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CONDADO DE MIRAVALLE

La granadina heredera del trono del emperador Moctezuma II

Cultura - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 23 de Septiembre de 2018
Una historia que te va a sorprender y que es muy probable que desconocieras. La firma el investigador Gabriel Pozo Felguera. Para leer, disfrutar y compartir.
Los abuelos y la madre de la XII Condesa de Miravalle, en una foto hecha en Saltillo (México, en 1897).
FOTOS. J. A. MARTÍN JÁIMEZ.
Los abuelos y la madre de la XII Condesa de Miravalle, en una foto hecha en Saltillo (México, en 1897).
  • Maricarmen Enríquez de Luna es la primera persona en el orden sucesorio del imperio azteca, conquistado por Hernán Cortés en el siglo XVI

  • Desea que el estado de México rehabilite sus derechos honoríficos, entre ellos la “pensión” a perpetuidad concedida por Carlos I y suspendida unilateralmente por la Presidencia mejicana en 1933

Con motivo del 500 Aniversario de la muerte del emperador mexica Moctezuma II, está  volviendo a revivir su historia en México. Y la consiguiente polémica sobre su sanguinario gobierno y la conquista de Nueva España por Hernán Cortés. Desde hace dos siglos reside en España (en Granada concretamente) la familia que desciende más directamente de Moctezuma II, los condes de Miravalle. Por su actualidad, reproducimos en este capítulo un artículo del escritor Gabriel Pozo Felguera referido a esta familia; está escrito en el año 2010, cuando la titular de los derechos era la XII Condesa de Miravalle; pero falleció en 2015 y hoy los derechos “sucesorios” al imperio mexicano recaerían en su hija María del Carmen Ruiz Enríquez de Luna, XIII Condesa de Miravalle. Lo que sigue es su historia.

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María del Carmen Enríquez de Luna y del Mazo. XII Condesa de Miravalle. XVI descendiente de Moctezuma II, emperador de México destronado por Hernán Cortés en 1520 para la causa de Carlos I de España. A sus noventa años luce una vitalidad y un humor envidiables. Por sus venas corre sangre indígena mexica, poca, pero la defiende con orgullo. Representa la primera línea directa y más pura del linaje del emperador mejicano; se sabe depositaria de unos genes que comparte con no menos de un millar de descendientes de Moctezuma repartidos entre España y México, principalmente. Pero ella es la primera en la línea sucesoria. Vive en Andalucía, adonde fueron a parar buena parte de descendientes de Moctezuma a lo largo de los últimos cinco siglos: unos, porque suponían un peligro latente que Felipe II se empeñó en alejar de su virreinato de Nueva España; otros, porque la revolución e independencia de México iniciada en 1810 acabó con sus privilegios de siglos y terminaron replegándose a España.

Algunos descendientes, como “hijos de emperador” depuesto, tuvieron derecho a privilegios y rentas, a la “pensión de Moctezuma”. Durante cuatro siglos percibieron religiosamente las rentas pactadas, primero por el Reino de España y después por los Estados Unidos de México. Una renta fijada en 1.480 gramos/oro, que al cambio actual supondrían anualidades de unos 60.714 dólares. Eso fue así hasta hace 86 años en que dejaron de pagarse por decreto presidencial de México. Sin mayor explicación. Todo un atropello y una vulneración del derecho.

Hace veinte años ya hubo un intento de pedir explicaciones, tímido pero acercamiento al fin y al cabo. Los “hijos de Moctezuma” lo más que consiguieron fue que los recibiera un funcionario de la Embajada Mejicana en España, ni siquiera el embajador. Pero no se rinden, ahora están empezando a contactar, tanto descendientes en México (unos 750) y los residentes en España (unos 350) para que se les rehabilite su derecho suspendido.

Algunos descendientes, como “hijos de emperador” depuesto, tuvieron derecho a privilegios y rentas, a la “pensión de Moctezuma”. Durante cuatro siglos percibieron religiosamente las rentas pactadas, primero por el Reino de España y después por los Estados Unidos de México

¿Y qué derecho es éste? Maricarmen Enríquez de Luna, la primera en línea recta de sucesión de Moctezuma II, deja claro que no les mueve el interés económico, sólo el del honor: “El honor de que se nos reconozca como legítimos depositarios de la voluntad de nuestros antepasados, de su linaje, de su sangre. De que se nos privó de un derecho de manera unilateral, antidemocrática, al que no hemos renunciado ni renunciaremos nunca. No perseguimos que México pague nada a los descendientes de Moctezuma, sólo que diga que tenemos derecho”. En caso de que algún día les restituyesen la “pensión de Moctezuma”, Maricamen Enríquez tiene claro lo que haría con ese dinero: “Destinarlo a ayudar a los pueblos indígenas mejicanos, que seguro les viene muy bien; a través de una fundación o cualquier otro sistema. Porque esos teóricos sesenta mil dólares anuales habría que repartirlos entre bastantes descendientes y no nos sacaría de pobres. Yo, en mi caso, no lo necesito, no es que sea rica, pero vivo sin grandes necesidades”.

