Piropos poéticos

'Kenny Beats convierte el dolor en alegría'

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Miércoles, 5 de Octubre de 2022
Kenny Beats – 'Louie'.
Portada de 'Louie', de Kenny Beats.
Indegranada
Portada de 'Louie', de Kenny Beats.

El hip hop, como el flamenco, está conformado por varias disciplinas artísticas cuya importancia y centralidad para el género ha ido variando con el tiempo. El cante solía ser el centro de cualquier espectáculo flamenco, pero en la actualidad el baile, cuando lo hay, tiene más peso; y también encontramos, principalmente desde la aparición de virtuosos como Paco de Lucía y el recientemente fallecido Manolo Sanlúcar, discos y recitales donde el foco se pone en la guitarra. Del mismo modo, el hip hop empezó siendo cosa de los DJs, con los MCs ejerciendo sobre todo un papel de agitadores del público. Pero a lo largo de los años 80, ese equilibrio cambió, y el centro del hip hop pasó a ser la capacidad de hacer rimas, mientras que el oficio de DJ o productor se volvió más oscuro, secundario, y el beatbox fue quedando relegado hasta casi desaparecer de este universo musical. Pese a ello, ha habido grandes productores que han sido capaces de crear discos imprescindibles de hip hop puramente instrumental, o donde las voces son muy secundarias: desde el mítico Endtroducing..... (1996) de DJ Shadow a Donuts (2006) de J Dillah, pasando por los trabajos de Nujabes o Madlib.

Kenny Beats, uno de los mejores productores de los últimos años y sin duda el más visible, gracias a sus trabajos colaborativos y a su serie de YouTube The Cave, ha querido unirse a esta tradición con su primer LP en solitario

Kenny Beats, uno de los mejores productores de los últimos años y sin duda el más visible, gracias a sus trabajos colaborativos y a su serie de YouTube The Cave, ha querido unirse a esta tradición con su primer LP en solitario. Y hay que decir que, aunque quizás no esté en el nivel de excelencia de los discos mencionados, Louie es un álbum estupendo y muy consistente que demuestra la versatilidad y la atención al detalle de su autor. Además, cuenta con una historia triste pero entrañable: el disco es un homenaje a su padre, que fue diagnosticado hace dos años de cáncer de páncreas. Al enterarse de la noticia en pleno confinamiento, Kenny decidió componer este precioso tapiz de hip hop con aroma soul que (no hay más que ver la portada) es más una celebración de la vida que una lamentación. Desde la primera canción, “Leonard”, donde su padre le cuenta el origen de su apodo familiar, Louie, la sensación es que nos adentramos en un ambiente cálido y seguro. El siguiente corte, “Parenthesis”, confirma esta impresión con su delicioso y relajado beat, coloreado por una guitarra y una trompeta dulces como un rayo de sol.

A lo largo de sus diecisiete canciones y 33 minutos, Louie brilla especialmente en este tipo de registro. Esas dos gemas consecutivas que son “Eternal” y “Last Words” seguramente sean su cénit. La primera se ancla en una sencilla combinación de bajo y piano, sobre el cual un sample vocal repite una y otra vez la poderosa frase (sobre todo dado el contexto de la enfermedad de su padre) “we live forever”. Cuando en la segunda mitad un órgano se añade a la mezcla, la sensación de trascendencia es total. “Last Words”, por su parte, cuenta con una aparición minimalista pero estelar de la gran Remi Wolf: su forma de cantar “I say goodbye just to miss you” es tierna y triste, perfecta para ese instrumental tan acogedor y suave. La aparición final de Vince Staples, con su habitual sentido del humor (“I'm here forever like air. Nobody say goodbye to the air!”), remata el delicado juego emocional del tema.

Pero realmente el principal punto fuerte del álbum es lo bien que fluye en su conjunto

Pero realmente el principal punto fuerte del álbum es lo bien que fluye en su conjunto. Hay temas más y menos destacados, naturalmente, pero una vez que uno se deja atrapar, quiere quedarse durante todo el recorrido. Incluso los cortes más repetitivos, como “Get Around” o “That Third Thing”, o algo más inconsistentes, como “Drop 10” o “Hold My Head”, son interesantes. Algunos simplemente son tremendamente agradables; otros tienen detalles sonoros excelentes, o samples de las voces del padre de Kenny y del propio Kenny cuando niño (“The Perch”) que arrancan una sonrisa de inmediato. Y cuando todo se alinea, sucede la magia: “Hooper”, por ejemplo, se las apaña para sonar a lo-fi hip hop y space jazz al mismo tiempo, encontrando un equilibrio perfecto entre lo evocador y lo físico que genera felicidad pura en el oyente. También “Hot Hand”, el ambiguo cierre del disco, destaca al mezclar la fuerza propulsiva de las palmas y las rimas incansables con la melancolía de su guitarra, usando como pegamento un bajo tan ágil como robusto.

Y por supuesto, las pocas canciones donde hay una voz más destacada dejan huella con más facilidad

Y por supuesto, las pocas canciones donde hay una voz más destacada dejan huella con más facilidad. “Family Tree”, con un slowthai con la voz modificada para sonar muy grave, tiene una base muy funky pero también discreta, donde un par de guitarras se encargan de aportar dinamismo. Con ese trasfondo, los insultos del británico a toda la familia de su interlocutor (“So, fuck your mother/Your brother/Your sister and your dad”) resultan más juguetones que amenazantes. Por su parte, JPEGMAFIA se encuentra totalmente a gusto en el angelical beat soul de “Still”, al que aporta su rabiosa energía sin anular su potencia espiritual. Esa es sin duda la clave del encanto de este álbum: ante una noticia devastadora, Kenny Beats ha creado un universo musical capaz de acoger la tristeza y, sin negarla, envolverla en alegría. Según sus propias palabras: “Siempre había dicho que no iba a hacer un disco en solitario porque no tenía nada que decir. Hasta que al fin lo tuve. Algo oscuro se convirtió en algo bello”. Amén a eso.

Puntuación: 7.7/10

 

 

 

 

 

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

Investigador en formación, trabaja en la Universidad de Granada. Le interesa hacer ciencia social comprometida, por lo que estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Además, milita en colectivos de la ciudad. En sus ratos libres, escribe sobre música pop. (Osuna, 1992).