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Regreso triunfal de los reyes del 'indie', con un concierto de más de dos horas

Los Planetas elevan la Ciudad del Rock al espacio

Cultura - J.I.P. - Viernes, 26 de Mayo de 2017
En Granada, la ciudad que reivindica su descomunal poderío musical, Los Planetas reclamaron, sin nunca pretenderlo, el trono que le corresponde con un concierto estratosférico de más de dos horas, en el que presentaron en casa su último trabajo, ‘Zona Temporalmente Autónoma’.
Los Planetas, en plena actuación.
P.V.M.
Los Planetas, en plena actuación.

O te gustan demasiado o los odias, suelen decir. No hay término medio, como si fueran un equipo de fútbol o un partido político, tan al modo de esta España y esta Granada radicalmente divididas en tantas cosas. Pero ellos, que nunca prestaron atención al mainstream,  han forjado una de las historias más brillantes de la música nacional, a espaldas de los 40 y otras naderías presuntamente obligatorias para prosperar.

Pero fuera de esos circuitos de poder oficiales, bien que se forjaron Los Planetas para abrir brecha. Desde Medusa, en 1993, a ZTA, un total de ocho discos, treinta singles y varios recopilatorios, sin contar eps, y uno de los directos más seguidos e impactantes.

Los Planetas que anoche se presentaron en Granada son los mismos, aunque diferentes, que los de hace 25 años, con los cambios obligados por las bajas en la formación. Esa gente que revolucionó en los noventa el panorama musical con un nuevo estilo, que los que no saben vivir sin etiquetas apodaron indie.  Pocos grupos como Los Planetas han marcado tanto a generaciones y han influido en este país, como inspiradores de un aluvión de formaciones, que aún sigue, como los espléndidos Apartamentos Acapulco, teloneros anoche.

Jota, en un momento del concierto. p.v.m.

Los mismos, cuando siguen emocionando con Rey Sombra, de Super 8 (1994), o José y Yo, de POP (1996), rescatada para esta gira, pero evidentemente diferentes, tras incorporar en 1998 para el monumental Una semana en el motor de un autobús a un maestro de la percusión como Eric Jiménez  –no hay otro igual-, a Banin –Esteban Fraile-, a los teclados y guitarra, esencial en esa atmósfera planetaria, y a Julián Méndez, Checopolaco, al bajo, en la gira del extraordinario Una Ópera Egipcia, hace ya 7 años. Y desde el inicio, Jota y Florent, esos genios contemporáneos, tan antihéroes.

Los Panetas construyen su particular catedral, o mezquita o Alhambra. Canción a canción, acorde a acorde, con ese punto de misticismo

Y diferentes cuando en 2007 tras investigar en el cante jondo y conocer a Enrique Morente crean canciones sublimes,  con palos de flamencos en la Leyenda del  Espacio, como Tendrá que haber un camino, que canta el inmortal maestro. Un nuevo sonido que no abandonan y siguen enriqueciendo.

Un concierto estratosférico

En Granada, la Ciudad del indie, rock, pop, punk, flamenco, clásica, jazz, fusión… Los Planetas reivindicaron anoche, sin nunca pretenderlo, el trono que le corresponde por pasado y presente con un concierto de más de dos horas estratosférico.

Con los grandes éxitos –bandas sonoras particulares, que acompañan nuestras vidas- rompen el misterio, pero siguen atrapándote en una liturgia espacial

En Granada, la ciudad de la Música, de la Cultura, de la Ciencia, y de la confluencia de civilizaciones, maltratadas por los Reyes Católicos, sonó para abrir la llamada del muecín a la oración para dar paso a Islamabad, la canción inspirada en el tema Ready pa morir, de Yung Beef, de extremo contenido social, en una vuelta de tuerca más de Los Planetas al acercarse al trap, el género actual más urbano y trasgresor.