La XII Condesa de Miravalle, primum inter pares de los Moctezuma, sólo quiere atenciones, cariño, reconocimiento de lo que representaron los Moctezuma para México y poder ayudar a los descendientes indígenas de los pueblos prehispánicos. Sus antepasados Moctezuma-Miravalle disfrutaron de grandes posesiones en México; hoy no les quedan más que documentos, recuerdos y deseos de volver a enlazar con sus raíces mejicanas. A sus 90 años, Maricarmen todavía no descarta visitar México invitada por su Presidente. Nunca pudo ir; una vez llegó a tener comprado el billete, pero una indisposición hizo que lo regalara a su hermana. “Allí la agasajaron, la recibieron incluso con banda de música”, rememora emocionada. Su madre, nacida en México (Saltillo, 1892) le hablaba mucho de su tierra de origen.

Con ella y la futura Condesa de Miravalle, la XIII, su hija María del Carmen Ruiz Enríquez de Luna, fabulamos. “Imaginemos que a los mejicanos se les ocurre reinstaurar el imperio, como ya lo hicieron dos veces anteriores” –comentamos-, “y enlazar con el primer descendiente del emperador Moctezuma II…”  “Pues ésa sería yo”, responde divertida la XII Condesa. En ella están depositados los derechos dinásticos de Moctezuma II, aunque hay que tener en cuenta que el penacho imperial mexica era electivo entre la nobleza, no hereditario. La broma sigue: “Reinaría con el nombre de Maricarmen Moctezuma III”.



XI Conde de Miravalle, en su puesto militar en el norte de África, primera década del siglo XX.

La Pensión de Moctezuma

El origen de esta historia se remonta a 1519. El imperio azteca prehispánico estaba formado por infinidad de tribus indígenas que ocupaban Mesoamérica, desde el actual sur de EE UU hasta Guatemala. Los mexicas, emparentados con los sioux y de marcado cariz nómada/guerrero, habían descendido de las zonas desérticas hacia la meseta mexicana, hasta sojuzgar a la mayoría de tribus. Allí, junto a la laguna, fundaron su capital Technotitlan (año 1325, actual México D. F.)

¿Cómo consiguió Hernán Cortés sojuzgar a los mexicas con sólo 40 jinetes y 400 infantes? Rápidamente se percató de los odios intertribales y los alimentó. Reinaba en Technotitlan Moctezuma II Xocoyotzin (señor joven y respetable), que había subido al trono en 1502. En su persona concentraba todos los poderes terrenales y espirituales. Sus creencias religiosas profetizaban el regreso de su dios Quetzalcoatl precisamente por aquella época, proveniente del océano, subido sobre un ciervo y con un penacho extraño. Esa descripción tenía cierto parecido con la figura del capitán Hernán Cortés subido en su caballo (animal desconocido por los mexicas), con resplandeciente armadura y de casco empenachado. La conquista fue fácil, aunque también sangrienta.

Lo cierto fue que para 1524, los españoles habían tomado el control del imperio, Moctezuma estaba muerto y en su lugar reinaron brevemente otros dos emperadores, verdaderos títeres en manos de Cortés. Poco antes de morir Moctezuma II, dicen que herido de una pedrada lanzada por su propia gente, pidió a Cortés que protegiese a sus descendientes, especialmente a sus tres hijas bautizadas.

¿Qué se entendía por descendientes de Moctezuma II? Si hacemos caso a los historiadores españoles, el antepenúltimo emperador mexica tenía a no menos de 150 doncellas embarazadas cuando llegaron; se le mencionan por lo menos 17 hijos con varias concubinas. Pero Moctezuma II hizo hincapié en tres de ellas, de nombres españolizados tras recibir bautismo: Isabel (Tecuichpoch), María y Marina. Y concretamente pidió, ya moribundo el emperador, especial atención por la mayor, hija de emperatriz: se llamaba Isabel de Moctezuma y contaba sólo once años.

¿Qué se entendía por descendientes de Moctezuma II? Si hacemos caso a los historiadores españoles, el antepenúltimo emperador mexica tenía a no menos de 150 doncellas embarazadas cuando llegaron; se le mencionan por lo menos 17 hijos con varias concubinas. Pero Moctezuma II hizo hincapié en tres de ellas, de nombres españolizados tras recibir bautismo: Isabel (Tecuichpoch), María y Marina

Isabel de Moctezuma casó, en su pubertad, con los dos siguientes emperadores mexicas (Cuilláhuac  o Águila del cielo y Cuauhtémoc o Águila que desciende), tío y primo suyos, respectivamente. Los dos murieron prematuramente y sin haber dejado descendencia con ella. Hernán Cortés la acogió en su casa y decidió casarla con uno de sus capitanes, Alonso de Grado (muerto en 1527); al poco tiempo de casada, Isabel dio a luz a una hija ilegítima, pues al matrimonio había ido embarazada de su concubinato con Cortés. No tuvo tampoco descendencia en su tercer matrimonio con Alonso de Grado. Volvió a contraer matrimonio Isabel de Moctezuma por cuarta vez y con otro español, Pedro Gallego de Andrada (o Andrade). Con éste engendró a Juan de Andrada Moctezuma. Muerto su cuarto marido en 1530, el quinto y último le sobrevivió y procreó cinco hijos con él: se llamaba Juan Cano Saavedra y sus hijos fueron Gonzalo, Pedro, Juan, Isabel y Catalina.

