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Homenaje a catedráticos gallegos que contribuyeron al prestigio del instituto granadino

'Raíces gallegas, frutos granadinos, en el Padre Suárez'

Cultura - Luis Castellón Serrano - Sábado, 4 de Agosto de 2018
Homenaje a catedráticos gallegos que contribuyeron decisivamente al prestigio del Instituto Padre Suárez de Granada por una firma cualificada como es la de Luis Castellón Serrano, catedrático de Ciencias Naturales, jubilado. Para conocer más sobre la historia de un centro educativo de referencia.
Morón y Liminiana, de pie, segundo por la izquierda.
Indegranada
Morón y Liminiana, de pie, segundo por la izquierda.
La defensa del patrimonio de nuestros Institutos abarca numerosos aspectos, no sólo el descriptivo o la salvaguarda en cuanto a rescate, restauración, clasificación y publicidad del mismo haciendo útil su existencia, pero tampoco deben obviarse aspectos como sus orígenes o, en su caso, su desaparición.

En el caso del antiguo Instituto Provincial de Granada, después General y Técnico y conocido desde 1934 como Instituto Padre Suárez, ya se ha referido en numerosas ocasiones y tribunas la importancia del catedrático de Historia Natural, Don Rafael García y Álvarez sin cuyo apoyo y estímulo se hubiera conseguido bien poco, y a él se debe no sólo un esquema intelectual importantísimo, sino que desde la dirección del Instituto favoreció criterios de enriquecimiento patrimonial de todo tipo.

Ahondando en los responsables tanto contemporáneos como posteriores a García y Álvarez, llama la atención las procedencias gallegas de otros catedráticos muy relevantes al respecto, en particular Don Luis Morón y Liminiana y Don José Taboada Tundidor, cuyas actuaciones son objeto de las siguientes líneas. Luis Castellón Serrano

(Este reportaje forma parte de una ponencia presenciada recientemente por el autor en Madrid, en las XII Jornadas de la Asociación Nacional para la Defensa del Patrimonio de los Institutos Históricos).

Don Luis Morón y Liminiana

Sabido es que Luis Morón y Liminiana procedía del Instituto de Orense, lo que puede llevar a concluir que las razones económicas motivaron su traslado, dado que el de Granada era de superior categoría y por tanto de mejores emolumentos. Pero ese razonamiento sería, cuando menos, insuficiente.

Su manera de entender la enseñanza de la Física era sumamente práctica, y muy alejada de la concepción tradicional, tan encorsetada por las ideas al respecto de la Iglesia Católica. Y el Instituto gallego no resultaba el más propicio para el desarrollo de su ideario al respecto, pese a que no cupiesen dudas sobre el aprecio que su persona merecía

Su manera de entender la enseñanza de la Física era sumamente práctica, y muy alejada de la concepción tradicional, tan encorsetada por las ideas al respecto de la Iglesia Católica. Y el Instituto gallego no resultaba el más propicio para el desarrollo de su ideario al respecto, pese a que no cupiesen dudas sobre el aprecio que su persona merecía: En unas líneas leídas en el homenaje de despedida en Orense, el director del Instituto aprovecha para manifestar que las enseñanzas de la Iglesia Católica y la Filosofía tradicional deben presidir cualquier enseñanza científica. Incluso el mismo director incluye entre los escasos libros como de Física aportados al Instituto en 1858 uno que no tiene desperdicio: “El Magnetismo y la Divinidad de Jesucristo”. Obra del abate francés Almignana y traducida al español por otro gallego de Lugo, Manuel Soto Freire.

Cabe entender, pues, que el ambiente no fuera del total agrado de Morón y Liminiana, por lo que en 1861, ascendiendo en el escalafón de catedráticos, viene a Granada, donde, por cierto, se encuentra con una circunstancia económica tan favorable como inesperada: al quedar vacante la cátedra de Matemáticas por defunción del presbítero y catedrático Fernando González Graffión, Morón y Liminiana tiene que sustituirlo hasta primeros de marzo de 1864 impartiendo Geometría y Trigonometría, con un sueldo añadido de 5.000 reales al año.

