Un verano en el Parque de las Ciencias.
GRANADA, JUNTA Y ESTADO NEGOCIARÁN PARA CONSEGUIR EL EDIFICIO

La Merced, el difícil camino para llegar a ser Museo de la Ciudad

Cultura - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 8 de Septiembre de 2019
Un extraordinario reportaje sobre la historia y el valor artístico, con pasajes que puede que desconocieras, sobre el antiguo convento de la Merced, en Acera de San Ildefonso, que el Ayuntamiento planea reconvertirlo en el nuevo y esperado Museo de la Ciudad. Con la firma de Gabriel Pozo Felguera, garantía de calidad.
Dibujo de lo que debió ser convento -iglesia de la Merced a principios del siglo XIX, según recordaban los miembros de la Comisión Provincial de Monumentos (1902).  A la izda., San Ildefonso.
AHPGRA.
Dibujo de lo que debió ser convento -iglesia de la Merced a principios del siglo XIX, según recordaban los miembros de la Comisión Provincial de Monumentos (1902). A la izda., San Ildefonso.
  • El convento-iglesia de mercedarios fue iniciado en 1515; desde 1810 ha sido destruido y desfigurado progresivamente por militares franceses y españoles

  • Sus artesonados son de los mejores alfarjes hispanomusulmanes; uno sigue colocado in situ, los más espectaculares están guardados en la Alhambra. Los pequeños desaparecieron

  • Las partes más artísticas que quedaban han sido restauradas por el MADOC desde que se hizo cargo del edificio en 1997

La orden Mercedaria Calzada estuvo construyendo su complejo monacal en el campo del Triunfo durante tres siglos (XVI a XVIII). Los militares de Napoleón y españoles han estado destruyéndolo y transformándolo durante los dos siglos siguientes. Ahora vienen los nuevos regidores municipales (Cs+PP) y plantean convertirlo en el museo de la ciudad del que carece Granada. El lugar y la Historia dicen que sería un sitio muy adecuado. Pero hoy toda esa manzana de uso militar está muy transformada y precisaría de unas inversiones multimillonarias para darle un nuevo uso cultural. No sería la primera vez que el Ayuntamiento de Granada ha intentado la cesión de ese edificio por parte de Defensa. La historia del convento de la Merced está jalonada por los desmanes cometidos por militares insensibles y los intentos de la Comisión Provincial de Monumentos por evitarlos. Al menos, la mayor parte de los mejores alfarjes hispanomusulmanes que tuvo se encuentran a salvo, aunque desmontados y repartidos por otros museos. Siempre han sido calificados como de las mejores techumbres mudéjares.

El lugar ya no es el acuartelamiento repleto de tropa y pertrechos que relegaron poco a poco el arte hasta su destrucción y desaparición en muchos casos. Al contrario, el MADOC ha rescatado y mantenido lo que queda de artístico en el lugar

La mejor noticia que ha recibido el exconvento de la Merced de Granada ha sido que en los últimos 22 años ha dejado de ser Gobierno Militar para estar adscrito a la unidad Mando de Adiestramiento y Doctrina (MADOC). Por fin, sus nuevos inquilinos son en su mayoría jefes y oficiales con una cultura y sensibilidad encomiables. El lugar ya no es el acuartelamiento repleto de tropa y pertrechos que relegaron poco a poco el arte hasta su destrucción y desaparición en muchos casos. Al contrario, el MADOC ha rescatado y mantenido lo que queda de artístico en el lugar. Si bien, el ex convento de la Merced es uno de los grandes monumentos granadinos más desconocidos; su uso militar lo aparta de los circuitos culturales y turísticos. Sólo puede ser visitado mediante esporádicas visitas guiadas. A ver si es verdad que el Ayuntamiento consigue su cesión y los consiguientes fondos para que, de una vez y tras dos siglos de tiranteces entre la ciudad y la milicia por esta causa, Granada cuente con su museo de ciudad. Largo y complicado lo veo.