Para asegurar la supervivencia de la emperatriz viuda, además de hija de emperador, Isabel de Moctezuma recibiría las rentas que le proporcionase el denominado Señorío de Tacuba. Por tal se entendía una enorme extensión de terreno al borde del lago, con la población de Tacuba como principal y más señera, además de otra docena de poblados, hasta componer una colonia de más de 1.200 casas. Hoy, el antiguo Señorío de Tacuba se correspondería con una parte importante de la ciudad de México D. F: el barrio de La Señora, parte del Zócalo, el Palacio Nacional, la Catedral Metropolitana el Gobierno del distrito federal y bastantes edificios del centro histórico capitalino; la mansión principal de lo que después se llamó Hacienda de la Condesa está convertida hoy en embajada de Rusia.

Aquel privilegio concedido por el virrey Cortés, fue refrendado posteriormente por Carlos I y Felipe II, para disfrute a perpetuidad de Isabel de Moctezuma y sus descendientes. Esa pensión no conllevó la renuncia a los derechos dinásticos por parte de Isabel de Moctezuma; contrariamente a lo que hizo la saga de su hermano mayor, Pedro de Moctezuma, a favor de Felipe II y a cambio de otras mercedes en España para sus descendientes. Así pues, Isabel de Moctezuma acumuló en su persona los derechos sucesorios del imperio azteca mejicano y una pensión a perpetuidad para su linaje.

Isabel de Moctezuma vivió 41 años. En 1550, sintiéndose morir, dictó testamento; el Señorío de Tacuba, lo que se dio en llamar la “Pensión de Moctezuma”, recayó sobre el único hijo habido de su cuarto matrimonio (Juan de Andrada Moctezuma), excepto una parte formada por tres pueblos que los donó al primogénito de su quinto matrimonio (Gonzalo Cano Moctezuma). Una vez adjudicado el mayorazgo a su primogénito, Isabel y sus albaceas repartieron otras propiedades al resto de hijos a hijas (incluida la primogénita habida con Cortés), dejaron dinero para misas, fundaciones de conventos y liberó a todos sus esclavos.

De Juan de Andrada Moctezuma arrancó la primera rama, primera línea, de descendientes de Moctezuma II que hoy ostenta la familia de la Condesa de Miravalle. De esta misma rama han surgido varias líneas, así como de los descendientes del quinto matrimonio de Isabel de Moctezuma con Juan Cano Saavedra; sin despreciar tampoco la línea ilegítima dejada por Isabel Cortés de Moctezuma.

Sangre azteca, criolla y española

La sangre azteca corre por las venas de Maricarmen Enríquez de Luna y del Mazo. Pero también criolla y española. La décimosexta generación de descendientes del emperador Moctezuma II lleva al menos el 0,0007629% de sangre de la emperatriz Isabel. En su caso, puede ser que mucha más porque su madre también es mejicana. La sangre española que llevaba Pedro Gallego de Andrada, un sevillano enrolado en la conquista de Nueva España, pasó a mezclarse con la azteca en descendencia con Isabel de Moctezuma; a partir de ahí, sangre criolla (españoles nacidos en México) y española ha seguido mezclándose. Su ADN también tiene trazos mexicas.

“Mis antepasados vivieron durante algo más de tres siglos en México”, rememora la XII Condesa de Miravalle, “dedicados a la milicia, la agricultura, a la explotación del negocio del azúcar, a la ganadería y también al desempeño de puestos en la administración colonial”.  Durante las once primeras generaciones, la estirpe de Moctezuma II a partir del primogénito de su hija Isabel exhibió el apellido Moctezuma en sus tarjetas de visita, es decir, entre 1530 en que nació Juan de Andrada Moctezuma hasta 1794 en que nació Pedro Trebuesto y Andrada Rivadeneira, V Conde de Miravalle. Este cruce con los Trebuesto fue el que aportó el título nobiliario en 1771 a la familia Moctezuma-Miravalle actual. El título provenía de otro criollo, Justo-Alonso Trebuesto y Dávalos Bracamonte, quien lo obtuvo de Carlos II en 1690. A partir de entonces, el título ha recaído en varias ocasiones en línea femenina, con lo cual la entrada de sangre nueva por vía masculina ha ido relegando el apellido Moctezuma. El Condado de Miravalle recoge el nombre del lugar en la zona de Potosí donde tenían hacienda y grandes intereses económicos los Trebuesto.



