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Trabajar sin cobrar

Blog - El ojo distraído - Jesús Toral - Viernes, 7 de Septiembre de 2018
P.V.M.

Las cifras del paro siguen sin arrojar resultados positivos pese a que se supone que la crisis hace tiempo que pasó. Y lo que yo veo, como creo que muchos otros ciudadanos, es que los sueldos siguen bajando y bajando y que, en algunos sectores, como el periodismo, incluso se ofrece trabajo a cambio de auto realizarte como persona, o sea, sin salario.

Verán, siento que el periodismo es una de las profesiones más bonitas del mundo, pero cada vez se me hace más duro navegar en estas aguas. Durante este verano he recibido varias “ofertas de trabajo” y lo entrecomillo porque me pedían artículos a cambio de promocionarme como periodista, es decir, con sueldo 0. Proyectos pensados para pagar a los empleados solo en caso de generar beneficios, vamos, un chollo para las incipientes empresas.

Siento que el periodismo es una de las profesiones más bonitas del mundo, pero cada vez se me hace más duro navegar en estas aguas. Durante este verano he recibido varias “ofertas de trabajo” y lo entrecomillo porque me pedían artículos a cambio de promocionarme como periodista, es decir, con sueldo 0

Y es que esto del periodismo está atravesando uno de los peores momentos de la historia. Si las empresas no valoran a sus empleados en el sector, los propios profesionales somos los primeros que cedemos a la tentación de trabajar gratis para desarrollar nuestra vocación.

El otro día, una amiga, con la mayor naturalidad del mundo, se puso en contacto conmigo con el fin de pedirme que le ayudara a buscar a un operador de cámara por un día para ella sin cobrar nada a cambio, porque estaba desarrollando un proyecto empresarial y no podía ofrecerle dinero. Aseguraba que, dentro de unos meses, si le gustaba su forma de grabar, contaría con él y le pagaría. Y además, se extrañaba de que tuviera problemas para localizar a alguien, aunque fuera a un estudiante de una escuela. Mi amiga, a la que quiero mucho, no es consciente de que jamás se le ocurriría acudir a un abogado para pedirle que le llevara su caso gratis y, en caso de que le gustara su forma de llevarlo, la siguiente vez, le pagaría. Tampoco a nadie se le ocurriría ir a la carnicería para coger un chuletón de buey y decirle al carnicero: “Me lo llevo sin pagar, lo pruebo, y si me gusta, la próxima vez te cojo otro y ya te lo pagaré”.

Desafortunadamente, el excesivo paro en la profesión y la variedad de oferta hace que los empresarios puedan aprovecharse de ello y eso ha calado hasta tal punto en la población que a todo el mundo le parece lógico llamar a un amigo que trabaja en televisión para que le grabe lo que sea sin cobrar nada a cambio

Desafortunadamente, el excesivo paro en la profesión y la variedad de oferta hace que los empresarios puedan aprovecharse de ello y eso ha calado hasta tal punto en la población que a todo el mundo le parece lógico llamar a un amigo que trabaja en televisión para que le grabe lo que sea sin cobrar nada a cambio. Así hemos asistido en Granada en 15 años a una reducción tan espectacular de medios de comunicación que el paro se ha instaurado entre los colegas mayores de 35-40 años. Y es que muchos medios prefieren ir tirando con prácticos a los que ni les pagan o contratar precariamente a recién licenciados a los que jamás les abonarán una hora extra. Fue la primera consecuencia de la crisis en nuestro sector: reducir salarios, sustituir a personal con una serie de derechos adquiridos por nuevos trabajadores en condiciones más precarias y hacer crecer de esa forma los beneficios, despreciando la experiencia.

Es algo que se ha extendido tanto en la profesión que, por ejemplo, en televisión es habitual desde hace años que los periodistas sean contratados en setiembre para echarles a la calle en junio, con la promesa de que, si el programa en el que desarrollan su función vuelve en setiembre, a ellos les llamarán de nuevo, y así año tras año. ¿Qué significa eso? Que los profesionales tienen que tirar del paro para poder cobrar en verano, o dicho de otra manera, que a muchos periodistas de televisión y operadores de cámara no se les pagan las vacaciones, en pleno siglo XXI y después de generaciones de lucha por los derechos laborales de los trabajadores.

¿Qué significa eso? Que los profesionales tienen que tirar del paro para poder cobrar en verano, o dicho de otra manera, que a muchos periodistas de televisión y operadores de cámara no se les pagan las vacaciones, en pleno siglo XXI y después de generaciones de lucha por los derechos laborales de los trabajadores

Hace unas semanas lo denunció la compañera Samanta Villar a través de las redes y ella misma era consciente de que recibiría muchas críticas del sector por haberse metido en ese jardín. La entiendo. De hecho, no me extrañaría que muchos colegas no se atrevieran siquiera a compartir este artículo por miedo a represalias, porque sus jefes puedan pensar que ellos están de acuerdo con algo que sufren cada día en carne propia o que ven en los compañeros que están alrededor. Divide y vencerás, y eso es lo que los empresarios de la información y el entretenimiento aprendieron hace tiempo; el sumiso, sigue, el que se queja, sale de la rueda.

