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'Un enemigo del pueblo'

Blog - Cuestión de Clase - Manuel Morales - Sábado, 10 de Julio de 2021
Imagen extraída del vídeo de Alberto Garzón.
Indegranada
Imagen extraída del vídeo de Alberto Garzón.

Recuerdo nítidamente el impacto que me produjo, siendo un adolescente, ver la obra de Henrik Ibsen Un Enemigo del Pueblo. Eran aquellos tiempos en los que la televisión pública aún se utilizaba para mejorar nuestra cultura en lugar de alienarnos con basura. Un inmenso José Bódalo encarnaba en aquel Estudio Uno al protagonista de la obra: el doctor Stockmann, que se atreve a enfrentarse a los poderes económicos y políticos de su ciudad, denunciando la contaminación tóxica que emana de un balneario que amenaza a la salud de toda la población. Teniendo en cuenta que dicho balneario es la principal fuente de riqueza de la localidad y a la vista del título de la obra, es fácil imaginar por dónde va la trama. Por cierto, que aquella memorable grabación sigue disponible en la web de RTVE, búsquenla.

Garzón ha actuado siguiendo el espíritu emanado de la Ilustración, aplicando la racionalidad al ámbito de la política y, por tanto, proponiendo una pauta social acorde al conocimiento científico

Me vino a la cabeza el relato nada más escuchar al ministro de Consumo alertar sobre la ingesta excesiva de carne en la dieta española. Lo van a crucificar, pensé, y no me equivocaba. Unos por desconocimiento, con esa soberbia despótica que suele acompañar la ignorancia, y otros por interés político o económico, han orquestado en tiempo récord una campaña contra Alberto Garzón. Y todo por atreverse a decir una verdad incómoda. Lo que ha dicho el ministro es verdad. No es una opinión. Es ciencia. Habrá quienes no compartan los valores éticos animalistas, habrá quienes consideren el cuidado de la salud un elemento individual pero, más allá de eso, hay una evidencia desde el conocimiento económico y ecológico. El actual esquema de consumo de carne en los países ricos no puede sostenerse más tiempo por su demanda de agua y energía y por su impacto ambiental, que daña al resto de los sectores económicos. Las cuentas no salen, simplemente. No es ideología, es Termodinámica.

Mientras ese tiempo llega, Pedro Sánchez seguirá comiéndose sus chuletones ecológicos de dehesa y la clase trabajadora seguirá atiborrándose con pollo y cerdo baratos cargados de hormonas y antibióticos, criados en fábricas de carne nauseabundas que destruyen el suelo, el aire y los pueblos donde las poderosas multinacionales de la carne se asientan

Garzón ha actuado siguiendo el espíritu emanado de la Ilustración, aplicando la racionalidad al ámbito de la política y, por tanto, proponiendo una pauta social acorde al conocimiento científico. Lo ha hecho, como él mismo suele decir, pensando no en las próximas elecciones, sino en las próximas generaciones, igual que el doctor Stockman. Y como él, está siendo linchado por los poderosos, más pendientes de su interés particular inmediato. El primero, el presidente del gobierno, que con su chascarrillo del chuletón al punto se ha puesto al nivel de Rajoy y su primo el físico que negaba el cambio climático o Aznar reclamando el derecho a conducir con dos copas de más. Seguramente esto le costará el cargo a Garzón. Puede que hasta lo tuviera calculado. Sin embargo su intervención ha provocado la apertura de un debate necesario en España. Un debate que no se va a cerrar con este linchamiento y en el que el tiempo dará la razón a la razón. Igual que ha pasado con el agujero de ozono, el cambio climático o las energías renovables, que también eran objeto de chanza por la derecha de siempre y la izquierdita cobarde, hace apenas una generación.

Mientras ese tiempo llega, Pedro Sánchez seguirá comiéndose sus chuletones ecológicos de dehesa y la clase trabajadora seguirá atiborrándose con pollo y cerdo baratos cargados de hormonas y antibióticos, criados en fábricas de carne nauseabundas que destruyen el suelo, el aire y los pueblos donde las poderosas multinacionales de la carne se asientan. Pero la brecha se ha abierto y en España ya se ha planteado, como en el resto de Europa, que hay que avanzar hacia otro modelo alimentario. Es sólo parte del necesario decrecimiento ordenado al que tenemos que dirigirnos para evitar colapsar violentamente y convertirnos en una sociedad brutalmente desigual. Gracias Alberto por aceptar ser de esos defensores de la patria que acaban señalados como enemigos del pueblo.

 

 

 

 

Imagen de Manuel Morales
Hijo de padres andaluces, crecí en Madrid y vivo en Granada desde los 19 años. Casado y padre dos hijas.
Me licencié en Física por la Universidad de Granada y realicé un master universitario en energias renovables. Trabajo como funcionario de la Agencia Estatal de Meteorología. Realicé en el Instituto para la Paz y los Conflictos, los cursos de preparación para un doctorado que nunca terminé, al interponerse la política en el camino.