Hacienda de Saltillo, expropiada por la república mexicana.

En el archivo y en la memoria de la Condesa de Miravalle yacen historias que rememoran grandes haciendas coloniales, exportaciones de ganado, importación de maquinaria europea, evangelización, fiestas, casas… Pero también revolución, incautaciones, expolios y exilios. Hacia 1810, cuando los sublevados mejicanos montaron en un barco al virrey de Nueva España y lo devolvieron a Madrid, los Moctezuma-Miravalle disponían de un importante patrimonio agrícola y urbano. Incluso uno de sus parientes, el general Miguel Barragán, llegó a presidir la República de los EE UU de México durante más de un año; estaba casado con la cuarta hija del V Conde de Miravalle, llamada Manuela Trebuesto Casasola, que dio origen a otra importante rama de descendientes que permanece en México.

Algunos de los nobles criollos eran liberales y apoyaron las oleadas revolucionarias iniciadas a partir de 1810, incluso se atrevieron a firmar el Acta de Independencia de 1821. No preveían que aquello iba a suponer su sentencia de muerte como grupo social reconocido, pues la república acarreó la supresión de los títulos nobiliarios, sus mayorazgos, sus privilegios otorgados por tres siglos de virreinato español y trasmitidos a sus descendientes

Algunos de los nobles criollos eran liberales y apoyaron las oleadas revolucionarias iniciadas a partir de 1810, incluso se atrevieron a firmar el Acta de Independencia de 1821. No preveían que aquello iba a suponer su sentencia de muerte como grupo social reconocido, pues la república acarreó la supresión de los títulos nobiliarios, sus mayorazgos, sus privilegios otorgados por tres siglos de virreinato español y trasmitidos a sus descendientes. La nobleza de Nueva España, iniciada por Hernán Cortés, se diluía y pasaba a ser burguesía terrateniente. A comienzos del siglo XIX habitaban en el virreinato 62 familias con título nobiliario, de las que 50 eran criollas y 12 europeas. El golpe de gracia se lo dio el decreto de desvinculación publicado en 7 de agosto de 1823; los mayorazgos debían dividirse en partes iguales entre los hijos; desaparecían las capellanías, cacicazgos, fideicomisos, patronatos, etc. Definitivamente, los títulos nobiliarios pasaron a la historia en el México de 1826, mediante una votación en el senado el 2 de mayo de ese año. Ítem más, la inquina de los revolucionarios contra la administración colonial española exigió borrar todas las ligazones con la corona española y eso obligaba a destruir toda ostentación pública de títulos, escudos y nombradías.

Ahí comenzó la diáspora de las ramas de los Moctezuma-Miravalle. La mayoría de ellos siguió siendo un mejicano más, con mayor o menor poderío económico e influencia política. Otros, en cambio, como fue el caso de la rama primera que ostenta el título de Condado de Miravalle, pasó a España. El motivo no fue una huida o un exilio propiciado por la supresión de los privilegios de la nobleza colonial, sino una cuestión doméstica mucho más sencilla de explicar: María Mercedes Trebuesto Casasola, XIII descendiente de Moctezuma y VII Condesa de Miravalle (cuñada del General Miguel Barragán) se había casado en la catedral de México (23.X.1823) con el Teniente Coronel de los Reales Ejércitos españoles D. Lorenzo Serrano del Corte. Ella, la Condesa, se desplazó a España siguiéndolo en su nuevo destino; en España (Granada) vivió el matrimonio un tiempo, donde falleció ella el 29 de mayo de 1862.

Cuando la VII Condesa de Miravalle y el Teniente Coronel Lorenzo Serrano del Corte partieron de México, ya traían consigo a los dos hijos de su matrimonio: Teófilo y Aureliano Serrano Trebuesto (20.XII. 1827). Éste sería quien trasmitiese el título, ya que su hermano mayor murió sin descendencia. Pero siguieron percibiendo la “pensión Moctezuma”, pues para esa ápoca ya había sido registrada en el Gran Libro de la Deuda Pública de México con asiento número 174.



Escudo de los Miravalle, con la infinidad de alianzas de sangre de los últimos 500 años.

A partir de ese momento, la familia Moctezuma-Miravalle y el consiguiente título de Condado de Miravalle se encuentra ligado a la ciudad de Granada. En la familia han abundado los empleos militares y eso les ha llevado a residir algunos periodos fuera, pero su casa solariega quedó fijada al pie de la Alhambra, en el número 5 de la Carrera del Darro. Así llegamos a la ciudad de Santander, año 1919, donde estaba destinado Fernando Enríquez de Luna y Serrano, XI Conde de Miravalle, militar de profesión; éste conoció a la criolla mejicana Carmen del Mazo y Sota (nacida en Saltillo, México, en 1892) y decidieron contraer matrimonio. Su primera hija y protagonista principal de nuestra historia, Maricarmen Enríquez de Luna y del Mazo, nacería en Granada el 7 de marzo de 1920. Con el tiempo heredaría el título con el ordinal XII y los “derechos sucesorios” del imperio azteca. No así la pensión de Moctezuma, que ella sólo recuerda contar a su padre: “Me contaba que la pensión que recibía la repartía entre la familia; no debía de ser mucha cantidad, debo tener en el archivo alguno de los últimos recibos”.