Redentores de cautivos

Los mercedarios calzados nacieron en 1218, a caballo entre orden militar y orden religiosa, bajo la regla de San Agustín. Fue fundada solemnemente en la catedral románica de Barcelona por el mercader Pedro Nolasco, Raimundo de Peñafort y el rey de Aragón, Jaime I el Conquistador. La tradición cuenta que la Virgen se apareció por separado a estos tres personajes y les ordenó formar una institución para la redención de cautivos. Por aquellos siglos de continuas guerras entre las dos orillas del Mediterráneo, el apresamiento de cautivos cristianos y su esclavización en el norte de África era uno de los negocios más lucrativos.

Junto a franciscanos y jerónimos, los mercedarios calzados fueron de las órdenes que estuvieron muy cerca de los reyes cristianos en sus conquistas andalusíes

Los mercedarios calzados adoptaron los tres votos tradicionales de las órdenes fundadas por entonces (obediencia, pobreza y castidad); pero, además, añadieron un cuarto consistente en ofrecerse como rehenes, si era preciso, a cambio de liberar cautivos.

Junto a franciscanos y jerónimos, los mercedarios calzados fueron de las órdenes que estuvieron muy cerca de los reyes cristianos en sus conquistas andalusíes. El fundador Pedro Nolasco (1182-1256) estuvo presente en la toma de Sevilla junto al Rey Fernando III. El núcleo fundador mercedario fue catalano-aragonés y también la mayoría de sus dirigentes iniciales.

1895. Perspectiva que ofrecía el Campo del Triunfo hace algo más de un siglo, con simulación del lugar que ocupaba la torre demolida. Todavía se veían los tejados de las capillas, después reconvertidos en terrazas de viviendas.
Esta vista actual ubica el lugar donde estuvo la torre, los árboles crecidos esconden la Merced y parte de la perspectiva tapada por uno de los bloques de viviendas militares.

En 1492, cuando se tomó Granada, los mercedarios calzados venían en segunda línea acompañando a los Reyes Católicos. Tomaron parte en el repartimiento de tierras y casas dejadas por los nazaritas exiliados; también adquirieron algunos bienes. El primer solar que tuvieron para emprender la fundación de su casa en Granada estuvo ubicado en la margen izquierda del río Beiro. Pero no les gustó el sitio por lo alejado que estaba entonces de la ciudad amurallada. Fue más o menos lo que posteriormente pasó a ser Hospital de San Lázaro.

En 1514, el Concejo de Granada les donó un solar en el Campo del Triunfo, justo por encima del cementerio de Ben Malik y al lado mismo del paño de muralla que subía paralela al camino de Pulianas (actual calle Real de Cartuja). El sitio era corral y matadero de aves de los barrios próximos

En 1514, el Concejo de Granada les donó un solar en el Campo del Triunfo, justo por encima del cementerio de Ben Malik y al lado mismo del paño de muralla que subía paralela al camino de Pulianas (actual calle Real de Cartuja). El sitio era corral y matadero de aves de los barrios próximos. Estaba situado a continuación de la Puerta-Castillo de Elvira, que en su esquina contaba con la pequeña mezquita Albayán (zona del bar Cebollas). Esta zona también tenía eras y huertas que se regaban con un ramal de agua que bajaba directamente del pago de Manflor; daba agua también al aljibe de San Ildefonso y al de Elvira (hoy bajo las casas de la manzana anexa).

Principios del siglo XX. Los laterales de la Merced, convertidos en tendederos de las lavanderas que iban al aljibe de San Ildefonso. AHMGR.