En Orense, Morón y Liminiana dejó un patrimonio relativo al instrumental de Física y Química más que relevante que incluso fue objeto de elogios a nivel nacional recogidos en 1862 en la revista de Instrucción Pública “Literatura y Ciencias” (p. 125). En la actualidad, una parte mínima de esos instrumentos se conserva y muestra de forma muy mejorable en el Instituto Ramón Otero Pedrayo, y otra forma parte de los fondos del MUPEGA, Museo Pedagógico de Galicia.

Casi rozando lo anecdótico, Morón no sólo viene a Granada con su hijo en edad estudiantil, (alumno al parecer brillante ya que obtuvo premio extraordinario en las asignaturas de Latín y Aritmética, 1863-64), sino que se encuentra circunstancias muy parecidas a las que deja en Orense: ambas Diputaciones, por ejemplo, contribuyen al sostenimiento económico de los respectivos Institutos; y uno y otro centro necesitan un nuevo edificio...

Cuando llega a nuestro Instituto se encuentra con que ya existían algunos de esos aparatos para la Física, y ante el reto de adquirir otros nuevos, en el sentido de una ampliación que cubra las necesidades del progreso de la Física y Química, tiene el apoyo incondicional para ello de García y Álvarez. Pero no era Morón, al parecer, hombre de carácter resolutivo y prefería permanecer al margen en las gestiones, a veces arduas, para sufragar estos gastos.

Dentro de esta su actividad académica, Morón sustituyó el libro de texto de su antecesor, Fernández Fígares, por uno propio, Lecciones de Física elemental y experimental, Morón y Liminiana, 1885, aunque lo de “experimental” contrasta con el hecho de que el libro carece de imágenes de cualquier tipo. ¿Cuestión de hacer una edición más económica? Dicho libro de texto estuvo vigente muchos años

Lo anterior se compadece con el hecho de que durante los años de su estancia en el Instituto, hasta 1891, nunca desempeñó ningún cargo directivo, cuando al ser catedrático tarde o temprano eso solía suceder; tampoco desarrolló ninguna actividad como la de impartir conferencias o pronunciar discursos de apertura, lo que contrasta con su etapa orensana, en la que fue vicedirector y dio un solemne discurso de apertura de curso en 1859. Eso sí, en Granada destacó por su dedicación a la docencia y por su empeño en incrementar los fondos científicos. A este respecto, cabe mencionar la circunstancia de que el Instituto contaba con un “Ayudante y encargado de los Gabinetes”, D. Mariano Díez y Alonso, empleo que era económicamente sufragado por la Diputación, aunque pocos años después desaparecería. También el bibliotecario, Vázquez de Baños, dependía económicamente de la Diputación, por lo que cabe pensar que ésta se hacía cargo del personal no docente.

Dentro de esta su actividad académica, Morón sustituyó el libro de texto de su antecesor, Fernández Fígares, por uno propio, Lecciones de Física elemental y experimental, Morón y Liminiana, 1885, aunque lo de “experimental” contrasta con el hecho de que el libro carece de imágenes de cualquier tipo. ¿Cuestión de hacer una edición más económica? Dicho libro de texto estuvo vigente muchos años.

Fuera de la dedicación a la enseñanza, Morón tampoco desarrolló en Granada actividad alguna destacable como pudiera ser la afiliación a asociaciones civiles o políticas, lo que no deja de ser un tanto infrecuente para una época en la que entre sus compañeros de claustro abundaban concejales o francmasones.



Algunos instrumentos adquiridos por Morón y Liminiana. Primero, Condensador de Aepinus; y Pila de Volta.


Linterna mágica de tres objetivos.

