Piropos poéticos
artículo de opinión por josé antonio funes

'El donante universal'

Política - José Antonio Funes - Domingo, 4 de Diciembre de 2022
José Antonio Funes analiza en este sincero artículo las razones de la debacle y casi desaparición hasta la irrelevancia de Ciudadanos, el partido en el que creyó, y con el que fue parlamentario andaluz y presidente del Consejo Escolar de Andalucía.
Inés Arrimadas, Juan Marín y Albert Rivera, en un mitin en Granada en 2015.
M.R.
Inés Arrimadas, Juan Marín y Albert Rivera, en un mitin en Granada en 2015.

Doce millones y medio de pesetas pagó el Ayuntamiento de Granada en 1957 a Sor Cristina de la Cruz Arteaga por El Carmen de los Mártires. El dinero parece que fue destinado a la restauración del Monasterio de San Jerónimo. El pasado 19 de junio un nuevo Manuel Sola (alcalde entonces), bajo forma de Presidente de la Junta, adquirió los nuevos mártires de la política española a precio de cierre, permitiendo de paso la recuperación de un PP que se queda hasta con el solar de Cs. La operación fue bien diseñada por el dúo Marín-Bendondo, dentro de una armonía que no se veía desde los antiguos cursillos de cristiandad donde se finalizaba prácticamente levitando. Todos contentos, unos porque han encontrado premio público por el generoso regalo pese a presumir de tener infinidad de ofertas privadas y otros porque alcanzar los cielos nacionales ahora se antoja posible y, de paso Moreno Bonilla, gracias al éxito de esta OPA, se sitúa en el pódium conservador acompañando a Feijóo y Ayuso. Quién le iba a decir a Juanma que daría tal salto cuando la noche electoral tenía la maleta preparada y sustituto casadista, su actual consejero de justicia.

Asumo que esta reflexión hubiese ganado peso manifestándola antes, aun a costa de la inmolación segura. Ahora pudiera parecer que se es profeta de hechos consumados, por más que hayamos ofrecido pinceladas periódicas y trasladado el análisis de manera interna, con escasísimo éxito, por otra parte

Con esta estrategia es lógico que Marín no tenga nada de qué arrepentirse al conseguir el fantástico resultado que supone pasar de 21 a 0. Sin embargo, no es justo culpar al exvicepresidente del desaguisado de manera exclusiva. En mayor o menor grado todos cuantos hemos tenido algún protagonismo durante estos años somos responsables por acción u omisión. Hemos hecho, hemos dejado de hacer o permitido que hagan, quizá confiados en quien en absoluto lo merecía. Asumo que esta reflexión hubiese ganado peso manifestándola antes, aun a costa de la inmolación segura. Ahora pudiera parecer que se es profeta de hechos consumados, por más que hayamos ofrecido pinceladas periódicas y trasladado el análisis de manera interna, con escasísimo éxito, por otra parte.

El histórico de incoherencias ciudadanas es demoledor. Este proyecto lleva caminando desorientado desde sus orígenes. Nació socialdemócrata para convertirse después en liberal y pugnar por el liderazgo de la derecha al mismo tiempo que gritaba a los cuatro vientos la equidistancia entre rojos y azules. Un día se fotografiaba en Colón y otro vetaba a Vox aunque a renglón seguido le abría las puertas de gobiernos por la entrada principal o por la de servicio, con rocambolescas y ridículas excusas. Pasó de ser un partido que aspiraba a lograr acuerdos defendiendo que lo importante era ser útil a jugar con cartas marcadas porque la única aspiración era lograr el poder central; defendía con desenfado el diálogo, el consenso, aunque se mostraba dogmático en todos sus postulados; hablaba de “participación” pero aplicaba prácticas presidencialistas; despertaba ilusión por apelar a lo común aunque confrontaba como estrategia para obtener réditos electorales; apostaba por el mérito desde un modelo depurado de despotismo y -en no pocas ocasiones- de nepotismo. Todo ello aderezado de mantras y eslóganes salpicados con coloridos emoticones.

