El mundo se vuelve vegano

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 18 de Mayo de 2018
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Parece que hoy en día cada vez nos da más vergüenza a los que comemos carne decirlo en voz alta, por si alguien nos llama asesinos de animales o inconscientes, o poco respetuosos con el medio ambiente y con nuestro entorno. En los últimos años se ha extendido una corriente vegetariana a tal velocidad que casi todos nos hemos planteado si tendríamos que dejar de ayudar al incremento de los beneficios económicos de las empresas cárnicas con el fin de reducir el sufrimiento.

Y es que esas imágenes desoladoras de pollos hacinados durante su poco más que un mes de vida, engordados a base de químicos, para su inmediato sacrificio, o la manera de acabar con los patos haciendo que les explote el hígado para hacer patés, o los cerdos inflados a inyecciones afectan al más íntegro.

De cualquier manera, ser vegetariano está hoy más de moda que nunca y si te conviertes en vegano, es decir, eliminas todos los derivados de la carne, como los huevos, el queso, la leche… aún es mejor, nadie te mirará como un asesino de animales en serie

Mi postura personal ha sido tratar de mantener el equilibrio, es decir, comer carne, en menor cantidad, e intentar asegurarme de que al menos, al adquirirla, procede de animales que han tenido una vida más o menos sana, al aire libre. Aunque, seamos realistas, a veces es muy difícil, costoso y caro.

De cualquier manera, ser vegetariano está hoy más de moda que nunca y si te conviertes en vegano, es decir, eliminas todos los derivados de la carne, como los huevos, el queso, la leche… aún es mejor, nadie te mirará como un asesino de animales en serie. Algo que no está nada mal, porque reducir ese holocausto que provocamos únicamente para satisfacer nuestras necesidades, sin tener en cuenta que esclavizamos a seres vivos, siempre nos conducirá a una sociedad más concienciada.

El caso es que la moda de lo vegano se ha extendido tanto que, paradójicamente, las grandes industrias cárnicas, como Campofrío, Noel o Argal se han hecho eco de ello y han empezado a trabajar en este ámbito. No es extraño pasar por el supermercado y encontrar decenas de productos que llevan una «V», «Vegan» o «V-label» que quieren decir que son veganos: soja texturizada, cruasanes, mortadela de soja, salchichas de proteína de guisantes, pate de pimiento o de tomate, hamburguesas con cereal refinado, etc.; incluso las leches de vaca han visto reducir su espacio para ser sustituidas por toda una enorme gama de variedades: almendra, coco, avena, arroz…la mayoría de las cuales cuentan con una ínfima cantidad del material que le da el nombre y lleva añadidos más azúcares que otra cosa.

De esta forma, tanto los veganos, como los vegetarianos y aquellos que consumimos carne nos alegramos mucho de tener tantos productos a nuestro alcance, cada vez más asequibles de precio, alternativos a los originales, exentos de partes de un animal. Aunque el verdadero motivo por el que todos nos echamos a las manos esas novedades nutritivas es porque consideramos que son más sanas, después de escuchar hasta la saciedad que el exceso de carne roja incrementa las posibilidades de contraer cáncer o que un consumo abusivo de grasas animales conduce a diversas patologías de corazón, subida de colesterol, etc.

Así que los sufridos consumidores, conscientes de la dificultad de elección entre tanta variedad de artículos alimenticios en los hipermercados hoy en día, nos precipitamos hacia esas «V» con la seguridad de que estamos acertando.

Claro, no nos damos cuenta de que hay que leer la letra pequeña y que la mayoría de esas bebidas vegetales azucaradas tienen un mísero porcentaje vegetal, a lo sumo de un 5%, y el resto son azúcares añadidos en cualquier formato (sacarosa, siropes, melazas, dextrosa, glucosa), que no tienen por qué ser muy sanos. Tampoco somos conscientes de que buena parte de esos embutidos veganos (mortadela, chorizos…) están compuestos de almidón, grasa de baja calidad, saborizantes y sales. Eso sin contar con la bollería vegana, que también se está poniendo de moda, y que se basa en grasas poco saludables, como las hidrogenadas, aceites refinados y grasa de palma.

¿O es que nadie se ha dado cuenta de que al acceder a la sección de frutería o de verduras no huele a nada? Cuando entras a la huerta de un amigo que cultiva tomates o naranjas, no hace falta ni cogerlas para percibir los aromas que desprenden, pero estamos tan acostumbrados a obviarlos que casi hemos olvidado que esos olores deberían ir inherentes a cada fruta

De forma que cuando llevamos a casa esos productos procesados y consideramos que estamos introduciendo la salud en nuestra familia por el hecho de que aparezca una «V», nos estamos equivocando de lleno.

Hay algo que es necesario poner de manifiesto: uno no va a estar sano por ser vegetariano. Primero porque hay que saber mezclar proteínas, hidratos y grasas en la cantidad adecuada y segundo porque cada vez es menor la calidad de los vegetales y las frutas. ¿O es que nadie se ha dado cuenta de que al acceder a la sección de frutería o de verduras no huele a nada? Cuando entras a la huerta de un amigo que cultiva tomates o naranjas, no hace falta ni cogerlas para percibir los aromas que desprenden, pero estamos tan acostumbrados a obviarlos que casi hemos olvidado que esos olores deberían ir inherentes a cada fruta.

¿Y por qué ya las peras saben como las manzanas y las mandarinas son tan insípidas? ¿Quizás porque estamos apretando tanto las tuercas a los agricultores que se ven obligados a cultivar más, y más rápido, a costa de la calidad de los productos?

La alternativa más idónea sería adquirir todo en establecimientos ecológicos, con el consiguiente aumento del gasto en la cesta de la compra, algo que no se puede permitir la mayoría, o mejor aún, plantar uno mismo su propia huerta y autoabastecerse de ella, aunque tampoco es una opción para el común de los mortales, por desgracia.

Puede ser que llegue un día en el que toda la sociedad acabe convirtiéndose en vegetariana, aunque debo recordar que, desde la prehistoria, el hombre ha cazado parar comer carne y que la proteína animal también es un alimento nutritivo. De cualquier forma, no me parecería mal esta evolución hacia los vegetales, aunque me temo que esa variación de tendencia no va a conllevar una mejora en la salud porque en vez de criar pollos hacinados, aceleraremos aún más los procesos de los vegetales, que no lo olvidemos, también son seres vivos, y cocinaremos alimentos cargados de ingredientes que seguirán perjudicando nuestra salud porque las grandes industrias se acabarán dedicando a obtener el mayor beneficio al menor coste, aunque eso conlleve una reducción de la calidad. No voy a presumir de adivino, no es difícil predecirlo, ya está empezando a suceder.

 

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).