Ni olvidado ni perdonado

Maricarmen siguió a su padre, primero, y a su marido, después, en los sucesivos destinos militares por España y el Protectorado de Marruecos. Aunque nació en Granada, realmente no volvió a esta ciudad hasta 1932; estuvo en Larache, Alcalá de Henares, Santander, etc. Hasta que un buen día, su marido se cansó de la carrera militar y prefirió asentarse en la ciudad de Granada para vivir de sus negocios. Se llamaba José Ruiz Pulido (Guadix, 1917-Granada, 1981) y montó una tienda de antigüedades en la calle Reyes Católicos, una de las mejores de la ciudad; también construyó el hotel Versalles; fue concejal del Ayuntamiento. La Condesa de Miravalle había cedido la casa solariega de Carrera del Darro a otra rama hacía unos años y se ubicó en el llamado Carmen de Miravalle, por debajo del hotel Alhambra Palace. Al fallecer José Ruiz Pulido, la Condesa vendió el Carmen (casa con amplio huerto) y se fue a vivir a un ático en el barrio de Gracia. En la actualidad se vale por sí misma, es visitada asiduamente por sus cinco hijos y muchos nietos; vive rodeada de infinidad de antigüedades heredadas del negocio familiar.

Enseña fotografías, documentos y recuerda mucho del México que le han contado sus antepasados. “Las propiedades de la familia las dejamos en manos de sucesivos administradores”, recuerda con pesar, “las abandonamos en malas manos, e incluso tampoco les prestamos mucha atención. De manera que todo se ha perdido poco a poco, sólo nos queda el recuerdo”. El continuo movimiento de los militares de su familia y la complicada situación política no ayudaron a mantener vivas las relaciones con la orilla mejicana.

En 1933, la situación económica de México llevó a su presidente Abelardo Luján Rodríguez a adoptar algunas medidas tendentes a descargar deuda pública. El 9 de enero de 1934 suprimió de manera unilateral el pago de las “pensiones de Moctezuma”, tanto a los descendientes mejicanos como españoles que las cobraban. Hasta 1933, las pensiones ascendían a 5.258.090 pesos de oro al año, equivalentes a 1.480 gramos de oro puro según las medidas que estaban vigentes. Aquel momento coincidió con la II República en España, que también había dejado en suspenso los privilegios de la nobleza española. Luego vino la guerra civil (1936-39) y el no reconocimiento del régimen franquista por parte de la República de México. Todo fueron trabas a la hora de pedir explicaciones por la suspensión del pago de pensiones.

No obstante, hubo tímidos intentos por rehabilitar la “pensión Moctezuma”. Al menos un heredero mejicano lo hizo. Fue Fernando Olivera Esperón, quien en carta remitida en 1935 al XI Conde de Miravalle le informa que ha presentado recurso ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación mejicana. “No tenemos noticia del resultado de aquella gestión, aunque la imaginamos”, sentencia Maricarmen Enríquez.

No obstante, hubo tímidos intentos por rehabilitar la “pensión Moctezuma”. Al menos un heredero mejicano lo hizo. Fue Fernando Olivera Esperón, quien en carta remitida en 1935 al XI Conde de Miravalle le informa que ha presentado recurso ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación mejicana

Las relaciones diplomáticas se restablecieron entre México y España a partir de 1976. Entonces comenzaron de nuevo, tímidamente, contactos entre los Moctezuma españoles y mejicanos para rehabilitar el pago de la pensión, asesorados por el historiador y académico cubano-mejicano Alejandro González Acosta. “Un buen día, en 1991, decidimos mi hermana y yo, junto con otra prima, pedir cita al embajador de México en España. Allí nos presentamos a contarles que éramos descendientes de Moctezuma, lo de la pensión, etc. Queríamos efectuar un acercamiento de tipo cultural, para que lo transmitiese al gobierno de México. Deseábamos  sentirnos queridas, porque también somos mejicanas. Pero nos defraudó una barbaridad, porque ni nos recibió; nos remitió a un funcionario que nos despachó lo más rápidamente posible y ni nos ha contestado en diecinueve años a lo que le planteamos”. Se lamenta la Condesa de Miravalle de que aquel embajador no tuviera la mínima deferencia de atender a la “emperatriz Maricarmen Moctezuma III”. También estudiaron la oportunidad de pedir audiencia al presidente Vicente Fox en la Cumbre Americana de Salamanca (2005), pero les fue imposible. “Confiamos en poder llegar al actual Presidente, D. Felipe Calderón, y tener más suerte”.