Los mercedarios comenzaron rápidamente a levantar la iglesia y unas casas paredañas. La iglesia de la Merced ya estaba operativa hacia 1530, si bien en su exorno continuaron trabajando durante varios decenios más. El edificio fue diseñado en forma de cruz latina, muy similar a la iglesia de San José. Mezcla de estilos gótico tardío y renacentista. Disponía de puerta principal mirando al Sur y otra lateral que abría al Este. Según relata Henríquez de Jorquera, había ocho pequeñas capillas laterales, patrocinadas por ricas familias cristianas y cofradías de sangre, quienes se enterraban en ellas. Tenían techo rebajado y se llamaban del siguiente modo: De los Salazares (que fueron contadores de los Reyes Católicos); de los Navarrete; de Nuestra Señora de las Mercedes, que era de la hermandad del mismo nombre; de las Angustias; de Fray Juan; de Nuestra Señora de la Buena Muerte; de los Terradas; de San Ramón Nonato (segundo general de la orden tras el fundador); de la Asunción; de Nuestra Señora de la Guía y Conversión de San Pablo. El altar principal en el crucero estaba dedicado a San Pedro Nolasco.

Todas las techumbres estaban cuajadas de ellos, elaborados por los mejores ebanistas mudéjares y posteriormente moriscos. De algunos de ellos colgaban piñas, racimos y mocárabes únicos. Unas verdaderas ataujías en cuanto a diseño y ensamblaje de las maderas, de la mejor carpintería del momento

Pero sin duda que el principal valor de toda la iglesia era el conjunto de artesonados y alfarjes hispanomusulmanes. Todas las techumbres estaban cuajadas de ellos, elaborados por los mejores ebanistas mudéjares y posteriormente moriscos. De algunos de ellos colgaban piñas, racimos y mocárabes únicos. Unas verdaderas ataujías en cuanto a diseño y ensamblaje de las maderas, de la mejor carpintería del momento. La mayoría de ellos existen todavía, una parte in situ y los mejores en los nuevos museos de la Alhambra (Más adelante me referiré a ellos).

En la parte Norte de la iglesia de la Merced, pegada a la misma iglesia, comenzó a surgir pronto una residencia monacal con patio cuadrado. Este edificio principal, de dos plantas, miraba al campo del Triunfo y en esta fachada fueron abiertos grandes miradores (al estilo de los existentes en el Hospital Real). Se continuó labrando el claustro central, de 36 arcadas en mármol de Sierra Elvira, hasta que fue inaugurado en 1639 con motivo de la canonización del fundador, San Pedro Nolasco. La planta superior se hizo con ladrillo; en principio también tuvo corredor interior, pero fue cegado por los militares en el siglo XIX.

En la plataforma de Vico se ve la iglesia con su torre y sólo el claustro principal.

El complejo monacal continuó creciendo con las compras y jugosas donaciones que recibieron los monjes mercedarios a partir de 1580; la junta de repoblación tras la expulsión de los moriscos les vendió una serie de casas y huertos hasta conformar la actual manzana, fronteriza con la iglesia de San Ildefonso y parte baja del barrio de la Churra.

A partir de mediados del siglo XVII decidieron añadir el segundo claustro en dirección Norte, prolongando el mismo frente Sur de la fachada de miradores. En la Plataforma de Ambrosio de Vico sólo es representado el claustro principal debido a que cuando lo imprimió (1611) todavía no existía el segundo patio.

Cúpula elipsoidal de la escalera del claustro, recientemente restaurada por Defensa.

Una de las partes más destacables del claustro es la escalera que une sus plantas y la cúpula elipsoidal que la adorna. Está elaborada mayormente en yeso, policromada y con algunos instrumentos añadidos. En ella están representadas figuras de la Merced, los principales monjes mercedarios y otros personajes representativos. Ha sido restaurada recientemente por un proceso de urgencia acometido por especialistas de la empresa Chapitel, ya que se estaba desprendiendo. Se trata de una cúpula achacable al taller de Alonso de Mena. En esta ocasión, el MADOC ha sido sensible con el arte.

La portada

El escritor Henríquez de Jorquera (1594-1646) vivió de cerca la construcción de las principales obras por aquellos años activas en el campo del Triunfo: los Capuchinos, el monumento a la Inmaculada, la iglesia de San Ildefonso, el Hospital Real y el convento de la Merced. Los menciona en su crónica de Granada (Anales).

