Los mejores discos de 2021. Parte II: 10-1

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Miércoles, 29 de Diciembre de 2021
Maria Arnal i Marcel Bagés, presentando CLAMOR en concierto.
J.M.S.
Maria Arnal i Marcel Bagés, presentando CLAMOR en concierto.
Y ahora sí, se acaba el año y os presento mi top 10: mis diez discos favoritos de 2021. Ha sido un año extraordinario en lo musical, pero para mí, esto es lo mejor de lo mejor. Antes de entrar al lío, me permito también mencionar tres EPs que merecen mucho la pena: Rumba Deluxe, del granadino Paco Moreno; Civilisation II, la segunda parte del proyecto Civilisation de Kero Kero Bonito; y Embryo, de la siempre interesante productora electrónica Jlin. Y como ya hice el año pasado, os regalo también una playlist: esta vez, son mis singles favoritos del año, empezando por el 25 y terminando en el 1. Nos vemos en 2022, ¡feliz año!

10. CALL ME IF YOU GET LOST – Tyler, the Creator

Y van tres. Tras alcanzar la madurez con Flower Boy (2017) y explorar los límites entre el rap y el pop experimental en IGOR (2019), Tyler, the Creator ha lanzado este año su tercera obra maestra seguida. Se trata de una vuelta al hip hop puro, adoptando una estética de mixtape muy sugerente, incluida la presencia de DJ Drama como maestro de ceremonias. Al mismo tiempo, tanto el inmaculado sonido como las letras son odas a la opulencia en la que nada su autor. Su primera mitad fluye entre canciones breves pero impactantes: “CORSO”, “LUMBERJACK” y “MANIFESTO” son bangers de primer nivel, mientras que “MASSA” brilla con una base tranquila pero tensa y “WUSYANAME” es una especie de balada romántica con el idiosincrático sello de su autor. En la segunda parte destacan dos largas canciones, la gran “SWEET/I THOUGHT YOU WANTED TO DANCE”, que va del R&B al reggae, y “WILSHIRE”, donde cuenta la historia que encierra el sentido del disco: a pesar de todo su lujo material, Tyler siente que le falta algo, a saber, el amor, y eso lo empujó a  tener una relación con la novia de un amigo que bordeó la infidelidad y acabó mal para los tres. Pese a ello, el californiano nos asegura que se encuentra en un momento dulce. Desde luego, la calidad de la música, la mezcla de vulnerabilidad y chulería de las letras, el concepto de conjunto y el tremendo carisma personal de Tyler hacen del disco un nuevo triunfo. A disfrutarlo.

9. Afrique Victime – Mdou Moctar

Después de llamar la atención del público occidental con su anterior álbum, Ilana: The Creator (2019), además de una gira por Europa y Norteamérica que deslumbró a quienes pudieron verle en directo, el guitarrista y compositor nigerino Mdou Moctar se ha superado con su excelso Afrique Victime. Tanto en sus momentos más furiosos e incendiarios (“Chismiten” o “Afrique Victime”, con esos brutales solos de guitarra eléctrica) como en los más serenos y bellos (“Taliat”, “Tala Tannam”, “Bismilahi Attagah”), Moctar encandila con su virtuosismo en la guitarra y emociona con la melancolía de su assouf, o blues del desierto. Sus letras en tamashek están llenas de pasión, ya sea para declarar su amor por su compañera Layla o para la denuncia política, y su voz transmite toda esa fuerza. Mientras tanto, la psicodélica música entra en bucles hipnóticos que transportan al oyente a otro lugar. Es como si pudiéramos sentir a la banda a nuestro lado y, al mismo tiempo, sus canciones viniesen de otro plano: son a la vez profundamente físicas e incorpóreas, etéreas, sublimes. El talento compositivo, vocal e instrumental de Mdou Moctar está fuera de toda duda, y en este álbum ha tomado su forma más perfeccionada hasta ahora. No te quedes sin escucharlo.