Y qué le plantearon aquellas tres señoras al funcionario de la Embajada de México. “Muy sencillo. Que nos conozcan, sepan los mejicanos que somos de su sangre, que faciliten un intercambio cultural, etc. Yo no quiero dinero ni lo necesito. Pero sí quiero que reconozcan que tomaron una decisión caciquil, ni siquiera respaldada por su parlamento nacional, sin consultarnos, unilateral e ilegítima. Con lo fácil que lo tiene el gobierno de México: nos reconoce este derecho imprescriptible, que todos los reyes españoles y regímenes mejicanos reconocieron hasta 1933; rehabilitan la pensión; crean una fundación y dedican ese dinero a solucionar problemas de los pueblos indígenas aztecas, que son nuestros antepasados. Y si nos invitan a México, nos hacen una recepción, nos dan alguna distinción honorífica… pues mejor que mejor”. Está claro que con una dosis de mucho cariño, los “hijos de Moctezuma” españoles, o al menos los Miravalle, se darían por satisfechos. ¿Pero y las otras ramas, incluidas las mejicanas? “Pues no creo que pidan mucho más”, valora Maricarmen Enríquez, “porque aunque la pensión no sea una nimiedad (unos 60.000 dólares anuales, sin contar los atrasos e intereses de demora), no es dinero para repartir entre tantos. Sólo queremos el reconocimiento de nuestro derecho ancestral por parte del estado de México”.

El pueblo de México no está al tanto de este asunto. La población, en su mayoría, ni imagina que hay tantos descendientes de Moctezuma repartidos por el mundo. Para más inri, la figura de Moctezuma no es apenas reivindicada en el México actual, al menos por la gran población; en primer lugar, porque hace cinco siglos de su existencia, porque una parte lo vio como un entreguista ante Hernán Cortés; por si fuera poco, los indígenas descendientes de tribus sojuzgadas por los sanguinarios mexicas tampoco le guardan mucho aprecio.

Por lo pronto, los descendientes mantienen contactos entre sí ¿Irán más allá si no reciben contestación del gobierno mejicano? “Hay gente que mantiene la tesis de que una demanda por vía judicial  –aclaran la futura Condesa y el hijo menor- podría tener ciertas posibilidades de prosperar. Sobre todo si llega a un tribunal de justicia internacional. Pero no es ésa nuestra intención y nunca la ha sido. Además, no podemos embarcarnos en un proceso judicial largo y costoso para conseguir sólo un reconocimiento honorífico, que no económico. A lo mejor si el tema, por su atractivo mediático, lo cogiera un bufete de abogados internacional sin coste para nosotros… quizás nos lo pensaríamos. Pero, repetimos, no es el espíritu ni el deseo de mi familia el pleitear con la Presidencia de México”.

La familia Miravalle pertenece a la clase media española. Es moderna, de su tiempo, nunca ha vivido pegada a blasones ni privilegios. Maricarmen Ruiz Enríquez de Luna, la futura XIII Condesa, es empleada de Cosméticos Avón y sus otros cuatro hermanos son funcionarios, empresarios y trabajadores de empresas similares. Casi les da reparo airear que tienen un título nobiliario, y mucho más si se dice de ellos que son los descendientes en primera rama  recta del mayor emperador mesoamericano.  

Dos emperadores fusilados en el XIX

Los cinco últimos emperadores mejicanos acabaron sus vidas de forma prematura; ya conocemos el destino de los tres últimos mexicas a la llegada de Cortés. A ellos hay que sumar el triste final de los dos que intentaron reinstaurar la monarquía, en forma de imperio, a lo largo del siglo XIX. Más otro pseudointento.

El primero lo protagonizó Agustín de Itúrbide, o Agustín I de México; fue un militar y político que combatió primero a favor del ejército español. Posteriormente se alineó con los independentistas de Sierra Sur hasta ser elegido regente en 1821 y finalmente proclamado emperador con el nombre de Agustín I de México. Abdicó en 1823 por la presión de los republicanos. Se exilió durante un tiempo en Europa y, al volver, le esperaba el pelotón de fusilamiento.

El primero lo protagonizó Agustín de Itúrbide, o Agustín I de México; fue un militar y político que combatió primero a favor del ejército español. Posteriormente se alineó con los independentistas de Sierra Sur hasta ser elegido regente en 1821 y finalmente proclamado emperador con el nombre de Agustín I de México. Abdicó en 1823 por la presión de los republicanos. Se exilió durante un tiempo en Europa y, al volver, le esperaba el pelotón de fusilamiento

El segundo imperio mejicano lo protagonizó Fernando Maximiliano José de Habsburgo-Lorena, de la nobleza austro-húngara, tras serle ofrecido por una embajada conservadora mejicana. Maximiliano I de México reinó entre 1864 y 1867, una vez efectuada la renuncia a todos sus títulos y aspiraciones a coronas europeos. El país estaba sumido en grandes divisiones internas y guerras. Para ganarse el pueblo mejicano, y debido a que no podía tener hijos, adoptó a dos nietos de su predecesor fusilado. Maximiliano intentó desarrollar económica y socialmente su nuevo país. Pero sus ideas liberales chocaron con los conservadores que habían ido a buscarlo a Europa. Finalmente, acabó ante el pelotón de fusilamiento junto con los pocos generales que le quedaban en su mermado ejército.

