Viva Belgrado expanden sus horizontes en 'Bellavista'

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Jueves, 4 de Junio de 2020
Viva Belgrado – Bellavista
Portada del último trabajo de Viva Belgrado, 'Bellavista'.
Portada del último trabajo de Viva Belgrado, 'Bellavista'.

En los últimos años, pocas bandas de las escenas españolas de hardcore y metal han conseguido trascender y convertirse en fenómenos más amplios, capaces de atraer hacia sí a oyentes más acostumbrados a otros géneros. El ejemplo paradigmático sería Toundra, que incluso antes de unirse a Niño de Elche para dejarnos a todos boquiabiertos con Para quienes aún viven (2017) bajo el nombre Exquirla, ya habían conseguido seducir a la prensa indie y a un público amplio en toda Europa. Por el momento nadie se ha acercado a ese grado de crossover success, que dirían los anglosajones, pero si había un candidato claro para seguir la estela de los madrileños, esos eran Viva Belgrado.

Su particular visión del screamo, esa versión gritada del emo, hace compatibles momentos de una brutalidad demencial con otros de gran dulzura y atractivo melódico

Como aquellos, este cuarteto cordobés se había fogueado en giras internacionales antes de obtener reconocimiento en España. Si ya prometían con su debut en largo, Flores, Carne (2014), dos años más tarde confirmaron su potencial con Ulises (2016), editado por Aloud Music, el sello en que crecieron los propios Toundra. Además, su particular visión del screamo, esa versión gritada del emo, hace compatibles momentos de una brutalidad demencial con otros de gran dulzura y atractivo melódico, como probaron con la contraposición de “Pleiades/Pasaportes” con “Por la mañana, temprano”. La voz de Cándido Gálvez se muestra igualmente hábil gritando que susurrando, y aunque sus letras no podrían ser más adecuadas al género que más ha explorado la angustia adolescente, eran varios los momentos en que demostraban que no tenían miedo a tontear con otros estilos: desde tonos de guitarra nada habituales hasta detalles de los arreglos y la producción, como el uso puntual de cajas de ritmos.

Lo que Bellavista demuestra es que ese tonteo no era una mera diversión, sino parte esencial de la forma en que Viva Belgrado hacen su música. La tercera frase del disco es “vivan el vaporwave, los cassettes y el alcohol”, y el que avisa no es traidor. Pero ni siquiera esa reivindicación de un género tan alejado de sus influencias más obvias suaviza la sorpresa de encontrar una canción inspirada en el lo-fi chill hop: “Más triste que Shinji Ikari” (referencia al excelente anime Evangelion incluida). Y menudo temazo se sacan de la manga con esta experimentación: la suavidad e intimidad de su bedroom pop y el innegable gancho del estribillo conquistan con bastante facilidad. Eso sí: por si pensábamos que se habían “ablandado”, el corte inmediatamente posterior, “Un collar”, sube los decibelios y arrolla de forma tan extrema como las canciones más duras de Ulises, o incluso más… antes de desnudar la canción por completo y acompañar la voz de Cándido solo con guitarra flamenca y palmas.

Lo que Bellavista demuestra es que ese tonteo no era una mera diversión, sino parte esencial de la forma en que Viva Belgrado hacen su música

Este es el ejemplo de fusión más evidente, pero todo el disco muestra una plasticidad admirable, dando cabida a referencias tan sorprendentes como el C. Tangana de LOE'S (“antes era antes”, cantan en “Cerecita Blues”, en referencia a “Fechas”). Y al mismo tiempo es innegable que Bellavista fluye como la seda. Algo de lo más irónico, dadas las temáticas que exploran las letras: la frustración, los vicios, la repetición de los errores, la dificultad para mantener las relaciones personales y, de fondo, la amargura al ver que todo el trabajo y el reconocimiento no llevan a ningún lado. O, en palabras de la banda, el “darte cuenta de que estás persiguiendo algo inalcanzable y el desengaño que eso conlleva”. El grupo ha pasado por varias crisis desde el lanzamiento de Ulises, incluida la partida del batería, Álvaro Moreno, y es evidente que esto les ha generado ansiedad. Lo prueba el hecho de que la primera y la última canción hagan referencia a los cuatro años transcurridos entre ambos álbumes (“Ya está, cuatro años para esto/Nos ha llevado un tiempo/Joder, ¿y ahora qué hacer?”, empieza “¿Qué hay detrás de la ventana?”). Pero el resultado es sin lugar a dudas un paso adelante, un disco que sabe muy bien lo que quiere ser y que lo es sin complejos.