Mena se encargó de las esculturas de vestir que hay en San Ildefonso, precisamente de los fundadores mercedarios San Pedro Nolasco y San Ramón Nonato (en 1640, para conmemorar su canonización)

Curiosamente, también conoció y trató con un vecino contemporáneo suyo, artista: Alonso de Mena (1587-1646). Alonso de Mena tenía un potente taller de escultura que era el de mayor prestigio del momento. Mena fue el encargado de la parte escultórica de la columna a la Inmaculada (1631); Mena se encargó de las esculturas de vestir que hay en San Ildefonso, precisamente de los fundadores mercedarios San Pedro Nolasco y San Ramón Nonato (en 1640, para conmemorar su canonización). Y Alonso de Mena también había labrado la portada de acceso al Hospital Real (1637).

Portada del Hospital Real, labrada por Alonso de Mena muy poco antes que la de la Merced y de gran similitud.

A Alonso de Mena le fue encargada también la portada de la iglesia de la Merced. Debió esculpirla inmediatamente después de la del Hospital Real y acabarla antes de la fecha de su fallecimiento, en 1646. Lo que no sabemos es quién o quiénes fueron los encargados de su montaje unos pocos años después. La portada de la Merced debió ser muy similar a la del Hospital Real, al menos si hacemos caso a las descripciones literarias de quienes la vieron. El erudito jiennense José Giménez-Serrano estudió en Granada en la primera mitad del siglo XIX; en su guía de la ciudad (Manual del artista y del viajero, 1846) la describió de la siguiente manera:

“La portada es una de las más vistosas entre todos los conventos de esta ciudad, y ha servido de modelo en los exámenes de bellas artes. Su primer cuerpo es dórico con cuatro columnas estriadas sobre pedestales, a los lados del elegante arco de la puerta. El segundo es corintio y se compone de dos columnas estriadas que sostienen un frontón en cuyo centro se ven coronadas armas de los mercedarios. En el nicho superior tiene figuradas en el fondo unas nubes de relieve con querubines de mármol de Macael y, en el primer término, hay una estatua de la Virgen a tamaño natural. A los lados sobre pedestales otras dos esculturas que figuran a San Juan de Mata y al Rey Fernando IV de rodillas.”

La descripción podría corresponderse perfectamente con la portada del Hospital Real. Eso sí, cambiando las figuras orantes de Isabel y Fernando por las de San Pedro Nolasco y Jaime I el Conquistador (que eran las figuras reales, no las que puso el cronista por error). Y el escudo de Felipe IV se sustituiría por el de la orden de los carmelitas calzados.

1810-12: Empieza el expolio

A principios del siglo XIX, los monjes mercedarios calzados habían dejado de tener como principal objetivo el rescate de cautivos en manos de berberiscos y musulmanes. El Mediterráneo había pasado a ser un mar de comerciantes, bajo el dominio de las flotas inglesa y francesa. Los mercedarios se dedicaban a rescatar almas y se encaminaron a cristianizar las Indias. Por eso, en el monasterio de la Merced calzada granadino no había ni medio centenar de monjes cuanto llegaron los franceses en febrero de 1810.

En los dos años largos que estuvieron allí, los soldados no dejaron de robar y destrozar todo lo que les vino en gana. No quedaron joyas ni obras de arte que les gustaran a los gabachos

La Merced corrió parecida suerte que los otros grandes monasterios y conventos granadinos: fue convertido en cuartel, almacén y cuadra del ejército napoleónico. Los monjes tuvieron que huir hasta septiembre de 1812 en que las tropas francesas abandonaron Granada. Pero en los dos años largos que estuvieron allí, los soldados no dejaron de robar y destrozar todo lo que les vino en gana. No quedaron joyas ni obras de arte que les gustaran a los gabachos.

