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El machismo soterrado

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 8 de Junio de 2018
P.V.M.

No es bueno minusvalorar a nuestros menores. A veces sentimos que no pueden saber más que nosotros por la falta de experiencia y hacemos oídos sordos a sus mensajes sin darnos cuenta de que, en el proceso de aprendizaje, tanto gana el maestro como el alumno. Y si no que se lo pregunten a los profesores, que cada día descubren algo nuevo de los niños a su cargo.

Esta misma semana ha tenido que ser una pequeña de 13 años la que haya sacado los colores de una sociedad que, pese a los intentos, sigue siendo prominentemente machista. Jana es una mallorquina cuya carta se ha convertido en viral en las redes desde que hace unos días asistió a su colegio vestida con pantalón corto. Un gesto aparentemente tan inocente acarreó duras críticas de su entorno que la llamaron guarra, putilla e incluso puta. Ya es difícil imaginar que en pleno siglo XXI una niña tenga que sufrir insultos tan despreciativos de sus compañeros por vestirse como quiera, pero lo más llamativo es que, según ella misma explica, estos descalificativos procedían de personas del género femenino, otras chicas que, al parecer, son las difusoras de un mensaje machista que sigue calando en la sociedad.

Jana es una mallorquina cuya carta se ha convertido en viral en las redes desde que hace unos días asistió a su colegio vestida con pantalón corto. Un gesto aparentemente tan inocente acarreó duras críticas de su entorno que la llamaron guarra, putilla e incluso puta

Y aunque parezca cosa de críos, el suceso evidencia en qué punto seguimos anclados sin avanzar hacia un mundo más igualitario. Porque nadie en voz alta se atreve ya a defender a alguien que pega a su mujer, pese a que hace unas décadas seguía considerándose un asunto de pareja; tampoco hoy es día está bien visto sostener que la mujer debe permanecer relegada en la casa cuidando de los hijos, resulta desfasado y ruin; ni siquiera tiene demasiado adeptos el hecho de que una mujer para un mismo puesto que un hombre cobre menos. Afortunadamente, han sido ellas las que más han peleado y muy duro durante las últimas décadas con el fin de alcanzar una mayor igualdad. Es obvio, el macho poderoso no se lo ha puesto fácil para soltar sus privilegios por las buenas, pero en muchos casos se ha visto obligado a hacerlo finalmente.

Y es sencillo luchar contra el machismo en las causas más trascendentes, cuando está en peligro la vida de una mujer. De hecho, nadie será capaz de criticar que en el gobierno recién formado haya más ministras que ministros, es algo natural y aceptado, excepto por los que están anclados a un pasado enterrado. El problema llega cuando no es tan evidente, cuando se disfraza de feminismo mal entendido.

Por ejemplo, cuando se sustituye a presentadores de un programa de televisión por mujeres imponentes. En apariencia, es un gesto feminista que concede más relevancia al sexo femenino, pero cuando el físico se convierte en el principal reclamo del citado programa entonces, por mucho que se empeñen en decir los directivos del canal que las favorecen a ellas, en realidad, están perpetuando la imagen de mujeres como objetos sexuales, como si no tuvieran otros atributos.

En apariencia, es un gesto feminista que concede más relevancia al sexo femenino, pero cuando el físico se convierte en el principal reclamo del citado programa entonces, por mucho que se empeñen en decir los directivos del canal que las favorecen a ellas, en realidad, están perpetuando la imagen de mujeres como objetos sexuales, como si no tuvieran otros atributos

En el caso de Jana lo que se pone de manifiesto es una realidad contra la que nos tocará lidiar todavía durante décadas: muchas de las mujeres que educan a sus hijas, aunque se desgañiten en contra de la desigualdad, después siguen repitiendo los mensajes que recibieron: las niñas de rosa y los niños de azul, las hijas han de recoger la mesa, los chicos pueden salir hasta más tarde porque ellas están en mayor peligro por la noche, deben guardar unas normas de recato más estrictas que ellos, etc.