8. An Evening with Silk Sonic – Silk Sonic

Cuando Anderson .Paak y Bruno Mars lanzaron “Leave the Door Open” en marzo de este año, se produjo un momento eureka: ¿cómo podíamos no haber pensado en esta colaboración tan perfecta? .Paak tiene el prestigio entre la crítica, Mars cuenta con el favor del público, ambos tienen un talento descomunal y mucho gusto por lo retro. El producto de su unión no podía ser otra cosa que la perfección hecha música. El LP que llegó finalmente en noviembre es una recreación punto por punto del sonido del soul de Philadelphia de los setenta: densas y deliciosas orquestaciones adornan bases funkys y sensuales. Sobre esta música las voces de nuestros carismáticos cantantes, que se complementan a la perfección, dibujan melodías exquisitas, mientras cantan letras tan seductoras como chistosas. Cada canción es una bomba: la chulesca “Fly as Me”, la voluptuosa “After Last Night”, la explosiva “777”, la juguetona y redonda “Skate” o la etérea y narcotizada “Blast Off”, todas ellas conquistan al oyente. Este álbum es un monumento a la nostalgia tan efectivo y delicioso que buscarle defectos es un ejercicio fútil: no sobra ni falta nada en su breve pero impactante tracklist. Con Silk Sonic, como los bautizó agudamente su padrino, el gran Bootsy Collins, nos vamos hasta el fin del mundo.

7. Animal – LUMP

A veces la sencillez es más efectiva que cualquier artificio. No solo eso: a veces es muestra de una mayor creatividad que la complejidad, la adición de más elementos, de más capas. Frente a la tentación de añadir cosas que encubran una mala base, se necesita valentía y buen criterio para dejar que las ideas más simples se sostengan y funcionen por sí mismas. LUMP, el dúo formado por Mike Lindsay de Tunng y Laura Marling, han dado una lección en este sentido con su segundo LP, Animal. Sus canciones se basan en la repetición: tanto de las melodías directas y adictivas, cantadas por una Marling en estado de gracia, como de las elementales bases instrumentales. La cálida música electrónica que compone Lindsay tira de arpegios de sintetizador y líneas de bajo atrapantes, produciendo una mezcla de ternura y repelús. De este magma emergen canciones profundamente pop, como la canción titular, “Bloom at Night” o “We Cannot Resist”, que además tienen letras intrigantes y poéticas. También hay otras más solemnes, pero igualmente potentes, como “Gamma Ray” o la desoladora “Red Snakes”, con su abatido piano. Todas ellas atraen gracias a esa magnética simplicidad, a ese punto como de mantra que permea el disco. La última canción, “Phantom Limb”, se despide con una invitación a la acción: “We have some work to do”. Sin embargo, lo que realmente apetece es darle al play una vez más.

6. Bright Green Field – Squid

La introducción a este debut de los británicos Squid, “Resolution Square”, es engañosamente tranquila. Consiste en la grabación de una serie de samples de la naturaleza, reproducidos por varios amplis, con un micrófono que oscila sobre ellos colgado de una cuerda; se trata de la calma que viene antes de la tormenta. En cuanto comienza “G.S.K.”, que describe un mundo distópico donde la única forma de medir el tiempo es usar el edificio de la mayor farmacéutica de Reino Unido como reloj de sol, el álbum te agarra por las solapas y apenas te da un par de momentos de respiro en medio de canciones furiosas, de una energía imparable, siempre en aumento. Incluso un tema relativamente calmado, como “Documentary Filmmaker”, tiene un crescendo que pone los pelos de punta. La banda toca con un vigor envidiable y Ollie Judge canta como loco, a gritos y ladridos, y es imposible no dejarse llevar a ese mundo donde nada es abiertamente terrorífico, pero todo es extrañamente siniestro. Pero la otra cuestión que nos muestra “Resolution Square” es que Squid son muy ingeniosos: el krautrock y el art punk son las bases del álbum, pero lo aderezan con instrumentos medievales, efectos electrónicos, vientos metal, diversos sintetizadores e instrumentos de percusión... Esa creatividad a raudales eleva estas magníficas canciones (desde la monumental “Narrator”, con los alaridos Martha Skye Murphy, hasta la paranoica “Pamphlets”) y las hace inolvidables.