[Precisamente la fachada de este monasterio fue escenario de una de las escenas más crueles de la guerra de la independencia. Contra sus tapias fue fusilado en el verano de 1810 el capitán malagueño Vicente Moreno Baptista. Este hombre era un militar que encabezaba una partida rural de hostigamiento a los franceses. Tras una traición en una aldea de Málaga, su partida fue aniquilada y el capitán Moreno encarcelado. Primero en Málaga y después en la Merced de Granada. El brigadier Sebastiani le ofreció la libertad y un ascenso a cambio de jurar obediencia a José Bonaparte y pasarse al ejército francés. Moreno no lo aceptó y, aunque les llevaron al exconvento a su esposa y sus hijos para que se ablandara, al final acabó asesinado a garrote vil. En la fachada del edificio fue colocada una placa que recuerda este hecho; fue erigida en 1908 por los escultores José García y Pablo Loyzaga (en mármol blanco y bronce). El capitán está yacente con una bandera a sus pies, mientras su viuda deposita una corona de flores. Su cadáver fue de los primeros en recibir sepultura en el cementerio del Armengol (zona del Beiro-Antigua Cárcel), donde en 1831 también fue enterrada Mariana Pineda.Tascas que había en los bajos de edificios junto al Arco de Elvira a finales del siglo XIX.

Otro hecho luctuoso ocurrió en este monasterio-cuartel el 10 de junio de 1873, durante lo que se llamó el Cantón granadino. Una disputa entre un oficial del Cuartel de la Merced y un republicano acabó con la muerte de éste; el hecho había ocurrido en una tasca junto al Arco de Elvira. Un numeroso grupo de compañeros del muerto rodeó el cuartel de carabineros y exigió que se disolviera el cuerpo; se entabló un tiroteo entre ambos bandos cuyo resultado fue de más de veinte muertos entre contendientes y la rendición de los acuartelados. Amén de daños en el antiguo convento.]

Poco más de dos decenas de monjes calzados consiguieron reabrir la iglesia-convento de la Merced entre 1812 y 1820. El aumento del anticlericalismo y la llegada del Trienio Liberal (1820-23) acabó por desalojarlos de nuevo. La Merced fue convertida en esta ocasión en cuartel y pajares de las milicias españolas. De todas formas, por algún rincón estuvieron alojados los monjes hasta que, definitivamente, la desamortización de 1835 terminó por exclaustrar a los religiosos y quedar destinada toda la manzana a instalaciones militares. Empezaban los verdaderos destrozos de las partes artísticas.

En los grabados de los siglos XVII-XIX se aprecia una coqueta torre cuadrada, de altura similar a la de San Ildefonso. No da la sensación de ser de piedra franca, sino de estar enfoscada. Se ubicaba justo en la esquina de entrada a la Plaza de la Merced (Alhacaba), coincidente justo con el cubo-cimiento de piedra de Alfacar que existe en la actualidad

Las leyes desamortizadoras de Madoz y Mendizábal conllevaron también la desaparición de símbolos religiosos o, al menos, el lavado externo de edificios para que no recordasen lo que habían sido. Una de las primeras partes afectadas iba a ser la torre campanario. En los grabados de los siglos XVII-XIX se aprecia una coqueta torre cuadrada, de altura similar a la de San Ildefonso. No da la sensación de ser de piedra franca, sino de estar enfoscada. Se ubicaba justo en la esquina de entrada a la Plaza de la Merced (Alhacaba), coincidente justo con el cubo-cimiento de piedra de Alfacar que existe en la actualidad.

Desde su construcción hasta finales del siglo XVIII estuvo coronada por un chapitel de latón o emplomado, bastante apuntado. No se sabe en qué época fue desmontado, rebajado y convertido en un tejadillo muy similar al resto de iglesias del contorno.

Los militares hicieron las obras que quisieron sin dar cuentas a nadie, sin licencia. Actuaban a su gusto. Entendieron que el edificio tenía que albergar al menos a una tropa de 1.000 soldados, más jefes, oficiales, almacenes...

Entre 1843 y 1846 fueron demolidos los dos cuerpos superiores. Comenzaron en esos años las obras militares para convertir la iglesia y claustros en un verdadero cuartel y establecer la Capitanía General de la quinta región. Para ello se superpuso una tercera planta al edificio; fueron cegados los miradores de la fachada sur y el lugar de la torre se ocupó también con habitaciones. El resultado fue una fachada completamente corrida que oculta que allí hubo una iglesia, al menos si se la mira por su cara sur.