En 1871 Morón y Liminiana solicitó el traslado al Instituto Noviciado de Madrid, hoy el IES Cardenal Cisneros, en el que, entre otras cosas, los emolumentos eran superiores. Se le denegó la petición, la verdad es que por razones discutibles, y la plaza siguió ocupada por quien la venía desempeñando. Años más tarde, ya en 1891, se trasladó al Instituto de Baleares (actual Ramón Llull) por permuta con su hijo Luis Morón García. Se ha intentado recabar datos sobre Morón y Liminiana de este Instituto balear sin éxito; sólo que poseen escasos instrumentos de Física al parecer adquiridos durante su estancia.

Aprovecho para hacer el apunte de que el tránsito de catedráticos gallegos por nuestro Instituto ofrece ejemplos de todo tipo. Desde el de José María Proupin, catedrático de Francés que ya en los setenta del pasado siglo tuvo en su haber varios destinos, al de José Taboada, catedrático de Historia Natural, afincado en el barrio albaicinero del Zenete y que perduró desde comienzos del siglo XX hasta la Guerra Civil. Por eso nos inclinamos, sin aplicar dudosos criterios de conductas hispanas regionalistas, a entender que el móvil de la solicitud de traslado de Morón y Liminiana en 1871 fue el económico. No se vislumbra otro. Téngase en cuenta que era padre de cuatro hijos y eso condicionaría bastante sus necesidades.

Durante el periodo que transcurrió hasta 1891 la adquisición de materiales o instrumentos pasó por etapas diferentes dependiendo, claro está, de la disponibilidad económica, pero también de la coincidencia en la dirección de García y Álvarez. Así, por ejemplo, podemos comprobar una inversión de 729 pesetas en 1877 para ciertos aparatos, entre ellos la máquina eléctrica de Carré (250 pesetas), el aparato de Norremberg (120 pesetas), pilas de Grenet (17 pesetas)...

Durante el periodo que transcurrió hasta 1891 la adquisición de materiales o instrumentos pasó por etapas diferentes dependiendo, claro está, de la disponibilidad económica, pero también de la coincidencia en la dirección de García y Álvarez. Así, por ejemplo, podemos comprobar una inversión de 729 pesetas en 1877 para ciertos aparatos, entre ellos la máquina eléctrica de Carré (250 pesetas), el aparato de Norremberg (120 pesetas), pilas de Grenet (17 pesetas), etcétera. Cierto es que la redacción algunas de las Memorias anuales del Instituto son confusas al respecto, ya que, si por un lado especifican que en determinado curso no se hicieron adquisiciones para el Gabinete de Física, si incluyen adquisiciones para el Laboratorio de Química, y curiosamente son aparatos físicos. Buscar hoy responsabilidades intelectuales sería ocioso.

Como ya se ha referido,  Luis Morón García, sustituyó a su padre en la cátedra a partir de 1891 y, por ello, y es también responsable, aunque en menor medida, del patrimonio científico del Instituto.

Si ya como estudiante, destacaba por sus calificaciones, perseveró después en su valía intelectual puesto que contaba veinticinco años cuando tomó posesión como catedrático de Física en el Instituto de Reus. Previamente, en el mismo Instituto Provincial de Granada, había sido propuesto por García y Álvarez el director y nombrado por el claustro, profesor auxiliar de Física y Química, Historia Natural, Fisiología e Higiene. Sacando las oposiciones de cátedra de Elementos de Física y Nociones de Química en agosto de 1877  recorriendo varios institutos, el de Huelva, Toledo, Reus y posteriormente al citado de Baleares donde permutó la cátedra con su padre por la de Granada.

Los motivos para dicha permuta no están claros, pero pudiera haber influido el que el padre tendía familiares en levante y el hijo estaba casado con una granadina. De todas formas, parece que el “nomadismo gallego” era hereditario.

Durante su destino en nuestra ciudad mantuvo el libro de texto de su padre y respecto al instrumental científico hizo algunas adquisiciones, no muchas, preferentemente de material fungible de Química y algunas menos de Física, pero no por ello menos interesantes.



Algunos aparatos adquiridos por Morón García. Linterna mágica para proyectar movimientos de fluidos.




