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'Gilipollas no debe ser borrado'

Blog - Cuestión de Clase - Manuel Morales - Viernes, 5 de Noviembre de 2021
Santiago Abascal y parte del grupo de Vox en el Congreso en una imagen de archivo.
E.P.
Santiago Abascal y parte del grupo de Vox en el Congreso en una imagen de archivo.

Hoy es noticia que un diputado de la organización neofascista Vox ha llamado gilipollas a la ministra de Hacienda del Gobierno de España. Lo ha hecho en el Congreso de los Diputados en sesión plenaria. En esa misma sesión, otro neofascista ha amenazado a Joan Baldoví, interrumpiéndole al grito de "eso no se lo dices en la calle", ante una crítica política... ¿Qué significa esto? ¿Por qué no podría decírselo en la calle? ¿Qué pasaría? El significado es evidente: que pagaría las consecuencias en forma de agresión violenta por parte del aludido o quizá de alguno de sus simpatizantes. No podría sorprendernos. El insulto es sólo la antesala de la amenaza y ésta a su vez, el preludio del ataque violento.

La Presidenta en funciones del Congreso, Ana Pastor, ha ordenado que el insulto a la ministra se borre del diario de sesiones por respeto a la cámara. No estoy de acuerdo. Me parece un error, si es que no es una decisión política intencionada

La Presidenta en funciones del Congreso, Ana Pastor, ha ordenado que el insulto a la ministra se borre del diario de sesiones por respeto a la cámara. No estoy de acuerdo. Me parece un error, si es que no es una decisión política intencionada. Parece que a la señora Pastor le avergüenza lo que dicen los señores de vox. Me parece bien, pero más debería avergonzarle formar parte de un partido que después se sienta a negociar puestos y políticas con esos mismos señores y a cogobernar con ellos de facto en ciudades y comunidades autónomas. Porque es mucho más grave que una mera falta de educación lo que subyace a estos comportamientos.

La derecha en España es un señor de chaqueta, corbata y misa de domingo que lo mismo te amenaza que te llama gilipollas desde una tribuna del Congreso, porque, de hecho, tan sólo está a un par de copas de coñac del crimen político

La educación en su sentido más profundo es el reflejo en el comportamiento de una escala de valores centrada en el respeto y la tolerancia hacia el otro. Pero para esta derecha, la educación no es otra cosa que un código de distinción de clase (como ya explicó Bordieu). La usan entre ellos, como una carta de presentación y una barrera para separarse de aquellos a quienes consideran inferiores. Pero es sólo eso. A la menor muestra de oposición o desafío, lo que aflora es el comportamiento violento y agresivo de quienes desprecian a cualquiera que no sea de los suyos. La derecha en España es un señor de chaqueta, corbata y misa de domingo que lo mismo te amenaza que te llama gilipollas desde una tribuna del Congreso, porque, de hecho, tan sólo está a un par de copas de coñac del crimen político.

Ocultar la existencia de insultos y amenazas no resuelve nada. Lo agrava. Es el equivalente institucional de aquellos que dicen a las mujeres maltratadas: calla, que no se entere nadie, no montes un escándalo

Ocultar la existencia de insultos y amenazas no resuelve nada. Lo agrava. Es el equivalente institucional de aquellos que dicen a las mujeres maltratadas: calla, que no se entere nadie, no montes un escándalo. Por respeto a la cámara, los hechos de quienes atacan la democracia desde dentro, deben ser cuidadosamente registrados. Yo quiero que dentro de 50 años en el diario de sesiones se pueda estudiar quiénes eran estos individuos y cómo se fue produciendo la escalada de su violencia política. Que se sepa, además, quiénes lo miraban sin hacer nada o diciendo que son legítimos socios de centro derecha. Para que se comprenda también por qué algunos estamos dispuestos a emplear cualquier recurso democrático a nuestro alcance para mantenerlos lejos del poder. No sea que después algunos pretendan construir el relato de que esto fue "una lucha entre hermanos", negando que hubo agresores violentos y demócratas agredidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imagen de Manuel Morales
Hijo de padres andaluces, crecí en Madrid y vivo en Granada desde los 19 años. Casado y padre dos hijas.
Me licencié en Física por la Universidad de Granada y realicé un master universitario en energias renovables. Trabajo como funcionario de la Agencia Estatal de Meteorología. Realicé en el Instituto para la Paz y los Conflictos, los cursos de preparación para un doctorado que nunca terminé, al interponerse la política en el camino.