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Jueces del arte

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 14 de Febrero de 2020
Cartel de la premiada película 'Parásitos'.
Cartel de la premiada película 'Parásitos'.

Ferrán Herranz y José Tito son dos visionarios que, en plena crisis económica, en 2012, se lanzaron sin red a un sector que estaba viendo mermar el número de empresas: el de las distribuidoras cinematográficas. Como grandes aficionados a las buenas películas, decidieron apostar por aquellas que no querían las grandes y que ellos consideraban un pecado no poder mostrar en las salas españolas a través de La Aventura Audiovisual, una pequeña distribuidora que elegía los títulos extranjeros que a sus máximos responsables les parecían dignos de ser proyectados aunque fuera ante un reducido grupo de aficionados españoles. Su ojo clínico les llevó a quedarse con la película coreana «Parásitos», del director Bong Joon-ho antes incluso de que se rodara, después de ver un guión que consideraron excepcional. La decisión no hubiera sido un cofre dorado sin la aportación de Cannes y ahora de los Oscars, que la han catapultado hasta los primeros puestos de audiencia en las salas cinematográficas de todo el país. Así, en pocos días habrá nada menos que 250 copias y eso le ofrece un respiro económico a La Aventura, que vivirá una nueva era de tranquilidad por una decisión acertada tomada a tiempo.

Da que pensar. Porque si nos fijamos en el panorama cultural actual, la mayoría de los elegidos para confeccionar el elenco de artistas contemporáneos consagrados han sido seleccionados por unos editores, productores o agentes que encontraron un motivo para apostar por ellos. Algunos se convirtieron en estrellas y otros se estrellaron, lo cual pone de manifiesto que nadie tiene la clave del éxito

Da que pensar. Porque si nos fijamos en el panorama cultural actual, la mayoría de los elegidos para confeccionar el elenco de artistas contemporáneos consagrados han sido seleccionados por unos editores, productores o agentes que encontraron un motivo para apostar por ellos. Algunos se convirtieron en estrellas y otros se estrellaron, lo cual pone de manifiesto que nadie tiene la clave del éxito.

Hay cientos de ejemplos de escritores a los que ninguna editorial quería publicarles y que, una vez en el mercado, a veces a través del esfuerzo económico de los propios autores, se transformaron en el principal bestseller del momento. Uno, que dedica la mayor parte del tiempo a escribir, sabe que realmente las editoriales apenas se dignan a estudiar los miles de manuscritos que les llegan a no ser que se los entregue una mano amiga. La misma Dolores Redondo aseguraba hace poco en una entrevista que «El Guardián invisible» tuvo muchos problemas para encontrar editor porque le decían que se trataba de una obra muy local y que no iba a ser entendida. La autoedición se ha extendido hasta el punto de que al resto se las denomina editoriales de riesgo. No hay apuesta, tratan de ir a lo seguro, a los autores consagrados, pese a que eso no garantice la venta de muchos libros y, de hecho, muchas de ellas acaban cerrando. ¿Y cuántas obras se quedan en el camino pese a que de haber sido publicadas habrían arrasado en ventas? Nunca lo sabremos.

¿Y qué me dicen del mundo de la pintura o de la escultura? Conozco a algunos artistas que me cuentan que es tan subjetivo que depende del valor que le conceden unos cuantos expertos en arte. No se trata de que un pintor dibuje o pinte algo que emocione o cree cuadros con una temática o trazados novedosos, sino de que haya un especialista o un grupo de ellos al que el resto de credibilidad y que levante la voz en pro de tal obra o artista.

Tampoco la música está repleta de cantantes con una garganta portentosa. En el grupo musical de la verbena del pueblo, a veces, puedes encontrar a alguien cuya voz te ponga los pelos de punta por su calidad o potencia; sin embargo, muchos famosos cantantes desafinan sin pudor, fuerzan la garganta o apenas se les escucha y, sin embargo, ponen en pie a miles de personas

Tampoco la música está repleta de cantantes con una garganta portentosa. En el grupo musical de la verbena del pueblo, a veces, puedes encontrar a alguien cuya voz te ponga los pelos de punta por su calidad o potencia; sin embargo, muchos famosos cantantes desafinan sin pudor, fuerzan la garganta o apenas se les escucha y, sin embargo, ponen en pie a miles de personas. 

Seguramente, muchos pensaréis que si alguien que no vale lo suficiente triunfa es porque lo hemos elegido entre todos y al contrario, si el cantante del pueblo no triunfa es porque no cuenta con un apoyo masivo y es cierto, aunque con matices. En primer lugar, no se nos muestra todo lo que hay, el solista de las verbenas no tiene posibilidad de hacerse oír ante una audiencia de millones, la masa solo accede a lo que unos cuantos aprueban, así que nosotros no optamos entre infinitas opciones sino entre unas pocas; en segundo lugar, a fuerza de repetir que alguien es un gran artista, el público acaba convencido de que es verdad; y en tercer lugar, hay personajes a los que, por un motivo u otro, se le conceden muchas más oportunidad de fracaso que al resto.

En definitiva, lo que está claro es que en las diversas facetas de la cultura hay unos cuantos que deciden, bien sea por el poder que tienen, por sus intereses o porque ha sido la sociedad la que les ha señalado como jueces en ese determinado sector

En definitiva, lo que está claro es que en las diversas facetas de la cultura hay unos cuantos que deciden, bien sea por el poder que tienen, por sus intereses o porque ha sido la sociedad la que les ha señalado como jueces en ese determinado sector. Y ellos toman determinaciones por nosotros y nos mastican lo que les gusta y nos lo ponen en la boca para que lo aceptemos sin rechistar. Y, aun así, se equivocan, fracasan estrepitosamente con determinados productos, dejan de elegir a aquellos que realmente están llamados a triunfar y no son capaces de escogerlos pese a que circulen por delante de sus ojos. Y no hay consecuencias para ellos por ese error, nadie les pide cuentas, nadie les cuestiona porque disponen de la etiqueta más valiosa, la de expertos.

El problema es que estos jueces de la cultura se dejan por el camino a diamantes en bruto que jamás serán descubiertos porque nadie les dará esa oportunidad ni tampoco les culpará a ellos por haber errado. 

Afortunadamente, siempre habrá buscadores de agua en el desierto, como La Aventura, que descubrirán un gran oasis y lo señalizarán para que el resto de humanos seamos capaces de dirigirnos a él y disfrutar de la frescura de una balsa en medio de cientos de kilómetros cuadrados de arena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imagen de Jesús Toral

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).