Luego Solea, 107 faunos, Señora de las Alturas y un impresionante Ya no me asomo a la reja, dedicada a Enrique Morente, quien la cantara como fandago, que estremeció al público que casi llenó la Sala García Lorca del Palacio de Congresos, en uno de los momentos cumbres del recital.

Los Planetas regresan con fuerza. Como siempre en sus directos, pocas concesiones al respetable, por lo general, asiduo asistente a sus conciertos y que añoraba su vuelta, como ese grupo de Málaga, que estuvo el sábado viéndolos en Sevilla en el Interestelar; Paco Cuenca, que fue porque les gusta y los sigue desde sus comienzos; compañeros como Antonio Arias; o Eduardo Madina, declarado fan planetario. Público variopinto, jóvenes y los que lo eran hace 20 años y lo siguen siendo.



Cumple el carismático Jota susurrando al micrófono entre el saludo y la despedida, con algunos pocos comentarios y las gracias. ¿Qué más es necesario?, porque solo importa en sus conciertos estar, verlos; la música y esas letras, que tanto hablan de los sentimientos universales, del amor o el desamor; ahora también con el nuevo disco, más sociales y políticos. Suena más que bien la banda, con una nueva posición sobre el escenario que pivota sobre Jota: Florent, a su izquierda, y entre ellos, sobre una plataforma, Banin; Julián Méndez, a la derecha, y entre los dos, Eric y su batería, a la altura de los teclados. Y por supuesto, nadie se mueve de su espacio. Pasan ya de la pantalla led, donde en la última gira proyectaban imágenes. El juego de luces ha crecido, espectacular, por momentos.

Jota canta como nunca y hasta se le entienden las letras.

A partir de ahí, Los Panetas construyen su particular catedral, o mezquita o Alhambra. Canción a canción, acorde a acorde, con ese punto de misticismo, arropado por el envolvente sonoro de guitarras, percusiones y teclados. Con los grandes éxitos -bandas sonoras particulares, que acompañan nuestras vidas- rompen el misterio, pero siguen atrapándote en una liturgia espacial. Los Planetas han vuelto.

Porque me lo digas tú, con toda su carga sarcástica, dio paso a la espléndida Libertad para el Solitario, ambas del ZTA, para llegar a Corrientes circulares, una de las muchas que forman parte de la colección de Los Planetas, que te recuerda cómo te sentiste (o te sientes), sin posibilidad de expresarlo mejor. Como ocurre con Rey sombra o Santos que yo te pinte, que Los Planetas ofrecieron después de Hierro y Niquel, probablemente la mejor canción de su último trabajo.

Momento para estrenar nuevas canciones, como Amanecer, La Gitana o Ijtihad, para volver al pasado con David y Claudia, José y yo, Alegrías del incendio y la que da título al último trabajo, Zona Temporalmente Autónoma, que lo toma del manifiesto de Hakim Bei, como elogio a la resistencia frente al orden establecido, como lo fue el indie en los noventa, aunque fue tan fuerte su irrupción, gracias a Los Planetas, que se ha consolidado y aún perdura.

Dos bises para terminar un concierto de dos horas y 15 minutos. P.V.M.

Se despidieron, entonces, de un público al que hacía tiempo que le sobraba la confortable butaca.

El primer bis arrancó con Una cruz a cuestas, con la presencia de Soléa Morente, en una majestuosa interpretación, a la que siguió Espíritu Olímpico y los himnos generacionales Un buen día -por supuesto con los redobles de Eric al son de cuatro millones de rayas-  y 1,2, 3…. Segundo premio, esa canción que te retrata. Y Pesadilla en el parque de atracciones.

Soy un pobre granaíno, De viaje y Reunión en la cumbre, tonelaje para el segundo bis, antes de marcharse, cambiando el paso, con Los poetas.

A Granada regresarán en septiembre como cabeza de cartel del Granada Sound, después de participar en verano en los principales festivales, FIB, incluido, y el Contemporánea,  que les rinde este año merecido homenaje.

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