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Cloacas políticas y económicas

Blog - Hombres de Luz - Domingo Funes - Lunes, 8 de Abril de 2019
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La democracia es como un ser vivo. Admite grados de desarrollo y de perfección. No es, por mucho que a veces se quiera trasladar esa idea, un concepto cerrado y completo. En absoluto. Por eso hay índices en los que se mide la calidad democrática de ese escaso 5% de la población mundial que vive bajo este sistema de gobierno, el menos malo de los conocidos. España, que es la decimotercera economía del mundo, ocupa el puesto decimonoveno en el llamado Democracy Index que elabora The Economist.

El ataque desde el “alcantarillado” al líder de Podemos, Pablo Iglesias, al margen de las filias y fobias que pueda despertar el líder de la formación morada, es un hecho gravísimo que, sin embargo, no parece preocupar mucho a “demócratas de toda la vida”

No estoy seguro de que el año que viene pueda mantener el puesto. Y, de hacerlo, lo mismo hay que empezar a cuestionar el propio índice, elaborado por la pomposamente autodenominada “unidad de inteligencia” de la publicación inglesa. Lo digo porque no es compatible con una democracia “plena”, tal y como se califica a España, mantener institucionalizadas unas pestilentes cloacas al servicio de unos poderes que, un día sí y otro también, parecen estar al margen de la ley. Bueno, más que al margen, parecen estar por encima de la ley. El ataque desde el “alcantarillado” al líder de Podemos, Pablo Iglesias, al margen de las filias y fobias que pueda despertar el líder de la formación morada, es un hecho gravísimo que, sin embargo, no parece preocupar mucho a “demócratas de toda la vida”. Ahí me las den todas, pensarán los grandes estadistas que la historia reciente ha colocado al frente del excelso ramillete de formaciones políticas que tenemos la suerte de disfrutar.

Sin embargo, cualquier demócrata con dos dedos de frente, si no es un hooligan atrincherado, convendrá conmigo que el hecho es de extrema gravedad, lo que contrasta con las nulas consecuencias que hasta el momento ha provocado la noticia, empezando por la ausencia de respuestas institucionales proporcionales a la gravedad de esos hechos. También nos ayuda a entender la calidad democrática de un país, el funcionamiento de su economía y de su libre mercado y las cloacas que todo lo alteran. Marcadas las reglas del juego económico, todas las empresas deben tener las mismas oportunidades de prosperar, de ofrecer servicios y productos, en definitiva, de competir. Sin embargo, España, cuya economía depende en buena medida de las PYMES, tampoco está a la altura en esta faceta. La Unión Europea no para de imponer sanciones a Madrid por las continuas corruptelas en la contratación pública. Nuestro país suspende en 10 de los 12 indicadores que valoran la calidad en la contratación de bienes y servicios que lleva a cabo el Estado a todos los niveles.

Esa contratación pública esquiva sistemáticamente a nuestras PYMES, reservando para ellas solo un 28% de esta contratación, frente al 88% que reserva el país mejor colocado en este apartado. De otro, que los cárteles funcionen como un reloj suizo por estos lares,

En relación con lo anterior, dos aspectos me resultan especialmente hirientes. De un lado, que esa contratación pública esquiva sistemáticamente a nuestras PYMES, reservando para ellas solo un 28% de esta contratación, frente al 88% que reserva el país mejor colocado en este apartado. De otro, que los cárteles funcionen como un reloj suizo por estos lares, como ha evidenciado la propia CNMC, que recientemente ha detectado un cártel desde el que se han repartido 1.100 millones de euros en contratación con ADIF en los 275 contratos amañados detectados por el regulador. El cártel, conformado por las principales empresas contratistas del país, liberales a media jornada, no solo ha logrado colocar un 20% de sobreprecio que al final terminamos pagando todos, sino que, además, ha impedido a nuestras PYMES hacerse con una pequeña parte del pastel. Y si a eso unimos que la CNMC ha tardado 14 años en detectar el fraude de estas cloacas económicas, uno termina preguntándose si nuestra democracia, en lo político y económico, no es más que un mero decorado.

Imagen de Domingo Funes

Domingo Funes (Granada, 1967) es Licenciado en Derecho por la UNED y abogado en ejercicio, trabajando en las ramas administrativa y civil, fundamentalmente, y defensa de los consumidores. En los últimos años ha compaginado su profesión con la colaboración en el Grupo Editorial Tres Ediciones, especialmente en Granada Económica, uno de los periódicos del grupo, donde coordina la sección de opinión. Hijo del éxodo rural de los 60, pasa su juventud en el barrio granadino de la Chana, donde su familia se instala proveniente del pequeño municipio de Salar.