5. Embruxo – Baiuca

En su segundo LP como Baiuca, el gallego Alejandro Guillán ha refinado la fórmula: la combinación de música tradicional gallega y electrónica que caracteriza el proyecto suena más definida, más pulida. Los instrumentos tradicionales aparecen con más claridad y, al mismo tiempo, los sintéticos son más afilados, más efectivos. El resultado es uno de los discos del año. Sobre todo porque, más allá de esa idea de combinar lo tradicional con lo moderno, es el disco que mejor ha unido las texturas electrónicas a una sensibilidad pop. Prácticamente todas las canciones son temazos redondos. “Veleno” cuenta con la voz y el carisma de Rodrigo Cuevas y es sin duda el hitazo del álbum, pero cada aparición del trío de pandereteiras y cantareiras Lilaina es igualmente brillante: desde la misteriosa introducción que es “Meigallo” a la furiosa y dinámica “Luar”, pasando por los dos estribillos, a cual más pegadizo, de “Lavandeira”. Cada canción se acaba convirtiendo en una fiesta, con las voces y la percusión invitando al baile de forma irresisitible, como en “Diaño” o “Conxuro”.  No hay un segundo desperdiciado en Embruxo: todo en el álbum resulta mágico, todo conduce al éxtasis, y en cuanto empieza a sonar no podemos hacer otra cosa que dejarnos llevar y unirnos al corro.

4. Promises – Floating Points, Pharoah Sanders & The London Symphony Orchestra

Las formas de escuchar música evolucionan, inevitablemente, con los cambios de formato. La generalización del streaming como principal forma de consumo ha permitido, entre otras cosas, que escuchemos música mientras hacemos cualquier otra cosa. La música es, por tanto, cada vez más ubicua en nuestra vida, pero al mismo tiempo y paradójicamente, es menos central. Promises es un antídoto contra esta pérdida de protagonismo. Esta composición del artista electrónico británico Sam Shepherd, de nombre artístico Floating Points, dura 46 minutos, se divide en nueve movimientos y se basa en un sencillo motivo: siete notas tocadas simultáneamente en un piano, un clavecín y un sintetizador. Sobre esa base, repetida cíclicamente, otros instrumentos entran y salen, dibujando hermosas figuras. El principal es el saxofón del octogenario Pharoah Sanders, que toca con una sensibilidad y una pasión conmovedoras. Como colofón, la Orquesta Sinfónica de Londres interpreta unos arreglos compuestos por Shepherd, a menudo sutiles, hasta que en el movimiento 6 engullen al resto de instrumentos y nos transportan por completo. No tiene sentido analizar movimiento por movimiento, pues la gracia de Promises es el conjunto, el viaje por momentos más intensos y otros más calmados. Para cualquier amante de la música, este álbum es un regalo al que solo se puede corresponder de una manera: dando al play, cerrando los ojos y dedicándole plena atención.

3. For the first time – Black Country, New Road

Hace cuarenta años a The Clash se les puso como sobrenombre “el único grupo que importa”. El momento actual es incomparable con aquel, claro, pero por algún motivo esa etiqueta me parece que encaja bien con sus jóvenes compatriotas de Black Country, New Road. Estos siete chavales han conquistado a los amantes del rock más experimental con su debut, For the first time, que une una base post punk/post hardcore/post rock, en la línea de sus venerados Slint, con elementos de free jazz o klezmer. Pero lo más importante es que, al igual que la banda de Joe Strummer, Black Country, New Road nunca rehúyen la emoción, sin importarles que se les pueda percibir como sensiblones o ingenuos. La preciosa “Track X” es un ejemplo claro, pero también lo son la brutal “Sunglasses”, la siniestra “Science Fair” o la compleja y cambiante “Athens, France”. La oscuridad que atraviesa el álbum convive en todo momento con una profunda sensibilidad, que la voz quebradiza de Isaac Wood transmite a la perfección. Y lo mejor es que no se van a hacer de rogar: este mismo febrero van a lanzar la continuación, que a juzgar por los singles tiene pinta de que será de nuevo uno de los discos del año. Larga vida al (nuevo) único grupo que importa.

