¿El PSOE vuelve al marxismo?
En septiembre de 1977, durante el XXVIII congreso del PSOE, el entonces secretario general Felipe González consiguió que la formación política abandonara la ideología fundada por Karl Marx y abrazara la Social Democracia, tan de moda en los países del norte de Europa.
Han tenido que pasar casi 50 años para que, impulsado por políticos de una talla solo comparable a Willy Brandt, Olof Palme y otros insignes socialdemócratas (comparables sólo en el blanco de los ojos, claro), debido a sus derivas ideológicas, sus aberrantes leyes y decretos, sus efectos alucinógenos y letárgicos sobre militantes y simpatizantes, sus amorosos escarceos con tendencias autoritarias, sus poco sociales y mucho menos democráticas medidas hayan vuelto, por fin, como hijos pródigos a la senda del puro marxismo. Pero hablamos, claro está, nadie se alarme, del marxismo de los Hermanos Marx.
Porque, como explico a continuación, el paralelismo con este conocido grupo de comediantes, es más que circunstancial y, a veces, rayano en lo sobrenatural.
Porque, como explico a continuación, el paralelismo con este conocido grupo de comediantes, es más que circunstancial y, a veces, rayano en lo sobrenatural. Este, en un principio, grupo de mediocres actores de vodevil, un buen día, hartos de sufrir el lanzamiento, por parte del público de toda clase de hortalizas, frutas y huevos, (hoy en día esto sería imposible, ya que saldrían más caros los proyectiles que la entrada al teatro) descubrieron que insultar salvajemente al público era la clave del éxito. Público que, ingenuamente, pensaba que todo formaba parte del espectáculo. Pues nada…si eso es lo que quiere el público... ”¡Más maderaaa!”.
Podemos destacar, para empezar, el camarote “Moncloa” de este crucero llamado España, de placer para unos, de miedo al naufragio para otros, donde se reúne el Consejo de 22 ministras y ministros, capitaneados por nuestro imitador de Groucho Marx, en donde siempre cabe alguien más: …. “¡Ocupen el techo. Es lo único que queda libre!”. Consejo donde, en cada reunión, se buscan los problemas que afectan al País. Con suerte, se detectan y si no se encuentran, se crean otros nuevos, se diagnostican incorrectamente y se aplican los remedios equivocados.
“Estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros” arenga el presidente a sus incondicionales. Aunque, quizás, debería añadir… “Y si siguen sin gustarles, da igual, los puedo cambiar las veces que haga falta.”
Quizás se escuche algún bocinazo por parte del ministro de Transportes o también algún bostezo cuando trate de explicar que “La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte” mientras rasga violentamente el BOE donde queda reflejada la venta a plazos de parte del Estado a los independentistas, por un par de telediarios más. ” …y dos huevos duros”.
Quizás se escuche algún bocinazo por parte del ministro de Transportes o también algún bostezo cuando trate de explicar que “La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte” mientras rasga violentamente el BOE donde queda reflejada la venta a plazos de parte del Estado a los independentistas, por un par de telediarios más. ” …y dos huevos duros”.
Sorprende un tanto (o no) la presencia de algún niño de cuatro o cinco años rondando por el salón para cuando alguien lo requiera. “Esto lo comprendería un niño de cinco años. Que me traigan un niño de cinco años”. Aunque, la criatura, curiosa por naturaleza, podría atreverse a preguntar “¿Es cierto que su único mérito para estar aquí es que usted fue bailarina en un circo de pulgas?”. Mientras tanto, de la cartera de la ministra de Hacienda surgen las últimas ocurrencias para seguir asfixiando a impuestos, propios de la Edad Media, al sufrido contribuyente. ¿El Sheriff de Nottingham era, también, marxista? “¡Más maderaaaa!”
En el Parlamento es donde luce más este recuperado marxismo: la escena, el teatro, el vodevil, la esgrima dialéctica con los políticos de la oposición, el “trilerismo” retórico: movimiento uno: convicción. Movimiento dos: rectificación. Movimiento tres: defender lo contrario de lo dicho. La lengua es más rápida que la vista y después de cada movimiento, la bolita de la verdad desaparece una y otra vez.
"No permitiré injusticias, ni juego sucio, pero si se pilla a alguien practicando la corrupción sin que yo reciba una comisión, lo pondremos contra la pared... ¡Y daremos la orden de disparar!". Políticamente hablando, claro. Porque uno elige a sus compañeros de viaje y si salen ranas, es desagradable tirarlos por la borda, aunque sea de un Peugeot en marcha. Como bien podría haber dicho alguno de los ocupantes: “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: una pequeña mansión, un pequeño yate, una pequeña fortuna…”.
En la bancada ministerial, el reparto se afina. Hay ministros que hablan como si Chico Marx les hubiera escrito los discursos: frases veloces, giros imposibles y la certeza de que, si nadie entiende nada mejor., quizá parezca buena y transparente gestión. “…y dos huevos duros”.
El presidente, actúa como un domador avezado, restañando el látigo del franquismo, provocando rugidos estridentes de las fieras con colmillos de plástico que guardan las garras si les das unas golosinas, caras, pero golosinas y otros que no atinan a emitir nada más que pobres maullidos de impotencia. El problema son los apetitos insaciables. A pesar de ello, nuestro temerario domador, sobrevive un día más en la jaula constitucional con su mostacho de betún, tan falso como sus méritos académicos. “Solo hay una manera de saber si un hombre es honrado…pregúntenle. Si responde que sí, es un farsante”.
Pero lo mejor son las comparecencias de después donde, generalmente la ministra portavoz y su coro explican al auditorio de periodistas como “Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria.” Pero claro, no hay que preocuparse. Nuestros salvadores trabajan silenciosamente día y noche y con el habitual tono condescendiente (envuelto, opcionalmente, es una dulce música de arpa) intentan convencer a los presentes de que “Este País está perfectamente sano. El problema es que él cree que está enfermo” Problema generado por la omnipresente “fachosfera” haciendo funcionar la máquina del fango. “¿A quién van a creer, a mí o a sus ojos?”.
Los reporteros pertenecientes a los medios que no son afines (pseudomedios) obtienen evasivas bien estudiadas o respuestas surrealistas de alguno de los clones de Harpo, como algún barón de las pocas Comunidades Autónomas aún gobernadas por el partido
Los reporteros pertenecientes a los medios que no son afines (pseudomedios) obtienen evasivas bien estudiadas o respuestas surrealistas de alguno de los clones de Harpo, como algún barón de las pocas Comunidades Autónomas aún gobernadas por el partido, corroboran tácitamente con su silencio o, como mucho, acompañan con los sonidos de su bocina y sus muecas histriónicas. No dicen nada que moleste y, sin embargo, lo dicen todo: el silencio como respuesta, el arpa sustituida por un gesto grave y una mirada fugaz al reloj de bolsillo calculando cuánta legislatura nos queda por sufrir. “¡Más maderaaaa!
Gummo y Zeppo fueron los otros dos hermanos de la familia Marx. Apenas unas apariciones en el teatro y en unas pocas películas. Abandonaron el glamour de la escena en Hollywood y se dedicaron a los negocios, incluyendo la representación de sus hermanos más famosos, consiguiendo contratos y comisiones (…hmm…esto me recuerda a alguien...). Les fue bastante bien en un segundo plano (esto también me recuerda a alguien…), como a algunos personajes que, desde la sombra manejan los hilos de todo este tinglado.
“Nunca pertenecería a un club donde admitieran como socio a alguien como yo”. Evidentemente todos los socios coaligados de este selecto club de investidura “marxista” son tal para cual.






























