'El último mohicano de la guitarra de Morón'

Diego Torres Amaya, “Diego de Morón”, es uno de esos seres mágicos que desde muy niño se bañó en el manantial de los duendes para transitar por este mundo dándole a sus coetáneos “pellizcazos” de arte con las seis cuerdas de su sonanta. En mi memoria, permanecen intactos los recuerdos de varias reapariciones propiciadas por sus fieles amigos de Morón, que siempre estuvieron dispuestos a conseguir un local, diseñar un cartel y sacar a la venta las entradas de eventos que, en todos los casos, traspasaban las fronteras de lo local, para hacer llegar en peregrinación, hasta Morón de la Frontera, a aficionados y guitarristas procedentes de las más remotas latitudes. Les hablo de una época en la que todavía no existía Internet y por lo tanto lo que más y mejor funcionaba era el boca a boca.
Ya de niño, había tenido la oportunidad de verlo y oírlo en diversas ocasiones, junto a mis padres, con quienes solía asistir a los festivales y conciertos flamencos que se celebraban en el pueblo de la cal. Pero quizás, uno de los que más me marcó, por la huella que dejó en mi corazón, fuese el que se celebró en el local de “los Antoñitos” en pleno Pozo Nuevo
Ya de niño, había tenido la oportunidad de verlo y oírlo en diversas ocasiones, junto a mis padres, con quienes solía asistir a los festivales y conciertos flamencos que se celebraban en el pueblo de la cal. Pero quizás, uno de los que más me marcó, por la huella que dejó en mi corazón, fuese el que se celebró en el local de “los Antoñitos” en pleno Pozo Nuevo. Ya que por entonces me encontraba en Sevilla, estudiando en la universidad, por lo que acudí al mismo con tres o cuatro amigos y compañeros, aficionados que conocían de la legendaria y huraña figura de nuestro Diego. Aquella, sin duda, fue una noche mágica en la que el chamán de la guitarra flamenca moronense, haciendo uso de esos inimitables poderes suyos, consiguió modificar durante, casi dos horas, nuestra realidad y con ella, la percepción colectiva que todos los allí presentes tuvimos en aquel espacio de tiempo. No en vano, todos los presentes salíamos medio en trance y con una enorme sonrisa dibujada en nuestras caras.
En aquellos ratos, Diego, no sólo tocaba la guitarra, sino que también solía hablarnos del manantial de los sentimientos de los que brotaban composiciones como “Gota de Plata” o “Pozo Loco”
Cuando Juan Toro, se puso en contacto conmigo para contarme que estaba inmerso en la realización de una biografía sobre Diego y me pidió que le hiciese llegar unas letras, lo primero que se me vino a la cabeza era que la vida me estaba brindando la oportunidad de poder agradecer y reconocer, públicamente, haber sido un privilegiado por el simple hecho de tener la enorme suerte de poder entrar en el círculo íntimo de un ser tan especial. Gracias a sus amigos Pepeluis Rodríguez, Gregorio Valle, Antonio el Carpintero o Juan Sucilla que, fueron quienes me permitieron asistir a mis primeras reuniones o fiestas íntimas con el Atahualpa Yupanqui de Morón. En aquellos ratos, Diego, no sólo tocaba la guitarra, sino que también solía hablarnos del manantial de los sentimientos de los que brotaban composiciones como “Gota de Plata” o “Pozo Loco”. Cuando no se embrujaba tocando por seguiriyas durante horas y nos metía el mástil de su guitarra por el estómago para retorcernos de dolor, pero también de alegría, al ser conscientes del privilegio que aquello suponía para los cuatro o cinco elegidos que estábamos compartiendo aquella experiencia imposible de reproducir ni narrar ahora mediante el lenguaje prosódico.
Después fueron pasando los años y la antropología me llevó a introducirme en el mundo de la gestión cultural y la producción. Un terreno en el que desde el principio tuve clara que mi patria y mi bandera eran la guitarra de Morón
Después fueron pasando los años y la antropología me llevó a introducirme en el mundo de la gestión cultural y la producción. Un terreno en el que desde el principio tuve clara que mi patria y mi bandera eran la guitarra de Morón. Esa en la que Diego era ídolo local y leyenda internacional. Por lo que tuve ocasión de viajar con él por buena parte de la geografía española. Desde el Círculo Flamenco de Madrid, hasta la Platería de Granada, pasando por Córdoba, Torres Macarena, el Pozo de las Penas, el Hotel Triana, el Teatro Central o el Teatro Alameda, así como la Bienal de Sevilla, el ciclo Conocer el Flamenco, la Universidad de Sevilla y muchísimos lugares más que sería larguísimo reproducir. Pero sin ninguna duda, la noche más mágica y especial de todas tuvo lugar en el antiguo Teatro Álvarez Quintero de Sevilla, sede por entonces de los Jueves Flamencos de Cajasol, donde Diego de Morón formó parte de un cartel antológico junto a Agujetas y el Niño Miguel, en el que al enduendado tañedor le tocó en suerte cerrar una noche que había traído hasta la capital andaluza a aficionados de Madrid, Barcelona, Francia, Inglaterra, Alemania, Japón y todos y cada uno de los rincones de Andalucía.
Una amistad y admiración cultivada, a fuego lento, durante décadas que Diego se prestó a coronar en el año 2019, volviendo a confiar en mí para meterse durante una semana en un estudio de grabación con Rosalía. Recuerdo, perfectamente, como al recibir la llamada del directivo de Sony que me contactó, la primera reacción que tuve fue la de responderle:
-¿Está seguro de lo que me está diciendo? ¿Rosalía le ha pedido grabar con Diego de Morón? ¿No se estará confundiendo de nombre?
-No, no, no. Segurísimo, Diego de Morón. Dieguito. Rosalía es muy aficionada y sabe perfectamente quién es y por qué nos lo ha pedido.
-Bueno, hablaré con él, pero no les garantizo nada -fue mi respuesta-
Días después me trasladé a Morón para poder hablar, personalmente, con Diego. Y como imaginaba, al contrario que la internacional artista catalana, el último mohicano de la guitarra de Morón no tenía ni idea de quien era ella. No se mostró en contra de la posibilidad, aunque tampoco a favor. De manera que, tuve que recurrir a varios de sus sobrinos más cercanos para que le terminasen de hacer ver que esa grabación podría ser interesante para él. Así fue como se hizo posible aquel encuentro, del que hasta el momento no hemos podido oír el resultado. Y del que, tampoco descarto que pueda salir a la luz pública su resultado, para que el gran Diego de Morón vuelva a sorprender a propios y extraños, como ya hiciese en la década de los setenta cuando grabó con el mítico grupo Triana.