Otro intento estrambótico de enlazar con el imperio de Moctezuma II lo protagonizó un descendiente mexica en 1822. Se llamaba Alonso de Marcilla Teruel, Conde de Moctezuma, Tultengo y Tula, y se hallaba en París por aquella época. Allí se desplazaron unos mejicanos para convencerle de su candidatura al reino de México que se gestaba; aquel noble petulante comenzó a acariciar el título de Moctezuma III sin caer en que todo era un señuelo montado por los diputados americanos en las Cortes de Cádiz, de nombres Lorenzo de Zavala y Joaquín Carrera. El nuevo emperador in pectore se dedicó a derrochar fortuna, despachar con supuestos ministros, extender títulos y demás prebendas. Cuando se supo en México la existencia de Moctezuma III y ante el riesgo de desórdenes que podría acarrear en un país tan inestable políticamente, el servicio de espionaje mejicano lo comunicó a la Corte española y ésta actuó rápidamente ante el nuevo contrincante que se avecinaba. Bastante problema había ya con una independencia de Nueva España que no se reconocía, para que un miembro de la nobleza española entrase en liza con Fernando VII. Alonso de Marcilla fue desposeído de títulos, embargadas sus posesiones en la Península y desterrado a Nueva Orleans. Allí murió en octubre de 1836 sin dejar descendencia y sin haber llegado a ser emperador.

Mil descendientes y algún pretendiente

Entre los más de mil descendientes de Moctezuma en ambos lados del Atlántico se cuentan importantes personajes de la vida política y social. En el caso de España, los descendientes del tlatoani están emparentados con la inmensa mayoría de las casas nobiliarias. Sin ir más lejos, la propia Condesa de Miravalle está emparentada con otra emperatriz, Eugenia de Montijo, consorte de Napoleón III. De Pedro de Moztezuma, hermano mayor de Isabel de Moctezuma, descienden varias líneas relacionadas con los títulos de conde y duque de Moctezuma; el nieto mayor de Moctezuma, Diego-Luis, fue trasladado a Guadix (Granada) en 1567 por orden de Felipe II con la intención alejarlo de conspiraciones y otras maniobras en Nueva España. A cambio, el monarca le concedió honores. En Andalucía (especialmente Ronda, Granada y Sevilla) radicaron buena parte de sus descendientes: los Pérez del Pulgar, Campos, Escassi,  Muñoz de San Pedro, Fernández de Bobadilla, etc.

La hija mayor de la emperatriz Isabel de Moctezuma, Leonor Cortés de Moctezuma, dejó amplia herencia en la zona de Extremadura y Castilla.

Del cuarto matrimonio de Isabel de Moctezuma con Pedro de Andrada descienden los Enríquez de Luna (Condes de Miravalle). El personaje criollo más destacado de esta rama fue el general Miguel Francisco Barragán Ortiz de Zárate, que llegó a ocupar la presidencia interina de México en los años 1835-36 en sustitución de Antonio de Santa Anna; de él desciende una influyente saga de militares y políticos mejicanos en el siglo XX, entre ellos el actual presidente de la Fundación Azteca, Esteban Moctezuma Barragán.

Del quinto matrimonio (con Juan Cano) es del que más descendencia encontramos en los tratados de nobleza, pues fueron cinco los hijos que le dio Isabel de Moztezuma. De esta rama vienen los Aguilera (Marqués de Cerralbo, Marqués de Almarza, Conde de Alba de Yeltes, de la Oliva Gaitán, etc), Herrera (Marqués de Espinardo), Martínez de la Victoria (Marqués de Donadío), Fernández-Fígares (Duques de Abrantes), Benavides, Fernández de Liencres, Zárate, etc. Hasta el mismo fundador de la Guardia Civil, Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II Duque de Ahumada, estaba emparentado con los Moctezuma.

Cuando se habla de los hijos de Moctezuma II no hay que olvidar que tenía plena libertad para procrear con concubinas. El antepenúltimo emperador sólo reconoció ante Hernán Cortes ser  padre de cuatro hijos legítimos (un varón y tres hembras), pero los cronistas de indias llegaron a adjudicarle diecisiete, tanto anteriores como posteriores a la llegada de los españoles

En la zona murciana se da por bueno que hay descendientes de los Moctezuma: Marcilla de Teruel-Moctezuma, Zarauz, Sastre, Bravo, Lumeras, Alcaraz, Pardo, García de Alcaraz, Mora, Gimeno, Pinilla, Terrer, Mouliaá, Fernández-Ossorio, Leonés, Álvarez-Fajardo, Ruiz-Matheos o Jofré de Loaysa, etc. En suma, una legión repartidos por toda España.

