'La poesía de Kae Tempest no tiene parangón'

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Miércoles, 27 de Abril de 2022
Kae Tempest – 'The Line is a Curve'.
Portada de 'The Line is a Curve', de Kae Tempest.
Portada de 'The Line is a Curve', de Kae Tempest.

Es posible que ni siquiera hayas oído su nombre, pero Kae Tempest es une de les artistas más interesantes de los últimos años. Aunque ha hecho de todo, desde teatro a ensayo pasando por novela, Tempest es ante todo poeta, en el más hondo sentido del término, y ha obtenido especial visibilidad por su forma de poner música a sus textos. Siempre a medio camino entre el rap y el spoken word, sus canciones impresionan por el torrente de imágenes y sonidos que es capaz de enlazar sin aparente esfuerzo, como si brotaran de elle espontáneamente. Su capacidad para hablar sobre las tensiones y contradicciones de la vida en Occidente en el capitalismo tardío, en mi opinión, no tiene parangón. “Europe is Lost” es una de las canciones más impresionantes de este siglo, capaz de hilar las consecuencias del colonialismo con la corrupción política y la banalidad del consumismo con una elegancia y una empatía desarmantes. Además, tiene esa capacidad esencial en el arte de hablar sobre lo universal desde lo particular: sus narraciones siempre han estado profundamente vinculadas a su Londres natal, en concreto al Sur de Londres obrero en proceso de gentrificación.

Ahora ha lanzado su primer álbum desde su transición, The Line is a Curve, y parece que la comodidad de poder presentarse como es le ha permitido llegar a un mayor grado de intimidad en sus reflexiones

Hace ya más de año y medio que Kae salió del armario como persona trans no binaria y cambió su nombre (se hizo conocide como Kate Tempest). Una decisión difícil que había pospuesto por miedo a que supusiera un obstáculo en su carrera. Ahora ha lanzado su primer álbum desde su transición, The Line is a Curve, y parece que la comodidad de poder presentarse como es le ha permitido llegar a un mayor grado de intimidad en sus reflexiones. Mientras que sus dos primeros discos, Everybody Down (2014) y Let Them Eat Chaos (2016), eran historias completas con personajes a los que daba voz, y su último y excelente The Book of Traps and Lessons (mi disco favorito de 2019) era en realidad un solo poema largo con una narración abstracta, en The Line is a Curve encontramos una voz más directa y personal. No por ello se abandonan los impactantes comentarios sobre la locura de la vida diaria en nuestra época, ni el uso de personajes, pero en canciones como “Smoking” (donde recuerda a su madre) o “I Saw Light” (“Deadset on a wish that can nеver exist/A transition: I want to be is but I'm isn't”), Kae nos habla en primera persona, desde sí misme, con más claridad que nunca.ç

Musicalmente, después del minimalismo extremo del último disco (donde incluso uno de los cortes, “All Humans Too Late”, era totalmente a capella), regresan aquí los sonidos electrónicos con tintes industriales de sus primeros trabajos. Al mismo tiempo, encontramos también algunos momentos en los que la paleta instrumental se diversifica: ahí están ese instrumental jazz que va como a trompicones en “Don't You Ever”, la ácida guitarra blues rock que contrasta con unos sosegados vientos metal en “These Are the Days” o los dulces arpegios de guitarra acústica en “Grace”. Hay cortes más agresivos, como el inicial “Priority Boredom” o el impactante “Move”, donde unos sintes afilados y distorsionados dan un aire siniestro a los versos de Tempest. Otros son más contemplativos: “I Saw Light” ni siquiera tiene percusión (y, la verdad, es peor por ello), mientras que “Water in the Rain” casi tiene un punto de dream pop con su densa atmósfera y la fantasmal contribución vocal de ãssia. Lo que se mantiene constante es la habilidad de Tempest para hipnotizar con su voz y sus letras en casi cualquier registro.

Puede que sea por la falta de ese concepto de conjunto que daba tanta fuerza a sus anteriores trabajos, haciendo de ellos experiencias únicas que debían ser vividas de una sentada

Sin embargo, la sensación que se me queda tras escuchar el disco unas cuantas veces es que falta algo. Puede que sea por la falta de ese concepto de conjunto que daba tanta fuerza a sus anteriores trabajos, haciendo de ellos experiencias únicas que debían ser vividas de una sentada. The Line is a Curve es más bien una recopilación de poemas musicados, y esto no tiene nada de malo en sí mismo, pero facilita que, prestando atención a cada canción por separado, se encuentren defectos. Ya decía antes que “I Saw Light” se queda un poco floja al no tener percusión, como si le faltara una dirección. “More Pressure”, el primer single, tiene una colaboración algo decepcionante de Kevin Abstract. La atmósfera de “Water in the Rain” no termina de resultar agradable, no invita a revisitarla. El ritmo trotón de “Nothing to Prove” se hace un poco repetitivo. Incluso, y me parece casi blasfemo decirlo, la letra de “These Are the Days” me deja un poco frío: la repetición de la palabra “days” se me hace pesada y aunque el tema me interesa (la incapacidad de disfrutar del presente, la constante sensación de que el pasado fue más bello o el futuro traerá algo mejor), no siento que voz e instrumental conecten del todo bien.

No quiero decir, con todo, que no me guste el disco. Hay momentos de obvia brillantez, desde el tierno retrato de la adolescencia de “Salt Coast” al sobrecogedor salmo de “Grace”. La letra de “Smoking” fue compuesta por Tempest en el backstage de un festival, grabada a capella y enviada al productor Dan Carey (Squid, black midi, Geese, Fontaines D.C....). Sobre esa misma grabación, Carey y Tempest compusieron una sencilla base de sintes serpenteantes y, aunque la mala calidad de la pista de voz llegue a distraer, se trata de una de las mejores letras del disco (y la colaboración de Confucius MC es brillante). “Don't You Ever”, como “I Trap You” en el disco anterior, es una contundente pero empática reflexión sobre las trampas del amor y la forma en que lo confundimos constantemente con la posesión. Y aún no he hablado de “No Prizes”, el mejor tema del disco. Cantada desde el punto de vista de tres personajes distintos, es una tierna y amarga canción sobre las dificultades para salir adelante en el mundo de la música, con un estribillo magnífico a cargo de la gran Lianne La Havas.

Así pues, no es tanto cuestión de que el disco no sea bueno, como de que la obra de Tempest está a un nivel tal que The Line is a Curve sale mal parado de la comparación con sus anteriores trabajos. Aun así, el álbum reúne más poesía de la que la mayoría de artistas musicales consiguen componer en toda su carrera. La conclusión en “Grace” es conmovedora. Frente al constante combate que a menudo libramos contra nosotres mismes en nuestro interior (“What's my problem?/I'm always drawn back to that wrestling match/Ten thoughts in the ring of my mind playing catch/I can't live for the noise in my head/I just want to dig a big ditch in the soil of my breath and bury my brain there”), la respuesta es sencilla: el amor. “Let me give love, receive love, and be nothing but love/In love and for love and with love”, implora Kae. No queda más que secundar su plegaria, alegrarse de que se sienta más libre y seguir disfrutando del arte que nos regala.

Puntuación: 7.8/10

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

Investigador en formación, trabaja en la Universidad de Granada. Le interesa hacer ciencia social comprometida, por lo que estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Además, milita en colectivos de la ciudad. En sus ratos libres, escribe sobre música pop. (Osuna, 1992).