Hace unos meses un profesor de universidad apoyaba que sus alumnas no pudieran ir en camiseta de tirantes porque le desconcentraban y desviaban la atención del resto de estudiantes, como si el problema no fuera suyo por perder la concentración por un motivo tan exiguo.

Ahí es donde las mujeres, con la ayuda de esos hombres que estén dispuestos a sacrificar todos y cada uno de los privilegios que les ha concedido históricamente su identidad masculina, tendrán que trabajar con más ahínco. Y no es que no lo hagan, es que en ese punto deben enfrentarse a su propio género.

Reconozcámoslo: no basta con gritar una vez al año Igualdad para la mujer y luego volver a casa a lavar y planchar la ropa del marido dando por hecho que él trabaja en la calle y no debe mover un dedo en casa. Y cuidado, que no estoy en contra de los amos y las amas de casa, que alguien debe hacer esas tareas, pero cuando el padre no sabe poner una lavadora, o planchar o hacer de comer o ni siquiera fregar los platos es porque alguien lo hace por él. ¿Qué ocurre los fines de semana? ¿O aquellos días en los que no hay trabajo?

Lo peor es que este es el verdadero ejemplo que reciben los hijos, tan astutos que, aunque escuchen aquello de haz lo que digo y no lo que hago, interiorizan mucho mejor el ejemplo que ven que la voz que les llega.

Lo peor es que este es el verdadero ejemplo que reciben los hijos, tan astutos que, aunque escuchen aquello de haz lo que digo y no lo que hago, interiorizan mucho mejor el ejemplo que ven que la voz que les llega

Las Janas de este país ponen en evidencia que todavía siguen arraigadas en el entorno familiar las ideas de que las mujeres son más débiles, de que tienen que cuidar más sus apariencias, de que están más capacitada para cuidar a los suyos que los hombres.

Todavía es frecuente escuchar eso de que no somos iguales. Y es cierto, cada sexo tiene unas características, pero la educación es la que la mayoría de las veces nos condiciona. ¿O es que nadie ha conocido una chica sin instinto maternal, o a la que le guste el fútbol, conducir un camión o el trabajo en la construcción? ¿Acaso tampoco hemos visto a un hombre con gran destreza en las labores del hogar, que sepa coser o que haya decidido en solitario ser padre? Ejemplos hay a miles para quienes quieran verlos, pero es más cómodo generalizar y tratar de hacer creer que valoramos a la mujer por decirle aquello de: Es que tú friegas mejor, cocinas mejor o cuidas mejor a los niños; como si fuera un halago, cuando en realidad es una manera obvia de escaqueo o un prejuicio.

Uno se entristece cuando, en plena era de la tecnología, escucha la voz quejosa de una niña a la que le han insultado por vestirse como le da la gana, porque entiende que la siguiente generación necesitará hacer el mismo costoso trabajo que tuvimos que hacer las anteriores para eliminar esos pensamientos o, de lo contrario, seguirán educando a sus descendientes en base a la desigualdad

Uno se entristece cuando, en plena era de la tecnología, escucha la voz quejosa de una niña a la que le han insultado por vestirse como le da la gana, porque entiende que la siguiente generación necesitará hacer el mismo costoso trabajo que tuvimos que hacer las anteriores para eliminar esos pensamientos o, de lo contrario, seguirán educando a sus descendientes en base a la desigualdad.

Ahora que las galas de misses están despareciendo, que las marcas de ropa empiezan a ser conscientes de que las mujeres utilizan tallas más grandes y no pasa nada, la misiva de Jana pone la voz de alarma en las niñas, esas que aún están por desarrollarse y a las que todavía hay tiempo de inculcar que tienen las mismas capacidades y habilidades que sus colegas del sexo opuesto. Pero para ello es necesario predicar con el ejemplo. Por eso, desde aquí quiero clamar que yo, también, trato de ser cada día más feminista.

 

 

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).