Pero en Suramérica también han aparecido algunos que se dicen descendientes o emparentados con el emperador azteca. El caso más llamativo es el del actual presidente de Venezuela. Según tratan de demostrar en la Sociedad Genealógica el León de la Cordillera, Hugo Rafael Chávez Frías sería descendiente de un tal Francisco de Moctezuma, hijo del penúltimo emperador (Guatimozín o Cuitlahuac), aquel joven que no consiguió dejar preñada a Isabel de Moctezuma y murió prematuramente.

Cuando se habla de los hijos de Moctezuma II no hay que olvidar que tenía plena libertad para procrear con concubinas. El antepenúltimo emperador sólo reconoció ante Hernán Cortes ser  padre de cuatro hijos legítimos (un varón y tres hembras), pero los cronistas de indias llegaron a adjudicarle diecisiete, tanto anteriores como posteriores a la llegada de los españoles. Este resquicio ha sido aprovechado a lo largo de la historia por pícaros y desaprensivos para reclamar mercedes y cometer algún que otro fraude.

El más sonado fue sin duda el caso de los “Moztezuma catalanes”.  Juan de Grau, Barón del  pueblecito de Toloriu, se había casado con la supuesta princesa Xipaguazín Moztezuma hacia 1530-35. Se vinieron a vivir desde México a Cataluña trayéndose una parte importante del tesoro de Moctezuma, que habría enterrado por algún lugar del Pirineo. De aquel noble y aquella princesa medievales descendería Su Magestad Imprerial príncipe Guillermo III de Grau-Moctezuma. Lo cierto es que éste se dedicó, en la Barcelona de mediados del siglo XX, a hacer fortuna vendiendo títulos y condecoraciones a incautos que deseaban emparentar con los aztecas.

La supuesta princesa mejicana casó con el Barón de Teloriu, que iba entre los conquistadores de Hernán Cortés; procreó un hijo en Teloriu, llamado Pedro de Grau y Moctezuma (1536), de quien descienden los Moctezuma catalanes. Aquella zona ha sido noticia varias veces a lo largo del siglo XX porque grupos de espeleólogos alemanes se dedicaron a hacer agujeros en busca de los supuestos arcones de oro aztecas. Cierto o no lo del tesoro de los Grau, lo que sí está documentado fue que la soldadesca española que logró sobrevivir a la “noche triste” y abandonar Technotitlan por el puente de barcazas, regresó cargado de oro. Muchos de los cadáveres españoles hallados en el lago llevaban oro en sus faltriqueras.

Los Moctezuma en la comarca de Guadix

La comarca de Guadix-La Peza es seguro la región española que cuenta con más descendientes de Moctezuma mezclados en su población. Eso se debe a que D. Diego de Moctezuma, nieto del emperador, vino a parar a la ciudad de Guadix poco después de 1567 en que llegó a Madrid; no se sabe muy bien si alejado de Nueva España por Felipe II con el señuelo de concederle mercedes en Europa o directamente desterrado para evitar conspiraciones y levantamientos de los mexicas, aún sin “domesticar” del todo.

Lo cierto es que poco después de esa fecha, por su amistad con Juan de Ávalos y su esposa Isabel de la Cueva, ambos afincados en Guadix desde la reconquista en 1490, acaba el Moctezuma en Guadix viviendo en su domicilio. Aquí se casó con Francisca de la Cueva, hermana o hija de la anterior. Al final del reinado de Felipe II se le concedieron una serie de privilegios, a cambio de que cediera a la corona española sus derechos dinásticos sobre los aztecas.

El biznieto de Moctezuma, Pedro Tesifón de Moctezuma, habría nacido en Guadix. Felipe III le concedió el hábito de la orden de Santiago. A partir de 1631 consigue esta familia la compra del Señorío de La Peza, pueblo al que pretendieron cambiarle el nombre por Monterrosano, y el en que nunca fueron bien recibidos, los pleitos con los lugareños fueron continuos.  En 1627, Felipe IV concedió a los descendientes del primogénito de Moctezuma el título de Condes de Moctezuma y Tlitengo, al que posteriormente se le añadió el Ducado (1885). Hacia 1770 todavía tenían influencia en los montes de La Peza, buena parte de los cuales era de su propiedad. En 1792 vendieron sus derechos forestales al conde de Selva Florida y perdieron toda relación con La Peza.

Se cuenta que a Madrid llegó el nieto de Moctezuma con no menos de 170 sirvientes aztecas, buena parte de los cuales se trajo a Guadix. Aquellas gentes trajeron consigo costumbres y, sobre todo, el cultivo de productos de América. De esta forma, la patata, el pimiento, tomate, etc. tuvieron en esta comarca granadina uno de sus primeros puntos de distribución en Europa.



Maricarmen Enríquez de Luna, XII Condesa de Miravalle, delante de un retrato que le hizo Hernández Noda.