubiera ubicado junto al centro Comercial Nevada, no importarían tanto ni la distancia ni los atascos. Contra la aporofobia el mejor antídoto es la inclusión, porque también la Zona Norte es ciudad.

La pobreza, que no los pobres, es la enemiga del humanismo.

 

 

Ana Gámez Tapias, nació en Lanteira (Granada) en 1962, un pueblo del Marquesado, es licenciada en Filología Clásica por la Universidad de Granada. Desde 1986 es profesora de Griego de Enseñanza Secundaria. Se ha interesado también por la actual cultura y la lengua de Grecia. Ha sido delegada provincial de Educación y Cultura de la Junta de Andalucía. Y senadora del PSOE por Granada en la anterior legislatura.