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Detrás de la evidencia

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 27 de Mayo de 2016
Jesús Toral.
Indegranada
Jesús Toral.

Alguien me explicaba una vez que las conversaciones humanas no sirven para comunicar emociones, porque cada uno interpreta lo que escucha en función de su escala de valores, de sus juicios personales, de la credibilidad que conceda a su interlocutor; es decir, que si estoy hablando con alguien a quien no soporto y me cuenta que en el trabajo le hacen el vacío interpretaré que es lógico y que se lo merece, pero si me lo dice un amigo íntimo me solidarizaré con él y sentiré que es injusta la situación que está viviendo. Por eso, lo ideal para afrontar cualquier diálogo sería hacerlo sin valoraciones previas, sin juicios…algo tan imposible…

Esta semana he tenido la oportunidad de entrevistar a uno de los personajes del momento: el ex papa del Palmar de Troya Gregorio XVIII, o como le conocen sus allegados: Ginés Jesús Hernández.

Cualquiera que bucee someramente en la historia de las apariciones marianas del Palmar de Troya en la década de los 60 y la utilización que algunas personas, de forma interesada, hicieron del acontecimiento en décadas sucesivas, encuentra motivos de desconfianza. No es difícil, al indagar sobre el tema, llegar a conclusiones como que la congregación de Los Carmelitas de la Santa Faz, más que una escisión de la iglesia católica parece una farsa en la que unos cuantos se forraron a costa de incautos fieles. El oscurantismo que rodea a los palmarianos y la escasa accesibilidad de la sociedad civil al descomunal templo erigido en tan pocos años en la provincia de Sevilla contribuyen a cuestionar la autoproclamación de unos sacerdotes, obispos o incluso papas desacreditados por la iglesia católica.

Así que cuando me confirmaron que Ginés Jesús Hernández, el papa del Palmar de Troya hasta el 22 de abril pasado, nos había concedido una entrevista, me dediqué a investigar su figura, sus fisuras y la forma de acorralarle. En base a toda la documentación, la idea preconcebida que asumí como propia fue la de que el tal Ginés Jesús era una persona de ideología ultraderechista, igual que el resto de la congregación, como lo demuestra el hecho de que se mostraba conforme con la santificación de personalidades como Francisco Franco, Carrero Blanco o José Antonio Primo de Rivera. Además, entendí que se trataba de un pobre hombre, poco ilustrado y con una cultura insuficiente y bastante manipulable, al menos en base a mi documentación.

Me equivoqué. Lo primero que descubrí al conocerle es que la mujer de la que se había enamorado no era cualquier persona, era una vecina de Monachil a quién yo ya conocía y respetaba, alguien que me había ayudado unos meses antes y me había mostrado su generosidad y amistad, alguien que incluso en ese momento ya me había hablado de su relación sin que yo pudiera sospechar entonces de quién se trataba. Así que al encontrarme con ella comencé a desarmarme.

Después tuve la oportunidad de hablar largo y tendido con Ginés Jesús, antes de la entrevista televisada, y me llamó la atención su fortaleza, su inteligencia, su conocimiento de los medios y de lo que podía y no podía decir y fue respondiendo sin cortapisas a cada una de las preguntas que yo le lanzaba con una buena dosis de desconfianza, de animadversión, y por qué no decirlo, de mala leche. Al finalizar el trabajo, claudiqué. Mi función como periodista es encontrar fisuras y tratar de abrir brecha a través de ellas, pero en esta ocasión no me fue posible.

El ex papa palmariano me enseñó toda la documentación, los papeles que certificaban que él era propietario del vehículo que se había traído de Sevilla, que en la congregación estaban de acuerdo con que había desarrollado su labor papal sin incurrir en irregularidades y de la mejor forma que había sabido y que se había llevado únicamente, junto al coche, 1000 euros y enseres personales dejando allí 600.000 euros de patrimonio económico para la orden.

Lo que quiero decir es que llegué a casa de Ginés con la intención de desenmascarar a un friki, a un timador, y a medida que le fui conociendo me entraron tantas dudas que cuando me marché simplemente me quedé con la idea de que un periodista no es un juez ni su labor es la de crucificar a nadie y que este hombre tenía una argumentación, con la que podía o no estar de acuerdo, pero que le servía para explicar su postura.

El propio ex papa reconoce que el Palmar es una secta, que allí se han cometido irregularidades, que tiene conocimiento de varios delitos y que ha dejado de creer en la congregación de Los Carmelitas de la Santa Faz al descubrir todo lo que hay detrás de ella…Eso sí, también matiza que él ignoraba cuanto ocurría en este lugar y que durante su papado, en los últimos 4 años, él ha ido revocando normas que consideraba obsoletas, como no permitir a los niños palmarios relacionarse con el resto en los colegios, o incluso impedir los matrimonios de un fiel con alguien ajeno a la orden.

Añade que las denuncias que tenga que poner sobre el tema irán llegando a su tiempo y es obvio que dispone de una gran cantidad de documentación que podrá hacerles daño.

 Estamos en un mundo de extremos, en el que un día encumbramos a un Iniesta por un gol decisivo y al día siguiente enviamos a los infiernos a un Messi por evasión de impuestos. Es como si estuviéramos deseosos de héroes o villanos, pero el mundo está lleno de intermedios, de personas que a veces actuamos bien y otras veces mal, de tonos grises.

Si en el Palmar de Troya se han producido delitos, las autoridades ya están tardando en encontrarlos y obligar a sus ejecutores a asumir responsabilidades.

No puedo decir que haya descubierto que Ginés Jesús sea un villano, porque no es así, pero a estas alturas de la película, por supuesto, no puedo poner la mano en el fuego por nadie. Ciertamente, tanto él como su mujer nos trataron con absoluto respeto y mucho cariño y evidenciaron muchas ganas de iniciar una nueva vida anónima.

De nuevo volví a recordar que ser periodista no es ser juez, es escuchar, ponerte en el lugar del otro, preguntar, indagar, exponer los datos y tratar de buscar esa objetividad imposible de alcanzar. Y cuando uno se enfrenta a una entrevista con una idea cerrada, premeditada e inamovible lo más probable es que acabe recibiendo silencio como respuesta. Al fin y al cabo, somos el medio, los transmisores de una información que sirve para que sea el público se posicione al respecto de lo que le contamo

Imagen de Jesús Toral

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).