Por este orden, Crisoles de “Barro de Zamora”; embudo de seguridad; y aparato de Kipp.

Luis Morón García se mantuvo en esta cátedra hasta su fallecimiento el veintisiete de enero de 1911, circunstancia de amplio eco en la sociedad granadina que recogió en su momento “El Defensor de Granada”, y en la que se hace patente el impacto entre el alumnado.

Don José Taboada Tundidor

Tratamiento totalmente distinto es el del segundo personaje, José Taboada Tundidor, aunque su aporte referente a lo patrimonial sea igualmente indiscutible. Digo totalmente distinto ya que su personalidad controvertida se tradujo no sólo en lo patrimonial sino en su biografía.

Siendo profesor ayudante en el Instituto de Orense, saca las oposiciones de cátedra y el tres de junio de 1910 se publica en la Gaceta de Madrid su nombramiento como Catedrático numerario de Historia Natural, Fisiología e Higiene del Instituto de Granada con un sueldo anual de 3.000 pesetas

Ha sido objeto de varias citas de diversos autores dada su versatilidad y lo poliédrico de sus actuaciones. Algunos apuntes biográficos se hacen necesarios para el conocimiento de este personaje.

Oriundo de Orense y perteneciente a una familia de la alta burguesía, inicialmente se formó en Reino Unido distanciándose de la línea de sus otros dos hermanos varones, ambos abogados y uno de ellos además militar; no así de su hermana Ángeles con la que mantuvo fuertes vínculos.



Taboada de joven; Taboada con su esposa, Ada Ellen, en Torremolinos.

Siendo profesor ayudante en el Instituto de Orense, saca las oposiciones de cátedra y el tres de junio de 1910 se publica en la Gaceta de Madrid su nombramiento como Catedrático numerario de Historia Natural, Fisiología e Higiene del Instituto de Granada con un sueldo anual de 3.000 pesetas. Ya en 1903 fue admitido como socio en la Real Sociedad Española de Historia Natural en la sección de Entomología aunque después sus publicaciones  en la revista de la sociedad también versaran sobre Limnología y Geomorfología. Muy interesante la publicación en el Boletín de la R.S.E.H.N. de julio de 1913 sobre El Lago de San Martín de Castañeda (Sanabria), en la que se revela como un naturalista en el sentido amplio de la palabra.

En Granada, afortunadamente sustituyó a Ramón Ochoa Monzón famoso por su conservadurismo recalcitrante, retomando las líneas de García y Álvarez y adquiriendo rápidamente prestigio intelectual, al punto que en 1916 fue nombrado catedrático auxiliar de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada

Su papel en la Real Sociedad debió ser muy relevante ya que en1906, era censor de cuentas de la misma. Adelantemos que en toda su trayectoria nunca renunció a su galleguismo, a su dirección particular como socio, incluso estando en Granada, añadía “veranos en Orense”. Posteriormente se ha conocido el domicilio concreto en la calle Hernán Cortés 12, y en cuyos bajos actualmente hay un establecimiento hostelero.

En Granada, afortunadamente sustituyó a Ramón Ochoa Monzón famoso por su conservadurismo recalcitrante, retomando las líneas de García y Álvarez y adquiriendo rápidamente prestigio intelectual, al punto que en 1916 fue nombrado catedrático auxiliar de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada.

Retomó la línea de robustecer el material de investigación y bibliográfico de forma entusiasta, e incluso impulsó la creación de una “Estación Alpina“ en Sierra Nevada en el Collado de la Sabina, como complemento científico a las actividades del Instituto. Injusto sería omitir la colaboración desinteresada del arquitecto Fernando Wilhelmi que a la par de ser el responsable de la terminación y verja del actual Instituto, se comprometió en este proyecto. Como al parecer, José Taboada era un hombre de economía desahogada, parte de la compra de la parcela la sufragó el mismo para cederla posteriormente. El mismo desahogo económico le permitió adquirir instrumental científico para el trabajo ya citado sobre el Lago de San Martín de Castañeda, barómetros, termómetros y otros, todos de la casa Negretti & Zambra de Londres. No nos extendemos sobre este episodio de la Estación alpina ya que fue objeto de una comunicación anterior (“Fantasmagorías patrimoniales” en las X Jornadas en Teruel). Pero hay que considerarlo como una aportación más que extraordinaria, aunque fallida, al patrimonio del Instituto.



