Un verano en el Parque de las Ciencias.

Diagnóstico y riesgo político

Blog - Reflexiones del Por Venir - Chema Rueda - Sábado, 8 de Junio de 2019
M.R.

Creo que podemos coincidir en que buen número de diagnósticos políticos realizados tras el periodo electoral, son acertados. Algunos, incluso, muy acertados. Describen con realismo la situación política, apuntan las dificultades para conformar mayorías estables y sólidas, reparten con razonable acierto responsabilidades a todas las fuerzas políticas y suelen dibujar correctamente la complejidad del futuro. La única pega es que la gran mayoría de dichos diagnósticos también reflejan la indudable satisfacción de quien lo hace con su aportación, lo que supone, de partida, que ahí se queda la cosa. Un diagnóstico acertado, realizado por quien o quienes están muy satisfechos de su análisis, y después, la nada.

Igualmente, podremos compartir que la responsabilidad mayor, y por tanto, a quien compete llevar la iniciativa en el proceso, es el partido más votado. Siempre que también compartamos que la inacción, el silencio o el simple escaqueo no son buenos compañeros de viaje. Y si concluímos que esta última actitud táctica o estratégicamente hablando, es síntoma de habilidad negociadora y de experiencia y sabiduría política, tendremos que pregonarlo de la cuarta fuerza política, de la tercera, de la segunda...y de la primera

Ahora que parece que entramos en las (enésimas) semanas decisivas, intentaré recopilar algunos argumentos que conforman el diagnóstico muy mayoritario de la situación política, a los que procuraré despojar de la inevitable (a veces inconfesable) carga ideológica o partidista que los apoya, para terminar con un esbozo de conclusión, que, adelanto desde ya, destierre la hipótesis sobre la que ya empieza a existir la tentación de abonar, que es que la ciudadanía vota "muy raro" y, claro, por eso tenemos lo que tenemos.

Parece evidente que, de momento, nuestro sistema político, a todos los niveles, es multipartidista; que salvo contadísimas excepciones (casi todas en el ámbito local) se acabaron las mayorías absolutas, y que se confirma que ganar las elecciones equivale a gobernar, aunque no se haya sido la fuerza política más votada. Ganan quienes aglutinan los votos suficientes para ser investidos como alcaldes, alcaldesas, presidentes o presidentas. Resulta obvio que mientras nuestro sistema electoral sea el que es, corresponde a los partidos políticos (y a nadie más) como elemento constitucional de vehiculizar la voluntad popular, la tarea de conformar esas mayorías. Y es innegable que mientras eso sea así, no dejaremos de asistir a una constante sucesión de opiniones y comentarios al respecto de dicho proceso: "Es un mercadeo, es un vodevil, tal partido se la juega si apoya a tal, la voluntad popular exige que el otro partido me apoye, lo contrario es traicionar la voluntad del electorado, es un esperpento y nos toman el pelo, etc, etc.".

Creo que podemos compartir que para la estabilidad política de cualquier institución, no es saludable depender en exclusiva de los votos de fuerzas políticas que "exacerben" el nacionalismo. Pero deberemos compartir, también, que eso incluye a los nacionalistas catalanes, vascos, canarios, navarros, maragatos...y españoles. Igualmente, podremos compartir que la responsabilidad mayor, y por tanto, a quien compete llevar la iniciativa en el proceso, es el partido más votado. Siempre que también compartamos que la inacción, el silencio o el simple escaqueo no son buenos compañeros de viaje. Y si concluimos que esta última actitud táctica o estratégicamente hablando, es síntoma de habilidad negociadora y de experiencia y sabiduría política, tendremos que pregonarlo de la cuarta fuerza política, de la tercera, de la segunda...y de la primera.

La ciudadanía vota lo que quiere por las razones que quiere y jamás se equivoca. Si de ello resulta un escenario político difícil o fácil de gestionar, no es problema de la ciudadanía. Los partidos políticos han de abandonar su auto convicción y su firmeza en sus propias ideas, pues de lo contrario nunca saldremos del diagnóstico acertado, y del diagnóstico "no se come ni se arreglan los problemas"

Seguramente coincidiremos en los posibles inconvenientes que supone realzar o dar protagonismo excesivo a partidos políticos que pueden "rozar" los límites del respeto a la Constitución o que, sin llegar a hacerlo, defiendan posiciones políticas más heterodoxas o rompedoras (por no decir extremistas), o simplemente aspiren a revertir, democráticamente, el orden establecido. Pero, del mismo modo, compartiremos que mientras no se pronuncie el órgano jurisdiccional competente, todos y cada uno de los partidos políticos actualmente en liza en España, son perfectamente legales y, por tanto, susceptibles de participar en el ruedo político, se llamen La Línea 100x100, Vox, EH Bildu o Alternativa Revolucionaria de mi barrio.

Por tanto, y dejando al margen lo que de teatralización y puesta en escena tiene todo este proceso, considero que hemos de dar un paso más. No vale coincidir en impecables diagnósticos de la complejidad de la actual política. La ciudadanía vota lo que quiere por las razones que quiere y jamás se equivoca. Si de ello resulta un escenario político difícil o fácil de gestionar, no es problema de la ciudadanía. Los partidos políticos han de abandonar su auto convicción y su firmeza en sus propias ideas, pues de lo contrario nunca saldremos del diagnóstico acertado, y del diagnóstico "no se come ni se arreglan los problemas". A la larga, la ciudadanía recompensará a quienes arriesguen para solucionar problemas, aunque ello suponga perder un porcentaje de autocoherencia y de pureza programática. Y, por supuesto, aunque suponga, la crítica de los diagnosticadores oficiales. Pero ha llegado la hora de moverse y abandonar la casilla en la que se está bien instalado.

Imagen de Chema Rueda

Nacido en Guadix (Granada) en 1963, por tanto de la generación de "A hard days night" y "Satisfaction". Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada y funcionario de Administración Local, grupo A, trabaja en el Edificio de Los Mondragones. Fue concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Granada (desde 2003 y hasta junio de 2015. Ha sido Secretario general del PSOE de la ciudad de Granada entre 2008 y 2017 y es Miembro del Comité Federal del PSOE desde el 39 Congreso. Me apasiona escribir (lo que pienso), debatir y participar en la vida pública, desde todos los ángulos posibles. Me duelen bastantes cosas de la vida y de la política actual, y no pienso dejar de intentar arreglarlas. Me apasiona la vida, la amistad, la Alpujarra y el Atlético de Madrid.