No es algo puntual. Incluso algunas televisiones nacionales te contratan sin pudor de lunes a viernes, para no pagarte el fin de semana. Asimismo, cada empresa tiene una bolsa engrosada de profesionales que únicamente se dedican a ser sustitutos en ese medio concreto y que esperan una llamada a cualquier hora del día para salir a trabajar dos horas, media jornada o un par de días. Un chollo para las empresas, porque además de saber que tienes a alguien con quien puedes contar a cualquier hora, por otro lado, estás presionando al titular de la plaza y recordándole continuamente que no es imprescindible y que en cualquier momento puedes deshacerte de él, si no cumple.

Hace unos días escuchaba a Francisco Marhuenda, flamante director del periódico La Razón, despreciar a los periodistas de hoy en día en comparación con los de hace varias décadas, porque antes quienes formaban parte de los medios eran abogados, ingenieros o médicos, como si ejercer esas carreras fuera suficiente mérito como para trabajar en un periódico. Marhuenda parece que olvida que el periodista no es el que sabe de todo sino el que es capaz de trasmitir cualquier información al público en general con el lenguaje apropiado para que lo comprenda. Eso no lo enseñan en medicina, ni en ingeniería, eso se aprende en comunicación audiovisual o en periodismo.

Yo he sido testigo de cómo hay compañeros trabajando 12 y 14 horas sin cobrar extras para contar que los conductores de autobús o las limpiadoras se quejan porque no se les computan todas sus horas de trabajo. Nosotros contamos esas injusticias, pero ¿quién cuenta las que vivimos nosotros?

Este es el grave problema del periodismo, que nosotros somos los que debemos contar las cosas que ocurren y nuestros jefes nos las acotan y cuando se trata de hacer autocrítica, el veto es inexpugnable. Yo he sido testigo de cómo hay compañeros trabajando 12 y 14 horas sin cobrar extras para contar que los conductores de autobús o las limpiadoras se quejan porque no se les computan todas sus horas de trabajo. Nosotros contamos esas injusticias, pero ¿quién cuenta las que vivimos nosotros?

A estas alturas, tal vez haya incautos lectores que piensen que la labor periodística está muy bien pagada. Nada de eso. Conozco colegas que cobran 10 euros por noticia publicada, lo que significa que si no se publica no se cobra, aunque se haya elaborado, y si bien es cierto que al menos los canales públicos se ven obligados a pagar un sueldo en condiciones a sus empleados, las empresas privadas, incluso en televisión, son un mundo alternativo. Un reportero puede cobrar, en Madrid, y en un programa de prime time, sin horario ni fines de semana, menos de 2.000 euros, mientras que si nos vamos a las autonómicas, aquellos que trabajan en una productora se tienen que conformar con salarios que no sobrepasan los 1.500 euros netos, incluyendo en esa cifra las pagas extra.

En las tertulias televisivas nos hartamos de ver cómo se saca a relucir la precariedad en muchos sectores sociales, pero nunca, casualmente, se habla del periodismo, de esta bendita profesión que algunos elegimos un día porque nos parecía un sueño trabajar en algo que nos apasionaba. Y el sueño se está transformando para muchos colegas en una utopía

Después, en las tertulias televisivas nos hartamos de ver cómo se saca a relucir la precariedad en muchos sectores sociales, pero nunca, casualmente, se habla del periodismo, de esta bendita profesión que algunos elegimos un día porque nos parecía un sueño trabajar en algo que nos apasionaba. Y el sueño se está transformando para muchos colegas en una utopía, porque hay una parte del sector que está estrechamente vinculado a los puestos directivos, es decir, son los hijos, sobrinos, amigos de directores, políticos, jefes de sección, gerentes de productoras, etc.; por otro lado, el resto, somos los que consideramos que nuestra labor debería hablar por sí misma. ¿Y adivinan quiénes acaban en los puestos de dirección? Efectivamente, los afines, mientras que muchos de los otros son sacrificados porque tienen demasiada experiencia y lo que se busca es a inexpertos que lo den todo sin rechistar por un sueldo ínfimo.

Y lo dice alguien que se considera un privilegiado porque tiene un foro como El Independiente de Granada en el que se pueden verter opiniones, sean del lado que sean. Pocos medios hay en la actualidad que alcancen ese grado de objetividad y de credibilidad y son los lectores de este medio los principales beneficiados.

Algún día, tal vez, saldrán compañeros a los que se les escucha y que conocen perfectamente las dificultades del sector y, quizás, también llegará el momento en el que los propios profesionales del periodismo empecemos a querernos más, a no trabajar gratis, a hacernos oír, porque lo que está claro es que si uno no se valora es imposible que vea que quienes tiene enfrente le acaben valorando.

Imagen de Jesús Toral

Nací en Ordizia (Guipúzcoa) porque allí emigraron mis padres desde Andalucía y después de colaborar con periódicos, radios y agencias vascas, me marché a la aventura, a Madrid. Estuve vinculado a revistas de informática y economía antes de aceptar el reto de ser redactor de informativos de Telecinco Granada. Pasé por Tesis y La Odisea del voluntariado, en Canal 2 Andalucía, volví a la capital de la Alhambra para trabajar en Mira Televisión, antes de regresar a Canal Sur Televisión (Andalucía Directo, Tiene arreglo, La Mañana tiene arreglo y A Diario).