Uno de los planos de la Estación Alpina. Autor: F. Wilhelmi


Documentación inicial de la Estación

Entre las otras aportaciones, poco o nada en el sentido del coleccionismo, entre otras razones por que ya García y Álvarez dejó ese capítulo muy bien cubierto. Si es cierto que Taboada aportó una envidiable colección de cien estereoscopías de Anatomía Humana realizada por la Universidad de Edimburgo, así como brújulas, brújula-secante, microscopios más actualizados que los del XIX, un magnífico microtomo de glicerina y lupa de disección, ambos de la casa Leitz, un polariscopio Reichert y diversas cajas y estuches con más de doscientas preparaciones microscópicas de las más afamadas casas parisinas y londinenses, así como colecciones interesantísimas de láminas de vidrio para proyección.



Visualizando con el estereóscopo la colección de la Universidad de Edimburgo.

 

 





Vídrios para proyectar: Arriba, preparación microscópica de foraminíferos. Abajo, Jardín de aclimatación de París.

Simultáneamente a la labor científica y en el Instituto, José Taboada estuvo muy comprometido políticamente, desde unas posiciones iniciales que diríamos “liberales“ desde el punto de vista etimológico del término, hasta unas más “ díscolas “ con la época como veremos. Unas de sus sobrinas nietas comenta que “tito Pepe era de derechas si el gobierno era de izquierdas y al revés”. En las elecciones de Abril de 1.931 encabeza la lista del Partido Centrista, seguido de Gallego Burín y Marín Ocete. Posiciones que se le quedarían a la derecha años más tarde, y que le supondrían conflictos derivados de las relaciones personales. Antes ha participado activamente en la “Extensión universitaria“, una especie de complemento cultural abierto de mucha importancia en Granada, quizás inspirado en las iniciativas de los estamentos docentes de Oviedo. En el Instituto fue secretario durante diversos periodos, localmente nombrado para diversas comisiones, y a nivel nacional formó parte de tribunales en varias ocasiones.

Simultáneamente a la labor científica y en el Instituto, José Taboada estuvo muy comprometido políticamente, desde unas posiciones iniciales que diríamos “liberales“ desde el punto de vista etimológico del término, hasta unas más “ díscolas “ con la época 

Consta en su expediente la frecuencia con la que solicitaba ausentarse para viajar a Reino Unido, y aunque la justificación era la de ampliar estudios, hace pensar que eran otros los motivos, se casó con una inglesa, Ada Ellen Breed Gray, de Harrow y que estudió medicina y cirugía ya en Granada.

Insistiendo en lo poliédrico del personaje, como en la Dictadura de Primo de Rivera se prohibieron los “Boys-Scouts”, y el máximo responsable en Granada era otro catedrático del Instituto, Rafael López Mateos que usó ciertas dependencias como “zulo” para los enseres, José Taboada fundó otra organización juvenil con otro nombre pero casi con los mismos fines.

A partir de las elecciones de 1931, y en plena República no dejó de manifestarse políticamene, al punto que en la víspera de salir elegido Azaña, un grupo de doscientas personas fueron a rodear su casa de forma agresiva. Tuvo que intervenir la policía y escoltarlo hasta el Instituto. Dichas elecciones fueron impugnadas en Granada por las evidencias de pucherazo.