Perenne trifulca entre militares y conservacionistas

Los militares hicieron las obras que quisieron sin dar cuentas a nadie, sin licencia. Actuaban a su gusto. Entendieron que el edificio tenía que albergar al menos a una tropa de 1.000 soldados, más jefes, oficiales, almacenes, etc. Iniciaron una serie de modificaciones de las instalaciones para hacer pabellones de soldados y viviendas para oficiales. El resultado fue que cegaron corredores altos, abrieron nuevas puertas de acceso a la calle, etc.

Pero lo peor de todo es que comenzaron a compartimentar la iglesia, el lugar más artístico de todos, repleto de alfarjes y techumbres hispanomusulmanas. Partieron la nave con dos forjados horizontales y compartimentaron a diestro y siniestro.

1853. Granada a vista de pájaro, de Alfred Guesdon. Se ve la portada intacta, la tercera planta superpuesta y el campanario de la iglesia derribado.

En 1861, los ingenieros militares entendieron que la escalinata y la portada monumental de acceso a la iglesia estaban de sobra. Empezaron por descolgar las tres figuras de las hornacinas (la Virgen, San Pedro Nolasco y Jaime I el Conquistador). Un capellán castrense al menos tuvo la precaución de reservarlas y ponerlas a buen recaudo, pues las intenciones de los albañiles era trocearlas y meterlas entre los muros de las obras.

Había surgido pocos años antes (abril de 1844) la Comisión Provincial de Monumentos. Era un órgano encargado de asesorar en temas de patrimonio y arte, además de vigilar y denunciar destrozos. Estaba formado por eruditos, catedráticos de arte y personas conocedoras de la historia y la cultura de Granada. Hacían lo que podían y lo que les dejaban, pues por entonces no había la más mínima sensibilidad hacia el pasado histórico-artístico. Al menos actuaban como mosca cojonera. Pero sus picotazos no conseguían efecto alguno en las ancas de los caballos militares de entonces.

Esta foto debió ser tomada por Clifford con motivo de la visita de Isabel II a Granada (1862). Todavía se ve la portada de la iglesia entera. Parece que las tres figuras humanas ya no estaban en sus lugares originales.

Uno de los miembros de esta Comisión comunicó al segundo teniente de alcalde (el 17 de marzo de 1865) que los militares iban a desmontar la portada de Alonso de Mena. ¿Por qué no la reclamaba el Ayuntamiento? Se vio el asunto en sesión plenaria municipal y el alcalde se encargó de la gestión. El resultado fue que se dirigieron a la brigada de ingenieros a pedir la portada completa, tras comprobar que todavía se hallaba en buen estado.

La respuesta del capitán general de la 5ª Región militar al alcalde fue negativa, puesto que ellos estaban arreglando los dormitorios de los soldados, pensaban abrir una nueva puerta al segundo claustro y necesitaban esas piedras “quebradas”. Es decir, debían pensar en trocearlas

El Ayuntamiento volvió a insistir unos días después. Pero en esta ocasión ya pedía sólo “la piedra” de la portada para sus obras públicas. La respuesta del capitán general de la 5ª Región militar al alcalde fue negativa, puesto que ellos estaban arreglando los dormitorios de los soldados, pensaban abrir una nueva puerta al segundo claustro y necesitaban esas piedras “quebradas”. Es decir, debían pensar en trocearlas. Además –insistía el general- estaban pensando en reconvertir la iglesia en hospital militar y esa piedra les haría falta. A pesar de todo, los militares contentaron al alcalde dándole algunas piedras labradas (no sé de qué parte del edificio).

Sin embargo, para el 2 de agosto del año siguiente (1866), la portada de Mena debía seguir todavía sin desmontar. En esa fecha hizo una intervención en el pleno municipal el síndico Sr. Francisco de Paula Valladar (quizás familiar del famoso periodista) proponiendo que volviera a ser pedida la portada para colocarla en la nueva casa capitular, es decir, el actual Ayuntamiento de la Plaza del Carmen, adonde se había trasladado la corporación pocos años antes.

