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¡Qué guay! Vacaciones… para mi hijo

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 24 de Junio de 2016
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Se acabaron los atascos a las puertas de los colegios; ya no hay que madrugar para ir a clase y, por el contrario, los padres de los niños más pequeños nos tenemos que rebanar los sesos para encontrar un lugar en el que colocarles durante nuestra jornada laboral. Han empezado las vacaciones escolares y la algarabía de ellos se enfrenta a los quebraderos de cabeza de sus progenitores.

Desde el 22 de junio hasta el 12 de setiembre hay 82 días, con sus tardes y sus noches. Y no crean que lo sé porque lo haya contado: lo escuché ayer a unos padres, como si fuera una condena. ¡Vamos! ¡Que nadie me toque a mi hijo!, porque es lo que más quiero, pero una cosa no quita a la otra: entretener a un niño de 4 años requiere mucha atención, paciencia y dedicación. Y cuando tenemos tiempo, a veces, acabamos muy cansados pero contentos de compartirlo con ellos; no obstante, si no se lo podemos dedicar, nos sentimos injustos, pensamos que no estamos haciendo todo lo que debiéramos y esa quimera de verano ideal se desmorona para ser sustituida por la pesadilla de las vacaciones.

 Y el problema principal es que nos movemos en una sociedad en la que la conciliación familiar es una aspiración de futuro más que una realidad presente. Las afortunadas familias donde trabajan los dos progenitores se encuentran con que cada uno de sus miembros sólo cuenta con un mes de vacaciones: 30 de los 82 días…así que algunos, muy responsables, si se lo permiten, deciden tomarse julio para que el cónyuge se tome agosto. De esa forma, hay 60 días en los que el pequeño puede estar acompañado… ¿Y qué pasa con los otros 22?...Teniendo en cuenta que trabajan los dos, tal vez, sólo tal vez, -porque hoy en día se pagan salarios tan paupérrimos que únicamente alcanzan para cubrir los gastos-, los padres tengan posibilidades de dejar al niño en una escuela de verano; la otra alternativa es acudir a los abuelos.

Ayer oía a un padre hablar de ello y se mostraba contrario a estos campamentos: “A mí me dan pena los niños que se quedan en estos lugares, porque yo recuerdo, de chiquillo, que lo pasaba mejor con mis abuelos”. A su lado, un chaval de unos 16 años ratificaba esta versión con sus recuerdos más recientes: “Para mí era un rollo eso de estar en campamentos”.

Claro, que aquellos padres que no pueden apoyarse en otras personas, porque los suyos fallecieron, están enfermos o viven lejos, no tienen demasiadas posibilidades.

¡Ojo! No sería yo capaz de restar ni un solo día de vacaciones a los profesores, que ya trabajan 5 ó 6 horas diarias durante casi 10 meses, aunque también habría que descontar: la semana blanca, las Navidades, la Semana Santa… En fin, que trabajen poco o mucho, hacen lo que se espera de ellos. De hecho, al menos ellos tienen la posibilidad de conciliación familiar, algo a lo que el resto deberíamos también poder acceder cobrando nuestro sueldo completo.

 Así que, sin más remedio, desde ahora nos tendremos que acostumbrar a que nuestros hijos se levanten por la mañana pidiendo dibujos animados y a vernos obligados a dejarlos frente al televisor tanto tiempo que luego nos sintamos culpables cuando conozcamos los sesudos estudios de cualquier empresa interesada en centralizar el ocio de los menores que indiquen que los niños ven demasiada tele y eso los convierte en seres aislados, poco sociales, y tímidos. Y en los días de descanso, tendremos que indagar como detectives para localizar las distracciones más oportunas o accesibles a nuestros pequeños, porque en caso opuesto nos arriesgamos a sufrir las consecuencias de mantenerlos encerrados en casa durante varias horas.

Y cada vez que un padre se queje de su situación, ya habrá alguien al lado que le recuerde que fue él quien eligió serlo y que apechugue con las consecuencias.

Es inútil que le respondamos que estaríamos encantados de disfrutar de la piscina y de la playa con nuestros pequeños, que sería un placer poder ir con la pareja y los niños, todos juntos, pero que desde hace años eso no es posible porque las tareas domésticas obligan a muchos matrimonios a dividirse las vacaciones para que, al menos uno de los dos permanezca en el hogar encargado de la descendencia mutua.

 ¿Y qué ocurre con las familias monoparentales? Que los problemas se multiplican exponencialmente sin que la ley otorgue una sensibilidad especial para ellos.

Estamos en semana electoral y los programas de todos los partidos se afanan en prometernos una mayor conciliación familiar, más semanas de descanso tras el parto, equiparación de días para padre y madre, más apoyos…pero cuando te percatas de que algunos de los que hacen esas promesas son los mismos que han tenido responsabilidades de gobierno en los últimos años y no han hecho demasiado al respecto, pierdes esperanzas.

Si encargamos nosotros una encuesta independiente, el noventa y muchos por ciento de los participantes dirá que la familia es lo más importante; sin embargo, gran parte de estas personas que piensan así, viven su vida sacrificando diariamente a sus parejas, a sus hijos, a sus padres, por un trabajo o un sueldo. ¡Qué sinsentido! Te quiero tanto que tengo que renunciar a estar contigo para darte bienestar, aunque no te pueda ver en todo el día. Da que pensar.

Imagen de Jesús Toral

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).