Un verano en el Parque de las Ciencias.

Del chiste a la ofensa

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 26 de Abril de 2019
Imagen extraída de las redes sociales del cómico.
redes sociales David Suárez
Imagen extraída de las redes sociales del cómico.

¿Dónde está el límite entre la libertad en el humor y la ofensa? ¿Cuándo acaba el dolor y comienza el perjuicio? Realmente es difícil saberlo, pero lo que es indiscutible es que depende de la época en que se viva y del avance social. Por ejemplo, ya nadie ve gracioso aquel famoso sketch de Martes y Trece en el que aparecía una mujer con la cara ensangrentada y llorando decía eso de «mi marido me pega», pese a que en su momento fue considerado como gag divertido.

Esta semana el cómico David Suárez ha sido despedido del programa de radio en el que trabajaba por un tuit que decía «el otro día me hicieron la mejor mamada de mi vida. El secreto fue que la chica usó muchas babas. Alguna ventaja tenía que tener el síndrome de down». Asegura el chico que su intención no era ocasionar daño y que lo volvería hacer porque se trata de humor, que es a lo que él se dedica. El hecho de que haya recibido un aluvión de críticas, incluso por parte de asociaciones de síndrome de down no parece haberle afectado. «Es que ya no se puede hacer chistes de nada, porque siempre acaba alguien ofendido», es la respuesta a la que algunos pueden aludir para disculparse. Sin embargo, sin salirnos de este mismo tema, el año pasado una película española, «Campeones» utilizaba la palabra subnormal y hacía humor con personas con alguna discapacidad intelectual y no solo no fue considerado humillante sino que sigue proyectándose en institutos como ejemplo de integración social. ¿Cuál es la diferencia? Que en este segundo caso el respeto y el cariño se filtra de forma inevitable; además, al ver esa película uno tiene la sensación de que son ellos mismos los que se divierten con su forma de ser.

Y yo me pregunto: ¿David Suárez hubiera sido capaz de soltar una gracieta del mismo estilo en una Asociación de Síndrome de Down? ¿Alguien osaría hacer un chiste de «mariquitas», (un término, afortunadamente ya en desuso, que utilizaban aquellos que aseguraban hace unos años que les caían bien los gais porque pensaban que eran muy graciosos todos) en un centro LGTBI? ¿Habría algún cómico dispuesto a acercarse a una agrupación de mujeres maltratadas para reírse de la violencia doméstica?

"David dice que no quería molestar a nadie, y no tengo ninguna duda de ello, pero utilizar a un colectivo más vulnerable socialmente en algún aspecto para engrandecerse, para reírse o para obtener una carcajada cotribuye al agravio comparativo"

La respuesta lógica a todas esas preguntas es un rotundo «No», porque en esos casos todos entenderíamos que alguien podría sentirse ofendido. Es tan obvia como indiscutible. Yo soy el primero que hago chistes de gais, pese a ser homosexual, y también me fastidia cuando se hacen mofas despectivas aludiendo a la condición sexual procedentes de heterosexuales. La diferencia es que es más que evidente que yo me río de mí mismo, pero no es tan gracioso cuando otro lo hace de mí. Ahí radica el punto de inflexión. David dice que no quería molestar a nadie, y no tengo ninguna duda de ello, pero utilizar a un colectivo más vulnerable socialmente en algún aspecto para engrandecerse, para reírse o para obtener una carcajada contribuye al agravio comparativo, a fijarse en lo que nos separa más que en lo que nos une. Y, en este caso, el mismo David se ratifica al afirmar que «lo volvería a hacer», lo cual demuestra que ni hay arrepentimiento ni mucho respeto a los demás.

Soy partidario de la Libertad, con muyúsculas, también en el humor, y he criticado vehementemente que haya artistas denunciados por utilizar algún aspecto ideológico, como el tema de la bandera en la que Dani Mateo se limpió los mocos en el programa «El Intermedio» o cuando detuvieron a los Titiriteros que exhibieron una pancarta en una representación con las letras «Gora Alka-ETA». De hecho, considero que el humor es también cultura y sirve para despertar conciencias, para poner el foco en uno u otro aspecto de la realidad. Lo siento, pero una cosa es reírse de un aspecto ideológico o político, que una misma persona puede cambiar en dos momentos distintos de su vida, y otra muy distinta es ridiculizar a alguien, delante del resto, solo porque ha nacido con unas características específicas.

¿Eso significa que ya no se puede hacer humor de nada? Hombre, la sociedad avanza y hay temas que se han dejado de utilizar para la comedia, de forma natural; del mismo modo, debería irse reduciendo esa lista, claro que sí.

Porque cuando alguien en mi presencia hace un chiste de una persona de raza negra por serlo, o de un musulmán, por su religión, o de una persona con obesidad mórbida por el exceso de peso, si yo le sigo el juego y me río de la gracia, estoy perpetuando la desigualdad, estoy contribuyendo a señalar al diferente y hacerle blanco de las ofensas de los intolerantes. La única excepción llega cuando quién hace ese chiste forma parte del mismo grupo, cuando un chino se ríe de los tópicos orientales o un vasco de los suyos, entonces está haciéndolo de sí mismo y eso siempre es sano porque sirve para que los demás puedan ver que esas personas son conscientes de lo que se dice acerca de ellas y que les parecen ideas tan inofensivas que ellos mismos son capaces de utilizarlas.

"El hecho de que el cómico diga que no quería ofender no evita la ofensa"

David Suárez no estuvo afortunado, primero porque como chiste es terriblemente malo, al menos a mí no me hace ni pizca de gracia, claro que eso es una opinión subjetiva; lo realmente importante  es que deberíamos caminar como sociedad hacia un lugar de convivencia en el que el respeto imperara entre todas las personas sin distinciones y que el dolor del otro fuera tenido en cuenta. El hecho de que el cómico diga que no quería ofender no evita la ofensa, como cuando alguien da un codazo sin querer a quién tiene al lado y por ser involuntario no deja al otro de dolerle el golpe. Y menos en este caso, en el que el artista reitera que «lo volvería a hacer».

No sé yo si merece que le despidan como han hecho, afortunadamente no soy quién tiene el poder de decidir, pero si este profesional es listo aprenderá la lección… A no ser que el que su tuit se haya hecho viral lo convierta en una personalidad muy seguida y reciba al apoyo social, el éxito y el dinero en forma de reiteradas ofertas de trabajo. En ese caso, tal vez lo que aprenda es que meterse con un colectivo vulnerable es rentable económica y laboralmente. Y, entonces, será peor el remedio que la enfermedad. No le deseo nada malo a este hombre, pero sí me encantaría que comprendiera que no es necesario dañar para hacer humor. La inteligencia radica en conseguirlo.

Imagen de Jesús Toral

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).