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Los pueblos se quedan vacíos

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 27 de Septiembre de 2019
P.V.M.

Hace un par de semanas, coincidiendo con el inicio del curso escolar, la Consejería de Educación se congratulaba en todos los medios de comunicación de la comunidad de que había bajado la ratio de alumnos en los centros escolares de Andalucía. Los portavoces nos explicaban que el máximo número de alumnos por clase era de veinticinco y que había crecido la cifra de profesores. Por eso, me sorprendió tanto que desde la dirección del colegio de mi hijo, en Pinos Genil, nos dijeran que iban a juntar a primero y segundo de primaria en una única clase, con un solo profesor, pese a sumar entre las dos 17 alumnos, cuando, en teoría, la ratio establecía que debían separarse las aulas a partir de sumar entre las dos 15 niños. Lo mismo iba a pasar con primero y segundo de ESO, así que nos encontramos con que el colegio, con idénticas plazas de alumnos que el curso pasado, dispone de tres profesores menos.

Lo cierto es que ahora que por fin hay menos niños y que la educación pública podría aprovechar para elevar el nivel con un mayor número de monitores y de medios, nos encontramos con que hacen publicidad de un crecimiento aparentemente falso, mientras el sector público sigue ofreciendo ayudas económicas a colegios privados

Lo más curioso es que la dirección del centro hizo su petición de profesorado en el mes de junio y ahora, la explicación que nos ofrece la delegación es que no superamos la ratio, porque parece que sorprendentemente ha aparecido una nueva norma que indica que desde ahora a esos quince alumnos hay que añadir un 10%, es decir, que el mínimo se estipularía en 16,5 niños. Se trata de un anexo que no conocen ni los sindicatos del sector, que están tratando de dirimir la cuestión porque tampoco acaban de entenderlo. No es el único caso, parece que ha sucedido en varios pueblos con menos de 2000 habitantes, especialmente en La Alpujarra. Tanto es así, que ya se han iniciado movilizaciones al respecto. ¿Dónde están entonces esos maestros de más que se supone que se incorporaban? ¿Tal vez en las ciudades más grandes? ¿O se trata únicamente de un truco de cifras que esconde, en realidad, una reducción de profesionales más que un aumento? El caso es que el hecho de que tengamos menos profesores en los pueblos pequeños repercute en la calidad de la enseñanza e incita a los padres a colocarse en la tesitura de continuar en el centro con un mismo tutor para dos niveles diferentes o matricular al pequeño en la capital, donde eso no va a suceder. Lo cierto es que ahora que por fin hay menos niños y que la educación pública podría aprovechar para elevar el nivel con un mayor número de monitores y de medios, nos encontramos con que hacen publicidad de un crecimiento aparentemente falso, mientras el sector público sigue ofreciendo ayudas económicas a colegios privados.

¿Y qué supone esto? Que los centros pequeños ven reducirse aún más el número de alumnos, porque se marchan a la capital o a ciudades más grandes y un día no muy lejano, se verán obligados a cerrar sus puertas, enviando a sus profesores al paro.

¿Y luego nos dicen que no hay trabajo? Si cada sector se viera obligado a contratar al número de personas realmente necesarias para desarrollar su actividad y les pagara un sueldo en condiciones, estoy seguro de que se doblaría en número de empleos disponibles y bajaría el paro, pero eso implicaría que llegara menos dinero a las esferas de poder y que se produjera un reparto más equitativo del dinero en el mundo, es decir, una utopía.

Es la contradicción institucional que se llena la boca de animar a la gente a retornar a los pueblos porque sienten que esa parte del país se está quedando vacía y, sin embargo, no dedican ni el más mínimo esfuerzo a mejorar la calidad de vida de sus vecinos

Es la contradicción institucional que se llena la boca de animar a la gente a retornar a los pueblos porque sienten que esa parte del país se está quedando vacía y, sin embargo, no dedican ni el más mínimo esfuerzo a mejorar la calidad de vida de sus vecinos.

Más del 60% de los ayuntamientos españoles tienen menos de mil habitantes, pero solo el 3,2% de la población global reside en ellos. El gobierno anuncia medidas y programas económicos destinados a fomentar el traslado desde ciudades a pueblos para reducir la saturación que sufren. Lo que parece es que todas las medidas que se toman están pensadas por alguien que nunca ha vivido la realidad de los municipios pequeños, donde el transporte público es deficiente, la sanidad apenas está representada, no se potencia la educación, no se crean puestos de trabajo especializados, no hay muchas posibilidades de futuro para las generaciones venideras.

España se queda vacía y son los propios alcaldes los únicos interesados en luchar para que eso no ocurra. Caravanas de mujeres, entrega de viviendas y tierras a los nuevos vecinos, y otras iniciativas procedentes del propio municipio sirven solo en casos concretos para incrementar la población en lugares concretos. Todos recordamos que algunas localidades de La Alpujarra granadina estuvieron en el siglo pasado a punto de desaparecer hasta que tuvieron la genial idea de potenciar el turismo y se esforzaron tanto que consiguieron dinamizar la vida cotidiana de toda la comarca y crear nuevos ingresos y profesiones.

En el pueblo, unos vecinos cuidan de los otros, se conocen todos, se critican, sí, pero también se ayudan. No tienes miedo de dejar a tu hijo pequeño jugar tranquilo con sus amigos porque sabes que hay ojos que vigilan por todos lados, los de esos vecinos que no permitirán que a ningún chaval le pase nada

¡Lástima! Porque vivir en un pueblo es una de las mejores decisiones que puede tomar una familia. Prácticamente no hay asesinatos, ni apenas robos, uno puede salir tranquilo a cualquier hora del día o de la noche y si ve a un desconocido no se asustará, al contrario, pensará que tal vez esté perdido y que pueda ayudarle. Ofrece paz infinita, tranquilidad, el sonido del agua descendiendo por el río, los cantos de los pájaros que no se encierran en jaulas porque se escuchan desde las ramas de los árboles, los grillos y las cigarras anunciando el calor abrasante o el repiqueteo de la lluvia en los cristales y hasta el baile del viento en otoño. En el pueblo, unos vecinos cuidan de los otros, se conocen todos, se critican, sí, pero también se ayudan. No tienes miedo de dejar a tu hijo pequeño jugar tranquilo con sus amigos porque sabes que hay ojos que vigilan por todos lados, los de esos vecinos que no permitirán que a ningún chaval le pase nada. Especialmente, los abuelos, esos entrañables seres que desgranan sus memorias pasadas desde los bancos de cualquier plaza o parque, Y siempre tendrás un vecino que te dará tomates de su huerta ecológica o huevos de sus gallinas criadas al aire libre o una de esas naranjas recién cortadas del árbol que aromatizan la cocina entera.

Y el ritmo de la vida se ralentiza y los paisajes se visten de campos, de sierras, de senderos y lagunas y el estrés se reserva a quienes combinan sus quehaceres entre la ciudad y el pueblo y el único inconveniente es que aquellos que nos visitan los fines de semana o en vacaciones se olvidan de surtirnos de recursos que nos permitan disfrutar de los mismos derechos que los de las capitales, ya que pagamos los mismos impuestos y estamos supeditados a las mismas obligaciones.

 

 

Imagen de Jesús Toral

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).