2. Sometimes I Might Be Introvert – Little Simz

En un año en el que varios de los artistas más importantes y reconocidos del hip hop han sacado disco, nadie ha podido hacer sombra a Simbiatu Ajikawo, alias Little Simz. Tras alcanzar un amplio reconocimiento con el compacto GREY Area (2019), la británica ha optado por la expansión. Este cuarto LP es enorme, en todos los sentidos. Ya desde “Introvert”, la primera canción, la percusión marcial, los vientos y el coro dan una dimensión épica al álbum. También aparece desde el inicio el hilo conductor del álbum: la necesidad de Simbi de confiar en sus propios instintos, representados por la recurrente voz de Emma Corrin, a pesar de que puedan hacerla parecer hostil e introvertida. Después, se sucede toda una catarata de estilos, desde el soul (“Woman” y “Two Worlds Apart”) a la influencia africana (“Point and Kill” y “Fear No Man”), en los cuales la voz de Simz encaja con la misma facilidad y estilo impecable. No se esquiva ningún tema, por personal o delicado que pueda ser: la mala relación con su padre (“I Love You, I Hate You”), la experiencia cercana a la muerte de su primo (“Little Q”), los conflictos con su hermana (al final de “Woman” y en “Miss Understood”)... La exquisita producción de Inflo hace de cada instante un regalo sonoro, especialmente en cortes tan barrocos como “Standing Ovation” o “How Did You Get Here”, y Simz demuestra sin lugar a dudas que es una de las artistas más completas que están trabajando en la música actual. Se puede permitir ser todo lo introvertida que quiera mientras siga haciendo discos como este.

1. CLAMOR – Maria Arnal i Marcel Bagés

“Volver a empezar de cero”. Eso es lo primero que nos prometen Maria Arnal i Marcel Bagés en su segundo disco. No es un farol: este dúo se había hecho conocido con un debut austero en el que el protagonismo lo tenían las guitarras. Solo hay que escuchar unos segundos de CLAMOR para darse cuenta de que los catalanes le han dado la vuelta a su sonido: unas texturas electrónicas expansivas nos dan la bienvenida en “Milagro” y nos acompañarán a lo largo del álbum. Los primeros cortes son hits de pop electrónico. “Ventura”, “Meteorit ferit” y sobre todo “Fiera de mí” tienen ganchos irresisitibles, y también nos van planteando ya las ideas que recorren el álbum: un repaso a las miserias, pero sobre todo al infinito potencial de la humanidad, en este momento de crisis y (ojalá) refundación. Pero el CLAMOR no solo lo componen voces humanas: en el disco hay ballenas, hay pájaros, hay ovejas, hay insectos, hay incluso una inteligencia artificial en el “Cant de la Sibil·la”; la pluralidad de voces que puede dar lugar a un nuevo sujeto colectivo. En la segunda mitad del disco, las canciones se vuelven más experimentales, oblicuas, pero no por ello menos apasionantes, y ganan protagonismo las cuerdas. “Tras de ti”, “Jaque” y “El gran silencio” están llenas de detalles sonoros fascinantes, y nos invitan a cuestionarnos a nosotros mismos para poder imaginar otros futuros. Como colofón, en “Hiperutopia” el mundo que han construido durante todo el disco estalla en eufóricos golpes de percusión, y Maria  nos pide que pensemos en todas las cosas que no sabemos cómo explicar. Yo no puedo evitar preguntarme: ¿cómo explicar lo que me provoca este álbum? Y al final, tras el sonido de la campana en “Alborada”, solo queda una cosa que hacer: volver a empezar de cero.

Completa la lista de los mejores discos de 2021 con la primera parte:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

Investigador en formación, trabaja en la Universidad de Granada. Le interesa hacer ciencia social comprometida, por lo que estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Además, milita en colectivos de la ciudad. En sus ratos libres, escribe sobre música pop. (Osuna, 1992).