Un proyecto que no considera a sus cargos, que no valora a sus afiliados, que no respeta la diversidad de nuestro país y enfrenta a los territorios, que entiende la política no como un espacio de debate, sino como una iglesia donde un gurú decide sin más contrapeso que los ecos demoscópicos, es un proyecto degradado y enfermo

Un proyecto que no considera a sus cargos, que no valora a sus afiliados, que no respeta la diversidad de nuestro país y enfrenta a los territorios, que entiende la política no como un espacio de debate, sino como una iglesia donde un gurú decide sin más contrapeso que los ecos demoscópicos, es un proyecto degradado y enfermo. En versión literaria sería lo más parecido al “Rey desnudo” de Andersen, desnudez con la que el propio Albert se presentó en campaña para ir luego revistiéndose de los más variados ropajes de cartón piedra.

Por todo ello la debacle en Andalucía tiene una mochila introductoria; un hundimiento que por otra parte preludia el final definitivo en todo el país. Es cierto que el PP ha sabido apropiarse groseramente logros comunes, pero no lo es menos que los líderes naranjas no han defendido el espacio de un partido distinto apelando al lugar común de la estabilidad y la lealtad para disimular sumisión absoluta. Mientras sólo se gestionaba, el PP gestionaba, hacía política y confundía sin ningún pudor lo institucional con lo orgánico.

Esa configuración del primer nivel se trasladó al resto de puestos de la Administración haciendo de Ciudadanos el 0+ de la política, el donante universal

Los inicios en la configuración del ejecutivo andaluz ya vislumbraban la bisoñez de los cuatro enviados desde Madrid para asumir el peso de la negociación, Villegas, Toni Roldán, Hervías y Garicano. Todos ya fuera del partido. Posiblemente no consideraron preparados a los andaluces para organizar nada y en la construcción del gobierno se escogieron perfiles, en la mayoría de las ocasiones, ajenos al sentir de Ciudadanos. Esa configuración del primer nivel se trasladó al resto de puestos de la Administración haciendo de Ciudadanos el 0+ de la política, el donante universal. Este diseño explica todo el desarrollo posterior. Un partido que abandona a los suyos, y se “encapsula” (curiosa metáfora acuñada para que no hubiera interferencias en el proceso de absorción) en la acción de gobierno, aunque esta haya sido aceptable en términos generales, pero olvida la dimensión política tiene los días contados.

La refundación tuvo que producirse para debilitar a los reyezuelos que se apropiaron del proyecto en los distintos territorios y ahogaron cualquier atisbo regenerado

Ahora es tarde para corregir. La refundación pudo arrancar cuando Rivera, enfermizamente obsesionado con la presidencia del gobierno, dejó escapar la vicepresidencia en un acuerdo con el PSOE y, de paso, hubiera evitado el gobierno que llamó frankestein pero que él facilitó en un remake del perro del hortelano. La refundación tuvo que producirse para debilitar a los reyezuelos que se apropiaron del proyecto en los distintos territorios y ahogaron cualquier atisbo regenerador. La refundación debió iniciarse en el buzón de la comisión de garantías que no servía más que para purgar a los denunciantes. La refundación necesitó rebelarse ante presiones chantajistas y ambiciones desmedidas sin ceder vergonzosamente. La refundación tuvo que relegar su fijación catalana y sus rabietas lingüísticas a las que frecuentemente recurrían como el comodín del público. La refundación, en definitiva, hubiese tenido sentido cuando aún quedaba un hilo de esperanza en sus seguidores.

Ahora es tarde, demasiado tarde. Por eso, traicionando a Víctor Hugo cuyo pensamiento original estaba presente en todos los mítines del partido, no hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su fin.

José Antonio Funes Arjona. (Salar, Granada, 1964, es licenciado en Filosofía y Letras (Filosofía y Ciencias de la Educación) y Teología. Durante 30 años ha ejercido como docente. Parlamentario andaluz de Ciudadanos en la X Legislatura (2015-2018). Ha sido presidente del Consejo Escolar de Andalucía (2019-2022).