En las proximidades de la Guerra Civil se le vuelven las tornas; por un lado de nuevo se reverdece una entelequia entre el Arzobispo y el Catedrático de Historia Natural como en el siglo anterior con García y Álvarez, esta vez con cruce de manifestaciones en prensa y siendo el móvil el mismo, la Evolución que José Taboada la explicaba y defendía en el aula. Por otro lado parece que había surgido una enemistad manifiesta con su anterior compañero de candidatura, Gallego Burín, surgiendo todo tipo de inconvenientes a su alrededor. Apareció una sorprendente denuncia de un conserje del Instituto sobre si se había llevado unos muebles, posteriormente se demostró que eran de su propiedad. En el incipiente franquismo, siendo Gallego Burín alcalde de Granada, se le expedientó y se le suspendió de empleo pero no de sueldo. El expediente de depuración ha sido reclamado al Archivo de Alcalá de Henares, y en su lugar nos informan de un juicio de faltas que llegó al Supremo por ocupar en Torremolinos un espacio que al parecer no era suyo. El denunciante era un archiconocido franquista; dicho expediente de depuración, aparte de sorprender su actual inexistencia o extravío, figura en bibliografías pero con números cambiados, en unas como el 366 y en otras como el 368. El resultado indiscutible fue que acabó en Torremolinos exiliado.

Un dato elocuente de la poca simpatía que suscitaba en esos tiempos es el que uno de sus hermanos, encargado de adjudicaciones de bienes confiscados a los “rojos”, le ofreció un piso en plena Gran Vía de Granada, número 44, 1º, y lo rechazó de plano al conocer la procedencia. Se fue ya expedientado a vivir a Torremolinos con su esposa que fallecería en 1963. Allí se transforma desde la imagen aristocrática en Granada a una especie de existencialista que acude todos los días en el recreo al Instituto Nª. Sra. de la Victoria a mantener contactos con antiguos conocidos. Siendo un anciano venerable, iba en pantalones cortos y con un canasto de frutas lo que suscitaba la curiosidad del alumnado de la época (personalmente fui testigo de lo que relato en los años 50). Al parecer abandonó la “morriña orensana”.

Mientras estuvo en esta sorprendente situación, el Instituto se preocupó en varias ocasiones por la resolución definitiva del expediente ya en 1952, y el resultado fue casi humillante, se le reintegra en el servicio activo el quince de abril de 1955 con quince días de plazo, el dos de junio del mismo año se le jubila forzosamente. Es decir, una “muerte civil” desde los inicios del franquismo.





Arriba izquierda, una de las reclamaciones sobre el estado del expediente sancionador (1952) derecha, sobreseimiento del mismo (abril 1955); derecha abajo, jubilación forzosa (junio 1955).

Tras su jubilación, el fallecimiento de su esposa (enterrada en Málaga en el conocido como Cementerio inglés), poco después un accidente le produjo una rotura de cadera hospitalizándose en Málaga un tiempo hasta que su hermana Angelines haciéndose cargo de él, lo traslada al domicilio familiar de Vigo donde falleció el uno de julio de 1968, siendo enterrado en Orense en la cripta de los Taboada. Obsérvese en la Esquela el detalle de omitir al Instituto, lo que podría evidenciar las pocas simpatías hacia el mismo.

No me resisto al menos en la cita, a otros gallegos que, si bien ajenos al patrimonio, sí han dejado huella en nuestro Instituto granadino ya en tiempos recientes. Carmen Pérez Basanta, catedrática ya jubilada de Inglés, con fuertes e importantes raices en Ribadeo (su familia ha sido la propietaria hasta hace bien poco del emblemático Palacio de los Moreno), y de José María Proupin, compostelano catedrático de Francés con posterioridad director durante años del Instituto Xelmírez, al que calificaría como uno de los escasos intelectuales que ha tenido este país y que hoy, ya desaparecido, debiera estar más reivindicado justamente por la sociedad gallega. En los últimos años un regalo, Nemesio García Carril, de Sobrado dos Monjes, músico indiscutiblemente reconocido, organista que fuera de la Catedral de Santiago, compositor entre otras obras de la banda sonora de “Los Gozos y las Sombras, y que nos dejó en el Instituto el himno del mismo.

 

Luis Castellón Serrano es catedrático de Ciencias Naturales, jubilado, del Instituto Padre Suárez. Granada