Esa fue otra más de las barbaridades que cometieron los responsables del ministerio de Guerra en el último tercio del siglo XX: se apropiaron de la mitad del ancho paseo que había delante de la iglesia de San Ildefonso y convento-iglesia de la Merced. Hoy es el aparcamiento particular de militares

El alcalde se dio por enterado en el pleno de 31 de diciembre de 1866. Y miró para otro lado. Así es que las piedras de aquella portada debieron ser reutilizadas para algún relleno de las muchas obras que hicieron los militares en el lugar. Quizás en levantar el murallón delantero y rellenarlo con escombros. Porque esa fue otra más de las barbaridades que cometieron los responsables del ministerio de Guerra en el último tercio del siglo XX: se apropiaron de la mitad del ancho paseo que había delante de la iglesia de San Ildefonso y convento-iglesia de la Merced. Hoy es el aparcamiento particular de militares.

A finales del XIX, los militares levantaron una especie de muralla y se apropiaron de parte de la explanada compartida con San Ildefonso.

Después continuaron con la tala del bosque y las choperas del Triunfo para aprovechar las maderas en las obras. Y, finalmente, consiguieron hacerse con las parcelas centrales para levantar tres complejos de viviendas militares. Y todo ello aplicando la normativa municipal a su antojo.

[Un inciso: el capellán militar que guardó las tres esculturas de la parte superior de la portada consiguió hacerlas llegar al Arzobispado. Las de la Virgen y San Pedro Nolasco están actualmente en la iglesia de San Juan de los Reyes; y la del rey Jaime I el Conquistador, en el convento de mercedarias de La Zubia.]

Imagen de Jaime I el Conquistador conservada en el “arzobispado” de La Zubia. Granada Hoy

El colmo de los artesonados hispanomusulmanes

A finales del año 1901, el capitán general de Granada decidió acometer una nueva tanda de reformas en el complejo militar de la Merced. Y entendió que había una serie de alfarjes de madera en los techos de la iglesia que le estorbaban. Ya para entonces habían desaparecido en extrañas circunstancias otras techumbres de madera de las capillas.

El capitán general temió ser objeto de otra denuncia en prensa. Avisó a la Comisión por si quería desmontar los artesonados de madera o, de lo contrario, sufrirían daños o quedarían tapados bajo unos cielos rasos de escayola

Como la Comisión de Monumentos había redoblado sus quejas sobre todo lo que estaba desapareciendo con las cercanas obras de la Gran Vía, el capitán general temió ser objeto de otra denuncia en prensa. Avisó a la Comisión por si quería desmontar los artesonados de madera o, de lo contrario, sufrirían daños o quedarían tapados bajo unos cielos rasos de escayola. Decía que eran techos viejos de moros. Los miembros de Monumentos ya habían denunciado a los militares ante el Senado a través del catedrático de arte Facundo Riaño, senador por la Universidad. Y El Defensor y La Alhambra no paraban de publicar críticas sobre los destrozos artísticos en la ciudad.

Plano levantado por la Comisión de Monumentos en 1901. Todavía se podían reconstruir lo que fueron las ocho capillas y el crucero. AHPGR.
Almacén en que estaba convertido el último forjado de la iglesia en la visita de la Comisión de 1901; arriba estaban los alfarjes, sujetos por los arcos tardogóticos. AHPGR.

Manuel Gómez-Moreno, Antonio Almagro Cárdenas y sus compañeros formaron una comisión con los militares para ver la forma de preservar tan ricos artesonados. Gómez-Moreno quedó impresionado y los describió en prensa con asombro. Dijo que eran de los mejores de España. Los miembros de la comisión hicieron algunas fotos, planos y dibujos (algunos se conservan todavía). E interpretaron cómo había sido el monasterio-iglesia antes de que los militares entraran a saco (ver dibujo de portada). Algunos de ellos todavía lo recordaban de su niñez.

