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El odio desbordado

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 8 de Noviembre de 2019
Agresión y los insultos a una mujer de origen latinoamericano en un autobús de EMT.
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Agresión y los insultos a una mujer de origen latinoamericano en un autobús de EMT.

La serie de HBO El cuento de la criada, basada en la novela homónima de la canadiense Margaret Atwood, describe un mundo distópico a partir de una dictadura en Estados Unidos que somete a las mujeres y retorna a una sociedad ultra conservadora que nos recuerda tiempos pasados y enterrados. Tan lejanos que parece imposible que vuelvan en un país culturalmente avanzado o desarrollado. Y, sin embargo, acaba emergiendo.

En Estados Unidos muchos de los votantes de Trump fueron inmigrantes o descendientes de ellos, con un discurso tan asombroso como que «hay que poner un límite para que no entren más mejicanos o sudamericanos porque la mayoría acaba delinquiendo». 

Es increíble que se mienta indiscriminadamente para defender una postura ideológica y más sorprendente aún que haya tantas personas dispuestas a creer esas mentiras y que no sean capaces de aceptar los argumentos que sirven para desmontar dichas falsedades

En España, parece que seguimos la misma estela alentados por partidos políticos de ultra derecha que están haciéndose un hueco en toda Europa. Es increíble que se mienta indiscriminadamente para defender una postura ideológica y más sorprendente aún que haya tantas personas dispuestas a creer esas mentiras y que no sean capaces de aceptar los argumentos que sirven para desmontar dichas falsedades.

¿Qué ocurre cuando hay una guerra entre caníbales y hombres racionales? Que si ganan los caníbales se comen a sus enemigos y si vencen los racionales pactan una tregua con los rivales, por lo tanto, siempre acaban triunfando los primeros. Y eso es lo que parece que está sucediendo con unos partidos que, por un lado, defienden las bondades de la dictadura de Franco, están a favor ilegalizar a formaciones políticas por pensar de una manera determinada y por otro se quejan de que no se les respeta su ideología.

Repetir la mentira se ha convertido en una forma de convencer a un electorado harto de vaivenes políticos y líderes que no han estado a la altura. Pero esto se está volviendo muy peligroso, tanto que El cuento de la criada puede convertirse para algunos en una especie de futuro deseable. Porque el odio engendra odio, el discurso del miedo se traduce en violencia, la mano dura se transforma en resistencia.

Cuando escucho barbaridades como que hay las mujeres no quieren igualdad sino seguridad, que están tratando de aprobar una ley en Andalucía que establece la necesidad de autorización expresa de las familias para la participación de sus hijos en actividades complementarias, un pin parental que trata de evitar que los niños reciban información sexual de asociaciones LGTBI+, cuando oigo que se propone la caza o los toros como asignatura en los colegios, o que hay que seleccionar a los inmigrantes que se quedan y los que se van… me produce escalofríos.

Y cuando leo algunas sonrojantes columnas de pseudoperiodistas encumbrados en el poder por alguna mano interesada en las que dan la razón a estos líderes políticos del siglo XVI me dan ganas de vomitar

Y cuando leo algunas sonrojantes columnas de pseudoperiodistas encumbrados en el poder por alguna mano interesada en las que dan la razón a estos líderes políticos del siglo XVI me dan ganas de vomitar.

Y, más aún, cuando alguna abuelita aparentemente encantadora reconoce que hay que volver a los valores tradicionales, obligar a los niños a ir a misa y critica sin pudor a inmigrantes, homosexuales o personas sin hogar siento que el lobo se la ha comido por completo.

Esta semana hemos visto gracias a SOS Racismo como un desalmado la emprendía a golpes contra una pobre mujer, al parecer de origen sudamericano, un hecho ya de por sí condenable, por supuesto, pero más grave aún al ver que el conductor del autobús ni siquiera se inmutó. Pudo ser por dos motivos: porque temía represalias o porque se la trajo al pairo. Cuesta creer que se escudara en el primer argumento porque después no lo comunicó a la empresa, no puso ninguna denuncia y no quedó constancia en ningún sitio, así que es más posible que no le diera importancia o incluso que estuviera de acuerdo con la agresión. 

No se trata, por desgracia, de un hecho aislado. Hemos sabido también en las últimas semanas que hay patrullas ciudadanas en Madrid a la caza de menores inmigrantes y que varios chavales han sido agredidos por algunos de ellos. En el McDonald´s de Melilla, el encargado se acercó a tres menores de entre once y doce años de origen magrebí y les dijo que solo podían hacer el pedido para comerlo fuera de allí. Ni siquiera la aparición de la educadora sirvió para hacerle cambiar de opinión. El representante del restaurante adujo que «eran delincuentes». Lo peor de todo es que nadie de la empresa ha salido a desmentirlo, ni a desvincularse de esta forma racista de actuar. Desde Médicos por el Mundo, la ONG que lo ha denunciado, aseguran que es una actitud con la que deben lidiar a diario en una ciudad donde buena parte de la población es musulmana.

Algo se ha liberado por el aire, un odio contenido que ha dejado de estar estrangulado y empieza a desbordarse con el apoyo de líderes políticos que empiezan a estar representados en las instituciones y que pretenden una sociedad con una mayoría sometida, con prohibiciones, con mano dura, con un discurso tan simple como «si no piensas como yo o te callas o te callo por la fuerza»

Esta misma semana hemos conocido la agresión a un homosexual en Belicena. Sucedió en la terraza de una cafetería por parte de dos hombres y, por si las moscas, antes de marcharse les amenazaron a él y a su pareja con quemarles la vivienda si iban a la Guardia Civil. Dos días después, a las tres de la madrugada, una moto pasó por el exterior de su casa y les gritó «hijos de puta».

Algo se ha liberado por el aire, un odio contenido que ha dejado de estar estrangulado y empieza a desbordarse con el apoyo de líderes políticos que empiezan a estar representados en las instituciones y que pretenden una sociedad con una mayoría sometida, con prohibiciones, con mano dura, con un discurso tan simple como «si no piensas como yo o te callas o te callo por la fuerza». 

Lo más difícil de asimilar es que no hace falta que se esfuercen en encontrar razonamientos veraces ni que digan la verdad; es suficiente con apelar a los sentimientos, como hizo Hitler antes de la Segunda Guerra Mundial. 

Supongo que ni los judíos, ni los comunistas, ni los gitanos ni los homosexuales ni el resto de víctimas de los nazis que tenían una vida cómoda en los años treinta en Alemania imaginaron que el Holocausto podía llegar a producirse alguna vez y que acabaría con buena parte de esos grupos, pero ocurrió. Todo por culpa de un odio desbordado iniciado desde las instituciones y alentado por medios de comunicación afines y empresarios y poderosos acaudalados. ¿Estamos dispuestos a ver cómo se repite? Solo es cuestión de que sigamos dando vuelo a esos argumentos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imagen de Jesús Toral

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).