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Somos la Herencia impresiona con un original y oscuro álbum sobre la alienación

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Miércoles, 27 de Mayo de 2020
Somos la Herencia - Dolo
Portada de 'Dolo' de Somos la Herencia.
Portada de 'Dolo' de Somos la Herencia.

Una buena portada puede hacer mucho por un disco. Especialmente si no sabes mucho del artista y de pronto te topas con una imagen que capta de inmediato tu atención. Cuando además la imagen es capaz de situarte inmediatamente en el tono emocional que la música persigue, su impacto a veces ayuda a redondear la experiencia estética de la escucha. No hay que mirar dos veces la portada de Dolo para sentir el escalofrío del miedo recorriendo tu espalda y dejando un peso incómodo en la boca del estómago. La carne desnuda, las manos anónimas que la lavan, y sobre todo el gesto del hombre encogido, abrazando su propio torso, en medio de una oscuridad que parece que solo rompa el flash de la cámara, se graban en la retina y dan alimento a las peores pesadillas.

La cadencia de la voz al principio, junto al uso de reverb, me parecía indicar una influencia del hip hop de la última década (que suele resumirse bajo la etiqueta “trap”); pero mientras la línea de bajo parecía claramente salida de un grupo de rock, los efectos sonoros (primero esos golpecitos y chasquidos, después los sintes disonantes y los samples de voces) me resultaban imposibles de clasificar

Cuando mi amigo Aitor me envió “Cuero rojo” acompañada del mensaje “Muy oscuro, para escucharlo a la noche”, hice caso del consejo y esperé unas horas para oír la música, pero la imagen ya me había dejado perturbado. Enfrentarme al extraño cóctel de sonidos de la canción no hizo sino aumentar mi interés. La cadencia de la voz al principio, junto al uso de reverb, me parecía indicar una influencia del hip hop de la última década (que suele resumirse bajo la etiqueta “trap”); pero mientras la línea de bajo parecía claramente salida de un grupo de rock, los efectos sonoros (primero esos golpecitos y chasquidos, después los sintes disonantes y los samples de voces) me resultaban imposibles de clasificar. Para rematar, la letra confirmaba el aire siniestro que impregnaba la canción: “Quiero una piel de cuero rojo como un demonio, como un demonio”.

No tuve más remedio que escuchar el disco completo, y el desconcierto inicial se convirtió en entusiasmo. El cuarteto madrileño Somos la Herencia, en este debut en largo, ha combinado el post punk más oscuro (no sorprende que les edite Humo Internacional) con la electrónica más espeluznante para dar con una estética muy original. Y lo más importante: tienen, en general, canciones para respaldarla. “Un nuevo idioma” juega a la perfección con los tiempos, pinchando la inercia de su inicio para después introducir una caja de ritmos que propulsa el tema hacia una segunda mitad llena de detalles interesantes. “Pesar” es ejemplar en su forma de unir una estructura rockera clásica con el uso de sintetizadores para crear texturas y de la percusión para desorientar al oyente. Este último truco lo repiten en varias ocasiones (“Kolima”, “Injusto”, “Entre las piedras”): sonidos de timbres muy distintos entran por uno u otro canal de forma algo imprevisible e incluso a veces arrítimica. Me recuerda al efecto de escuchar Black Origami, de Jlin, uno de mis discos favoritos del 2017.

“Parque de Atenas” puede ser el punto culminante del álbum. Su letra es icónica, gracias a la siniestra épica de las aventuras que describe, buscando por las calles de Madrid a un hombre que envenena perros y, al mismo tiempo, buscando volver a un punto anterior de la relación con su interlocutor. Antes de terminar la primera escucha ya estaba cantando “justo en todo, en todo el centro” a coro con Gonzalo Sanz. No es la única letra admirable: el álbum explora la despersonalización, la incomprensión en las relaciones y respecto a uno mismo, la alienación urbana postindustrial y el actual imperio de la imagen en la comunicación humana, con palabras precisas y sobrias pero que calan. Un ejemplo que resume todo esto, sacado de “Injusto”: “Si vas a venir, llámame/Me hago una foto y te la mando/Quiero enseñarte lo que no soy/Así es como debería ser/Alguien ha entrado en mi casa/Alguien que se parece a mí”. Aún más poderosa es esta línea de “Pesar”: “Paso de brutalismo, te quiero en vídeo/que ya habían cerrao la fábrica cuando nacimos”. No parece casual, por tanto, que la portada sea tan buena, ni que parezca, por su encuadre, sacada con un teléfono móvil.

“Hombres libres”, por su parte, no tiene un estribillo tan potente, pero mantiene el tono general de los cortes más post punk sin problemas. Otros temas sí presentan estilos diferentes: la instrumental “Kolima” es mejor en su crescendo inicial que después, en un final un poco carente de dirección, mientras que a pesar de su atractivo inicial, “Cuero rojo” termina por perder un poco de encanto en el contexto del álbum, pues su combinación de géneros chirría ligeramente en comparación con otras y, con las repetidas escuchas, se revela como una canción algo plana. En todo caso, el corte más peculiar es “Espuma”, que se asoma al ambient y prioriza pintar un paisaje sonoro a una estructura reconocible. La falta de percusión hace que ese paisaje contraste con algunas de las sensaciones que transmite el resto del álbum: la frenética violencia urbana es sustituida aquí por una angustia más callada, que evoca las imágenes de devastación medioambiental que se ven en Blade Runner 2049. A pesar de algunos momentos de escalofriante belleza, es difícil no sentir que el ímpetu del álbum decae un poco con estos seis minutos tan calmados.

La madurez de la propuesta es evidente: todos los elementos del disco se refuerzan mutuamente, y aunque no todas las composiciones sean redondas, el conjunto impresiona por su coherencia

“Injusto” tiene momentos hipnóticos, pero tal vez no consigue captar la atención durante toda su duración: algunas partes instrumentales son demasiado sencillas y se repiten en exceso. El cierre, con “Entre las piedras”, también destaca por experimentar con la estructura, introduciendo descargas de ruido a derecha e izquierda y concluyendo en un punto álgido, en que la distorsión refuerza la austera belleza lírica: “Quiero ser piedra para ser templo/Quiero ser roca para aplastarlos/¿Y no es bonito que entre las piedras en las que crecí/siempre tallaba tu nombre?”. La madurez de la propuesta es evidente: todos los elementos del disco se refuerzan mutuamente, y aunque no todas las composiciones sean redondas, el conjunto impresiona por su coherencia y tiene un impacto emocional inmediato que incluso mejora con las escuchas. Dolo es un gran disco, y Somos la Herencia es desde ya un grupo a seguir.

Puntuación: 8/10

Si quieres ecucharlo: Somos la Herencia - Dolo

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

Investigador en formación, trabaja en la Universidad de Granada. Le interesa hacer ciencia social comprometida, por lo que estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Además, milita en colectivos de la ciudad. En sus ratos libres, escribe sobre música pop. (Osuna, 1992).