Se podría dividir el álbum en tres secciones: la primera se mueve en un post-hardcore melódico y melancólico, con las tres canciones iniciales engarzadas a la perfección y culminando con la ya comentada “Más triste que Shinji Ikari”. La segunda es la más floja, pese a empezar con la excelente “Un collar”. En la recta final de esta se percibe con especial patencia la influencia de Toundra, y la letra sintetiza las dudas del grupo: “¿Cómo mirar hacia el futuro sin la certeza de saber/Que hay un sentido el camino/Que mantener el equilibrio es un acierto/Y que merece la pena pelear por tus principios?”. Sin embargo, la triada formada por “Ikebukuro Sunshine”, “Shibari emocional” y sobre todo “Vicios”, presenta algunos pasajes instrumentales menos emocionantes y alguna frase menos afortunada, además de que están algo peor construidas como canciones. Resulta anecdótica la breve aparición vocal, en la primera de ellas, de Cala Vento, en cuyo sobresaliente Balanceo cantó el año pasado también Cándido.

La fase final del disco la inaugura la magistral “Amapolita Blues”, cuyo crescendo final es uno de los mejores momentos del álbum

La fase final del disco la inaugura la magistral “Amapolita Blues”, cuyo crescendo final es uno de los mejores momentos del álbum. El momento de iluminación que retratan las últimas líneas (“entonces lo vi claramente:/tal vez no me importa lo suficiente”) nos lleva al bestial inicio de “Lindavista”. Esta canción comienza el giro lírico hacia unas conclusiones positivas, rememorando la historia de la banda y haciendo una generosa y sencilla invitación a un miembro que está planteándose dejarlo: “Tenemos muchos sueños/Quédate para vernos/Alcanzarlos todos junto a ti/Y si se nubla el día/Habrá una birra fría/Junto a la ventana para ti”. Aunque hay que decir que el rock contemplativo con slide guitar incluida de la segunda mitad de la canción, mientras Cándido se desgañita en la distancia, choca un poco. Recuerda a la extraña mezcla de “Gifts for the Earth” de sus admirados Deafheaven, que pasaba del black metal más abrasivo a un pasaje guiado por guitarra acústica claramente inspirado en Oasis. Pero este intento funciona peor: es menos rico instrumentalmente y la lejanía de la voz de Cándido resta potencia a su mensaje tan cercano.

El efecto en la voz al inicio de “¿Qué hay detrás de la ventana?” sí funciona a la perfección, transmitiendo la distancia y extrañeza de ese estado alterado de conciencia que delata el final de la estrofa: “¿Estaba amarga la pastilla?”. A pesar de que vuelven las dudas, todo ello sirve para llevarlos a la autoafirmación (“Que le den al mainstream/También al underground/Y todos tan contentos”), culminando en esa escalofriante y bellísima despedida a voz en grito: “Que no nos falten los conciertos/Que vengan pocos desencuentros/Y que no pasen cuatro años”. Después bajo y batería suspenden brevemente el tiempo, atrapados en un loop hipnótico y agridulce. Y después silencio. La idea está clara: Viva Belgrado han aprendido de estos difíciles cuatro años y ahora esperan estar con nosotros más a menudo, dándonos dosis constantes de su ecléctica interpretación del post-hardcore.

¿Llegarán a trascender al nivel de Toundra? Quién sabe, ojalá que sí; aunque eso es menos importante, evidentemente, que la salud emocional del grupo

¿Llegarán a trascender al nivel de Toundra? Quién sabe, ojalá que sí; aunque eso es menos importante, evidentemente, que la salud emocional del grupo. En todo caso este disco no es el mastodonte que era III, pero la comparación más adecuada quizás no sea con el grupo de post-metal madrileño sino, como ellos mismos han señalado, con los míticos Standstill. Si este Bellavista fuera, efectivamente, su Standstill (2004), el siguiente podría ser un disco que marcara época. Pase lo que pase en el futuro, este álbum es un buen sitio por el que empezar.

Puntuación: 7.8/10

Si quieres escucharlo, pincha en el siguiente enlace: Viva Belgrado – Bellavista

 

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

Investigador en formación, trabaja en la Universidad de Granada. Le interesa hacer ciencia social comprometida, por lo que estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Además, milita en colectivos de la ciudad. En sus ratos libres, escribe sobre música pop. (Osuna, 1992).