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María José Llergo busca una identidad propia en 'Sanación'

Blog - Un blog para melómanos - Jesús Martínez Sevilla - Miércoles, 19 de Febrero de 2020
María José Llergo – Sanación
Portada de 'Sanación', de María José Llergo.
Portada de 'Sanación', de María José Llergo.

Ya decíamos en la lista de lo mejor de la década pasada en España que uno de los desarrollos más interesantes de los últimos tiempos había sido que el flamenco y el pop habían vuelto a darse la mano para marcar caminos hacia adelante para la música patria. Una tendencia que ya estaba en marcha cuando llegó el efecto Rosalía, pero que sin duda este ha contribuido a consolidar, ampliando su potencial comercial. Eso sí, los caminos están siendo tan diversos como rico es el panorama actual de sonidos con los que combinar esa fuente jonda, por lo que más que de un movimiento tendríamos que hablar de una tendencia más general.

Dentro de todo este océano de combinaciones, la figura de María José Llergo aparece como una de las más singulares. Desde que saltara a escena hace más de dos años, había dejado caer una serie de singles en los que el cante ejercía como un centro firme desde el que la cordobesa no tenía miedo de pivotar en otras direcciones

La electrónica, la música urbana, el psych rock, el funk, el indie pop de raíz británica o incluso el tango argentino están entre los géneros que se han coloreado con tonalidades flamencas (o viceversa). Dentro de todo este océano de combinaciones, la figura de María José Llergo aparece como una de las más singulares. Desde que saltara a escena hace más de dos años, había dejado caer una serie de singles en los que el cante ejercía como un centro firme desde el que la cordobesa no tenía miedo de pivotar en otras direcciones. Eso sí, el proyecto largo se ha hecho esperar, y cuando al fin nos ha llegado, lo sorprendente ha sido… la falta de sorpresas. Conocíamos ya la mayoría de las (solo) siete canciones que se incluyen en este Sanación.

La primera de ellas, eso sí, es nueva y estupenda. ¿De qué me sirve llorar? nos introduce perfectamente en el universo que nos quiere presentar Llergo. A lo largo de sus poco más de tres minutos oímos un azadón hurgando en la tierra, y a esto hace referencia la letra: “Mientras araba mi tierra/Se alzaron cuatro columnas/Mientras tú aras la tuya/No se alza más que una”. Una guitarra, palmas, un bombo profundo y la bellísima voz de la cantaora, todo ello impregnado de eco, se entretejen creando una atmósfera densa y hermosa que hacia el final se ve ampliada con unos suaves toques de sintetizador. Oímos, además, la voz del abuelo de María José, con lo que tenemos las dos temáticas esenciales del disco, la tierra y la familia, en primer plano desde un principio.

Pero son justamente las letras del disco uno de sus puntos más débiles. El estilo lírico intenta ser fiel a esa raíz flamenca gitana-andaluza, pero se excede a veces en su sencillez, bordeando la parodia

Pero son justamente las letras del disco uno de sus puntos más débiles. El estilo lírico intenta ser fiel a esa raíz flamenca gitana-andaluza, pero se excede a veces en su sencillez, bordeando la parodia (“Dicen el aire y la noche/Que tú me sigues queriendo/Me miras como mira el mar al cielo”, en El Péndulo). Hay también algunas canciones construidas sobre muy poco, como Soy como el oro, eso sí, a esta la salva su interesante arreglo, con ecos claros del Vangelis de la BSO de Blade Runner. Más coja se queda El hombre de las mil lunas, que apenas progresa y acaba rápidamente. Aquí se evidencia que María José se apoya en exceso en su evocadora voz, usada tanto para cantar las líneas vocales principales como para crear ese ambiente neblinoso que atraviesa casi todo el disco, y descuida la parte compositiva. Incluso una canción tan bonita como Niña de las Dunas sufre sin embargo en la desnudez de sus arreglos (solo una guitarra), que podrían haber sido actualizados para este proyecto y aportar así más colorido a un tracklist, a veces, anémico.

María José Llergo, en imágenes promocionales de su web https://www.mariajosellergo.com

Frente a la reiteración de Nana del Mediterráneo, que prosigue el énfasis en lo atmosférico y el ripio cuajado de imágenes de la naturaleza (“Espuma blanca que lava el mar/Le hiciste cuna de agua y sal/Las estrellitas del cielo/Con nácar peinan su pelo”), y para colmo se plasma aquí en una versión extendida que poco aporta a la del single, se agradece el chute de energía de los dos últimos temas. El Péndulo, pese a sus defectos, introduce una bienvenida variedad al apoyarse al fin en percusión y sonar a neo-soul, recordando por momentos a su paisana, la fallecida Gata Cattana. Me miras pero no me ves es, por su parte, la mejor canción del disco y de la carrera de la Llergo. Aquí, la concisión no está reñida con la sensación de completitud, de que la canción sabe lo que hace y a dónde va. Una línea de bajo en primer plano ancla su fuerza, con las palmas dándole cuerpo, mientras la guitarra aporta color. Gracias a esta robustez rítmica, el aire oscuro y amenazante construido con la voz de María José funciona a la perfección, y hasta la letra resulta más convincente al ser cantada con esa urgencia y determinación.

Los veintisiete minutos concluyen en su momento más alto, pero inevitablemente nos preguntamos: ¿Por qué no cantarlo todo así, esconderse menos en la bruma y ser más protagonista? Me quedo con la sensación de que María José aún está encontrando su identidad como artista, intentando que toda esa personalidad que traslucen sus entrevistas se traduzca en un sonido y una presencia escénica con las que se sienta del todo cómoda. Mientras tanto, este primer ensayo promete buenas cosas (tiene talento de sobra) y suma a ese amplio conjunto de artistas del Sur que están creando de la forma más pura en que se puede hacer hoy día: mezclando.

Puntuación: 6.9/10

 

Imagen de Jesús Martínez Sevilla

Investigador en formación, trabaja en la Universidad de Granada. Le interesa hacer ciencia social comprometida, por lo que estudia la salud mental desde perspectivas despatologizadoras y transformadoras. Además, milita en colectivos de la ciudad. En sus ratos libres, escribe sobre música pop. (Osuna, 1992).