Artículo de opinión por Agustín Martínez

'¿De verdad que no nos dan miedo?'

Política - Agustín Martínez - Jueves, 12 de Febrero de 2026
Un artículo de Agustín Martínez que no puedes dejar de leer. Imprescindible.
Santiago Abascal, este miércoles en el Congreso.
Congreso
Santiago Abascal, este miércoles en el Congreso.

Dicen los y las analistas políticas de todo pelaje y condición que, a la luz de los resultados de las últimas citas electorales en Extremadura y Aragón y de las distintas prospecciones demoscópicas, el espectacular incremento de voto que está experimentando Vox, se debe fundamentalmente a que la gente ha perdido el miedo a la ultraderecha, que hasta ahora había impedido que dieran los números para un gobierno de coalición PP-Vox.

No seré yo quien le quite la razón a esos analistas, pero les confieso que yo sí que tengo miedo

No seré yo quien le quite la razón a esos analistas, pero les confieso que yo sí que tengo miedo. Mucho miedo a que, quienes no tienen más objetivo que socavar la democracia desde dentro, como es el caso del partido de Abascal, pueda alcanzar el Gobierno de la mano de su pagafantas, Núñez Feijóo, porque no me cabe la menor duda de que si esa circunstancia, más que probable, se produce en las próximas elecciones generales, peligra muy seriamente la democracia en este país, peligra el Estado de derecho, tal y como lo conocemos y por supuesto peligra el Estado de bienestar. No son exageraciones. Ahí está el caso de Estados Unidos, a cuyo autócrata, Donald Trump, está más que rendido “Obiskal”, cuyo modelo es el que se pretende imponer en Europa con la colaboración impagable de los tecno oligarcas que a través de sus redes sociales planetarias han emprendido una auténtica cruzada contra la Democracia.

En un momento en el que la desigualdad entre trabajadores y empresarios cada día es mayor y en el que los segundos cada vez se quedan una porción mayor de la riqueza que se produce en nuestro país, en el que los salarios han pasado de recibir el 58% de la riqueza total en 1980 a algo más del 51% en la actualidad, los únicos que no deben tener miedo al ascenso de la ultraderecha, son aquellos que se benefician directamente de sus políticas, que obviamente no son ni los trabajadores, ni los pensionistas, ni los parados, ni los dependientes, ni las mujeres, ni los estudiantes, ni los inmigrantes, ni la clase media, ni la comunidad LGTBI. Todos estos colectivos deberían tener miedo, mucho miedo a que el líder de Vox llegara a ser vicepresidente del Gobierno, en un ejecutivo presidido por Alberto Núñez Feijóo, al que por cierto cada elección que pasa se le está poniendo cada vez más cara de Abascal.

Salvo que yo esté confundido y viva en una tierra de leche y miel, donde atamos a los perros con longaniza, creo que la inmensa mayoría de los ciudadanos de este país deberíamos tener miedo, mucho miedo de llevar a Vox al Gobierno, porque según datos oficiales, vivimos en uno de los países más desiguales de la Unión Europea, donde el 10% más rico posee casi el 60% de la riqueza, mientras el 50% más pobre apenas tiene el 7%. Un país donde la pobreza afecta a 12,5 millones de personas, o lo que es lo mismo, que el 26,4% de los españoles se encuentran en riesgo de exclusión, con especial incidencia en hogares jóvenes con menores.

A este estado de cosas no se llega por una confluencia astral, ni por un fenómeno meteorológico, se llega porque los beneficiarios de esa desigualdad, ese 10% de personas que acumulan el 60% de la riqueza, han puesto en marcha todos los mecanismos posibles, mediáticos, empresariales, sociales y judiciales, para que esa situación se produzca, se perpetúe y a ser posible aumente y para eso es fundamental llevar al Gobierno a partidos como Vox.

¿De verdad que quienes no pertenecemos a ese diez por ciento privilegiado de la población, hemos perdido el miedo a que una formación política puesta al servicio de los privilegios de los de siempre, llegue al gobierno de este país?

¿De verdad que quienes no pertenecemos a ese diez por ciento privilegiado de la población, hemos perdido el miedo a que una formación política puesta al servicio de los privilegios de los de siempre, llegue al gobierno de este país? Si la respuesta es afirmativa, o estamos muy mal informados, que por supuesto lo estamos; profundamente engañados, que es evidente que también; enormemente manipulados, algo fuera de toda duda; o lo que es peor, nos creemos por encima de nuestra clase, por más que seamos unos pobres luchando contra otros aún más pobres.

Pero es que además Vox se ha convertido en un auténtico partido fascista y como ejemplo baste recordar la intervención de Abascal ayer en el Congreso, anunciando que deportará a los inmigrantes, aunque estén en España de manera absolutamente legal. Es un error muy grave minusvalorar, frivolizar, o ignorar la amenaza fascista que hoy supone para nuestro país, Vox y sus satélites mediáticos, judiciales y económicos. Ese error lo cometieron las incipientes democracias europeas en los años 30 del siglo pasado y el precio que pagó el mundo fue terrible.

Vox es hoy la amenaza fascista real. Su estrategia, su discurso, sus actos, hasta su iconografía, su cartelería y sus eslóganes lo confirman día tras día. No verlo así es de una ingenuidad suicida. No valorarlo así y no reaccionar conforme a la dimensión del peligro constituye una irresponsabilidad mayúscula.

Lo enormemente peligroso es que a ese discurso fascista de Vox se está sumando el PP, cuya portavoz aseguró hace unos días que eran “hermanos”. Están señalando, inoculando el odio con mentiras, apelando a los instintos más primarios de miedo y egoísmo, alentando los ataques crecientes en intensidad y gravedad, cuestionándose las denuncias de agresión, justificándolas y amparándolas. Viejísima táctica fascista. Todo ello con una puesta en escena que incluye los ataques al periodismo independiente, para promover las consignas falaces sobre la información veraz y libre. Falsean la historia y practican el negacionismo ante las evidencias científicas… Y a pesar de todas esas evidencias están creciendo como la espuma.

Y ante este panorama la pregunta es: ¿De verdad que no tenemos miedo a que lleguen al Gobierno?