Esta noticia de prensa recoge la opinión del catedrático Gómez-Moreno acerca del valor de los artesonados (5.XII.1901)

Empezaron un tira y afloja en el que también implicaron al Ministerio de Instrucción Pública y a la Real Academia de la Historia. La realidad es que ni los militares ni la Comisión de Monumentos tenían una peseta para desmontarlos y conservarlos. Así estuvieron durante dos años. El Gobierno Militar acabó de tabicar la iglesia. Fue el momento en que se perdieron algunas partes menores de los aliceres de las capillas.

En 1922, con la mediación de Natalio Rivas, se consiguió que el edificio fuese declarado monumento de valor arquitectónico-artístico. Pero ni aun así se reunió dinero para restaurar, proteger y exponer los artesonados

Las obras militares prosiguieron su rumbo y los artesonados quedaron en tal estado. Hasta que en 1922, con la mediación de Natalio Rivas, se consiguió que el edificio fuese declarado monumento de valor arquitectónico-artístico. Pero ni aun así se reunió dinero para restaurar, proteger y exponer los artesonados. Cada capitán general que llegaba hacía y deshacía según sus ideas. Incluso en 1928 la Comisión de Monumentos alzó su voz para que se acometieran obras de emergencia en el claustro, ya que se estaba resquebrajando.

Guardados en la Alhambra

En tal estado se llegó a 1951, cuando de nuevo se decidió una profunda reforma en el Gobierno Militar. Esta vez avisaron al Ayuntamiento de que iban a ocultar todas las techumbres de madera con cielos rasos de escayola. Ahí empezó un debate en el que se metió por medio al Patronato de la Alhambra. Se implicó de llenó el arquitecto conservador Prieto-Moreno.

Los considerados mejores artesonados hispanomusulmanes quedaron “varados” en la Alhambra en espera de destino. Ya que no encajaban en el Palacio de Carlos V, también se pensó en montarlos en el Generalife. 

Se consiguió desmontar los mejores artesonados de la Merced y llevarlos a la Alhambra. La idea era readaptarlos para el acabado del Palacio de Carlos V (que llevaba varios siglos abandonado y sin techumbres). Fueron desmontados los más vistosos, es decir, los del crucero y el presbiterio. El de la nave fue ocultado por los militares con un cielo raso de escayola, ya que no hubo más dinero para bajarlo.

Los considerados mejores artesonados hispanomusulmanes quedaron “varados” en la Alhambra en espera de destino. Ya que no encajaban en el Palacio de Carlos V, también se pensó en montarlos en el Generalife. Hasta que en 1980, Antonio Fernández Puertas, a la sazón director del Museo Nacional de Arte Hispanomusulmán, empezó a recuperarlos y colocó buena parte de ellos en los Nuevos Museos de la Alhambra.

Techumbre del Salón de actos del MADOC. Esto fue parte del crucero de la iglesia.

Hoy, la gran mayoría de aquellos impresionantes artesonados están a salvo. Aunque no demasiado visibles

Hoy, la gran mayoría de aquellos impresionantes artesonados están a salvo. Aunque no demasiado visibles. Unos, en los Nuevos Museos de la Alhambra a los que nadie sube; el otro fue destapado del cielo raso por el MADOC (en 1998), aunque tampoco está abierto a la visita. Está en el salón de actos de esta división formativa. Hay que apuntarse en sus oficinas para las visitas guiadas. Menos mal que llegó el Mando de Adiestramiento y Doctrina a Granada (en 1997); de haber continuado siendo un cuartel de los de “antes”, no me atrevo a imaginar cómo estaría el edificio en la actualidad.

Ojalá el Ayuntamiento consiga la cesión del edificio y dinero en abundancia para reconvertir el sitio en Museo de la Ciudad. Falta le hace a Granada. Sería uno de los lugares más apropiados. Pero me temo que serán nuestros bisnietos quienes consigan verlo hecho realidad; a mi edad, albergo poquísimas esperanzas.
Dibujo del arranque de una de las esquinas para recolocarlo en el Palacio de Carlos V.
Parte de la armadura del presbiterio montada en los nuevos museos de la Alhambra. Taujel.